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viernes, 13 de septiembre de 2013

Puente peatonal

Cada vez que voy a casa de mi hermana subo un puente peatonal. No me gustan en realidad. Está viejo, en medio del paso hay un hoyo y en los escalones para bajar hay dos o tres de aluminio. Detesto subir los puentes peatonales porque son peligrosos. Subo ese porque tengo más posibilidades de morir arrollada en la avenida.

Cuando estoy en medio del camino del puente peatonal, allá arriba puedo ver la ciudad. Esa es la única parte satisfactoria del martirio que significa para mí subir el puente. Veo la ciudad con toda claridad. Veo sus altos edificios, puedo ver los más representativos y hasta los que no lo son. Desde esa distancia nada parece lejos porque ahí está todo.

Ese pensamiento me llega a la mente cuando veo esa imagen y el viento me alborota el cabello. Esta ciudad, todo, todos están aquí y me pregunto cómo puede ser eso. Cómo se puede juntar todo aquí y cómo podemos vivir todos aquí. Arriba parece que todo marcha, no sé sabe si bien, pero se ve que marcha.

Hace poco en la clase de francés nos enseñaron cómo decir “me gustaría vivir en…”, la mayoría dijo otro país y otra ciudad, yo, dije: Ciudad de México. Siempre imagino que mi respuesta demuestra una cierta mediocridad, incluso yo pensaba que así era, pero no es así. Me gusta esta ciudad con todo lo que implica.

En este punto es cuando hablo de cosas de las que siempre me molesta hablar. Me siento incompetente al hablar de sociedad, política y justicia, siento que no tengo la información para opinar. La verdad es: hoy en día todos se sienten con la facultad de opinar sepan o no, así que lo haré.

Amo este país profundamente, como jamás lo había hecho. Tarde mucho en reaccionar e indignarme, pero lo hice. Después de leer tantos libros, de escribir tantas veces, de enojarme, de gritar, lo logré, logré que algunos miembros de mi familia se indignaran y me sentí satisfecha.

Empecé hablando de la ciudad porque sé que en estos días se ha vuelto caótico vivir y convivir aquí. No es por los maestros, ni los estudiantes, ni los vendedores ambulantes, ni los policías, es creo yo, por nuestra falta de solidaridad.

Aunque no tantas veces como la mayoría, también me tocó caminar entre calles cerradas, también llegué tarde a citas, también me bajaron del transporte, pero no me indigna eso. Me indigna que seamos una sociedad demasiado polarizada, demasiado intolerante.

Aquí estamos nosotros, los mestizos llamándole indios a la gente de provincia, llamándoles huevones mientras vemos el fútbol en lugar de practicar algún de deporte. Así es nuestra doble moral, así es este país de impuntuales quejándose de llegar tarde a algún lugar. Si gana la selección mexicana un mediocre partido está bien cerrar calles, si peregrinaciones (que dejan mucho dinero a la iglesia) bloquean calles, está bien.
Los demás son huevones que no quieren trabajar, porque si un reglamento, ley o reforma los pasa a perjudicar, pues que se aguanten: “son pobres porque quieren”. Esa frase que usan, me llama la atención “son pobres porque quieren”, pues entonces todos queremos ser pobres, porque aquí los ricos se cuentan con los dedos.

No estamos exentos, nadie nos garantiza que mañana no seremos nosotros los que queramos exigir que no se violen nuestros derechos. Cuando escucho a gente cercana a mí decir cosas como esas, espero que un día no necesiten protestar o si quiera alzar su voz por algo.

Este país es de lo absurdo, de lo ridículo, vaya esta como para no creerlo. Difícilmente puedo predecir qué va a pasar, si vamos a seguir indignándonos por cosas ridículas como símbolos que no nos representan: la independencia, la revolución ¿pasaron en verdad? Mientras la clase política y los ricos, ricos, se mofan de nosotros porque estamos como perros y gatos.

Estas fechas me purgan porque la gente se siente patriota y se siente muy mexicano el 15 y 16 de septiembre, el resto de los días detesta ser mexicano y además odia a sus compatriotas. Ya nadie sabe el significado de ser mexicano, yo tampoco lo sé porque no sé qué hacer para ayudar al país que me apasiona.

Entonces respondo: en México, quiero vivir en México porque no quiero huir, no quisiera huir, aunque la verdad, por muy trillado, cursi y hasta “patriótico” que suene, duele ver lo que pasa aquí todos los días. Allá arriba se ve que todo marcha, pero cuando bajo del puente y me meto al metrobús un hombre me empuja para alcanzar lugar.


jueves, 24 de mayo de 2012

Yo soy... mexicana



No vengo de una familia revolucionaria, más bien algo conservadora. No recuerdo que algún evento en especifico les haya impactado o indignado tanto como para volverme contestataria. Simplemente como me dicen mis hermanas y mis papás: ¡Ay es que eres tan rara! Yo sólo me he dado cuenta, he observado porque nadie me ha instruido en alguna forma de pensar. Yo sólo leía reportes de Oxfam en el bachillerato, veía noticias en la secundaria y hojeaba libros en la primaria, nada fuera de lo común.

Han sucedido muchas cosas las últimas semanas, yo que tanto me rehusaba al twitter ahora se me hace una plataforma riquísima de información instantánea, muy visceral en muchos casos, y en otras tantas utilísima. Culpo a los autores, culpo a Élmer Mendoza, a Ricardo RaphaelAlma GuillermoprietoHéctor De Mauleón, pero sobre todo a José Revueltas, los culpo a ellos por hacerme reaccionar.

Y agradezco a esa gente que día con día se levanta por las mañanas en una zona de conflicto aquí en México y en el mundo –por todas aquellas acciones urgentes que me tocaba leer en Amnistía Internacional –que me hacen olvidarme de mis propios dolores, que me hacen ser un poco menos egoísta. Gracias a ellos me he olvidado de mi misma para responder ante los demás.

Ayer viví una experiencia como pocas. Estaba muy desesperanzada, después de la respuesta de la gente por lo de Roger Waters, cuantas veces al leer todas esas notas, artículos, crónicas, acciones urgentes no había querido estar ahí, gritarles a quienes han perdido su humanidad. Pensé que a la gente no le importaba y mucho menos a los jóvenes, mismos que se burlaron cuando pedíamos firmas por Egipto y la primavera árabe.

Dicen que ha llegado la primavera mexicana, no sé si así se pueda llamar, aún pienso que nos falta mucho. Cuando comencé a usar las redes sociales, me parecía inútil llamar a la gente a reaccionar por ahí. Me equivoqué y lo agradezco. Cuando habló con mis sobrinos y los veo interesados, me inspiran para salir, para seguirles diciendo, al menos a ellos, que no podemos seguir así.

Ayer en la marcha Yo Soy 132 había muchísima gente, de todas las universidades del Distrito Federal. Un sentimiento me invadió al mirar a mi alrededor y ver todas esas consignas, era alegría y tristeza a la vez. Alegría por lo que decían: México despierta, México cambió, Yo no olvido, y las más de personas adultas apoyando y confiando en nosotros. Sentí tristeza porque nos habíamos tardado, y de eso me di cuenta al leer tantas y tantas injusticias, tanta tristeza, odio y violencia; pero me dio más tristeza que la esperanza que sentía no la pudiera sentir aquella mujer que ha perdido a sus hijas en Juárez.

Faltan muchas cosas. Debo confesar que estoy sorprendida, algo, alguien nos hizo reaccionar, empezó en la Universidad Iberoamericana, y a pesar de que había perdido algunos pre juicios que tenía con la Ibero después de Amnistía, aún quedaban otros pre juicios. El movimiento nació en una universidad privada y creo ahora, que fue lo correcto, si hubiera empezado en la UNAM quizá sería un poco diferente.

Como ya saben, yo vengo de la UAM, nunca he tenido ese sentimiento universitario, ese amor desmedido por la universidad, porque en muchas ocasiones me ha decepcionado, pero vivo aquí, soy mexicana y eso si lo siento. Lo que me gusta de este movimiento es que es apartidista. Las personas se han olvidado de que lo relevante es lo que pase en el país y que no llegará un mesías; se necesitan líderes pero no mesías. Y en esta búsqueda de los líderes caemos en el fanatismo y las provocaciones. Lo que importa es México.

Me parece un buen comienzo exigir la democratización de los medios, porque sabemos que quienes manejan el país no son los políticos, ni los presidentes, en estos días, los nombres de Salinas Pliego y Azcárraga son de mayor peso que el propio presidente. Pero esos apellidos jamás han sabido lo que el pueblo necesita. No, al pueblo no se le educa por la televisión; pero tampoco se le falta al respeto.

¿Por qué estar tan en desacuerdo con la candidatura de un individuo? Más allá de su corrupto historial, por lo menos a mí, me indigna que alguien como Enrique Peña Nieto contienda por la presidencia después de las muchas violaciones a los derechos humanos cometidas en Atenco. Se le falta al respeto, un respeto que él dice tener en muchos sentidos, porque por lo menos yo, considero un insulto su postulación como candidato, a eso se le suma que proviene de un partido que entre nosotros tiene, muy poca credibilidad.

Todavía hay algo en el movimiento de Yo Soy 132 me sigue generando sentimientos encontrados, son dos cosas: la primera es, que aún tenemos brechas, aún poseemos barreras evidentes entre universidades, cada quien se reunía con la universidad de la que provenía, como tribus. Entiendo que el movimiento tuvo su iniciativa en la Ibero, pero si se pretende que crezca, ya no debería nombrarse como un movimiento exclusivo de la Ibero, ni de ninguna universidad, sino de México.

Y la segunda cosa es que, aún nos creemos el centro del universo, aún pensamos que lo que decimos, lo que exigimos, es lo que todo México necesita, quiere y piensa, podríamos pensar que sería lo correcto, que todo México o al menos la mayor parte exigiera lo mismo que nosotros. Hoy antes de subir al trolebús, estaba un hombre más o menos de unos cincuenta y tantos años vendiendo agendas, y tenía una mirada de hombre cansado, pero trabajador, que seguro se levanta a las cuatro de la mañana a vender sus agendas sin saber si venderá lo suficiente para sobrevivir en la semana, y que quizá, no piense igual que nosotros, porque nuestros sueños todavía parecen exclusivos:

 "...son chilangos, qué esperaba, no tienen ni idea de lo que ocurre en ninguna parte que no sea la ciudad de México” escribió el autor sinaloense Élmer Mendoza, y no pude estar más de acuerdo.

Que el cambio esta en nosotros y como nos manejamos en la vida cotidiana es cierto, pero cuando lo haces entonces te comprometes como ciudadano y platicas sobre tus ideas también es necesario. Muchos dirán que es sencillo hablar desde aquí resguardada detrás de la computadora, pero esta es mi forma de expresarme y también es por eso que hablo con mis sobrinos porque quiero que sus sueños no sean exclusivos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Cosas que dañan tu psique


Hoy no tenía pensado escribir aquí. Tengo tanto que escribir para la escuela que me hace sentir un poco culpable desahogarme por acá, pero es necesario. Toda la tarde y lo que lleva la noche, he leído y leído, visto y vuelvo a ver ese tipo de cosas que dañan tu psique. Entrarían en este rango, video blogs, canciones nefastas, blogs emo o hipsters. Pero entiendo, ahora entiendo que esto acabará dañándome.

Estoy muy harta de esta rutina, simplemente ya no lo quiero hacer. Y no es por el tema. Me ha interesado muchísimo, leo libros, leo artículos, reconozco ya periodistas, escritores que son importantes. Pero esto va acabar con mi razón. Entre más leo, entre más me informo, entre más veo, más terror me da.

Ya les había platicado sobre esto. No puedo, no puedo ahora, en este punto, cerrar los ojos, no darme cuenta de lo que sucede. Pero no sé hasta donde más pueda seguir leyendo. La rutina acaba con nosotros y leer la situación de violencia por la que pasa este país, esta terminando conmigo. No puedo aislarlo y eso asusta.

Acabo de ver otra vez esa película, El infierno, y me pregunté cómo es que no había visto tantas cosas, más bien, cómo no me había dado cuenta. Aún ahora no me reí, mucho menos pude reírme si lo que he leído son historias reales. Y aún las que fueron ficción, ahora me doy cuenta que son más reales de lo que pensé. Duele aunque uno trate de renegar del país en el que nació y desee con todas sus fuerzas irse de él.

Aún no  termino de leer tantos artículos, crónicas, reportajes, historias. Quisiera leerlas todas, quisiera saber qué más sucede y pase desapercibido por ignorancia. Pero por otro lado me aterra, y no sé si eso me llegue a dominar en algún punto, no sé si pueda continuar leyendo con el estómago duro.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Too much información


Hace bastante tiempo leí una columna de un personaje importante, su nombre: Olallo Rubio, no recuerdo con exactitud el nombre de la columna, pero recuerdo que me dejó marcada de algún modo por su planteamiento. Él decía que había dejado de ver, leer y escuchar noticias por una semana, durante esa semana descubrió que su nivel de estrés y angustia había disminuido, por lo tanto consideraba una buena idea dejar de informarse como parte de la salud mental de uno.

Creí en ese momento que era una buena idea, vivir en el estrés de la vida personal y de las actividades cotidianas era demasiado como para aumentar el estrés y la angustia de la vida colectiva, de la vida en sociedad. Ahora lo pienso, y creo que es una reverenda tontería, bajo nuestro contexto, bajo nuestra realidad, cómo podríamos atrevernos a darnos la vuelta así como así.

Gracias al tema que mi equipo y yo escogimos como tesina, me he estado adentrando a textos, en los que para ser honesta, si no hubiera sido por esto, jamás hubiera leído. Desde que leí esa crónica de Juan Villoro, me dejó marcada, la verdad, me aterró, tanto o más que al ver la película de El Infierno. Recuerdo que ese día, me rehusaba a verla, y a decir verdad, no sé qué me aterraba más, lo que veía en la pantalla y que sabía que no era ficción o que la gente alrededor de mi reía descontroladamente. Ese día no dormí bien.

Mientras leía un libro titulado Nuestra aparente rendición, cuya finalidad era reunir una serie de crónicas, escritos, poemas de distintos escritores a consecuencia del asesinato de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, leía y leía, y leía atrocidad, tras atrocidad. Iba en el camino leyéndolo, y a ratos miraba a la gente absorta en sus propios pensamientos y yo me preguntaba “¿lo sabrán?”

Mientras leía más crónicas sobre la prostitución infantil en Acapulco, sobre las muertas de Juárez, sobre los niños sicarios en Michoacán, sobre los migrantes Salvadoreños atravesando el país para huir de la Mara Salvatrucha, me cuestionaba a mi misma, mientras un nudo en la garganta se me hacía, si llegaría al final del libro, si no llegaría un punto en el cual lloraría desconsoladamente. Sí, definitivamente leía demasiada violencia, demasiado odio, demasiada pobreza, demasiada desesperanza, demasiado dolor.

Podría ser muy fácil para mí, hacer lo que Olallo Rubio propuso, simplemente cerrar el libro y no mirarlo nunca más, simplemente apagar la televisión, apagar la radio, pero eso ¿de qué serviría? No, no serviría de nada, cerrar los ojos, taparse los oídos y callar no sirve de nada. Yo al menos, no puedo dejarme arrastrar por las engañosas garras de la ignorancia.

El fin de semana que acaba de pasar, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el candidato a la presidencia de la república por parte del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, cometió un error estúpido al cuestionarle cuáles eran los tres libros que habían marcado su vida personal y política. Como ya todo el mundo tiene conocimiento, mencionó La silla del águila, que fue escrita por Carlos Fuentes y él señor candidato declaró que había sido escrita por Enrique Krauze. Al final no pudo mencionar tres libros, algo muy absurdo, pues en el marco de la FIL, era un poco obvio que alguna pregunta de esa índole iba a ser expuesta.

Después por curiosidad y sí también por morbo el mal de todos los males quizá, me metí al perfil de Facebook de Peña Nieto, obviamente había comentarios sobre lo acontecido. Me pareció increíble que hubieran personas que lo defendían con patéticas excusas como “no tiene que ser un literato”; “a cualquiera le puede pasar”; “ya se verá en las urnas”; “igual va a ganar”. Yo realmente me sentía ofendida, porque esas personas no le daban la importancia que merecía, y ninguna excusa era válida.

Parafraseo un comentario que leí, decía que era muy importante que un candidato supiera cultura, supiera leer, porque a base de eso el país podía tener una oportunidad. Claro, nadie, a nadie le importaba si un candidato o presidente leía unas cuantas novelas, dónde queda la cultura en nuestro país, por consiguiente qué importancia le daría a la educación. La educación, parte esencial para nuestro desarrollo.

Luego había comentarios de una chica, comentarios bastante burdos para defender a “su” candidato. Quien le respondía a esta chica, le cuestionaba si no sabía todas las injusticias, los negocios sucios, la corrupción, la impunidad gestada a través de años por el gobierno priista, si no sabía lo que había ocurrido en el año 68 bajo un gobierno priista. La chica contestó “yo todavía no existía en el 68”. Me llenó aún más de indignación. Bien se dice que “quien no conoce su historia esta condenado a repetirla”.

La población es así, SOMOS, así. La cotidianidad, la rutina, pero también nuestro sistema político, económico, social; los duopolios televisivos, nuestra apatía, nuestras malas costumbres, nos lleva a un estado total de enajenación. Poco o nada nos interesan los demás. Hace poco en la actividad que Amnistía Internacional hizo en defensa de los migrantes centroamericanos, pedíamos firmas para que la PGR realizara las investigaciones y existiera una base de datos acerca de los asesinatos de migrantes que pasaban por México. Hubo personas que tajantemente nos decían “no”.

Es por eso, que no puedo, no puedo dejar simplemente dejar de leer el libro y seguir en mi cotidianidad. Muchos me hacen burla, y dicen que es típico que empiece con los debrayes y la paranoia, que es clásico de la carrera que estudio pensar que todo es cortina de humo, como cuando hablábamos de la muy sospechosa muerte de Blake Mora, en el país en el que vivimos, con las cosas que no queremos leer ¿no es válido, no en paranoia, más bien en buscar todas las posibilidades?

Quiero dejar claro algo, la gente no es pendeja, es ignorante, son cosas distintas. La ignorancia es ignorar, valga la redundancia, un momento, una situación, desconocer la totalidad del panorama. Que sí, personalmente pienso que la ignorancia trae catástrofes e invariablemente la estupidez, sí, en algún punto sí. Y si podemos ser estúpidos, hay en nosotros una lógica, a veces retorcida donde como dicen vulgarmente “no, no me haces pendejo”.

Por ignorancia, nuestra población piensa que todos son hechos aislados, que el narcotráfico no tiene nada que ver con los secuestros; que los secuestros no tienen nada que ver con la pederastia; que la pederastia no tiene nada que ver con los migrantes; que los migrantes no tienen nada que ver con las crisis; que las crisis no tienen nada que ver con el funcionario asesinado.

Hace un tiempo, mi papá me comentaba que quería ir a Michoacán, la familia de mi abuela es de allá, y yo le decía que no fuera, que a mi me daba terror. Él me contestó algo así como: “Eso dicen para que nos de miedo, si nosotros nos dejamos intimidar pues qué vamos a hacer”. Pensé, debo confesar, que mi papá era muy ignorante por decirme eso, pensaba “¿qué rayos no sabe lo que sucede?”, pero en algún punto tiene razón. No en la parte de que eso nos dicen para asustarnos, el momento que vivimos es tal, que poco importa si eres barrendero como si fueres un dealer; pero si, en la parte de que vivir en el miedo tampoco nos llevará a nada.

No puedo dejarme llevar por la ignorancia, no puedo cerrar los ojos, lo leo todos los días, aquí, allá, en todo el mundo. Me preguntó no sólo qué pasa con Cd. Juárez; con Michoacán que tantos  recuerdos buenos y malos guardo de mi infancia; con Chiapas; con Veracruz; con Acapulco, con México, me preguntó qué pasa con el mundo, pero sobre todo qué pasa con la humanidad.

Un pensamiento me asalta en las noches, mientras me encuentro debajo de las sábanas, lo ha hecho durante algunas semanas, lo hizo en un tiempo más atrás cuando observaba, pensaba: “ahora, en este momento, mientras yo duermo ¿qué pasará allá fuera? ¿a quién están secuestrando? ¿a quién están asaltando? ¿cuántas personas cruzaran la frontera? ¿a quién están asesinando? ¿cuánto dinero están robando?”

Y yo me preguntó ¿qué vamos a hacer? ¿hasta cuándo va a parar esto? ¿hasta qué página del libro gritaré: ¡Ya basta!?

viernes, 4 de febrero de 2011

De ingleses, flojeras y etapas

Hoy de repente sentí esa necesidad de escribir. La verdad si se ha vuelto un hábito y he descubierto también, que junto con ese hábito de escribir siento la necesidad de ser leída, por alguna extraña razón, incluso por mí misma, supongo que es una forma de hablar conmigo misma, o algo así.

Tengo muchos temas en la cabeza y podría empezar con algo de lo que todo el mundo habla: los comentarios de “Top Gear”. Cuando leí la nota en la semana, se rompió mi corazón pues era una producción de la BBC, si, la misma pionera en radio y televisión, si, la misma que transmite los excelentes programas de Jonathan Ross y Jools Holland, más que nada fue eso y no un espíritu o sentimiento patriota, no presente en mi persona y mucho menos gracias a los festejos del bicentenario y centenario realmente vergonzosos.

Luego me dio risa, por toda la controversia, los ingleses son así, su humor ácido los caracteriza, eso no es para nada una justificación por supuesto, pero eso era lo que amaba de ellos, nos toco a nosotros y ni modo, y por otro lado pienso, por qué cada mexicano se siente aludido con tales comentarios. La verdad, si, se mancharon, pero veámoslo de otro modo para no estancarnos en los infinitos comentarios en la red con lenguaje poco formal, altisonante, estúpido y vulgar que caracteriza el enojo del mexicano.

Los hombres de Top Gear no dijeron nada que no sea cierto, somos unos flojos, somos de los países con mayor índice de obesidad y por supuesto el comentario hacia el embajador con toda seguridad no estaba lejos de la realidad. Aceptémoslo no nos molesta el hecho de las “ofensas” hacia la cultura de nuestro país y, el triste y pobre cliché del mexicano recargado en un cactus con un sombrero y zarape, no, realmente la causa de tanto comentario y tanto enojo es: acertaron, la verdad es bien incómoda y eso dolió.

Lo mejor de todo o más bien lo más triste es seguir el juego de tres personas que se atrevieron públicamente a decir una parte de verdad. Por alguna razón en todo país hay gente racista y xenofóbica, volteemos a vernos, somos iguales, me encanta el comentario de “no todos los mexicanos somos así, por qué nos encasillan” y ese es aún más bello cuando se junta con el comentario de “malditos ingleses, son una basura por esto, esto y esto”, los ingleses nos dirán “no todos somos así” - es cierto no todos los mexicanos son así- por tres personajes no creo que toda Gran Bretaña piense lo mismo y por supuesto seguirán viniendo ingleses a tocar, la gente los irá a ver, y por supuesto no por eso van a dejar de amar a los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd, Radiohead, Oasis, etc. ¿Cómo dice ese dicho? Ah sí, crea fama y échate a dormir (casi literal dicen estos tres tipos).

Después de este tema, pasemos a lo siguiente en la lista. Llevo tres semanas en la escuela y siento una flojera impresionante (hablando de flojera). El punto es, todo ha sido tan relajado desde el inicio de trimestre hasta arrastrarte a las garras de la flojera. Mi maestro de taller no sabe gran cosa y uno se pone más exigente cuando te toca vivir una especie de síndrome de Estocolmo, ya sé, ya sé, nos quejamos demasiado, pero he descubierto que ese es mi pasatiempo favorito: quejarme.

Por otro lado la clase de teoría se vuelve interesante, algo complicada de entender del todo, pero interesante. De tarea me dejaron un análisis de una película, y al realizarlo comprendí por completo el comentario del maestro al decirnos que el análisis era un recurso académico, profesional y era muy difícil sacarlo a relucir en una plática con los amigos, pues, seguramente acabaríamos sin amigos. Escogí Hard Candy, la primera vez que la vi pensé “qué rayos” y al final dejo esa sensación extraña, esa ansiedad de ver y ver la película, e inevitablemente logró entrar en mis gustos, así que me ayudo bastante eso del análisis, si te das cuenta de unas cosas medio densas.

Y hablando de películas, ayer me fui a ver Black Swan, el escribir el título en inglés me remite sin pensarlo dos veces a la canción de Thom Yorke, pero no tiene nada que ver. Tenía muchas ganas de ver está película, obviamente salió muchísimos meses después de haber sido estrenada en Estados Unidos y de que yo viera el trailer. Para empezar es Darren Aronofsky, nunca olvidaré esas escenas de Pi y Réquiem, y la película no me decepcionó, creo que Darren Aronofsky sabe retratar muy bien los momentos fatídicos del ser humano, ya sea alguien que sabe tanto y al final desea no saber nada, alguien que tiene sueños y al final se vuelven en pesadillas o en este caso alguien quien pelea entre su mitad blanca y su mitad negra. Definitivamente tienen que ver está película, independientemente de que ahora me fije en detalles en las películas antes casi desapercibidos por mi persona, les puedo decir que si te deja pensando.

Ayer al ir a ver Black Swan, fui sola y he descubierto un verdadero y exquisito placer en ir al cine sola, con anterioridad pensaba que me vería ridícula yendo al cine sola, la verdad también me deprimía pensar en el hecho, me decía a mí misma “te vas a ver toda sin amigos”. Tengo amigos, sólo que muchas veces nuestros horarios no coinciden y al final creo que ha llegado sólo un poquito de espontaneidad a mi vida, pienso, “quiero ir a tal lado” y simplemente lo hago. Ya había ido a la cineteca sola y lo había disfrutado, de cierta forma sentía como si toda la sala fuera para mi sola, no es que no hubiera nadie, más bien era que los demás me importaban muy poco, a pesar de los comentarios que lamentablemente si podía escuchar, pero era como si proyectaran una película sólo para mí.

Además era como si no tuviera un compromiso con nadie, como si no me viera en la necesidad de tener que voltear al menos dos veces a mi compañía para sonreírle o darle una señal de pasarla bien, estaba ahí en la sala con un montón de desconocidos y en realidad estaba sola, se escucha muy triste, la verdad lo es, pero creo que es parte de vivir y aprender sobre todo, a vivir en soledad. Tengo amigos, mis hermanas, mi papá, pero la mayor parte del tiempo estoy sola, me era imposible estar conmigo e ir a lugares sin alguna compañía. Por ahora disfruto un poco de esta melancólica soledad y no me importa mucho si la gente piensa de mí que no tengo amigos, bueno los tengo, ahí están, pero no pueden estar siempre (espero que si esto lo leen mis amigos no lo tomen a mal).

Todo esto me hizo pensar en muchísimas cosas, también me afectó eso del tema de la película, me dejo pensando, es un poco frustrante cuando pasa eso con las películas, algunas me hacen sacar una sonrisa, otras como Trainspotting me hacen pensar “ah sí, bueno, me vale”, pero está película fue como un “auch”. No sé si algún día sacaré mi cisne negro o algo así, pero me dejo bien ida y me fui de la plaza caminando como zombie, trayendo a mi cabeza un sinfín de imágenes, pensamientos y letras. De hecho imagino que me hizo pensar tanto que me dolió la cabeza al llegar a casa y parte del día de hoy estuve igual, tengo que volver a la normalidad o la gente preguntará qué sucede y como diría una canción que recientemente volví a escuchar con atención “algunas cosas son fáciles de explicar”, pero como también decía la canción “¿no odias hablar y explicar?”, me pasa lo mismo.

Yo siempre paso por diversas etapas, aunque eso pasa con muchos de nosotros, es clásica la etapa de felicidad cuando te entusiasma algo, lo que sea, o esperar algo con entusiasmo, donde siempre sonríes, convives y haces reír a todas las personas. Luego sigue como la etapa que denomino “creo que entro en crisis”, es donde sabes que algo está mal interiormente y aún sigues poniendo sonrisa de plástico para que los demás no piensen que estás mal de la cabeza, entonces haces más tonterías y ríes más. Después está la etapa que llamo “pesimismo” en donde interiormente ya sientes que nada vale la pena pero continúas haciendo tus actividades monótonamente. Posteriormente está la etapa “ya valió madres” donde entras en la depresión a todo lo que da; no encuentras sentido a nada; pasas todo tu tiempo quejándote; pensando y como último recurso tirarte a tu cama a llorar.

Finalmente está la etapa “¡Ay ya!”, en la que estoy en este momento, ya pasó todo lo anterior y hasta tú te hartas porque además no deseas contarles a los demás tus problemas o si lo haces nunca es de forma total, sabes que si lo dices completo puedan enviarte al psiquiátrico, pero estás muy harto, piensas en pasar la hoja sin importar nada y volver a recurrir a las sonrisas de plástico. Como bien dijo un muy buen amigo mío “disfrutas tu soledad pero no dejas que te gobierne”, así que bienvenidos a mi etapa “¡Ay ya Danielita, te tiras bien duro al drama!”

Aún así, como dice esa canción que escuche “Ah como me encanta quejarme”.