jueves, 16 de febrero de 2012

Seguir en contacto



Me encontraba inmersa en aquellos pensamientos sobre la inminente disolución de algunas amistades con el tiempo y la lejanía. Estaba constantemente pensando en eso, incluso cuando veía a mis amigos, incluso por los acontecimientos recientes. Hubo un momento en el cual me desespero pensar en eso. Mientras me encontraba en la ducha, pensaba y pensaba. De pronto grité,  en el baño, mientras me enjabonaba el cabello: “¡pues ya! Por mi mejor, si no tengo amigos mejor, así ya no estaré pensando en estas cosas”.

Hoy una amiga dijo algo al respecto al tema de cuando termináramos la carrera y no nos volviéramos a ver. Eso sucede, es irremediable, aún ahora, hay amigos a los que no veo. Vamos en la misma escuela, estudiamos la misma carrera y ya no los veo. Hay otros tantos amigos a los que dejé de ver, otros que no comprendieron situaciones adversas, otros que entendí que no eran mis amigos, etc. Esas cosas suceden.

Hoy tuve una punzada de esperanza. Conozco a un chavo, muy buena onda. Lo conocí cuando íbamos en bachillerato. Siempre reía con él, a toda hora. Cuando salí del bachillerato, perdí el contacto con él y con muchas otras personas bien nobles. Aún no entiendo las razones del distanciamiento e ignorancia los unos con los otros. Creo que se debe a que la universidad nos cambia para mal.

Un día él me encontró o yo lo encontré en Facebook. Y ahora que lo pienso, realmente Facebook tiene una utilidad, banal, pero la tiene. De pronto nos escribíamos, de pronto comenzamos a compartir enlaces e incluso compartimos un gusto. Gusto que desconocíamos, creo que ambos, tener. Tal vez, no, no tal vez, con seguridad él no sabe muchas cosas sobre mi y viceversa. Pero cada vez que publica algo en mi muro, cada vez que hace comentarios, me pone de muy buen humor.

No sé si a eso se le llame: mantener el contacto. No estoy segura de si esos sucederá con algunos de mis amigos universitarios. No sé si a la larga, eso suceda con otros amigos que me eligieron en circunstancias a veces, algo extrañas. Lo he dicho millones de veces: yo no elegí a mis amigos, ellos lo hicieron, me eligieron. Y estaré, como esté, hasta que ellos decidan que su elección no ha sido la más correcta. Ya lo he vivido.

sábado, 11 de febrero de 2012

Sólo 100



Hemos llegado a la entrada número cien desde que re reabrí el blog. ¿Pensaban que tenía tema especifico para esta entrada? Sinceramente lo pensé cuando descubrí que estaba a diez entradas de esta. Casi la hubiera planeado, pero mis planes jamás funcionan. Aunque guarde un pensamiento para esta entrada, uno que se quedo alojado en un corto y a la vez largo tiempo.

Recuerdo la primera vez que escribí en el blog de Myspace, si, del Myspace. Supongo que al principio si deseaba que la gente me leyera, cuando no logré la atención de nadie, me di cuenta que no necesitaba lectores, sólo escribía las experiencias y pensamientos que me llegaban a la mente.

Quizá y creo que está fundamentado, piensen que me quiero dedicar a escribir. No lo quiero. Vender algo que es un pasatiempo, casi una necesidad, para mi, es una idea que sólo pensarla me causa nauseas. Además, de por supuesto pensar: ¿quién diablos querría algo que yo escribiera?

Cuando entendí Facebook y decidí publicar el enlace del blog por ahí, me dio muchísimo miedo, debo reconocer. Como se habrán dado cuenta soy bien predecible, hablo de las mismas cosas y con frecuencia escribo mucho acerca de lo que pienso y siento. Soy un libro abierto. Eso me daba miedo, que la gente que no me conocía e incluso la que si lo hacía, leyera a esa Daniela.

Después ese miedo se aminoró, no ha desaparecido, siempre me da miedo que llegue alguien a leer esto y piense que soy una demente. Aún me sigue importando lo que los demás piensen. La verdad, jamás imagine que las personas a mi alrededor comenzaran a leerme. Me sentía halagada y sorprendida, y también, con mucho miedo. Ahora es un poco más normal.

Escribo porque me gusta, no es una vocación para mí. Escribo porque es una necesidad, un gusto, un pasatiempo. No sé qué haré de mi vida, lo he dicho millones de veces, pero quizá no esto. Y por supuesto, no tiene ningún valor en absoluto, no hago crónicas, ni reportajes, ni artículos, ni columnas. Hago lo que cualquiera de ustedes haría, contar experiencias propias.

Así, llego al post número cien. Cuando vi lo cerca que me encontraba del número salieron y salieron un sinfín de temas. Al publicar el enlace de una nueva entrada en Facebook bromeo con la destrucción del blog, no porque lo vaya a hacer, ya lo explique muchas veces aquí. Más que nada porque creo que hay un asunto profético-presagio con esto. No soy muy supersticiosa pero con frecuencia ocurren cosas extrañas. Como mis sueños.

viernes, 10 de febrero de 2012

Pensamientos del día de San Valentin de 2012



Zooey Deschanel dijo en 500 días con ella "El amor no existe. Es una fantasía". No es mi costumbre hablar de esto, de hecho, de todos los problemas de la vida, este es quizá, al que menos le dedique tiempo en el blog. Tal vez, son de esos temas adecuados para plática de nenas, pero al diablo a todos les ha pasado.

No sé si estar totalmente de acuerdo con la afirmación de Summer. Creo que por todo lo que en mi joven vida me ha tocado ver y vivir, podría decir que es verdad. Pero hacerlo también provocaría contradicciones de lo más variadas entre ustedes lectores y yo. Es normal, diría mi hermana que cada quien habla de cómo le va en la feria.

Escribo esto, porque se acerca. El patético catorce de febrero que para las personas solteras como yo, no significa absolutamente nada. No significa y si, porque nosotros las personas solteras, seguimos hablando al respecto, incluso se siguen haciendo películas sobre eso, entonces ¿será realmente insignificante?

En la naturaleza del ser humano, se encuentra la necesidad de estar y sentirse acompañado, por familiares, amigos y si, una pareja. Es feo que sea una necesidad y que tu psique también lo exija en algún momento de nuestras vidas. Lo peor es que esta necesidad se ha extendido a edades más tempranas. Gente joven comienza a sufrir "mal de amores" a los doce años.

¿Por qué necesitaremos ser acompañados por alguien, de ese modo? Tienes a tu familia y amigos, por qué la necesidad de que llegue un ser ajeno y te abrace, y le importe tu estado de ánimo. A veces creo, que es por alguna carencia dentro del ámbito familiar y amistoso. Pero sigo sin entender el por qué.

Me chocan las cosas de niñas. Cuando comienzas a hablar sobre estos temas, es imposible no mezclar pensamientos femeninos y sentimientos casi exclusivos de este género. Tampoco soy fan de las mujeres que pasan la vida quejandose de lo amarga que han sido sus relaciones sentimentales. Lo entiendo, pero a veces exageran -por esa razón no me gusta Adele -pero siempre existen esas grandes excepciones.

Amy Winehouse, por ejemplo, escribía mucho acerca de eso. Y muchos pensarán, si igual que Adele, o cualquier ejemplo. A la Winehouse se lo creías, porque sus letras eran honestas, yo a ella se la compro. Lo mismo me sucede con Florence Welch, se la compro totalmente a esa mujer. Sobre todo cuando las frases de las letras coinciden con tu sentir.

Florence canta "Me abrazo a mi misma, porque sé que va a doler, pero me gusta pensar que por lo menos las cosas no pueden ir peor" y no pueden hacerlo. Al menos también espero eso yo. He pensado, por un incidente acontecido, en todo aquello que me han dicho mis amigos. Me llegó a la mente algo que me dijo un amigo, hace un tiempo, sobre una situación extraña que me sucedió: "Eres muy chida, no entiendo, podrías estar con cualquiera, pero estas en ese desmadre, no entiendo".

Y lo recordé porque tenía razón en alguna parte. Tenían razón todas aquellas personas que me lo advirtieron. Por qué la necesidad de que lo hagan a uno como quieran, por qué la necesidad de pasar por todo eso de las decepciones amorosas, aclaro, cuando desde el principio sabes que no dejaran nada bueno. Hay otras que no se pueden prever. Pero cuando se ve venir el desastre, deberíamos reaccionar y hacernos a un lado, para que la tormenta no arrase con todo.

Aún así, hay cosas mucho peores. La he pasado peor y no por cuestiones romántico-sentimentales. Bien lo dice Florence, no puede empeorar, siempre espero pensar eso.

jueves, 9 de febrero de 2012

Sobre la tesis



Últimamente eso de  “la tesis” me tiene, no, no agobiada (en realidad si), más que eso me tiene realmente harta. Para empezar es muy patético, en la maravillosa (léase con sarcasmo) UAM no hacemos tesis, hacemos tesinas. ¿Por qué?, se preguntaran: porque en la UAM todo es de chocolate. La carrera, los alumnos, los profesores, las materias, el equipo, las investigaciones, todo, absolutamente todo queda a medias, sin validez, es como no hacerlo.

He escuchado historias de terror. Hoy platicaba con una amiga, y llegamos a la conclusión de que el historial de la carrera no fue tan difícil. El sistema modular es una porquería, en lo personal no me funciono, a otros tal vez si. El mismo sistema te jala, si no pasas no es porque no sepas –cosa que es imposible determinar porque todo lo haces en equipo –repruebas porque echas la flojera bien intenso.

En la escuela todo es una simulación de la realidad. Una simulación debo agregar, bastante paupérrima. Toparte con profesores que gritan por gritar o los que son poco menos que inútiles, es toda una ironía. Y aún así mis compañeros –todos ellos –sufren “la tesis”. Es tesina.

Ahora pienso que el primer requisito de admisión a la UAM, pero a la unidad Xochimilco es: que tengas ganas, estés dispuesto y te guste sufrir, de otro modo no entiendo porque tantas lágrimas.

Estos últimos días he visto todo tipo de publicaciones en Facebook sobre la tesis, es un síndrome, hace un año, o dos, o tres no escuchaba nada sobre eso y lo puedo asegurar pues, la mayoría de mis amigos son más grandes que yo, la mayoría también ya licenciados. Pero al parecer esta de moda esto de la tesis.

Qué puedo decir, yo estoy en el limbo, no estoy sufriendo amargamente como mis compañeros –en cuestión académica –más bien siento un vacío. La inutilidad que sentimos al menos mi amiga y yo en la misma área. A veces pienso que el hecho de que se digan los unos a los otros cuánto hacen o no, sólo es para hacer sentir mal a uno. En la UAM, con mis compañeros… ¡bah! No lo dudaría.

Sólo es una cierta inestabilidad, que entrando al juego del “yo hago más, yo sufro más”, ciertamente es horrible esta incertidumbre, no estar parado en un lugar concreto, ver Word vacío. Pero pronto se acaba, tiene que hacerlo. Para bien o para mal se acabará y saldrá, algo saldrá, y en ese momento… comenzaremos la vida, pero también nos separaremos. Así es la vida. 

martes, 7 de febrero de 2012

Caminos



A veces creo que jamás voy a regresar a la casa. Me sucede frecuentemente en mis largos, largos recorridos de un lugar a otro. Muchos me han dicho, hasta extranjeros, que estoy completamente demente por recorrer las distancias que recorro. Pues realmente si estoy demente, pero no creo que sea directamente proporcional a mis recorridos. Se requiere de mucha paciencia, créanme de mucha.

Hoy fue casi imposible llegar a tiempo a la escuela, hice dos horas y media, sí, dos horas y media de camino. Cuando subí a los andenes en la estación 18 de marzo y vi que con toda seguridad tendría que esperar por lo menos cinco trenes para subir, y cuando lo logrará sería seriamente asfixiada, desistí. No es que sea muy nena, pero cuando el metro llega así descubro que puedo tener interacción muy cercana con gente desconocida, da miedo.

Y empezó la travesía. Caminé el trasborde de 18 de marzo (línea verde) al Rosario (línea roja), de ahí hice otro trasborde dirección Barranca del Muerto (línea naranja) para finalmente en Tacuba hacer el trasborde dirección Taxqueña (línea azul). Tiene todo el sentido del mundo que me marque mi hermana y me diga “oye es que no sirve el GPS de mi celular, cómo llego al metro allende”.

Aún me faltan muchas rutas por descubrir. Y sí admito ser de esas personas enfermitas que se han subido al metro a recorrer línea tras línea simplemente por que sí. No tengo la menor idea de cómo sucedió, supongo, las circunstancias me llevaron a eso. Si mi yo de quince años se viera a los veintiuno, no lo creería. A esa edad necesitaba instrucciones cinco veces para llegar a la tiendita de la esquina.

Algo que, quizá ya haya mencionado antes: los caminos largos sirven para algunas cosas, por ejemplo, leer tarea, leer un libro por gusto, leer un libro por obligación, escuchar música y la peor: pensar. ¡Rayos! Porque no dormir y ya. No, no eso del camino siempre da mucho, mucho en que pensar. Muchas veces no deja nada positivo pero hoy recordé algo.

De pronto con eso de la impresión de mi misma por el hecho de conocer de algún modo esta caótica ciudad. Recordé mis tiempos de bachillerato, todo era desconocido, inocente de algún modo y mucho más fácil. Las amistades, los trabajos, las tareas, la escuela, las relaciones familiares y sí, hasta los amores y enamoramientos. Eso me llevo a recorrer muchas caras mentalmente. Y caí en cuenta de una anécdota extrañísima.

Hace, serán unos dos años, fui al concierto de Coldplay, hacía aquellas pubertadas de irme a formar mil horas antes, inútilmente debo agregar. Platicaba con uno de mis amigos, esperábamos formados para entrar al acceso de General A en el Foro Sol. De pronto veo a un tipo alto, moreno, chino, muy chino de esos con cabello de micrófono. Me vio y yo lo vi, nos reconocimos.

Él se acerca y me saluda de beso y toda la cosa –le falto abrazarme – me dice: “Hola, ¿cómo estás? ¿lista para el concierto?”, yo lo saludo y contesto: “Bien, pues si ya lista”. Él continua la “charla” diciendo: “y qué onda… ¿estás en general A?” a lo que respondo afirmativamente y hago lo propio preguntado: “¿y tú?”, el hombre dice decepcionado: “no pues general B, uno que es jodido, pero bueno me voy para formarme y alcanzar buen lugar, pásala chido”; yo sonrió y le digo: “gracias, igual”. Finalmente el hombre me dice “oye… ¿y de dónde te conozco?”.

Muy bizarro, y sí, si lo conocía no crean que por hacérmelas de muy sociable hablo con cualquier persona. De hecho mi amigo comenzó a reírse cuando el hombrecito dijo eso, después claro de burlarse de mí un rato.

Entonces mal sentada en el asiento de un autobús, recordé aquello. No han pasado tantos años, pero siento que fue hace milenios de eso, y ni decir de cuándo conocí a ese hombre, han pasado siglos. Por lo que mi reacción al recordar fue sonreír mientras sentía una mirada de la persona sentada al lado de mi.  

domingo, 5 de febrero de 2012

Orientación Vocacional



¿Quién diría que después de casi cuatro años en la universidad, mi orientación vocacional llegaría? Bueno a decir verdad, no fue una orientación vocacional como tal, pero me hizo pensar y más que nada aceptar cuestiones dentro de mi vida cotidiana. Todo en una fiesta casual.

Les comentaba que aquello de conocer personas no ocurre mucho en mi vida cotidiana, y el hecho ocurría una o dos veces al año. Pues ayer supongo que fue la primera y quizá la última de este año donde conozca a personas nuevas. Unas chicas alemanas muy amables.

Después de hacer las clásicas preguntas para saber más de uno. Esas preguntas que siempre me parecen de tinte existencial, nos comentaron su situación. Aquellas chicas son más chicas que yo, y nos comentaban que en Alemania era muy común dejar pasar un año  y hacer el voluntariado. Después de su voluntariado comienzan su carrera universitaria.

Por supuesto, eso tiene totalmente sentido. Les ayuda a: a) viajar y conocer gente nueva, y nuevas experiencias y b) decidir qué es lo desean estudiar o a lo que desean dedicarse. Eso me dejó pensando mucho. Cuando le platiqué a mi padre le dije “claro, si yo hubiera dejado pasar un año para saber qué es lo quería, en qué era buena y qué cosas me gustaban hacer, no estaría pasando por esta crisis y tampoco estaría sufriendo la escuela”.

Lo admito con todas las letras me A-R-R-E-P-I-E-N-T-O. Y es bastante inútil arrepentirse de acciones pasadas, de decisiones tomadas; pero aunque no sirva lo digo: me arrepiento. Debí viajar, equivocarme, encontrarme, hacer locuras, emborracharme, irme a un retiro, qué sé yo. Cualquier cosa, para ansiar entrar a la escuela, para disfrutarla, para aprovecharla.

Mi camino no es claro, ya no me causa tanto conflicto. Pase por esa crisis más fuerte hace un año, cuando me di cuenta que no era buena en esto, que no me gustaban las formas y las experiencias adquiridas. Sobre todo cuando me decepcione por todo lo que me ha hecho y en que me ha convertido todo esto.

Por ahora, no quiero seguir estudiando (después de terminar la carrera). Si, por ejemplo, y ya sé, continuo comparándome con mis compañeros –en esta carrera, créanme que no hacerlo es casi inverosímil –veo que ellos quieren maestrías, doctorados, posgrados, etc. A mi realmente no me interesa, suena, quizá muy mediocre. Lo que deseo es algo que me guste y en lo que no, no pido ser buena, sino útil. 

miércoles, 1 de febrero de 2012

Aleatorio



Enero fue un mes bastante activo para el blog. Lo agradezco y no. Aún no tengo las causas. La verdad me parece sorprendente porque los temas siguen y siguen saliendo, y quizá sean sosos e intrascendentes. Bien, pues no importa.

El recorrido para llegar a cualquier destino que resulte cotidiano para mi es muy largo. Por esa razón la música en el aparato móvil y los audífonos no son un lujo, son una verdadera necesidad. Elegir la música que acompañara tu recorrido resulta ser en extremo complicado. Por tal causa decido siempre poner el aleatorio y dejar que salgan esas canciones sin un motivo en especifico.

Eso tiene unas grandes recompensas, por ejemplo, volver a escuchar canciones que tenías en el olvido y entonces hacerlas un trauma. Y me di cuenta: para empezar, el hecho de no escuchar las conversaciones de los demás siempre es una bendición; pero aquello de escuchar música en el camino crea ambientes insospechados. Creo que si tenemos soundtrack diario.

De pronto estas tan atrapado en el ambiente musical y en tus pensamientos que te hace reaccionar de forma extraña. Me explico, antes –y lo he escuchado de muchos otros –pensaba que los musicales eran una tontería, no te pones a bailar y cantar de pronto. Y no lo haces, o si, pero te hace tener una actitud frente a la situación. Al menos nunca falta que sientes que vas por la calle caminando a lo Richard Ashcroft en Bittersweet Symphony.

La vida no es un musical. Björk en su personaje de Dancing in the dark, explicaba que de ese modo –imaginando estar en un musical –la vida era más fácil de sobrellevar, y quizá así sea. De modo que pongo el aleatorio al celular y veo que pasa. Algo que me da miedo es que ahora ya muevo los labios para cantar, antes no lo hacía, no quiero que mi boca llegue a emitir ningún sonido en el transporte público.