Hoy
quizá hice algo atroz, algo que no había hecho desde hace mucho tiempo: tomar
una siesta por la tarde. Lo hice porque sé que dormiré tarde y porque la única
forma de concentrarme empieza a eso de las once de la noche. Pensé: “bueno ya
que dormiré tarde entonces, duermo ahora para que no me de sueño más noche”.
Únicamente
hacía eso de las siestas cuando iba en la secundaria. Fue ahí donde comenzaron
en serio mis problemas de insomnio. Moría de sueño a eso de las dos o tres de
la tarde y dormía aproximadamente cinco horas por la madrugada. Después gracias
a que mi padre lo consideró un mal hábito y por supuesto, las siestas
significaban agudizar mi problema de insomnio, lo dejé.
Hoy
tomé esa siesta. Realmente la necesitaba, llevo tres días durmiendo tarde. Y no
es mucho, conozco a gente que no duerme, aunque eso siempre se me hace
biológicamente una atrocidad. Pero la verdad después de mi enfermedad y dejar
de comer tantas cosas, no me queda energía para soportar tales jornadas.
No
fue complicado conciliar el sueño, lo hice rápidamente. Después comenzó todo.
Amo dormir, a quién no le gusta, sólo hay algo que no me agrada de esto de
dormir: los sueños. Los míos, en su mayoría, son especialmente perturbadores y
extraños. Lo son aún más cuando involucran a gente que conozco con situaciones
no muy alentadoras. Algunos sueños –de esos, puede que sean más pesadillas –se
han reproducido en la realidad.
Soñé
sobre un sueño. Así es, de esas veces, seguro les ha pasado, no es que yo sea
un espécimen raro o sorprendente, que en tu cabeza esta la imagen tuya
durmiendo, y esa imagen comienza a soñar. Intenté despertar porque esa
sensación es horrible, sentía mis parpados pesados, alcancé a ver cosas de la
realidad, como mi pared, mi cama, incluso mis tenis, pero algo me aferraba al
sueño, quizá el cansancio.
Luego
en esa imagen mía durmiendo, cosa que en realidad estaba haciendo, vi una
silueta negra encima de mi, aplastándome. Dentro del sueño, de mi sueño –ya sé
suena loco –buscaba ayuda para quitar esa escalofriante silueta. Entre más quería
despertar, tanto en mi sueño como en la realidad, me sentía como si estuviera
flotando, incluso pude sentir como mis piernas se movían un poco.
Dentro
del sueño de mi sueño, ocurría algo extraño. Yo huía de algo o de alguien, en
un intento desesperado corría, pero en los sueños jamás corres lo
suficientemente rápido para que un terrible destino de alcance. Intenté
repetidas veces despertar; moverme; correr; gritar… no podía hacerlo. Sólo
sentía un miedo irracional. Logré abrir los ojos, no estaba consciente, eso fue
muy raro. El cansancio, el sueño, algo hizo que volviera a cerrar los ojos y
continuar con el miedo, no sin antes corroborar que movía las piernas de
verdad.
Dentro
de la irracionalidad de mi sueño, tuve un pensamiento muy del mundo real y
tonto a la vez. Pensé: “estoy teniendo pesadillas porque me dormí de lado,
tengo que moverme”. Para cuando ese pensamiento dominó el sueño y a mi también,
me moví pero también decidí que quizá era momento de terminar esa siesta que
más que ayudarme fue todo lo contrario. Abrí los ojos fuertemente. Busqué mi
celular, vi la hora y dije en voz alta “ya es hora de hacer mi trabajo”. No
había ruido.
Dormir
es bueno cuando descansas. Pero la parte de los sueños, es un poquito complicada.
Si tuviéramos fórmulas como Stéphane en la Ciencia del Sueño, y pudiéramos
elegir qué soñamos y con quién, sería increíble, pero al menos como los mismos
sueños, eso sigue siendo una ficción.

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