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domingo, 27 de mayo de 2012

Música de antro para cinco personas



Nunca había sufrido tanto la espera de un concierto. Aquello de los problemas de salud si influyen mucho en la vida cotidiana, y evidentemente fue una sorpresa para mí que afectara en la espera para ese concierto, que para ser sincera, aun no tenía expectativas.

El Vive Cuervo Salón, que para mí, toda la vida será el Salón 21, me trae muchos buenos recuerdos y tal vez en ese sentido si tenía una ligera expectativa. Así que nos adentramos a terrenos desconocidos en la sección delantera, sólo para descubrir más tarde que quizá no sería tan buena idea. El único deseo que tenía era bailar y bailar con la música de The Rapture.

Pensé ilusamente, ya no lo haré, que no habría grupo telonero. Por desgracia me equivoqué, tocaron una combinación extraña de hipsters con hippies: hippieters, dos de ellos güeros menonitas vende quesos, que tenían una pose rockstar que a mi me pudo irritar y otros dos que eran completamente equis. Su nombre es Timothy Brownies y prendieron a la gente a raíz de llegar con su mensaje de paz y justicia para Wirikuta -se equivocaron de evento -y a lanzar brownies que muchos emocionados tomaron porque pensaron que tenían marihuana.

No hay mucho que decir al respecto. Intento a todo costa evitar a la gente, sus conglomeraciones y sus discursos idiotas. Los conciertos son para desahogarse y no ponerse serios, pensé, hay quienes lo hacen un estilo de vida. Decidimos desistir de la idea de estar adelante al menos una canción, algunas veces no vale la pena arriesgarse y, si vale mucho disfrutar el concierto.

El viernes conocí a una chica muy agradable que iría al concierto de The Rapture, y comentó algo muy gracioso que le decía su esposo: tú música de antro para cinco personas; el hecho era que yo le comentaba al mundo: iré a ver a The Rapture, después de un poco de silencio y una cara de desconcierto, contestaban: ¡¿a quién?!, creo que la descripción del punk, indie de The Rapture que hizo el esposo de esta chica es muy acertada. Indie, indie, indie, el mismo indie de los años de bachillerato.

Y fue justamente esa la razón, mis malestares, mi intenseo con la gente desapareció en cuanto esos hombres salieron al escenario, algo que uno necesita en estos tiempo de profunda tensión. La razón es bastante obvia cuando escucho sus canciones simplemente vuelve mi preciada juventud, la que viví y bien, la que disfruté y bien, en la que no importaba cantar a todo pulmón en el metro y asustar un poco al señor de intendencia.

Bailé y bailé, brinqué y me aloqué porque no hay otra forma de reaccionar a la música de The Rapture, su música es tan fresca con tanta energía, que es imposible no sentir que tienes toda la juventud del mundo y, que no importa lo que pase cuando salgas porque lo relevante son los siguientes acordes de la próxima canción y tus brazos moviéndose al ritmo de ellos.

Su denuncia me encanta: “La gente no baila más, ellos hacen así, cruzan sus brazos, miran abajo y beben y hacen del baño”. Cuando iba en el bachillerato tenía sentido; a las dos únicas fiestas que fui representaban exactamente esa frase. No es que yo sea una gran bailarina, lo que pasa es que cuando la música me mueve como la de ellos, no importa que no sepas bailar.

Comienzo a pensar que las bandas que últimamente se han presentado en esta ciudad cumplen un propósito, o al menos un propósito personal, representan en conjunto una respuesta que quiero encontrar y que se ha estado materializando, con mucho, me aventuro a decir que están en el momento correcto.

Así que a pesar de mucha gente, de algunos pisotones, del cansancio antes y después del concierto, de las nauseas pre concierto, The Rapture hizo el mejor trabajo que una banda puede hacer: motivar. Y son sus riffs de guitarra y sus mejores gritos los que me motivan a hacer exactamente lo mismo. Los que me recuerdan que es necesario tener sueños.

Podría usar una foto tomada en el concierto, la realidad es que mi estatura siempre representará un problema, y decidí en vez de farolear con una foto de que asistí al concierto, compartir la foto que acompaña esta entrada, porque me hace recordar cuando los conocí y todo lo que era, y porque la foto es completamente genial, representa lo que ellos son, su energía y sobre todo su frescura eternamente joven. 

viernes, 17 de febrero de 2012

La conciertiza loca


La vida es muy complicada. A veces no vemos la salida a alguno de los problemas que tenemos enfrente, y hay considerablemente pocas cosas que valgan la pena. Cuando la vida se convierte en un verdadero fastidio, lo mejor siempre es salir de la rutina. Eso sólo sucede: en los conciertos.

Muchos lo considerarán una pérdida de tiempo. Un gasto innecesario que hacemos los jóvenes y no tan jóvenes por ver a una banda y/o solista. Ir a un concierto es mucho más que ir a pararte dos horas a ver cómo unos individuos tocan. Los conciertos te sacan de la rutina. La emoción es tal, que todo, absolutamente todo lo perra que pueda ser esta vida, queda totalmente relegado. Y el efecto puede durar poco o mucho, pero siempre reconforta.

Recuerdo que la primera entrada que comenzaron a leer, y de hecho la primera que publique en Facebook, era una entrada relacionada con un concierto. De hecho también la primera entrada cuando reabrí el blog –después de patéticamente cerrarlo un tiempo –fue también de un concierto. Es más, de hecho, cuando re abrí el blog, planeaba únicamente escribir sobre discos que me gustaran y principalmente conciertos.

Esa primera entrada que pudieron leer mis amigos de Facebook, era sobre el concierto de Blonde Redhead en el Teatro de la Ciudad, teniendo como telonera a St. Vincent. Irónicamente o tal vez con mucha suerte, regresa Blonde Redhead al Festival 72810 en Cholula, Puebla. Y regresa Annie Clark sola, en el Teatro Fru Fru de la Ciudad de México, ahora propiedad del monstruo Ocesa.

La vida se ha tornado complicada. Pero no puedo dejar de emocionarme cada vez que pienso en los conciertos que se avecinan. Cuando uno esta acostumbrado a pasarla tan bien en los conciertos, es inevitable no ansiarlos. Me parece muy extraño que existan personas que renieguen de ellos o que nunca hayan ido a uno. ¿Cómo pueden sobrevivir? Los conciertos son catarsis.

No puedo esperar para ver a Björk, cuyo primer concierto en México, casi lloré por no poder asistir. No puedo esperar para ver a los Madness que mi buen amigo Wicho, logró hacerme fan. No puedo esperar para ver a Blonde Redhead de nuevo y volver a cantar, ahora sí, sus canciones, ver a Kazu y los gemelos (si es que un poquito de suerte, me deja verlos de nuevo). No puedo esperar a ver a Radiohead, que tanto sufrí por no verlos ese primer concierto. No puedo esperar ver a St. Vincent, por fin sola y con esos grandiosos riffs de guitarra. No puedo esperar a ver a The Rapture, y bailar, y cantar como si no hubiera fin.

Yo creo, que estas son las cosas que hacen que la vida valga la pena, entre otras pocas cosas.

martes, 27 de diciembre de 2011

Esto fue lo que dejo el 2011


Como ya casi una tradición y como no he visto absolutamente nada de recuentos este año; lo cual me hace pensar que en serio este año fue muy raro. Sin más preámbulos comencemos la recapitulación de este año. Sí, aunque me rehusé y para seguir la tradición que comencé hace un año, será por trimestres, no escolares, pero así es más fácil que uno se acuerde de las cosas.

Enero-Febrero-Marzo

El año comenzó con muchas expectativas. Debo confesar que hasta ese momento las mantuve e incluso las quería. Inevitable es, no hablar de la escuela, ya que hasta esas fechas era mi única actividad. Sí, había llegado el trimestre de cine. Después de tantas peripecias vividas el año anterior con aquél cierre de fin de año, mi única esperanza era que cada vez se acercaba el final. La realidad es que en esos tres meses no ocurrió nada sorprendente, mi actitud era tan mala que en realidad mi filosofía era no hacer mucho. Pasaron cosas extrañas esos meses, yo me sentía extraña, la gente fue extraña.

Acabo ese trimestre, me di cuenta que eso de trabajar con los amigos a veces no deja muchas cosas positivas. Hasta ese momento entendí lo que se me dijo cuando entré a la escuela. Lo más temprano que podía salir era a las cinco, quizá, y que nunca hay un limite para salir tarde de la escuela.

Abril-Mayo-Junio

Salí de vacaciones, después de una especie de relajamiento en el ámbito escolar. Mi hermana regreso de Cancún para el magno evento de las quince primaveras de una sobrina. Olvidaba aquellos rituales de las fiestas de quince años desde que mi prima tuvo la suya. De hecho nunca asistí a los quince años de mis compañeras de secundaria, como es costumbre.

Si, fue en estos meses donde decidí por segunda vez cerrar este blog, razones me sobraban y aún me siguen sobrando, pero imagino que aún tengo algo de ambición y que mis amigos y familiares siguen insistiendo en aquello de que vale la pena lo que escribo. Sigo dudando de esas afirmaciones.

Lo que rescato de ese trimestre del año, fue el concierto de Two Door Cinema Club que tanto disfrute, uno necesita de esos impulsos, de esa adrenalina y emoción para darse un respiro, para saber que existen muchas más cosas que la rutina diaria. Después de eso y antes de los quince años, me corte el cabello, cortito, cortito, además de estar harta del cabello largo, pensé que era una especie de catarsis, funcionó hasta cierto punto.

De nuevo entré a la escuela, de nuevo permuté y lo hice para tomar clases con una de las peores personas que he conocido. Mayo fue un mes agitado, además por supuesto de la escuela, decidí hacer algo que deseaba hacer desde hace mucho tiempo, cuando era mucho más diferente de cómo soy ahora. Así comencé mi voluntariado en Amnistía Internacional.

Ahora que lo escribo, me doy cuenta que fue este año, y hasta este punto siento que llevo ahí años, y afortunadamente la gente a la que conocí me hizo sentir así, como si los conociera de años. Me gustó y me gustó haberlo hecho.

Llegó mi cumpleaños en junio también, fue muy distinto; pero siempre lo va a ser. Me levanté, fui a la escuela, algo de estrés por qué no, fui a Amnistía, vi una película, nada como bombo y platillo, eso me agrado. Las cosas en mi vida escolar comenzaban a empeorar, y no se diga en la vida personal.

Julio-Agosto-Septiembre

La escuela se tornaba más complicada, más pesada, más un fastidio. Y lo hice, lo que siempre hago, estirar, estirar, estirar hasta reventar, mi siempre constante problema, así que la consecuencia fue mi terrible enfermedad que también cambio mi vida y mis hábitos alimenticios, me sentí aliviada al terminar esa etapa. Decisiones llegaron, y a pesar de un conflicto interno profesional y también sentimental, decidí elegir lo más honesto conmigo misma.

En julio murió una de las personas que más me inspiraban, mi extraordinaria Amy Winehouse, justo en un momento donde recapitulaba cosas de mi vida, justo en un momento donde recordaba pasajes de mi vida. Ese tipo de ausencias se extrañan, pero dejan algo y eso se queda. Espero me suceda lo mismo algún día.

Mi incapacidad estomacal acarreó varios conflictos algo burdos pero que me hicieron pensar. Fue en agosto donde regresé a mis labores en Amnistía que había dejado por mucho tiempo gracias a mis obligaciones escolares. Fueron vacaciones diferentes, fueron vacaciones en realidad. También fue en agosto cuando mi papá se casó y cambiaron muchas cosas.

Septiembre paso tranquilo y relajado, sin muchas expectativas, de hecho ya con ninguna. Entré de nuevo a la escuela, en esa “nueva etapa” de la carrera.

Octubre-Noviembre-Diciembre

En octubre asistí de nuevo a la segunda edición del Corona Capital, fue mucho mejor que el año anterior, primero porque esta vez no tuve un encuentro cercano con la muerte, y segundo porque ayudó en gran medida a mi ejercicio de meses anteriores de recordar las cosas que eran buenas, aunque al final no sé que tanto me ayudó o me perjudico eso. Ver, cantar y bailar a The Rapture y los Strokes me hace sonreír.

Es en estos meses donde la escuela ya no se convierte en mi principal tema de conversación, eso me agrado, a pesar de mi problema de prioridades, sé cuales son las responsabilidades de uno. Por esa parte fue tranquilo, mi estomago lo agradeció, agradeció dejar ese estira, estira, aunque me di cuenta que hay otras cosas además de la escuela que también me enferman.

La casa cambió, mi vida cambió, mis amigos cambiaron, mi familia cambió, yo cambié en algo que aún no logro descubrir.

Mi hermana regresó definitivamente de Cancún, otra de ellas se mudo de casa, sin duda estos últimos meses fueron intensos.

Fue un año extraño, me doy cuenta que sucedieron pocas cosas, pero las que sucedieron, vaya que sucedieron. Esto no termina, los años no terminan con algo en nuestras vidas, somos un espiral continuo de acontecimientos, o bueno pertenecemos a él. ¿Algo acaba con el año que no sea el año? Al menos en mi caso continuo con algunas actividades este año y el que viene.

Este año también cumplió un año este blog y me parece increíble la cantidad de cosas que he escrito, y como soy la única que me leo –bueno no, ya sé, pero si la que lo hace constantemente para autocriticarme –me he dado cuenta de cómo han cambiado las cosas que escribo y como soy realmente, y brutalmente predecible. Como un libro abierto.

¿Qué espero de 2012? Que se acabe el mundo, no lo creo. No espero nada, salvo a Radiohead ¿será que llegaré a verlos? será que ocurran cosas, o que en serio llegue el fin de otras. Nada espero, salvo poder levantarme mañana sin sentir como que exprimí un limón como dice Radiohead

domingo, 16 de octubre de 2011

Festival Corona Capital Vol. 2


De nuevo asistí al Corona Capital este año. El cartel fue más interesante que el año pasado. El año pasado hubo bandas pequeñas (de esas que se presentan por la tarde) buenas, algunas no todas. Pero este año las bandas estelares eran imperdibles.

Tengo que confesar dos cosas que quizá desmeriten el trabajo escrito que hago en este momento: la primera es que llegué tardísimo al evento, no vi ninguna banda del inicio, pero tampoco me molestó tanto eso; la segunda es que no vi a Portishead. Explicó la experiencia.

Uno sabe que ya esta viejo cuando le deja de interesar meterse en el bullicio del principio con la gente; cuando uno llega tarde y va a comer algo o a tomar algo en vez de visitar algún escenario; cuando llega a ver a los amigos y se sienta en el pasto a platicar un rato con ellos. En ese momento pensé “ya estoy en otra etapa con esto de los conciertos”.

Nuevamente vendieron muchísimos boletos, el lugar estaba a reventar. Me sorprendieron varias cosas, los hipsters ya no entran en las cosas que sorprenden; me sorprendió que dejaran entrar con mochilas enormes, con sombrillas y que ahora abundaron los adultos contemporáneos y la chaviza, dos generaciones reunidas, dicen.

Bien, después de relajarme, mientras la gente entraba cuál hordas de zombis y las bandas desconocidas para mí tocaban en algún lugar. A las cinco y media decidí ver a Santigold. Al separarme de mis amigos no volví a encontrarlos, por lo que vi a Santigold solita, pero no me molestó. Qué mujer es, muy al estilo M.I.A. distintas y parecidas a la vez. Me encantan esas mujeres que traen músicos buenos, Santigold se veía radiante, con todo el estilo y lo mejor fueron sus bailarinas, con una energía bárbara.

Después de vagar un rato sola y decidir internamente si veía a los Editors o me movía a The Rapture. Ya había tenido ese conflicto con Moby, y decidí rotundamente ver a The Rapture. Por cierto he de mencionar, que necesitan organizar nuevamente este tipo de eventos. Hubo tres escenarios el año pasado, sólo uno estaba retirado, al cual ni me paré porque no tenía ni caso. Este año los dos escenarios principales estaban infinitamente lejos, lo que significó chocar con gente todo el tiempo desesperada por llegar a ver otra banda.

Dieron las siete y media, lista para escuchar a The Rapture. No podía perdérmelos, lo supe desde el viernes con mi flashback del bachillerato, supe que tenía que escucharlos en vivo. Empezaron con el pie izquierdo, cosas como el audio siempre fallan, tocaron el principio de Pieces of the people we love dos veces, la tercera fue la vencida y todos nos movíamos al ritmo de The Rapture. Desde que los he escuchado me parecieron de esas bandas con ese impulso de energía necesaria para saltar, bailar y gritar, la verdad no me equivoque.

Estando tan prendidos en The Rapture, no quisimos movernos, aunque en el otro escenario se encontraba Portishead haciendo lo suyo. Cuando nos movimos para intentar ver a Portishead, había toda esa gente que había pagado su boleto por ese único momento surrealista.

El año pasado sucedió lo mismo, traen a una serie de bandas, que sólo le gusta a un número exclusivo y casi reducido de gente, que sí, debo admitir no son lo bastante buenas como para calificar a tal festival como uno que valga la pena en serio, no, no es un Glastonbury, ni un Coachella, ni un Reading, ni un Lollapalooza, ni siquiera se le acerca en un 2%.

Pero, traen a una bandota, y así a una bandota, que también, no le gusta a un grueso de la población, una bandota exclusiva diría yo, de esas importantes, que son hito en la música pero que sólo personas con “gusto refinado” podrían conocer y gustar de ellas. Lo digo porque todo el mundo se quejo amargamente de que los Strokes fueran headliners este año, y el año pasado la gente se quejó porque el festival era una porquería y por lo único que valía la pena ir era por los Pixies.

Portishead es una bandota, era un privilegio en serio poder estar escuchando sus canciones en vivo, aún así no me sentía tan emocionada. Eso sí, escucharlos de verdad es un asunto surrealista, era como estar en otro lugar y en otra dimensión. Son bastante buenos, sobra decirlo, y sólo los escuché pues había tanta gente, especímenes, chaviza, adulto contemporáneo, borrachos y hipsters que decidimos adelantarnos al otro escenario.

Luego siguieron los Strokes, también voy a ser honesta, no soy muy fan de los Strokes, de hecho me molesta un poco que hayan regresado (me refiero musicalmente) de es forma algo mediocre. Pero con ese tipo de bandas, siempre hay una añoranza al pasado.

Había escuchado en infinidad de ocasiones que los Strokes no eran una banda buena en vivo, que Julian Casablancas cantaba horrible en vivo, no sólo porque era desafinado, sino porque salía al escenario borracho y drogado, no dudo que haya salido así ayer, pero no fue tan mal. No son lo mejor de lo mejor, pero saben lo que hacen, son hasta cierto punto buenos músicos y la verdad prendieron un buen a la gente que en realidad si estaba contenta de verlos otra vez.

Y así pasó, entre tanta gente, entre montones y montones de cerveza, entre escenas raras e inverosímiles, entre ruido de bocinas, entre vendedores de comida, refrescos, helados y cerveza. Pasó otro año del Corona Capital.

Lo más odiado: los escenarios tan alejados, lo alejado que estaba el evento del metro, fue maratónico; los precios tan altos de la comida y bebidas; la gente borracha mala copa; los baños son espantosos y sobre todo la maldita mala señal, cuando llegué a casa me llegaron como cinco mensajes al mismo tiempo. Los organizadores deberían considerar otro lugar.

Lo mejor: House of jealous lovers, Whoo alright yeah uh huh con The Rapture, puro baile y ¡qué buenos son!; la mini cena en el bosque tenebroso con Sara escuchando Glory Box a lo lejos; el mini pic nic con mis amigos, risas no faltaron y volver a tocar mi guitarra imaginaria en Reptilia, recordar a Gaby.

Me gustó más que el año pasado.