Hoy
volví a los días donde caminaba sin sentido y sin rumbo alguno por las calles.
Me hace sentir bien, al menos puedo pensar mejor algunas cosas que me aturden.
Lo hago sola porque creo que es importante, cómo si la mayoría de mi vida esa
soledad no hubiera sido importante. Y hoy tengo dos anécdotas que compartir.
Sin un motivo en especial.
Anécdota
1
La
recordé mientras pasaba por lo que antes, mucho, mucho antes fue un río. Ahora
sólo son aguas negras y casi ya no lo son. Recordaba cuando pasábamos por ahí
todos los días para que yo llegará a la primaria. Hacía de recorrido quince
minutos, veinte o veinticinco si había tráfico.
Ese
día –no recuerdo la fecha exacta –mi mamá y yo íbamos en el automóvil. Se nos
hizo un poco tarde y había mucho tráfico. Pasamos por ese río que en ese
entonces estaba casi lleno de aguas negras. Vimos pasar a una mujer con su
hija, por el uniforme de la niña, iba en la misma primaria que yo. Se puso el
rojo en el semáforo.
Mi
mamá abrió la puerta del copiloto –yo iba en los asientos traseros –le dijo a
la mujer que se subiera, que la llevaría hasta la escuela. La mujer desconfió un
minuto y luego abrió la puerta trasera, subió a su hija para posteriormente
subirse en el asiento del copiloto. El semáforo se puso en verde.
Se
me hizo rarísimo, fue un momento muy bizarro. De hecho también se me hizo muy
incómodo. No conocíamos a la señora, tampoco a la niña y mi mamá de la nada las
subía muy normal al auto y las llevaba hasta la escuela. Cuando llegamos, la
señora y su hija se bajaron y la señora agradeció a mi mamá.
Yo
me bajé muy extrañada, creo que también sentía un poco de molestia, porque ni
siquiera me dio una explicación de por qué había hecho algo tan raro. Mi mamá
se bajo, se despidió de mi en la puerta como si nada y se fue. Ahora lo
entiendo y lo admiro: mi mamá jamás daba explicaciones para nada que hiciera.
No le importaba lo qué pensaran o dijeran, lo hacía y punto. Como quisiera que
esa cualidad también se pudiera heredar, entre muchas otras cosas que mi mamá tenía.
Anécdota
2
Al
subir al camión que me llevaría al metro, me percaté que también lo había
abordado un tipo que fue compañero mío en la secundaria. No sé si él me
reconoció, lo dudo, soy de esas personas que no se quedan en la memoria
colectiva del resto de la población y la verdad lo agradezco. Al principio me
dio risa y luego sentí algo amargo.
El
tipo en cuestión es hijo de una profesora que me impartió la tan bonita materia
de “Formación Cívica y Ética” en la secundaria. Era algo estricta, a mi jamás
me regaño, porque yo era muy ñoña y algo teta. Sobre todo se tomaba muy enserio
ese papel de profesora de civismo y ética.
Siempre
he pensando que ha de ser muy complicado ser hijo de un profesor. Aunque no se
quiera, se les exige mucho más, por ejemplo, cuando yo iba en la secundaria, en
mi generación había dos hijos de profesores, ambos compañeros de escolta –si,
fui en la escolta –y uno de ellos el que me encontré en el camión.
Mientras
recordaba lo anterior tenía en la mente también, el hecho de que antes de
cumplir los dieciocho años, el hombre embarazó a una chica y tuvo que dejar la
escuela por un tiempo. Todo el mundo se enteró. Para colmo vive cerca de mi
casa. Y cuando me enteré quizá y sólo quizá me burlé un poco, porque el tipo era muy sangrón en la secundaria.
Cuando
lo vi en el camión, recordé cómo había dicho una sarta de injurias ante su
estupidez de embarazar a la novia, y agradecí estar en la universidad. En aquél
tiempo, recién había ingresado a la universidad y me sentía la nueva maravilla.
Iba a regresar a criticarlo cuando vi que estaba leyendo unas copias y su
mochila era muy escolar. Me puse seria, quizá no eran de la escuela o quizá si,
y en tal caso, bien, él comenzaba a estudiar.
Quizá
si, acabaría tres años después que yo, cuando a mi me faltaban seis meses para
terminar “la carrera”. Después lo pensé bien, y me reservé todas las criticas
mentales que pudieran surgir e incluso me arrepentí de las que hice en el
pasado. Si él supiera mi situación actual, pensé, quien se burlaría y
criticaría sería otra persona. Así son las grandes ironías de la vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario