lunes, 5 de marzo de 2012

Experimento social


Me sentía como Renton en Trainsportting cuando decide dejar la heroína. Excepto por su conjunto de cosas que tenía a la mano para sobrellevar su adicción (me refiero al supositorio y la pornografía). Un poco así estaba yo esa noche, un poco sentí algo, sólo algo de desesperación, pero la prueba ha sido superada.

Decidí por, aproximadamente cuatro días, cancelar mi cuenta de Facebook. El reto tenía una razón algo boba, pero durante estos cuatro días significó más. El punto era hacer un experimento social. Después de reflexionar sobre estas cuestiones del: te extraño; te necesito; te quiero; las amistades, etc., me di cuenta que Facebook ha comenzado a ser importante para nuestra vida colectiva y personal.

Así que razón número uno para cancelar mi cuenta: pues nomás para ver qué pasaba. Créanme que lo pensé mucho, en Facebook desapareces, casi literalmente para ciertas personas. Sabes que si lo haces perderás el contacto con esas personas que te agradan demasiado, pero que lamentablemente si no es por esa vía, no sabrías nada de ellas. Aún así lo hice, porque de pronto, de pronto soy impulsiva.

Recuerdan que hace tiempo les comentaba de esa columna de Olallo Rubio donde decía que para dejar de angustiarse no veía noticiarios ni leía los periódicos. Pensé que necesitaba una razón más coherente que sólo el porque si, porque se me ocurrió. Luego me di cuenta que aplicaba la excusa de Olallo Rubio también para Facebook. Mis últimos corajes y que ha resentido mi estómago han sido provocados por el chisme maldito en Facebook.

Eso me llevó a la razón número dos: por salud mental y física dejaba estos días Facebook para relajarme y no estar metida en asuntos que no me corresponden o en su defecto que no me deberían de importar, y también debo confesar, para no sentir esa horrible ansiedad de que ella o él –cualesquiera, lo digo honestamente –me hablen, porque… pues ya fue mucho.

Y la razón número tres que, probablemente la gente normal pensaría  debiera ser mi razón número uno es: para no tener distracciones y avanzar en la tesina. Esa bien pudo ser una buena razón, pero el problema de las distracciones no radica en Facebook, al menos no es la única distracción, el internet es un cúmulo de distracciones. Lo malo es que es necesario incluso para las tesinas, tesis y trabajos de investigación.

El resultado fue bueno. Sentí mucha angustia al principio, como dos horas después de haberla cancelado. La costumbre me llevó varias veces a abrir la página principal de Facebook en lugar de la de Google. No duro mucho, aunque no lo crean. Me di cuenta que si, la red social se convirtió en una adicción pero quizá no en una muy grave. Al día siguiente había olvidado si quiera en revisar algo concerniente a Facebook.

La angustia de no checar Facebook, de hecho se generó porque las primeras dos horas después de cancelar la cuenta, las pase viendo vídeos, buscando noticias de posibles conciertos, googleando a bandas, cosas nimias que aunque no ayudaron a escribir con prontitud parte del marco contextual del trabajo que tenía que hacer, ayudaron a olvidarse de la casi necesidad que se había convertido revisar cada cinco minutos la página inicial de Facebook.

El segundo día, afortunadamente no la pase en casa, eso ayudo. Luego sin la distracción, comencé a leer y a leer sin control alguno, temas de la tesina por supuesto y una que otra fuera de él. También me dio la oportunidad de contestar  cuatro unidades de mi libro de inglés y achacó también a eso la buena calificación en mi examen. La costumbre se deshizo muy pronto.

No sé qué tipo de reacciones haya generado en ese mundo, porque a decir verdad se convierte en un mini mundo con una realidad simulada, mi inminente desaparición. Honestamente, tampoco me importa mucho, y escribo esto antes de regresar a ese mundo. Da un poco de temor, incluso pensé si no sería mejor borrarlo definitivamente al traerme tantas cosas positivas.

Primero que nada, si hubiera causado controversia mi desaparición sería muy triste, significaría que el mundo o al menos ese, tiene la percepción de que yo sin una cuenta de Facebook no existiría. Dos, el hecho de que no haya recibido mensajes y llamadas alarmadas de mi desaparición contiene un hecho negativo y uno positivo.

Por un lado es negativo porque eso quiere decir que a muchas de las personas que tengo agregados como “amigos” y su mundo es Facebook –lo dicen sus publicaciones, no yo –no les interesa si existo o no existo en su mundo ficticio, es triste pero como para el resto de la población ese mundo es importante, incluso o más que el mundo real, es revelador. O, sabían que volvería aunque eso también es triste, o, y eso puede ser más alentador, su mundo no es Facebook y en tal caso les va y les viene quien esta o no en él.

El lado positivo es que las personas con las que seguí conversando aún sin Facebook, no les interesa si estoy o no estoy ahí, porque mantener el contacto para esas personas va más allá de que una página te diga lo que hace el otro.

Aunque una de mis hermanas se dio cuenta de que había cancelado mi cuenta de Facebook hasta el tercer día. Bueno, mi familia es más cercana así que, aunque quizá hice una expresión de “¡duh!”, no fue tan grave.

Decidí regresar, después de mi experimento social, porque hay personas con las que, si, muy, muy tristemente, si no fuera por ese medio no sabría qué pasa con ellas, y porque a mi si me interesa mantener el contacto con esas personas. Y por otro lado porque Facebook se ha convertido en una excelente plataforma escolar, así que me sentía un poco perdida acerca de la información relacionada con la labor escolar.

Quien sabe si a la larga lo haga definitivamente. Cuando descubrí el internet y todo lo que conlleva, me trajo muchas cosas positivas, con uno que otro vicio. Alejarme de la red social, fue como cuando me voy de viaje, así me siento ahora, piensas y te das cuenta de cosas que sólo cuando estas lejos puedes ver.


jueves, 1 de marzo de 2012

Sueños



Hoy quizá hice algo atroz, algo que no había hecho desde hace mucho tiempo: tomar una siesta por la tarde. Lo hice porque sé que dormiré tarde y porque la única forma de concentrarme empieza a eso de las once de la noche. Pensé: “bueno ya que dormiré tarde entonces, duermo ahora para que no me de sueño más noche”.

Únicamente hacía eso de las siestas cuando iba en la secundaria. Fue ahí donde comenzaron en serio mis problemas de insomnio. Moría de sueño a eso de las dos o tres de la tarde y dormía aproximadamente cinco horas por la madrugada. Después gracias a que mi padre lo consideró un mal hábito y por supuesto, las siestas significaban agudizar mi problema de insomnio, lo dejé.

Hoy tomé esa siesta. Realmente la necesitaba, llevo tres días durmiendo tarde. Y no es mucho, conozco a gente que no duerme, aunque eso siempre se me hace biológicamente una atrocidad. Pero la verdad después de mi enfermedad y dejar de comer tantas cosas, no me queda energía para soportar tales jornadas.

No fue complicado conciliar el sueño, lo hice rápidamente. Después comenzó todo. Amo dormir, a quién no le gusta, sólo hay algo que no me agrada de esto de dormir: los sueños. Los míos, en su mayoría, son especialmente perturbadores y extraños. Lo son aún más cuando involucran a gente que conozco con situaciones no muy alentadoras. Algunos sueños –de esos, puede que sean más pesadillas –se han reproducido en la realidad.

Soñé sobre un sueño. Así es, de esas veces, seguro les ha pasado, no es que yo sea un espécimen raro o sorprendente, que en tu cabeza esta la imagen tuya durmiendo, y esa imagen comienza a soñar. Intenté despertar porque esa sensación es horrible, sentía mis parpados pesados, alcancé a ver cosas de la realidad, como mi pared, mi cama, incluso mis tenis, pero algo me aferraba al sueño, quizá el cansancio.

Luego en esa imagen mía durmiendo, cosa que en realidad estaba haciendo, vi una silueta negra encima de mi, aplastándome. Dentro del sueño, de mi sueño –ya sé suena loco –buscaba ayuda para quitar esa escalofriante silueta. Entre más quería despertar, tanto en mi sueño como en la realidad, me sentía como si estuviera flotando, incluso pude sentir como mis piernas se movían un poco.

Dentro del sueño de mi sueño, ocurría algo extraño. Yo huía de algo o de alguien, en un intento desesperado corría, pero en los sueños jamás corres lo suficientemente rápido para que un terrible destino de alcance. Intenté repetidas veces despertar; moverme; correr; gritar… no podía hacerlo. Sólo sentía un miedo irracional. Logré abrir los ojos, no estaba consciente, eso fue muy raro. El cansancio, el sueño, algo hizo que volviera a cerrar los ojos y continuar con el miedo, no sin antes corroborar que movía las piernas de verdad.

Dentro de la irracionalidad de mi sueño, tuve un pensamiento muy del mundo real y tonto a la vez. Pensé: “estoy teniendo pesadillas porque me dormí de lado, tengo que moverme”. Para cuando ese pensamiento dominó el sueño y a mi también, me moví pero también decidí que quizá era momento de terminar esa siesta que más que ayudarme fue todo lo contrario. Abrí los ojos fuertemente. Busqué mi celular, vi la hora y dije en voz alta “ya es hora de hacer mi trabajo”. No había ruido.

Dormir es bueno cuando descansas. Pero la parte de los sueños, es un poquito complicada. Si tuviéramos fórmulas como Stéphane en la Ciencia del Sueño, y pudiéramos elegir qué soñamos y con quién, sería increíble, pero al menos como los mismos sueños, eso sigue siendo una ficción. 

miércoles, 29 de febrero de 2012

Cosas que dañan tu psique


Hoy no tenía pensado escribir aquí. Tengo tanto que escribir para la escuela que me hace sentir un poco culpable desahogarme por acá, pero es necesario. Toda la tarde y lo que lleva la noche, he leído y leído, visto y vuelvo a ver ese tipo de cosas que dañan tu psique. Entrarían en este rango, video blogs, canciones nefastas, blogs emo o hipsters. Pero entiendo, ahora entiendo que esto acabará dañándome.

Estoy muy harta de esta rutina, simplemente ya no lo quiero hacer. Y no es por el tema. Me ha interesado muchísimo, leo libros, leo artículos, reconozco ya periodistas, escritores que son importantes. Pero esto va acabar con mi razón. Entre más leo, entre más me informo, entre más veo, más terror me da.

Ya les había platicado sobre esto. No puedo, no puedo ahora, en este punto, cerrar los ojos, no darme cuenta de lo que sucede. Pero no sé hasta donde más pueda seguir leyendo. La rutina acaba con nosotros y leer la situación de violencia por la que pasa este país, esta terminando conmigo. No puedo aislarlo y eso asusta.

Acabo de ver otra vez esa película, El infierno, y me pregunté cómo es que no había visto tantas cosas, más bien, cómo no me había dado cuenta. Aún ahora no me reí, mucho menos pude reírme si lo que he leído son historias reales. Y aún las que fueron ficción, ahora me doy cuenta que son más reales de lo que pensé. Duele aunque uno trate de renegar del país en el que nació y desee con todas sus fuerzas irse de él.

Aún no  termino de leer tantos artículos, crónicas, reportajes, historias. Quisiera leerlas todas, quisiera saber qué más sucede y pase desapercibido por ignorancia. Pero por otro lado me aterra, y no sé si eso me llegue a dominar en algún punto, no sé si pueda continuar leyendo con el estómago duro.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Anécdotas uno y dos



Hoy volví a los días donde caminaba sin sentido y sin rumbo alguno por las calles. Me hace sentir bien, al menos puedo pensar mejor algunas cosas que me aturden. Lo hago sola porque creo que es importante, cómo si la mayoría de mi vida esa soledad no hubiera sido importante. Y hoy tengo dos anécdotas que compartir. Sin un motivo en especial.

Anécdota 1

La recordé mientras pasaba por lo que antes, mucho, mucho antes fue un río. Ahora sólo son aguas negras y casi ya no lo son. Recordaba cuando pasábamos por ahí todos los días para que yo llegará a la primaria. Hacía de recorrido quince minutos, veinte o veinticinco si había tráfico.

Ese día –no recuerdo la fecha exacta –mi mamá y yo íbamos en el automóvil. Se nos hizo un poco tarde y había mucho tráfico. Pasamos por ese río que en ese entonces estaba casi lleno de aguas negras. Vimos pasar a una mujer con su hija, por el uniforme de la niña, iba en la misma primaria que yo. Se puso el rojo en el semáforo.

Mi mamá abrió la puerta del copiloto –yo iba en los asientos traseros –le dijo a la mujer que se subiera, que la llevaría hasta la escuela. La mujer desconfió un minuto y luego abrió la puerta trasera, subió a su hija para posteriormente subirse en el asiento del copiloto. El semáforo se puso en verde.

Se me hizo rarísimo, fue un momento muy bizarro. De hecho también se me hizo muy incómodo. No conocíamos a la señora, tampoco a la niña y mi mamá de la nada las subía muy normal al auto y las llevaba hasta la escuela. Cuando llegamos, la señora y su hija se bajaron y la señora agradeció a mi mamá.

Yo me bajé muy extrañada, creo que también sentía un poco de molestia, porque ni siquiera me dio una explicación de por qué había hecho algo tan raro. Mi mamá se bajo, se despidió de mi en la puerta como si nada y se fue. Ahora lo entiendo y lo admiro: mi mamá jamás daba explicaciones para nada que hiciera. No le importaba lo qué pensaran o dijeran, lo hacía y punto. Como quisiera que esa cualidad también se pudiera heredar, entre muchas otras cosas que mi mamá tenía.

Anécdota 2

Al subir al camión que me llevaría al metro, me percaté que también lo había abordado un tipo que fue compañero mío en la secundaria. No sé si él me reconoció, lo dudo, soy de esas personas que no se quedan en la memoria colectiva del resto de la población y la verdad lo agradezco. Al principio me dio risa y luego sentí algo amargo.

El tipo en cuestión es hijo de una profesora que me impartió la tan bonita materia de “Formación Cívica y Ética” en la secundaria. Era algo estricta, a mi jamás me regaño, porque yo era muy ñoña y algo teta. Sobre todo se tomaba muy enserio ese papel de profesora de civismo y ética.

Siempre he pensando que ha de ser muy complicado ser hijo de un profesor. Aunque no se quiera, se les exige mucho más, por ejemplo, cuando yo iba en la secundaria, en mi generación había dos hijos de profesores, ambos compañeros de escolta –si, fui en la escolta –y uno de ellos el que me encontré en el camión.

Mientras recordaba lo anterior tenía en la mente también, el hecho de que antes de cumplir los dieciocho años, el hombre embarazó a una chica y tuvo que dejar la escuela por un tiempo. Todo el mundo se enteró. Para colmo vive cerca de mi casa. Y cuando me enteré quizá y sólo quizá me burlé un poco, porque  el tipo era muy sangrón en la secundaria.

Cuando lo vi en el camión, recordé cómo había dicho una sarta de injurias ante su estupidez de embarazar a la novia, y agradecí estar en la universidad. En aquél tiempo, recién había ingresado a la universidad y me sentía la nueva maravilla. Iba a regresar a criticarlo cuando vi que estaba leyendo unas copias y su mochila era muy escolar. Me puse seria, quizá no eran de la escuela o quizá si, y en tal caso, bien, él comenzaba a estudiar.

Quizá si, acabaría tres años después que yo, cuando a mi me faltaban seis meses para terminar “la carrera”. Después lo pensé bien, y me reservé todas las criticas mentales que pudieran surgir e incluso me arrepentí de las que hice en el pasado. Si él supiera mi situación actual, pensé, quien se burlaría y criticaría sería otra persona. Así son las grandes ironías de la vida.

martes, 21 de febrero de 2012

Complacer a los demás



Con frecuencia lo hago. Es uno de mis tantos defectos: querer quedar bien con todos. En la palabra digo y digo, pero a la hora de en serio decir que no, qué difícil es. Eso pasa cuando estas acostumbrado a velar por los demás y no por uno mismo. Quizá no sea totalmente malo, pero los problemas surgen cuando por velar de otras personas, descuidas otras cosas, personas, tareas o incluso a ti mismo.

Últimamente he pensado que es complicado establecer una conversación con alguien. Surgen tantos y tantos temas que resulta difícil seguir la línea de una conversación. En este sentido me he percatado que no tengo a nadie con quien conversar. De pronto siento que entre unos y otros no nos interesa mucho lo que decimos. Creo que por eso he estado escribiendo por acá.

Continua el problema con las amistades. La mayoría de mis amigos han dejado de hablarme, de verme, supongo que tarde o temprano iba a pasar. Como decía mi blogger favorito te das cuenta quién se queda cuando tú estas atravesando por tu peor momento. No pongo a prueba quién se quede, no me corresponde a mi averiguarlo. Ni quiero hacerlo.

Nos equivocamos y ni modo. Pienso nuevamente en eso de extrañar a personas, lo he escuchado, ya muy poco por mi situación amistosa con la gente, pero me parece algo lejano. ¿Cómo puedo creer que alguien me extrañe como dice si no se acerca? ¿Cómo incluso puedo decirlo yo, si no me acerco?

Tal vez hoy por hoy, lo vea demasiado catastrófico, pero me dije a mi misma: si mis amigos dejaran de hablarme por completo quizá ellos y yo seríamos mejores personas. Al menos no los decepcionaría por no estar con ellos cuando quisieran y cómo quisieran, y yo no pensaría todo el tiempo como complacerlos. 

viernes, 17 de febrero de 2012

La conciertiza loca


La vida es muy complicada. A veces no vemos la salida a alguno de los problemas que tenemos enfrente, y hay considerablemente pocas cosas que valgan la pena. Cuando la vida se convierte en un verdadero fastidio, lo mejor siempre es salir de la rutina. Eso sólo sucede: en los conciertos.

Muchos lo considerarán una pérdida de tiempo. Un gasto innecesario que hacemos los jóvenes y no tan jóvenes por ver a una banda y/o solista. Ir a un concierto es mucho más que ir a pararte dos horas a ver cómo unos individuos tocan. Los conciertos te sacan de la rutina. La emoción es tal, que todo, absolutamente todo lo perra que pueda ser esta vida, queda totalmente relegado. Y el efecto puede durar poco o mucho, pero siempre reconforta.

Recuerdo que la primera entrada que comenzaron a leer, y de hecho la primera que publique en Facebook, era una entrada relacionada con un concierto. De hecho también la primera entrada cuando reabrí el blog –después de patéticamente cerrarlo un tiempo –fue también de un concierto. Es más, de hecho, cuando re abrí el blog, planeaba únicamente escribir sobre discos que me gustaran y principalmente conciertos.

Esa primera entrada que pudieron leer mis amigos de Facebook, era sobre el concierto de Blonde Redhead en el Teatro de la Ciudad, teniendo como telonera a St. Vincent. Irónicamente o tal vez con mucha suerte, regresa Blonde Redhead al Festival 72810 en Cholula, Puebla. Y regresa Annie Clark sola, en el Teatro Fru Fru de la Ciudad de México, ahora propiedad del monstruo Ocesa.

La vida se ha tornado complicada. Pero no puedo dejar de emocionarme cada vez que pienso en los conciertos que se avecinan. Cuando uno esta acostumbrado a pasarla tan bien en los conciertos, es inevitable no ansiarlos. Me parece muy extraño que existan personas que renieguen de ellos o que nunca hayan ido a uno. ¿Cómo pueden sobrevivir? Los conciertos son catarsis.

No puedo esperar para ver a Björk, cuyo primer concierto en México, casi lloré por no poder asistir. No puedo esperar para ver a los Madness que mi buen amigo Wicho, logró hacerme fan. No puedo esperar para ver a Blonde Redhead de nuevo y volver a cantar, ahora sí, sus canciones, ver a Kazu y los gemelos (si es que un poquito de suerte, me deja verlos de nuevo). No puedo esperar a ver a Radiohead, que tanto sufrí por no verlos ese primer concierto. No puedo esperar ver a St. Vincent, por fin sola y con esos grandiosos riffs de guitarra. No puedo esperar a ver a The Rapture, y bailar, y cantar como si no hubiera fin.

Yo creo, que estas son las cosas que hacen que la vida valga la pena, entre otras pocas cosas.