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domingo, 3 de febrero de 2013

Diferencia generacional



He traído un asunto en mente toda la semana. Se debe a mis clases en los idiomas. Me pasé toda la semana reflexionando sobre ello y parece algo inverosímil al principio, luego tomo sentido.

No sé si lo han notado. La diferencia generacional ha comenzado a diluirse. No sé si se debe a que ahora los adultos son más infantiles o los niños son más adultos. He leído distintas opiniones acerca de los niños y jóvenes de hoy ¿de hoy? Suena tan anticuado eso.

Dicen que la generación Z (así la llaman ahora a la gente que nació de 1995 a 2003) es mucho más perceptiva y más inteligente que la generación anterior (es decir, la mía). No lo sé, más de uno ha hecho el comentario de: “cuando yo tenía tal edad no era así”. Quizá lo que los “expertos” aseguran sea verdad.

En la semana vi algo que confirmo lo que mis pensamientos entretejían desde hace días. Iba en el transporte y delante de mí estaba sentado un señor y un niño. Conversaban como si fueran dos adultos. El niño prestaba mucha atención a los comentarios del señor y a decir verdad, aunque no supiera de qué versaba su conversación, parecía que replicar no le era complicado.

Lo entendí. En mis clases de idiomas (francés, no quiero sonar pretenciosa, lo siento si es así) la mayor parte de la clase tiene entre 16 a 21 años. Arriba de esa edad, se podría decir, somos una excepción. Sin embargo, no hay una barrera de edad que se note y en mi experiencia con mis sobrinos me resulta fácil platicar con ellos.

Se debe a que no nos interesa lo que tengan que decir la gente de nuestra edad. Lo sabemos porque atravesamos lo mismo. A la gente más joven que uno parece interesarles lo que tenemos que decir y eso siempre es muy apreciado. Contar las pocas experiencias que uno tiene en la vida y que al otro le interesen, y sobre todo, te agradezcan se siente bien.

Dejando a un lado esa parte narcisista creo que es razonable. Los niños ya no lo son. El mundo les ha exigido que sean responsables y conscientes. No todos por supuesto han captado ese mensaje. También nosotros hemos querido ser eternamente jóvenes. Sin embargo creo que ya no existe eso de las generaciones.

Para mí ya no existe, al menos en una cantidad considerable, las personas más grandes o más jóvenes que yo. No me interesa saber su edad y no me causa ningún conflicto para conversar. Excepto claro entre las personas que son de mi edad o si acaso uno año más grandes o más chicos. Ellos si son muy aburridos. 

domingo, 16 de diciembre de 2012

Después de lo que sigue



Antes de salir de la escuela compañeros y… compañeros nos cuestionábamos qué haríamos saliendo de ahí. Qué dientres haremos de nuestras miserables, jóvenes pero empobrecidas vidas. Incluso, pienso, que ocultamente el más aventurado y más seguro de si mismo se pregunto una vez eso.

Me sorprendió y no, el fenómeno que se dio al salir de la escuela, y durante estos meses. Me sorprendió porque de pronto como las plagas brotó y no lo hizo porque solemos ser tan predecibles que al final me sentí tonta por no verlo venir.

Es bien sabido que la mentira esa del primer empleo, es eso una mentira. Y que aún somos rebeldes, aún soñamos y aún somos pretenciosos también. Quien dijo que los jóvenes gobernaban el mundo y que serían la esperanza, me parece que erró en más de una ocasión.

Nosotros no queremos lo que ya hay. No queremos el prototipo de vida feliz y exitosa que el mundo se ha encargado de meternos, no lo queremos y aún así corremos a los clichés de la vida moderna convencional. Continuamos siguiendo patrones sin percatarnos y sin quererlo, pero izamos la bandera de independencia cínicamente.

Debo reconocer que, quiero pertenecer a algo, muchas personas lo necesitan, pero quiero pertenecer a algo en lo que crea, en lo que ayude, en lo que sea valioso para mí y para los demás. Ahora con los “ánimos” del momento los actos anarquistas están “de moda”, en lo personal no creo en eso. Se necesita cierto orden.

Por lo cual, también confieso que entre la diferencia, me parece que por mucha distancia que pueda, deba y quiera tomar, cumplo con un estándar de metas, sueños y/o proyectos que la sociedad donde vivo y donde no, han establecido. Así que aquí va: no me considero independiente, por ahora, tampoco parte de un sistema, no quiero ni lo uno ni lo otro, tal vez algo de ambos.

Bueno, pues el fenómeno fue el de “hazlo por ti mismo”, el puro y pretencioso indie. Los proyectos alternativos (muchos no lo son) que tienen mis muchas y diversas opiniones que más bien me guardo por temor a susceptibilidades, no importantes para mi, pero para los demás si.

De pronto era como darle like a tus conocidos como si fueran famosos, me desconcertó muchísimo. El “hazlo por ti mismo” es bueno, es bastante bueno, bandas relativamente buenas surgieron con eso. Pero a veces contra lo que luchas es lo mismo que alimentas, en tantas ocasiones es así.

Internet es un cúmulo de posibilidades. Es increíble lo sencillo que podemos compartir nuestros intereses, nuestros estados, nuestros momentos, nuestro trabajo. No todo es bueno, no todo es malo, no todo es increíble, no todo es mediocre. Por ejemplo, yo siempre he pensado que este espacio es un gran basurero web. Aunque de pronto el internet y las redes sociales, a algunas personas, hacen que se les olvide la humildad.

Lo peor de todo, fue un día que escuché la conversación de un señor de cuarenta y tantos casi cincuenta años con un, imagino, colega suyo. Me llamó mucho la atención que dijo: "no sé, todavía estoy pensando en qué voy a hacer" y me dije: ¡Demonios es que entonces quiere decir que jamás se va a ir esa maldita pregunta!

lunes, 26 de noviembre de 2012

Coincidencias



Es un poco extraño que ponga la palabra “coincidencias” ya que, debo admitir, no creo en ellas. Normalmente provocamos las cosas, nuestras acciones, bueno la física ya lo dijo, tienen una reacción. Por tal razón, me cuesta trabajo creer en las coincidencias. Pero de vez en cuando se presentan.

Cuánto tiempo pasamos en el transporte público o en el auto. Cuántas veces al mes recorremos el mismo camino. Cuántas personas recorren el mismo camino que nosotros. No lo tomamos mucho en cuenta, las sencillas cosas son difíciles de percibir, sólo hay que prestar un poco más de atención.

Resulta, que hago un recorrido muy ordinario, lo es y lo ha sido estos últimos cuatro meses, que por cierto se han pasado rápido, es un recorrido normal. Después me percate de que si salía a una hora veía a las mismas personas todos los días. Y, evidentemente si salía a otra hora me encontraba con otras distintas pero al final… las mismas.

Yo estoy en completo desacuerdo con la frase “el mundo es muy pequeño”. Me parece que el mundo es enorme sólo que no lo conocemos. Nos cuesta salir y la verdad tenemos miedo. Son pocos los experimentados, los que tienen alma de viajero y han salido a una parte del planeta. El mundo no es pequeño, nuestro mundo, en el que vive cada uno es pequeño.

En mi mundo, en este recorrido diario me encuentro a las mismas personas que me acompañan. Nos conocemos sin conocernos realmente y, a veces hasta nos sonreímos o nos miramos más de la cuenta. Hay algunas personas que honestamente me llaman la atención.

Ya lo he dicho y no es un secreto. Reconozco cuando una mujer es bella, y de vez en cuando los demás lo hacen. En el sitio donde trabajo, por ejemplo, es muy común ver mujeres y hombres que en mi mundo no son muy vistos, me refiero al aspecto físico y también al de personalidad. Pero esas personas, las adineradas y que son rubios, altos, delgados, portan buena ropa y hablan extraño no son los que llaman mi atención. Últimamente… los ignoro, prestarles atención sería demasiado para su egocentrismo.

Hay una chica que toma el metro a la misma hora que yo. En varias ocasiones estamos una al lado de la otra esperando que abran las puertas del vagón. Ella es alta, delgada, no es rubia, es más bien algo pálida, tiene el cabello chino, pero se nota que se alacía el cabello, tiene una linda nariz con un pequeño piercing y se maquilla mucho, pero no se ve mal. No sé porque me llama la atención.

No sé si les ha pasado o probablemente yo esté más desquiciada de lo que creo. La gente, alguna, llama así tu atención. Te quedas mirando a las personas y no por morbo, simplemente tienen algo especial. Me ocurre frecuentemente a pesar de lo reacia que soy a las personas en general. Quizá soy más observadora de lo que pienso.

A veces creo que juzgo demasiado a las personas y algunas en verdad valen la pena. O, pienso, que tal vez se deba a que me gusta el misterio y cuando las veo me parecen personajes, con los cuales me imagino historias. En realidad no sé a qué se deba, pero bueno, en el mundo debe haber personas interesantes… las hay.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Has crecido bastante



En segundo de secundaria, cuando teníamos unos trece años, nos enviaron a un psicólogo o terapeuta. El grupo en el que iba era bastante conflictivo. Todos los profesores reportaban al grupo todos los días. No era de las que se dedicaban a molestar a los demás, ni siquiera me importaba, pero estaba dentro. Irónicamente a pesar de la polarización de caracteres de cada uno, podía decirse que era un grupo unido.

Recuerdo que ese día el pseudo terapeuta nos explico qué significaba la palabra adolescencia. De adolecer, algo siempre les duele, dijo. Fue lo único importante que dijo, el resto de su discurso no fue importante ni para mí, ni para el resto de mis compañeros. Me levante de mi asiento pase junto a él y le dije: “nadie le está haciendo caso, resígnese”. Imagino que me desprecio en ese instante, pero ese era mi trabajo: hacer que a los demás les cayera mal por mi pretensión.

Que importante es la adolescencia. La respeto mucho y también la desprecio. Nunca dejare de decir que fue esa etapa donde decidí muchas cosas. A veces es algo ridícula, pero es verdad: algo les duele, les duele todo el tiempo. Tengo sobrinos que atraviesan ahora por la adolescencia y respeto mucho lo que dicen y aún más lo que callan.

Intento en la medida de lo posible no hacerlo menos y decir: pero si son unos mocosos todavía. Admito que lo hago, pero siempre me arrepiento. En realidad creo, que sigo viviendo mi adolescencia. Aún ahora quiero casi las mismas cosas y la verdad las personas mayores me siguen tratando como adolescente, si hasta mis amigos de veintitantos. Son unos señores en potencia y me tratan como idiota.

Crecer es difícil a esa edad y a cualquier edad. Pensamos que los problemas de adolescentes no son importantes. Bien, después de ocho años, tienen más sentido los problemas que tenía en la adolescencia que los actuales. Entendemos más de lo que creen los “adultos”, ellos entienden más de lo que creemos. Sólo que no saben manejarlo, pero ¿quién?

Dice Juno que lidia con problemas que van más allá de su grado de madurez. Eso es todo el tiempo, los problemas aparecen y no nos damos cuenta que vivimos en la eterna adolescencia, siempre entendemos lo que sucede pero casi nunca podemos manejarlo.

Ahora creo que esa edad fue una etapa muy valiosa, sobre todo después de salir de la secundaria. Creo que tendré quince o dieciséis por siempre. Al menos vives la vida con mayor intensidad a esa edad.

Quizá regrese… bueno… ya lo verán.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Perfect Match



Algunas veces pienso que veo y me gustan tanto las películas porque espero resuelvan mi vida de alguna forma. A veces funciona y trabajan como una especie de terapia psicológica con todo y sus lugares comunes, frases muy utilizadas, personajes cotidianos, etcétera.

Llegan en momentos. Más bien el título de una película resulta ser muy sugerente en esa etapa de tu vida donde necesitas que alguien te repita eso que suena constantemente en tu cabeza, y que tal vez digas en voz alta a solas, pero que no admitirás en público.

Repetiré aquello que dijo una buena amiga mía, que durante este tiempo, ha aprendido más de ella y me sigue sorprendiendo. Necesito sentirme amada, dijo, pero necesito más aprender a estar conmigo misma, añadió. Sus aprendizajes siguen surtiendo un efecto secundario en mí extraordinario. En mi caso la mayor parte de las veces los aprendizajes son fallidos.

La semana pasada vi una película llamada Ruby Sparks. Últimamente he visto varios largometrajes de gente que escribe. Ahora ya todos escriben. Es un lugar común en los guiones de las películas y una actividad que las personas ya no hacen. Creo que es esa razón por la cual me atraen y me resultan peculiares… pero sobre todo es la razón por la cual me identifico.

No les contaré la película, es de mal gusto. Les diré un poco la premisa: un escritor frustrado decide  escribir sobre la chica de sus sueños y un día ella aparece. Continuamos con los clichés, pero la verdad siempre he sido del pensamiento de que a veces funcionan: lo simple funciona.

Hubo un pequeño debate sobre la película. Cuando imaginas a alguien, perfecto para ti ¿a quién estás inventando? ¿a ti mismo? Creo fervientemente que buscamos en otras personas cualidades de las que carecemos. Pensamos que resolverán nuestras vidas y nos cambiaran o quizá esperamos cambiar a las otras personas. La discusión puede ser tan larga o tan corta como deseemos.

La cuestión es que nadie cambia. Y si, necesito sentirme amada, como todos los seres humanos. Buscamos en alguien nuestro complemento, pero quizá, quizá sólo deberíamos estar con alguien que nos ayude a sacar lo mejor que tenemos. Podría pensar que necesito a una persona diferente a mi: sociable, alegre, divertido, humilde, positivo, elocuente, impredecible… pero buscaría lo que quiero ser.

Quizá no este en alguien más hacerme cambiar, hacerme ser  como quiero ser. Y finalmente hoy, vi otra película: Las ventajas de ser invisible. Al final el protagonista hace una simple y obvia reflexión: Vive tu vida. Quien sabe qué suceda mañana, pasado, dentro de un mes o un año, simplemente vive tu vida.

Me dejo pensando sobre todo por la parte añadida de mi amiga, la parte en la de aprender a estar con uno mismo. Debo admitir que me he enamorado de las personas incorrectas y no porque sean malas personas, más bien porque lo que quería de ellas no era lo correcto. Al final tratas, con mucho esfuerzo, de entender lo que las frases trilladas, los clichés y los lugares comunes dicen: algo, alguien llegará o… lo que sea, agrego yo.

No hay tal, no hay una pareja ideal, a menos claro, que queramos estar con nosotros mismos toda la vida, pero somos de verdad molestos. Tal vez, debamos dejar de culpar a los demás de nuestros errores y si, dejar de tenerle rencor a esa persona que no hizo más que dejarlo pasar y asumir su decisión.