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martes, 9 de abril de 2013

Alguien me enseñó a escuchar música



A veces algunos jóvenes se salvan. Los afortunados cambiar el mundo, no porque vayan con una bandera diciendo: vamos a cambiar el mundo. Es más bien por el hecho de que cuando conoces a personas así te hace ver de distinta forma las cosas. Es difícil encontrarlos y agradezco infinitamente tener la fortuna de conocerlos.

Yo era, más bien soy una chica normal. Tengo algunas cosas anormales, pero me dicen que eso es más común: tener ciertas anormalidades. De pequeña me parece, que no ponía tanta atención a las cosas y si lo hacía no estaba consciente de ello.

La música es un recurso indispensable de catarsis en la vida de una persona. A los diez años no lo veía así. Escuchaba la radio, poco, y las canciones que gustaban a mis padres y hermanas. No era tan importante poner atención, no fue tan importante poner atención hasta que me sentí sola.

De cualquier forma no crean que eso me orillo a poner atención en la música. No, porque nunca he sido autodidacta. Me refiero a que incluso para escuchar música debes saber apreciarla, pero sobre todo poder sentirla de un modo que sólo tu entenderías.

Ellas me enseñaron y estaban muy jóvenes para saberlo, también era yo muy joven para entenderlo. La gran lección consistía en escuchar un disco completo al derecho y al revés; también podían quemarme un disco y obligarme a escucharlo haciendo preguntas al final del examen. Eso me enseño a expresar que el hecho de oír todos esos sonido me causaba una emoción.

Lo único que tenían que hacer para demostrarme su conocimiento era: “escucha, escucha esta parte”. Pase a la adolescencia entendiendo que no sé ni una pizca de música en el aspecto técnico, pero qué forma de sentir esas canciones. ¿Por qué te gusta una canción?: Porque sí.

Al final lo que pensé que se expresaba al responder a esas preguntas cómo: ¿qué te pareció el disco? ¿Escuchaste la cinco y no te recordó a tal? Al final, nada de eso tiene explicación con palabras, se consuma en una acuerdo o pacto íntimo entre la canción y tú. Tú sabes lo que se siente estar así y ellos saben qué sientes.

No basta sentirse solo, realmente es estar solo. En el sentido literal podía pasar horas y horas encerrada en una habitación de una casa vacía. Y en ese momento el berrinche o rebeldía adolescente y juvenil que te hacía prender el estéreo a todo volumen con ESA canción llenaba todo el ambiente. Al diablo si estaba sola y nadie te entendía, había alguien detrás de esas bocinas que tenía el valor de decir no sólo en letra también en forma de música eso que te callabas.

Al demonio si no hay nadie al lado mío, si me ignoran o son unos cerdos egoístas, tengo esa canción, esas canciones. Lo mejor de la vida es la soledad dijo Graham Coxon.

domingo, 17 de marzo de 2013

It really could happen



Me parece que para poder explicar lo que viví ayer necesito dividir mi relato en partes o más bien en actos. De lo contrario comprenderlo sería difícil o sentirlo sería difícil sin antecedentes. Blur cambió mi vida antes, durante y después.

El primer acto sería el año pasado, cuando salí de la universidad. Me encerré y me deprimí en casa, pasando días en pijama y escuchando a Blur. Cada canción que escuchaba de ellos significó varias respuestas que quería encontrar.

El segundo acto sería en mi breve vida laboral. En mi crisis existencial y sobre todo profesional de no estar en el lugar indicado. Para no volverme huraña escuchaba a Blur, ellos me recordaban quién era.

El tercer acto sería cuando anunciaron su visita a México. Algo de confusión por ser en el Vive Latino, pero más que nada emoción. La vida pintaba bien, parecía rosa y tranquila. Blur significó la felicidad y el confort.

Finalmente el cuarto acto fue cuando anunciaron la segunda fecha y no alcanzamos boletos. A partir de ese día todo comenzó a ir mal, en mi carrera profesional, en mi vida personal, en mis relaciones con los otros y escuchar a Blur era melancólico.

Antes de que sucediera todo esto debo mencionar un elemento importante: ver No Distance Left To Run por primera vez. Ella me sugirió ver el documental y si con su música habían cambiado mi sentido común, con lo que son cambiaron mi vida.

Su música marcó momentos importantes en mi vida a lo largo de mis veintidós años. Ya fuere de niña, de adolescente, de joven y ahora de adulta. No es sólo su música, son tan honestos y no les importa que se muestran tal como son y te identificas con ellos.

Las últimas semanas no habían sido las mejores. Hay días en que la tristeza puede llegar a ser tan grande que te aplasta. La positividad no está entre mis platillos preferidos, pero sobre todo la incomprensión de los demás me parece, además de irritante, solitaria.

Honestamente la estaba pasando tan mal que las ganas de ver a Blur en vivo casi se habían esfumado. Tampoco ayudaba mucho que aquellas personas presumieran de una suerte que carezco con respecto a los boletos para primer concierto en México. Parecía que no iba a mejorar, ni con ellos de por medio.

Hace unos días platicaba con una amiga acerca de los conciertos. Ella dice que ha terminado con esa etapa. Yo me puse a pensar en ello y me pregunté si está era la prueba de que también para mi han terminado. Muchos pasan por esa etapa sobre todo ahora que mis amigos y yo entramos a la edad adulta.

“Son una pérdida de tiempo y de dinero” me dijo. Antes me hubiera levantado de la mesa y me hubiera salido indignada. Ahora su punto no parecía tan descabellado ¿qué había pasado conmigo en el inter?

Le contesté que los conciertos habían salvado mi vida veces anteriores. Hacían que las cosas lucieran mejor o al menos que fuera más fácil sobrellevarlas. Pero realmente parecía que ver a Blur y todo alrededor hizo más complicado de sobrellevar las penas.

Ella estaba emocionada, muy emocionada. La admiro porque a pesar de que se puede molestar con los otros no le afecta tanto como a mi, si logra dejarlo a un lado lo hace muy bien como Damon. Yo en cambio soy más como Graham las emociones y los sentimientos se me desbordan.

Mi emoción antes del evento era más bien a causa de la emoción de ella. La verdad es que basar tu propia experiencia en los demás resulta complicado. Debo reconocer que me llego una especie de cansancio. Todas aquellas cosas que había comenzado a hacer por placer, las empecé a hacer por obligación y todo fue mal.

El día de ayer llegamos un poco tarde. El frío que hacía no parecía augurar algo bueno. Más por el hecho de la probabilidad de lluvia pero aunque se parecía a aquella anhelada Londres parecía que podía ir mal la cosa.

La gente hablaba sobre su concierto el día anterior. Me deprimió más porque parecía que en serio las cosas no podían salir peor. Ahora comprendo que la presunción y la arrogancia de la gente parece no tener limites y también ahora creo que si no me hubiera pasado esto seguiría en esa arrogancia y presunción ante la mala suerte de los demás.

No, no estaba en modo concierto. Tuvimos que como dijeron aquellos con “suerte” aguantar a las bandas anteriores a Blur. Era un festival no podíamos evitar aquello. No sé si pensaba que debía valer la pena, estaba muy cansada para pensar en eso.

Las horas pasaron. Con autenticas peripecias por alcanzar un lugar cercano a la valla. Tendrá unos tres años que voy a conciertos y no había vuelto a hacer las hazañas correspondientes para llegar adelante. Las veces anteriores había obtenido pésimas experiencias y mi cuerpo no los soportaba.

Fue la emoción de ella la que me alentó a resistir empujones, pisotones, golpes y demás. Pero aún treinta minutos del concierto la emoción no llegaba. Pensé que tal vez ya había llegado a ese momento en la vida donde te amargas y dices: no más conciertos, no más hazañas para llegar hasta adelante.

De pronto el escenario se comenzaba a acondicionar. Parecía real e irreal al mismo tiempo. Vi muchos vídeos de sus conciertos, he visto mil veces el concierto de Hyde Park y me preguntaba ¿en serio está pasando?

Estas semanas había pensando “Blur como mi último concierto”; mientras nos adentrábamos entre la gente pensaba “Blur como mi último concierto”; durante el acondicionamiento del escenario pensé “Blur como mi último concierto”. La noche comenzaba a despejarse, pero el frío persistía.

A diez minutos de que empezara la vi a ella y ella me sostenía fuertemente, le dije: siento algo aquí (en el pecho) raro, siento que el corazón se me va a salir. Ella sonrió, pero sabía que era un “te lo dije”.

Salieron Alex, Dave, Graham y Damon. Eran como los imaginaba, justo como los veía y justo como se mostraban. Me di cuenta que era real, que tal vez no lo veía perfectamente pero estaba ahí como si fuera Hyde Park o Glastonbury, aunque infinitamente más lejos del escenario.

Popscene sonó y odie no brincar como lo había ensayado. Después no importó, después no importó luchar por seguir respirando. Lo supe cuando Damon se acercó y lo corroboré cuando dijo las primeras palabras.

Lo admito, lloré en Coffee and Tv porque lo que más quería era escuchar a Graham, lo que más quería era que me hablara a mi y sólo a mí. Cerré los ojos, no me importaba verlos. Graham cantaba take me away from this big bad world and agree to marry me, so we can start over again.

No pude evitar que se me hiciera un nudo en la garganta cuando Damon cantó: blow, blow me out I am so sad and I don’t know why. Estaba cantando esa frase tan intensa en medio de una multitud, era como en los sueños donde estás desnudo.

Y aunque brinque involuntariamente en Song 2 y pensé que estaba tan cansada como para no volver a brincar, aun quedaban fuerzas para Advert, aún quedaba fuerza para gritar con Damon: I need a holiday somewhere in the sun, With all the people who are waiting, there never seems to be one, say something, say something else.

Pero nada, nada iba a significar tanto como esa canción que también es tan importante para ellos. Ella me jaló, nos tomamos de la mano porque estábamos juntas viviendo ese momento, porque amábamos estar ahí con ellos escuchando las canciones que nos han acompañado en este trayecto: Oh my baby, oh my baby, oh why, oh my.

A pesar de los golpes, empujones, la larga espera, las burlas de los tipos con “suerte”, de las decepciones, de la tristeza… me sentía otra vez viva. Me recordaron quién soy y por qué sigo aquí. Si fue mi último concierto, no lo sé, pero ha sido maravilloso. ¿Valió la pena? Un millón de veces si.

Hay algo que nunca voy a olvidar de la noche de ayer. En mi trance musical voltee a ver la pantalla, enfocaba a Alex, nos miro, y no puedo explicar la forma tan hermosa en la que nos miro. Era un agradecimiento y una felicidad infinita.

Si Damon utilizó la frases clichés de: Te quiero México, están en mi alma, gracias por esta noche tan maravillosa. Le creo, les creo. Sobre todo después de esa mirada que nos dedico Alex. Yo sentí el mismo amor y agradecimiento por ellos.

Y que importa si ellos lo saben o no, qué importa si no vieron mi cara o si no tocaron mi mano. Yo lo sentí, yo y una de las personas a las que más quiero lo sentimos. No me importa lo demás porque fue importante para mí y fue importante en mi vida.

Ayer… lo vi todo. Lo he visto todo. Escuché esas voces con las que dormí y soñé mucho tiempo. Es un largo viaje que hemos recorrido juntos, ellos, ella, él y yo. Fue resumido en una noche, fue consumado en una noche. Es la intimidad entre la música y tú, que no recae en un recinto o en una conversación. Es la música.

El final no pudo ser mejor. Fue la respuesta y el alivio que necesitaba, que todos necesitamos en los momentos donde parece que todo sale mal. Era tan maravilloso, tan mágico y me sentía tan emocionada. La vi a ella, cantábamos, la tome de la mano y canté fuerte: Every paper that you read says tomorrow’s your lucky day… Well, HERE’S YOU LUCKY DAY.

Sin afán de sonar ardida, pero si en el afán de defender mi punto de vista. En ese momento fuimos más afortunadas nosotras que los que se decían afortunados.

Alzamos las manos para recitar una frase que sin pretender ser positivo, resulta serlo honestamente: When the days they seems to fall through you, well just let them go. Lo gritaba mientras sonría y lo decía con total convicción.

Quizá como predije al principio Blur llegó a decirme que realmente pasará. Ni siquiera tuvo que decirlo, al momento de verlos, de escucharlos me di cuenta que estaba pasando.

jueves, 3 de enero de 2013

Adolescentes con lentes



Este es mi primer post del año. No hay nada relevante en ello, pero aún así quería mencionarlo por si acaso.

He dicho anteriormente: pienso que nosotros, todos de hecho, vivimos en una especie de eterna adolescencia. No me retracto de este pensamiento, pero tal vez tenga que extenderlo o hacer ciertas diferenciaciones. Me preocupo demasiado en lo que me sucede que olvido observar bien, muy bien a los otros.

Crecer es difícil en cualquier sentido, si tienes ocho, o doce, o dieciséis, o veintitantos, o treinta y algo, es complicado. También dije que parecemos hacer menos nuestros conflictos existenciales y los que no son existenciales de adolescentes, eso también lo sostengo.

Hace unos días tuvimos una pequeña discusión con uno de mis sobrinos. Se me olvida en innumerables ocasiones la cuestión de que ya no son unos niños. Su adolescencia a veces me perturba porque yo continuo en la mía, pero obviamente parece necesario darles un mejor ejemplo.

La discusión versó sobre el hecho de que uno de mis sobrinos necesita y lo digo con mayúsculas NECESITA lentes. Nunca imagine que un accesorio tan diminuto incomodara a alguien de la forma en la que le molesta a mi sobrino. Él en especial que es un joven que no va acorde con su edad, me refiero a que es bastante maduro, reaccionó de forma adolescente.

El que no actué como un adolescente tan ordinario, no quiere decir que no lo sea, incluso que no sea infantil. Se nos olvida que tenemos ciertos problemas con nosotros o como lo dice una amiga “issues”. Lo educado, maduro e inteligente que es, desapareció en cuanto me alzó la voz y de manera necia y reacia me contestó ante la insinuación acerca de los anteojos. Es un adolescente.

No fue el que me alzara la voz. Hasta ahora comprendo lo que hice sufrir a propios y extraños en mi adolescencia, y aún ahora en mi segunda adolescencia. En esa etapa de la vida, siempre hay un elemento perturbador que nos saca de nuestras casillas.

Si quieren saber, no tengo idea de por qué le molesta tanto el tema de los lentes. Créanme, si lo pensaran por la burla, es un chico al que no le harían burla, es muy sociable. Su madre dijo: ya está grande y si no quiere ir no voy a obligarlo. La realidad es que a esa edad obligarlo a hacer algo parece absurdo. Su carácter se ha forjado en la base.

Cuando era adolescente me sugirieron usar lentes por un accidente que tuve. Nunca lo vi como una sentencia. Ahora seis años después ante dicha posibilidad por segunda ocasión, me emocionó el hecho. Pero descubrí que es probable que yo tenga una obsesión con mis ídolos, pensé: Si, si uso lentes, serán como los de Graham Coxon. Me pareció que me harían lucir interesante, claro, nunca pensé en depender de unos toda mi vida.

viernes, 5 de octubre de 2012

No hay personas más diferentes



No tengo ni la menor idea de si leerás esto o si alguna vez lees lo que escribo. Agradezco infinitamente que, si lo haces, no me lo digas, no comiences con frases de ánimo como los demás. Si un día te tomaste el tiempo de leer algo aquí, seguro que tendrías muchas palabras contradiciendo a los demás respecto al modo en el cual me expreso. Eso lo apreciaría más, pero aún me duele un poco las cosas que dices.

Un día apareciste. Después de un par de años, decidiste visitar a aquella persona que te pasaba la tarea de taquimecanografía. No sé si fue por ocio, pero lo agradezco. Si no hubieras aparecido ese día, mi vida durante estos años sería mucho más aburrida de lo que ya es.

De esto se trata. Cuando digo que expresaré todo lo que pienso sobre los demás, tratándose de ti, sólo puedo hacer esto. Eres, como nadie, como nadie que haya conocido antes. Me pregunto muchas veces cómo no me percate en la adolescencia de eso. Imagino que era muy joven para verlo o simplemente no estaba planeado que aparecerías o más bien reaparecerías.

Tengo tres nombre en mi mente de tres personas que cambiaron mi vida y, que como ya lo dije a una de ellas, me cambiaron sin pretenderlo. Tu eres una de ellas. No imaginas la manera en la que mis pensamientos y mi forma de ser cambiaron al conocerte, sin darme cuenta. Y también en la que mejoraron, sin duda alguna, mis gustos.

Eres la persona más honesta y directa que he conocido. Sin miedo. Sí lo hay, lo ocultas muy bien. No tienes un agujero negro, sabes protegerte. Aún temo de tus comentarios, de tu forma sarcástica e irónica de decir las cosas. Aún temo que mi forma de ser te aburra para jamás volverme a hablar.

De entre todas las personas que conozco, eres a la única que le creo todo. Nunca le tienes lástima a la gente. Sé que contigo no obtengo ninguna clase de compasión y más bien las palabras que tengo, pero temo, escuchar. Cuando me dejaste entrar, me sentí realmente agradecida, pero sabes, creo que de algún modo lo eche a perder. Soy tonta. Me volví en una Aurora.

Otra vez, vuelvo a recordar aquella pregunta que me hiciste ¿es verdad que cuando platican conmigo tienen que pensar antes de hablar porque les da miedo? Ese día te conteste afirmativamente. Después me di cuenta que esa respuesta siempre va a ser un “si”.

Y al final de todo no importa cuantas veces me cuelgues el teléfono, ni cuántas veces me contestes de forma cortante porque seguramente hice una estupidez. La verdad es que deseo estar cerca de una forma u otra. Porque sé que antes no era así. Siempre has mantenido mis pies en la tierra.

Cuando veo No Distance Left to Run, lo entiendo. Absolutamente, tu eres Damon y yo Graham. Cada vez que veo esa parte donde Alex dice “Graham hablaba mucho de él, Damon es alguien de quien siempre hablas”, pensé lo mismo de ti: eres alguien de quien siempre hablan. Qué puedo decir de ti a lo que temas. Te admiro mucho.