La
vida es muy complicada. A veces no vemos la salida a alguno de los problemas
que tenemos enfrente, y hay considerablemente pocas cosas que valgan la pena.
Cuando la vida se convierte en un verdadero fastidio, lo mejor siempre es salir
de la rutina. Eso sólo sucede: en los conciertos.
Muchos lo considerarán una pérdida de tiempo. Un gasto innecesario que hacemos los
jóvenes y no tan jóvenes por ver a una banda y/o solista. Ir a un concierto es
mucho más que ir a pararte dos horas a ver cómo unos individuos tocan. Los
conciertos te sacan de la rutina. La emoción es tal, que todo, absolutamente
todo lo perra que pueda ser esta vida, queda totalmente relegado. Y el efecto
puede durar poco o mucho, pero siempre reconforta.
Recuerdo
que la primera entrada que comenzaron a leer, y de hecho la primera que
publique en Facebook, era una entrada relacionada con un concierto. De hecho
también la primera entrada cuando reabrí el blog –después de patéticamente
cerrarlo un tiempo –fue también de un concierto. Es más, de hecho, cuando re
abrí el blog, planeaba únicamente escribir sobre discos que me gustaran y
principalmente conciertos.
Esa
primera entrada que pudieron leer mis amigos de Facebook, era sobre el
concierto de Blonde Redhead en el Teatro de la Ciudad, teniendo como telonera a
St. Vincent. Irónicamente o tal vez con mucha suerte, regresa Blonde Redhead al
Festival 72810 en Cholula, Puebla. Y regresa Annie Clark sola, en el Teatro Fru
Fru de la Ciudad de México, ahora propiedad del monstruo Ocesa.
La
vida se ha tornado complicada. Pero no puedo dejar de emocionarme cada vez que
pienso en los conciertos que se avecinan. Cuando uno esta acostumbrado a
pasarla tan bien en los conciertos, es inevitable no ansiarlos. Me parece muy
extraño que existan personas que renieguen de ellos o que nunca hayan ido a
uno. ¿Cómo pueden sobrevivir? Los conciertos son catarsis.
No
puedo esperar para ver a Björk, cuyo primer concierto en México, casi lloré por
no poder asistir. No puedo esperar para ver a los Madness que mi buen amigo
Wicho, logró hacerme fan. No puedo esperar para ver a Blonde Redhead de nuevo y
volver a cantar, ahora sí, sus canciones, ver a Kazu y los gemelos (si es que un poquito de suerte, me deja verlos de nuevo). No puedo
esperar a ver a Radiohead, que tanto sufrí por no verlos ese primer concierto.
No puedo esperar ver a St. Vincent, por fin sola y con esos grandiosos riffs de
guitarra. No puedo esperar a ver a The Rapture, y bailar, y cantar como si no
hubiera fin.
Yo
creo, que estas son las cosas que hacen que la vida valga la pena, entre otras
pocas cosas.

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