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sábado, 4 de agosto de 2012

Las obligaciones



Dice mi hermana que todos los días se aprende algo nuevo, esta vez tiene razón. En los últimos tres días he aprendido mucho acerca de mi misma. Quizá el proceso fuere un poco más largo de tres días. Soy una maldita miedosa, eso es muy sabido y alardeado por su servidora. Y descubrí algo mucho más triste que eso: las cosas que he hecho, las hice no por pasión en lo que hago, más bien por obligación.

El futuro sigue siendo incierto, quiero creer en esa canción de los Gorillaz, pero me parece todavía lejano aunque hubiere tomado una decisión. Qué tontería que te importe tanto lo que los otros piensen cuando son los últimos en pensar qué es lo mejor para ti, porque siempre piensan en lo qué es lo mejor para ellos. Uno debería ser libre y ya. O quizá he visto demasiadas películas donde mandan todo al carajo.

Pero sobre todo pienso en aquellos que me felicitaban, se alegraban por una falsa, muy falsa y delgada zona de confort. Sólo puedo decir que no puedo estar segura de nada. Porque las personas siguen opinando al respecto, mientras no sean sus problemas todo asunto es sencillo de resolver, así somos los seres humanos de egoístas. Una maraña de cosas, de indecisiones, de constantemente estar pensando en el qué dirán, de toda esa porquería esta llena mi cabeza.

Decidir entre lo que te guste hacer –por muy patético y sueño adolescente que parezca –entre eso y lo que te hace bien o lo que socialmente es lo mejor. Sigue siendo complicado. Y conforme pasan los días compruebo que esos otros, los que dicen interesarse, son los que menos te conocen. ¡Qué monótona he permitido que sea mi vida! Sólo, quizá sólo una decisión cambie ese deseo inalcanzable de querer complacer a los demás sin importar lo que yo quiero.

jueves, 1 de marzo de 2012

Sueños



Hoy quizá hice algo atroz, algo que no había hecho desde hace mucho tiempo: tomar una siesta por la tarde. Lo hice porque sé que dormiré tarde y porque la única forma de concentrarme empieza a eso de las once de la noche. Pensé: “bueno ya que dormiré tarde entonces, duermo ahora para que no me de sueño más noche”.

Únicamente hacía eso de las siestas cuando iba en la secundaria. Fue ahí donde comenzaron en serio mis problemas de insomnio. Moría de sueño a eso de las dos o tres de la tarde y dormía aproximadamente cinco horas por la madrugada. Después gracias a que mi padre lo consideró un mal hábito y por supuesto, las siestas significaban agudizar mi problema de insomnio, lo dejé.

Hoy tomé esa siesta. Realmente la necesitaba, llevo tres días durmiendo tarde. Y no es mucho, conozco a gente que no duerme, aunque eso siempre se me hace biológicamente una atrocidad. Pero la verdad después de mi enfermedad y dejar de comer tantas cosas, no me queda energía para soportar tales jornadas.

No fue complicado conciliar el sueño, lo hice rápidamente. Después comenzó todo. Amo dormir, a quién no le gusta, sólo hay algo que no me agrada de esto de dormir: los sueños. Los míos, en su mayoría, son especialmente perturbadores y extraños. Lo son aún más cuando involucran a gente que conozco con situaciones no muy alentadoras. Algunos sueños –de esos, puede que sean más pesadillas –se han reproducido en la realidad.

Soñé sobre un sueño. Así es, de esas veces, seguro les ha pasado, no es que yo sea un espécimen raro o sorprendente, que en tu cabeza esta la imagen tuya durmiendo, y esa imagen comienza a soñar. Intenté despertar porque esa sensación es horrible, sentía mis parpados pesados, alcancé a ver cosas de la realidad, como mi pared, mi cama, incluso mis tenis, pero algo me aferraba al sueño, quizá el cansancio.

Luego en esa imagen mía durmiendo, cosa que en realidad estaba haciendo, vi una silueta negra encima de mi, aplastándome. Dentro del sueño, de mi sueño –ya sé suena loco –buscaba ayuda para quitar esa escalofriante silueta. Entre más quería despertar, tanto en mi sueño como en la realidad, me sentía como si estuviera flotando, incluso pude sentir como mis piernas se movían un poco.

Dentro del sueño de mi sueño, ocurría algo extraño. Yo huía de algo o de alguien, en un intento desesperado corría, pero en los sueños jamás corres lo suficientemente rápido para que un terrible destino de alcance. Intenté repetidas veces despertar; moverme; correr; gritar… no podía hacerlo. Sólo sentía un miedo irracional. Logré abrir los ojos, no estaba consciente, eso fue muy raro. El cansancio, el sueño, algo hizo que volviera a cerrar los ojos y continuar con el miedo, no sin antes corroborar que movía las piernas de verdad.

Dentro de la irracionalidad de mi sueño, tuve un pensamiento muy del mundo real y tonto a la vez. Pensé: “estoy teniendo pesadillas porque me dormí de lado, tengo que moverme”. Para cuando ese pensamiento dominó el sueño y a mi también, me moví pero también decidí que quizá era momento de terminar esa siesta que más que ayudarme fue todo lo contrario. Abrí los ojos fuertemente. Busqué mi celular, vi la hora y dije en voz alta “ya es hora de hacer mi trabajo”. No había ruido.

Dormir es bueno cuando descansas. Pero la parte de los sueños, es un poquito complicada. Si tuviéramos fórmulas como Stéphane en la Ciencia del Sueño, y pudiéramos elegir qué soñamos y con quién, sería increíble, pero al menos como los mismos sueños, eso sigue siendo una ficción. 

sábado, 11 de febrero de 2012

Sólo 100



Hemos llegado a la entrada número cien desde que re reabrí el blog. ¿Pensaban que tenía tema especifico para esta entrada? Sinceramente lo pensé cuando descubrí que estaba a diez entradas de esta. Casi la hubiera planeado, pero mis planes jamás funcionan. Aunque guarde un pensamiento para esta entrada, uno que se quedo alojado en un corto y a la vez largo tiempo.

Recuerdo la primera vez que escribí en el blog de Myspace, si, del Myspace. Supongo que al principio si deseaba que la gente me leyera, cuando no logré la atención de nadie, me di cuenta que no necesitaba lectores, sólo escribía las experiencias y pensamientos que me llegaban a la mente.

Quizá y creo que está fundamentado, piensen que me quiero dedicar a escribir. No lo quiero. Vender algo que es un pasatiempo, casi una necesidad, para mi, es una idea que sólo pensarla me causa nauseas. Además, de por supuesto pensar: ¿quién diablos querría algo que yo escribiera?

Cuando entendí Facebook y decidí publicar el enlace del blog por ahí, me dio muchísimo miedo, debo reconocer. Como se habrán dado cuenta soy bien predecible, hablo de las mismas cosas y con frecuencia escribo mucho acerca de lo que pienso y siento. Soy un libro abierto. Eso me daba miedo, que la gente que no me conocía e incluso la que si lo hacía, leyera a esa Daniela.

Después ese miedo se aminoró, no ha desaparecido, siempre me da miedo que llegue alguien a leer esto y piense que soy una demente. Aún me sigue importando lo que los demás piensen. La verdad, jamás imagine que las personas a mi alrededor comenzaran a leerme. Me sentía halagada y sorprendida, y también, con mucho miedo. Ahora es un poco más normal.

Escribo porque me gusta, no es una vocación para mí. Escribo porque es una necesidad, un gusto, un pasatiempo. No sé qué haré de mi vida, lo he dicho millones de veces, pero quizá no esto. Y por supuesto, no tiene ningún valor en absoluto, no hago crónicas, ni reportajes, ni artículos, ni columnas. Hago lo que cualquiera de ustedes haría, contar experiencias propias.

Así, llego al post número cien. Cuando vi lo cerca que me encontraba del número salieron y salieron un sinfín de temas. Al publicar el enlace de una nueva entrada en Facebook bromeo con la destrucción del blog, no porque lo vaya a hacer, ya lo explique muchas veces aquí. Más que nada porque creo que hay un asunto profético-presagio con esto. No soy muy supersticiosa pero con frecuencia ocurren cosas extrañas. Como mis sueños.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Soñar despierto



Usar mi imaginación a veces no es tan complicado, sobre todo cuando esta incentivada por una serie de películas, libros, imágenes, música, puede llegar a ser sencillo, casi intuitivo. El horóscopo define a mi signo como uno soñador, idealista y muy volátil, a veces estoy de acuerdo.

Tal vez son las fechas, mi imaginación empieza a volar. Tampoco sé si se trate de paranoia, no, esa llega con otras circunstancias. Por ejemplo los sueños, son cosa tan extraña y bizarra; también tengo un pequeño problema con los sueños, con mis sueños, pasan cosas extrañas, como revolver momentos con personas y saber pensamientos y situaciones que no están explicitas en el sueño pero que infiero. Raros muy raros.

Me preocupa un poco mi estado de ensoñación. De nuevo escribo sobre un tema soso, pero quizá hasta les ha pasado. Cuando una idea ronda por tu cabeza una y otra vez y entonces creas todos los escenarios posibles ante esa circunstancia determinada, agréguenle a eso canciones, personajes, situaciones anexas inverosímiles vistas en alguna película, serie, súmenle frases leídas en cualquier libro y entonces sale, sale la cosa más inverosímil.

En clases hemos visto que los libros son para eso, porque al ser humano le hace falta eso que esta escrito, quiere ser el héroe, el villano, la víctima, el mesías, todo al mismo tiempo, busca ser así porque en su patética vida no habría la misma emoción, no habría la misma situación fantástica, arriesgada, temeraria. Somos tan ordinarios que necesitamos de ese toque de fantasía, de ese podría ser, para sentirnos vivos.


Yo necesito eso, eso que leí, eso que vi, eso que escuché, lo necesito y entonces comenzaré como hace casi dos años a caminar como zombie, a quedarme ensimismada frente a la ventana esperando aquella emoción, deprimiéndome por no tenerla conmigo, por no ser como ella, ni tener lo que ella tiene.