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martes, 18 de diciembre de 2012

Estados de Facebook



Hace poco me enteré de un asunto revelador. Cometí un error muy grave que, aunque el internet puede ser un poco maleable, ahora es imposible solucionar. Por el momento sólo me queda esperar, sonreír nerviosamente y aceptar mi error con mucha vergüenza.

En este corto tiempo he vuelto a tener contacto con amistades que no frecuentaba hace tiempo, he platicado con personas con las que no conversaba hace tiempo y ellos me han hecho ver mi error.

Lo repetiré porque nunca esta de más: las redes sociales traen un vacío emocional enorme si no las sabes usar, si tu vida depende de ellas, si no tienes contacto con personas reales, también y sobre todo si te sientes solo.

Los últimos meses de mi vida no fueron los mejores. Me encargue de que todo el mundo lo supiera, me encargue también de demostrarle al mundo cuanto lo odiaba, me encargue de exhibirme de la forma más vil y burda que existe.

Fue cuando tuve contacto con los otros. Cuando escuchaba un: “si, vi que ya mejora tu vida, se noto” y me alegraba de cierta forma escuchar aquello, pero también me dio pena mi descaro ante el mundo. Los gritos de auxilio, de comprensión y de cariño son realmente absurdos.

El mejor fue el de alguien que me dijo lo siguiente:

-Parece que te va mejor, tu emotionalometro en Facebook paso de: bad a not so bad.

Reí en ese momento, pero me preocupo y comencé a pensar en todas las personas que leían mi dramatismo a su máxima potencia. Facebook es una herramienta muy tramposa, una plataforma muy superficial donde expresar tus sentimientos debería ser prohibido, con pena capital incluida.

En la vida real las personas actúan muy parecido a la vida virtual sin embargo no es lo mismo. La verdad es que estar detrás de una pantalla te da mucha seguridad, pero puedes parecer realmente seguro de ti mismo o puedes parecer un payaso, como fue mi caso.

Tengo que solucionar esto. Tengo que mantener las cosas a raya. Tengo que dejar de exhibirme. Tengo que dejar de contar mi vida tal como es.

Puedes escribir muchas cosas en Facebook o en Twitter, piensas que muchas de ellas no tienen relevancia y la mayoría no las tiene. Desgraciadamente como nos rehusamos a mantener las relaciones en la vida real porque resultan ser más sencillas virtualmente, las impresiones que damos en estas plataformas son las que son tomadas en cuenta.

Pienso que soy mucho más que mis muchos ánimos en Facebook o Twitter, pero también puede ser que yo este equivocada.

Gente para dibujar



Ayer fue un día curioso. Las cosas mejoran o al menos la percepción de que lo hacen me parece magnifica. He estado en un oasis de tranquilidad y paz de lo más raro, pero al mismo tiempo aún tengo esos sentimientos de rencor y odio al mundo. Tal vez eso nunca terminara.

Tomé el metro como habitualmente hago para trasladarme a cualquier punto de la ciudad. No estaba muy lleno y tuve la oportunidad de tomar un asiento y ver cómo rápidamente pasa la gente ante mis ojos, no quise prestar mucha atención.

En una estación subió más gente pero sólo faltaban unas cuantas estaciones para llegar a la terminal. Seguí sin observar. Estaba absorta más bien en pensamientos sobre el día y sobre los días pasados. Sólo han sido dos semanas y se siente como si fuera el mes entero, ya parece lejana la rutina.

Voltee a ver a toda la gente y uno llamó mi atención. Era un hombre, de tez morena, medio alto, con barba, cabello corto y lacio, vestido de forma casual, pudo pasar por un estudiante. Él miraba algo e inmediatamente con un plumín dibujaba en su pequeña libreta. Tardé un poco en comprender lo que hacía.

Esa acción me fascino. Tuve curiosidad por ver a quién dibujaba pero decidí no voltear para no interrumpir o frustrar de algún modo su actividad. Hizo algunos tazos más, tapo su plumín y cambio de hoja. Luego me miró de reojo y por un instante me emocioné un poco, pero de nuevo se concentró en su libreta.

Me pregunto qué fue lo que le llamó la atención de esa persona, me pregunto cómo lo hace sin temor a las malas caras o críticas. Lo envidié a él y envidié a la persona que dibujo. Dibujar me parece algo muy valiente y que requiere de suma precisión y concentración. Es una linda actividad también. Admiro a quien sabe hacerlo.

Honestamente me sentí triste después porque quizá yo nunca sea dibujada. No como caricatura que hacen en los parques. Es probable que no sea una persona que llame la atención como para hacer voltear a alguien. A diferencia de los seres humanos que llaman mi atención y de los que fantaseo con sus vidas y armo historias; yo, no soy tan misteriosa.

Me baje en la estación que me correspondía y miré un poco su dibujo. Sentí que invadí su espacio pero soy demasiado curiosa o chismosa, o ambas. Al principio pensé “no es tan bueno” y después me percaté de que hablaba mi envidia y mi rencor. Debo dejarlo pasar o por más que pasen cosas buenas no podré disfrutarlas.

Si un día aprendo a dibujar yo podré elegir quién o quiénes son las personas interesantes para mí.  

lunes, 26 de noviembre de 2012

Coincidencias



Es un poco extraño que ponga la palabra “coincidencias” ya que, debo admitir, no creo en ellas. Normalmente provocamos las cosas, nuestras acciones, bueno la física ya lo dijo, tienen una reacción. Por tal razón, me cuesta trabajo creer en las coincidencias. Pero de vez en cuando se presentan.

Cuánto tiempo pasamos en el transporte público o en el auto. Cuántas veces al mes recorremos el mismo camino. Cuántas personas recorren el mismo camino que nosotros. No lo tomamos mucho en cuenta, las sencillas cosas son difíciles de percibir, sólo hay que prestar un poco más de atención.

Resulta, que hago un recorrido muy ordinario, lo es y lo ha sido estos últimos cuatro meses, que por cierto se han pasado rápido, es un recorrido normal. Después me percate de que si salía a una hora veía a las mismas personas todos los días. Y, evidentemente si salía a otra hora me encontraba con otras distintas pero al final… las mismas.

Yo estoy en completo desacuerdo con la frase “el mundo es muy pequeño”. Me parece que el mundo es enorme sólo que no lo conocemos. Nos cuesta salir y la verdad tenemos miedo. Son pocos los experimentados, los que tienen alma de viajero y han salido a una parte del planeta. El mundo no es pequeño, nuestro mundo, en el que vive cada uno es pequeño.

En mi mundo, en este recorrido diario me encuentro a las mismas personas que me acompañan. Nos conocemos sin conocernos realmente y, a veces hasta nos sonreímos o nos miramos más de la cuenta. Hay algunas personas que honestamente me llaman la atención.

Ya lo he dicho y no es un secreto. Reconozco cuando una mujer es bella, y de vez en cuando los demás lo hacen. En el sitio donde trabajo, por ejemplo, es muy común ver mujeres y hombres que en mi mundo no son muy vistos, me refiero al aspecto físico y también al de personalidad. Pero esas personas, las adineradas y que son rubios, altos, delgados, portan buena ropa y hablan extraño no son los que llaman mi atención. Últimamente… los ignoro, prestarles atención sería demasiado para su egocentrismo.

Hay una chica que toma el metro a la misma hora que yo. En varias ocasiones estamos una al lado de la otra esperando que abran las puertas del vagón. Ella es alta, delgada, no es rubia, es más bien algo pálida, tiene el cabello chino, pero se nota que se alacía el cabello, tiene una linda nariz con un pequeño piercing y se maquilla mucho, pero no se ve mal. No sé porque me llama la atención.

No sé si les ha pasado o probablemente yo esté más desquiciada de lo que creo. La gente, alguna, llama así tu atención. Te quedas mirando a las personas y no por morbo, simplemente tienen algo especial. Me ocurre frecuentemente a pesar de lo reacia que soy a las personas en general. Quizá soy más observadora de lo que pienso.

A veces creo que juzgo demasiado a las personas y algunas en verdad valen la pena. O, pienso, que tal vez se deba a que me gusta el misterio y cuando las veo me parecen personajes, con los cuales me imagino historias. En realidad no sé a qué se deba, pero bueno, en el mundo debe haber personas interesantes… las hay.

lunes, 1 de octubre de 2012

She's lost control



No escribo esto porque deba, no es una obligación por temporadas. Me preocupaba que mi cerebro en algún momento, sin percatarme si quiera, hubiera perdido las palabras, los temas y las oraciones. No las tengo claras, pero lo hago porque sé, de un modo extraño, que ayudará a una inminente recuperación que deseo tener.

Un día, el siguiente y el siguiente a ese, una persona, o dos, o tres o mucho más de tres me dijeron que me tomaba la vida muy en serio. Estas deprimida, triste, pienso muchas veces. Uno puede hacerlo, deprimirse un día o dos. El problema es cuando estás en la etapa Ian Curtis, no sabes lo que quieres y definitivamente ese uno o dos días deprimido se postergan a una semana, un mes, un año.

La mayoría del tiempo he pensado que los asuntos relacionados con la mente y sus posibles soluciones son una reverenda tontería, pero ahora pienso que son más ciertos no de lo que pueda creer sino de lo que en realidad son. Si estás mal, estarás mal, lo externarás de una forma tonta e infantil.

Luego piensas que pides a gritos ayuda y en realidad no lo haces. Un día, cuando menos lo esperas y menos lo quieres tienes la necesidad de voltear, echas un vistazo al pasado y sientes una presión en el pecho demasiado grande como para ser simplemente un sentimiento. Sigue sin ayudar.

Posteriormente llegan las responsabilidades y la vida cotidiana, piensas que necesitas integrarte. Encerrarte en libros, películas y sobre todo música de personas que no conoces no te servirá, sin embargo, aquellos extraños a kilómetros de distancia, parecen conocerte y entenderte como nadie. Lo puedes hacer un año o dos, quizá hasta tres finges que estás bien. Pero el cuerpo humano es el imbécil cuerpo humano e irremediablemente de un modo u otro saca toda la mierda que tienes dentro. Y así es como no puedes continuar con tu vida hasta enfrentar las cosas que no querías encarar porque te deba miedo, porque no eran necesarias, porque así te educaron y te educaste.

De pronto un día te encuentras en un lugar, no sabes cómo llegaste ahí y no sabes qué paso en el transcurso, qué te hizo desviarte tanto. El problema siguen siendo los sueños. Vas por la vida pregonándolos y diciéndole al mundo que sabes exactamente qué quieres de tu vida. Y esta es entonces la etapa en la que ordinariamente, lo diría un profesor de filosofía, te preguntas quién diablos eres, ves innumerables veces Trainspotting y te cuestionas ¿por qué elegir la vida? Escojo algo más, dice Renton.

En ese momento el mundo no entiende por qué, ya todos somos viejos, adultos y la paranoia adolescente parece tan absurda ahora. Una vez un buen amigo, que ahora estoy segura ha cambiado bastante su perspectiva, me dijo: "en realidad nunca terminamos de ser adolescentes, es una edad que dura toda nuestra vida". Hoy por hoy lo creo, sólo que en ese tiempo tenía sentido y cuando rebasas los veinte es absurdo. Lo que me parece absurdo a mí, es que continúen diciéndome que soy joven, lo suficiente para tener todo por delante; pero lo suficientemente vieja para tener delirios adolescentes que, dicho sea de paso, todos sufrimos.

Tal vez sólo… he perdido el control, de nuevo.

sábado, 11 de febrero de 2012

Sólo 100



Hemos llegado a la entrada número cien desde que re reabrí el blog. ¿Pensaban que tenía tema especifico para esta entrada? Sinceramente lo pensé cuando descubrí que estaba a diez entradas de esta. Casi la hubiera planeado, pero mis planes jamás funcionan. Aunque guarde un pensamiento para esta entrada, uno que se quedo alojado en un corto y a la vez largo tiempo.

Recuerdo la primera vez que escribí en el blog de Myspace, si, del Myspace. Supongo que al principio si deseaba que la gente me leyera, cuando no logré la atención de nadie, me di cuenta que no necesitaba lectores, sólo escribía las experiencias y pensamientos que me llegaban a la mente.

Quizá y creo que está fundamentado, piensen que me quiero dedicar a escribir. No lo quiero. Vender algo que es un pasatiempo, casi una necesidad, para mi, es una idea que sólo pensarla me causa nauseas. Además, de por supuesto pensar: ¿quién diablos querría algo que yo escribiera?

Cuando entendí Facebook y decidí publicar el enlace del blog por ahí, me dio muchísimo miedo, debo reconocer. Como se habrán dado cuenta soy bien predecible, hablo de las mismas cosas y con frecuencia escribo mucho acerca de lo que pienso y siento. Soy un libro abierto. Eso me daba miedo, que la gente que no me conocía e incluso la que si lo hacía, leyera a esa Daniela.

Después ese miedo se aminoró, no ha desaparecido, siempre me da miedo que llegue alguien a leer esto y piense que soy una demente. Aún me sigue importando lo que los demás piensen. La verdad, jamás imagine que las personas a mi alrededor comenzaran a leerme. Me sentía halagada y sorprendida, y también, con mucho miedo. Ahora es un poco más normal.

Escribo porque me gusta, no es una vocación para mí. Escribo porque es una necesidad, un gusto, un pasatiempo. No sé qué haré de mi vida, lo he dicho millones de veces, pero quizá no esto. Y por supuesto, no tiene ningún valor en absoluto, no hago crónicas, ni reportajes, ni artículos, ni columnas. Hago lo que cualquiera de ustedes haría, contar experiencias propias.

Así, llego al post número cien. Cuando vi lo cerca que me encontraba del número salieron y salieron un sinfín de temas. Al publicar el enlace de una nueva entrada en Facebook bromeo con la destrucción del blog, no porque lo vaya a hacer, ya lo explique muchas veces aquí. Más que nada porque creo que hay un asunto profético-presagio con esto. No soy muy supersticiosa pero con frecuencia ocurren cosas extrañas. Como mis sueños.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Expectativas


Dice, y bien dice el dicho “más rápido cae un hablador que un cojo”. Funciona muy bien para estos casos. En el post anterior, había mencionado cosas sobre “algo nuevo”. Inevitable resultó no crear expectativas, ahora más que esas, lo que se creó fue una falsa zona de confort que se disolvió.

Eso de la salida del cascarón, asusta, asustó y con todo fundamento. No me caracterizo, lo he dicho en infinidad de ocasiones, de ser una persona sociable, tampoco he sido alguien alocada, algo burda la palabra, podría decirse que soy alguien lineal, me gusta seguir reglas y ser bastante disciplinada. Para muchos tales características son, en una palabra: aburrida. Soy así.

Hoy pasaron miles de cosas que me hicieron pensar hacia dónde encaminaba mi rumbo, qué era lo que hacía y por qué siempre mis convicciones y decisiones permanecieron en su mayoría intactas, aunque muchas de ellas fueran decisiones serias y tajantemente drásticas.

Cuando abres la puerta, es muy complicado dejarla sólo entre abierta, es abrirla, algo que no hago a menudo, no es mi estilo. Detesto las presiones sociales para pertenecer a un grupo, detesto las conversaciones inútiles, los protagonismos y las miradas vacías. Decidí no abrir la puerta principal, digamos que si acaso la ventana, por poner alguna especie de metáfora.

Hoy, también vi el documental de Blur: No distance left to run. No tiene mucho que ver con el post, pensarán, realmente sí, cada vez que hablaba Graham Coxon mi amiga decía “es tan emo” y la mayor parte de las cosas que decía Coxon tenían sentido para mí. Su fastidio, su negación ante participar en algo ordinario, su aburrimiento de la gente, pesimismo y tal vez odio hacía la gente. Lo entendí.

La gente es aburrida, yo no soy la aburrida. Las personas hacen las mismas cosas constantemente, raras veces encuentro alguna diferencia. No me gustan las reuniones, el ruido de las masas, las personas formadas, los colectivos escolares, los grupos de reunión en la escuela que se autodenominan de alguna forma y no me gustan las fiestas.

Cuando Graham cantaba “so give me coffe and tv” pensaba que era quizá una forma para decir que deseaba ser ordinario como todos y ambas cosas lo harían sentirse así. Me han prohibido el café, me mataría y detesto la televisión, para mi es una forma irónica para expresar mi apatía hacia las cosas, que sería una forma fácil de destruirse a uno mismo sin requerir tanta parafernalia.

Entiendo fácilmente lo que Graham Coxon dice: “La sociabilidad es difícil para mi”, en general entiendo perfecto esa canción.

Danielita como la conocieron ha vuelto, el optimismo es sólo una debilidad.