No
escribo esto porque deba, no es una obligación por temporadas. Me preocupaba
que mi cerebro en algún momento, sin percatarme si quiera, hubiera perdido las
palabras, los temas y las oraciones. No las tengo claras, pero lo hago porque
sé, de un modo extraño, que ayudará a una inminente recuperación que deseo
tener.
Un
día, el siguiente y el siguiente a ese, una persona, o dos, o tres o mucho más
de tres me dijeron que me tomaba la vida muy en serio. Estas deprimida, triste,
pienso muchas veces. Uno puede hacerlo, deprimirse un día o dos. El problema es
cuando estás en la etapa Ian Curtis, no sabes lo que quieres y definitivamente
ese uno o dos días deprimido se postergan a una semana, un mes, un año.
La
mayoría del tiempo he pensado que los asuntos relacionados con la mente y sus
posibles soluciones son una reverenda tontería, pero ahora pienso que son más
ciertos no de lo que pueda creer sino de lo que en realidad son. Si estás mal,
estarás mal, lo externarás de una forma tonta e infantil.
Luego
piensas que pides a gritos ayuda y en realidad no lo haces. Un día, cuando
menos lo esperas y menos lo quieres tienes la necesidad de voltear, echas un
vistazo al pasado y sientes una presión en el pecho demasiado grande como para
ser simplemente un sentimiento. Sigue sin ayudar.
Posteriormente
llegan las responsabilidades y la vida cotidiana, piensas que necesitas
integrarte. Encerrarte en libros, películas y sobre todo música de personas
que no conoces no te servirá, sin embargo, aquellos extraños a kilómetros de distancia,
parecen conocerte y entenderte como nadie. Lo puedes hacer un año o dos, quizá
hasta tres finges que estás bien. Pero el cuerpo humano es el imbécil cuerpo
humano e irremediablemente de un modo u otro saca toda la mierda que tienes
dentro. Y así es como no puedes continuar con tu vida hasta enfrentar las cosas
que no querías encarar porque te deba miedo, porque no eran necesarias, porque
así te educaron y te educaste.
De
pronto un día te encuentras en un lugar, no sabes cómo llegaste ahí y no sabes
qué paso en el transcurso, qué te hizo desviarte tanto. El problema siguen
siendo los sueños. Vas por la vida pregonándolos y diciéndole al mundo que
sabes exactamente qué quieres de tu vida. Y esta es entonces la etapa en la que
ordinariamente, lo diría un profesor de filosofía, te preguntas quién diablos
eres, ves innumerables veces Trainspotting y te cuestionas ¿por qué elegir la
vida? Escojo algo más, dice Renton.
En
ese momento el mundo no entiende por qué, ya todos somos viejos, adultos y la
paranoia adolescente parece tan absurda ahora. Una vez un buen amigo, que ahora
estoy segura ha cambiado bastante su perspectiva, me dijo: "en realidad nunca
terminamos de ser adolescentes, es una edad que dura toda nuestra vida". Hoy por
hoy lo creo, sólo que en ese tiempo tenía sentido y cuando rebasas los veinte es absurdo. Lo que me parece absurdo a mí, es que continúen diciéndome que soy joven, lo suficiente para tener todo por delante; pero lo suficientemente
vieja para tener delirios adolescentes que, dicho sea de paso, todos sufrimos.
Tal vez sólo… he perdido el control, de nuevo.

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