Enero
fue un mes bastante activo para el blog. Lo agradezco y no. Aún no tengo las
causas. La verdad me parece sorprendente porque los temas siguen y siguen
saliendo, y quizá sean sosos e intrascendentes. Bien, pues no importa.
El
recorrido para llegar a cualquier destino que resulte cotidiano para mi es muy
largo. Por esa razón la música en el aparato móvil y los audífonos no son un
lujo, son una verdadera necesidad. Elegir la música que acompañara tu recorrido
resulta ser en extremo complicado. Por tal causa decido siempre poner el
aleatorio y dejar que salgan esas canciones sin un motivo en especifico.
Eso
tiene unas grandes recompensas, por ejemplo, volver a escuchar canciones que
tenías en el olvido y entonces hacerlas un trauma. Y me di cuenta: para empezar, el hecho de no escuchar las conversaciones de los demás siempre es una
bendición; pero aquello de escuchar música en el camino crea ambientes
insospechados. Creo que si tenemos soundtrack diario.
De pronto
estas tan atrapado en el ambiente musical y en tus pensamientos que te hace
reaccionar de forma extraña. Me explico, antes –y lo he escuchado de muchos
otros –pensaba que los musicales eran una tontería, no te pones a bailar y
cantar de pronto. Y no lo haces, o si, pero te hace tener una actitud frente a
la situación. Al menos nunca falta que sientes que vas por la calle caminando a
lo Richard Ashcroft en Bittersweet Symphony.
La vida no es un musical. Björk en su personaje de Dancing in the dark, explicaba que de ese modo –imaginando estar en un musical –la vida era más fácil de sobrellevar, y quizá así sea. De modo que pongo el aleatorio al celular y veo que pasa. Algo que me da miedo es que ahora ya muevo los labios para cantar, antes no lo hacía, no quiero que mi boca llegue a emitir ningún sonido en el transporte público.

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