Me
sentía como Renton en Trainsportting cuando decide dejar la heroína. Excepto
por su conjunto de cosas que tenía a la mano para sobrellevar su adicción (me
refiero al supositorio y la pornografía). Un poco así estaba yo esa noche, un
poco sentí algo, sólo algo de desesperación, pero la prueba ha sido superada.
Decidí
por, aproximadamente cuatro días, cancelar mi cuenta de Facebook. El reto tenía
una razón algo boba, pero durante estos cuatro días significó más. El punto era
hacer un experimento social. Después de reflexionar sobre estas cuestiones del:
te extraño; te necesito; te quiero; las amistades, etc., me di cuenta que
Facebook ha comenzado a ser importante para nuestra vida colectiva y personal.
Así
que razón número uno para cancelar mi cuenta: pues nomás para ver qué pasaba.
Créanme que lo pensé mucho, en Facebook desapareces, casi literalmente para
ciertas personas. Sabes que si lo haces perderás el contacto con esas personas
que te agradan demasiado, pero que lamentablemente si no es por esa vía, no
sabrías nada de ellas. Aún así lo hice, porque de pronto, de pronto soy
impulsiva.
Recuerdan
que hace tiempo les comentaba de esa columna de Olallo Rubio donde decía que
para dejar de angustiarse no veía noticiarios ni leía los periódicos. Pensé que
necesitaba una razón más coherente que sólo el porque si, porque se me ocurrió.
Luego me di cuenta que aplicaba la excusa de Olallo Rubio también para
Facebook. Mis últimos corajes y que ha resentido mi estómago han sido
provocados por el chisme maldito en Facebook.
Eso
me llevó a la razón número dos: por salud mental y física dejaba estos días
Facebook para relajarme y no estar metida en asuntos que no me corresponden o
en su defecto que no me deberían de importar, y también debo confesar, para no
sentir esa horrible ansiedad de que ella o él –cualesquiera, lo digo
honestamente –me hablen, porque… pues ya fue mucho.
Y la
razón número tres que, probablemente la gente normal pensaría debiera ser mi razón número uno es: para no
tener distracciones y avanzar en la tesina. Esa bien pudo ser una buena razón,
pero el problema de las distracciones no radica en Facebook, al menos no es la
única distracción, el internet es un cúmulo de distracciones. Lo malo es que es
necesario incluso para las tesinas, tesis y trabajos de investigación.
El
resultado fue bueno. Sentí mucha angustia al principio, como dos horas después
de haberla cancelado. La costumbre me llevó varias veces a abrir la página
principal de Facebook en lugar de la de Google. No duro mucho, aunque no lo
crean. Me di cuenta que si, la red social se convirtió en una adicción pero
quizá no en una muy grave. Al día siguiente había olvidado si quiera en revisar
algo concerniente a Facebook.
La
angustia de no checar Facebook, de hecho se generó porque las primeras dos
horas después de cancelar la cuenta, las pase viendo vídeos, buscando noticias
de posibles conciertos, googleando a bandas, cosas nimias que aunque no
ayudaron a escribir con prontitud parte del marco contextual del trabajo que
tenía que hacer, ayudaron a olvidarse de la casi necesidad que se había
convertido revisar cada cinco minutos la página inicial de Facebook.
El
segundo día, afortunadamente no la pase en casa, eso ayudo. Luego sin la
distracción, comencé a leer y a leer sin control alguno, temas de la tesina por
supuesto y una que otra fuera de él. También me dio la oportunidad de contestar
cuatro unidades de mi libro de inglés y
achacó también a eso la buena calificación en mi examen. La costumbre se
deshizo muy pronto.
No
sé qué tipo de reacciones haya generado en ese mundo, porque a decir verdad se
convierte en un mini mundo con una realidad simulada, mi inminente
desaparición. Honestamente, tampoco me importa mucho, y escribo esto antes de regresar a ese mundo. Da un poco de temor, incluso pensé si no
sería mejor borrarlo definitivamente al traerme tantas cosas positivas.
Primero
que nada, si hubiera causado controversia mi desaparición sería muy triste,
significaría que el mundo o al menos ese, tiene la percepción de que yo sin una
cuenta de Facebook no existiría. Dos, el hecho de que no haya recibido mensajes
y llamadas alarmadas de mi desaparición contiene un hecho negativo y uno
positivo.
Por
un lado es negativo porque eso quiere decir que a muchas de las personas que
tengo agregados como “amigos” y su mundo es Facebook –lo dicen sus
publicaciones, no yo –no les interesa si existo o no existo en su mundo
ficticio, es triste pero como para el resto de la población ese mundo es
importante, incluso o más que el mundo real, es revelador. O, sabían que
volvería aunque eso también es triste, o, y eso puede ser más alentador, su
mundo no es Facebook y en tal caso les va y les viene quien esta o no en él.
El
lado positivo es que las personas con las que seguí conversando aún sin
Facebook, no les interesa si estoy o no estoy ahí, porque mantener el contacto
para esas personas va más allá de que una página te diga lo que hace el otro.
Aunque
una de mis hermanas se dio cuenta de que había cancelado mi cuenta de Facebook
hasta el tercer día. Bueno, mi familia es más cercana así que, aunque quizá
hice una expresión de “¡duh!”, no fue tan grave.
Decidí regresar, después de mi experimento social, porque
hay personas con las que, si, muy, muy tristemente, si no fuera por ese medio no
sabría qué pasa con ellas, y porque a mi si me interesa mantener el contacto
con esas personas. Y por otro lado porque Facebook se ha convertido en una
excelente plataforma escolar, así que me sentía un poco perdida acerca de la
información relacionada con la labor escolar.
Quien sabe si a la larga lo haga definitivamente. Cuando
descubrí el internet y todo lo que conlleva, me trajo muchas cosas positivas,
con uno que otro vicio. Alejarme de la red social, fue como cuando me voy de
viaje, así me siento ahora, piensas y te das cuenta de cosas que sólo cuando
estas lejos puedes ver.

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