Con frecuencia
lo hago. Es uno de mis tantos defectos: querer quedar bien con todos. En la
palabra digo y digo, pero a la hora de en serio decir que no, qué difícil es. Eso
pasa cuando estas acostumbrado a velar por los demás y no por uno mismo. Quizá
no sea totalmente malo, pero los problemas surgen cuando por velar de otras
personas, descuidas otras cosas, personas, tareas o incluso a ti mismo.
Últimamente
he pensado que es complicado establecer una conversación con alguien. Surgen tantos
y tantos temas que resulta difícil seguir la línea de una conversación. En este
sentido me he percatado que no tengo a nadie con quien conversar. De pronto
siento que entre unos y otros no nos interesa mucho lo que decimos. Creo que
por eso he estado escribiendo por acá.
Continua
el problema con las amistades. La mayoría de mis amigos han dejado de hablarme,
de verme, supongo que tarde o temprano iba a pasar. Como decía mi blogger
favorito te das cuenta quién se queda cuando tú estas atravesando por tu peor
momento. No pongo a prueba quién se quede, no me corresponde a mi averiguarlo. Ni quiero hacerlo.
Nos equivocamos
y ni modo. Pienso nuevamente en eso de extrañar a personas, lo he escuchado, ya
muy poco por mi situación amistosa con la gente, pero me parece algo lejano.
¿Cómo puedo creer que alguien me extrañe como dice si no se acerca? ¿Cómo
incluso puedo decirlo yo, si no me acerco?
Tal vez
hoy por hoy, lo vea demasiado catastrófico, pero me dije a mi misma: si mis
amigos dejaran de hablarme por completo quizá ellos y yo seríamos mejores
personas. Al menos no los decepcionaría por no estar con ellos cuando quisieran
y cómo quisieran, y yo no pensaría todo el tiempo como complacerlos.

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