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jueves, 31 de mayo de 2012

Había un cuadro en mi pared



La forma en la que la música impacta tu vida es aún insospechado. La forma en la que una canción te cambia de estado de ánimo es aún sorprendente. La forma en que unos individuos cambian tu vida sigue siendo maravilloso. Todos lo pasamos, y nadie lo entiende así. Tienes que amarla, tienes que sentir y entender de un modo extraño la música, cualquier tipo de música. Tiene que estar ahí para ti cuando todo el mundo se ha ido.

Había cuatro individuos que cambiaron mi vida para siempre. Pero eso sólo lo entendí en un momento de mi vida, donde creía que si crecía más entendería. Cuando creces entiendes menos, todo tiene que ser racional y maduro, que las pequeñas, las muy pequeñas, nimias y triviales cosas de la vida no generan esa reacción, no te generan la felicidad con la que sobrevivías.

Esos cuatro hombres no me conocen, yo lo hice y los entendí a pesar de mis trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve años. Cuando yo tenía trece ellos tenían veinticinco años aproximadamente y entendí perfectamente lo que decían, lo que un piano, un bajo, una guitarra y una batería comunicaban. Y ellos sin saberlo, entendieron por lo que atravesaba.

La música te saca de la soledad, te inserta en otra realidad, te sacan de la rutina, vives al máximo con las notas retumbando en tu mente, sonríes, lloras, pasas por miles de emociones, mientras imaginas vivir una vida diferente. Cuando ellos se encontraban en mi vida, ni un solo día fue rutinario, ni un solo día estuve sola. Pero ellos no lo sabían, y con mucho, ellos nunca lo supieron, ni lo sabrán.

Uno de los mejores días de mi vida fue verlos, sentirlos en persona, cuando admiras tanto a alguien, se convierten en visiones. Resultó que son tan humanos como yo, a excepción del lenguaje, la altura, el color de cabello, piel y ojos, eran casi como cualquier otro hombre. Sólo que le habían dado vida a mi vida en esa etapa de la pubertad-adolescencia-adultez.

Cuando creces y la vida te golpea, a veces eso no es suficiente. Es muy triste y ahora más que nunca anhelo a la pequeña personita que era antes. Anhelo que me bastaba con ver una fotografía, una revista, un disco y una canción para sentir paz espiritual, para sentir felicidad. Ahora, ya no es suficiente, hemos envejecido, ellos y yo.

Había un cuadro en mi pared. Estaban ellos ahí. Mi papá me hacía burla siempre, decía que les rezaba a mis santitos. Supongo que de algún modo aunque fuese burla tenía algo de razón. En ese tiempo había esperanza y fe, había algo por que rezar, ahora ese cuadro en mi pared no esta y ha quedado vacía; como vacío se fue quedando el espacio que ellos dejaron y nada ha podido llenar, aunque ahora deteste lo que hagan. Por lo de antes, por lo de antes. Había un cuadro en mi pared.

martes, 7 de febrero de 2012

Caminos



A veces creo que jamás voy a regresar a la casa. Me sucede frecuentemente en mis largos, largos recorridos de un lugar a otro. Muchos me han dicho, hasta extranjeros, que estoy completamente demente por recorrer las distancias que recorro. Pues realmente si estoy demente, pero no creo que sea directamente proporcional a mis recorridos. Se requiere de mucha paciencia, créanme de mucha.

Hoy fue casi imposible llegar a tiempo a la escuela, hice dos horas y media, sí, dos horas y media de camino. Cuando subí a los andenes en la estación 18 de marzo y vi que con toda seguridad tendría que esperar por lo menos cinco trenes para subir, y cuando lo logrará sería seriamente asfixiada, desistí. No es que sea muy nena, pero cuando el metro llega así descubro que puedo tener interacción muy cercana con gente desconocida, da miedo.

Y empezó la travesía. Caminé el trasborde de 18 de marzo (línea verde) al Rosario (línea roja), de ahí hice otro trasborde dirección Barranca del Muerto (línea naranja) para finalmente en Tacuba hacer el trasborde dirección Taxqueña (línea azul). Tiene todo el sentido del mundo que me marque mi hermana y me diga “oye es que no sirve el GPS de mi celular, cómo llego al metro allende”.

Aún me faltan muchas rutas por descubrir. Y sí admito ser de esas personas enfermitas que se han subido al metro a recorrer línea tras línea simplemente por que sí. No tengo la menor idea de cómo sucedió, supongo, las circunstancias me llevaron a eso. Si mi yo de quince años se viera a los veintiuno, no lo creería. A esa edad necesitaba instrucciones cinco veces para llegar a la tiendita de la esquina.

Algo que, quizá ya haya mencionado antes: los caminos largos sirven para algunas cosas, por ejemplo, leer tarea, leer un libro por gusto, leer un libro por obligación, escuchar música y la peor: pensar. ¡Rayos! Porque no dormir y ya. No, no eso del camino siempre da mucho, mucho en que pensar. Muchas veces no deja nada positivo pero hoy recordé algo.

De pronto con eso de la impresión de mi misma por el hecho de conocer de algún modo esta caótica ciudad. Recordé mis tiempos de bachillerato, todo era desconocido, inocente de algún modo y mucho más fácil. Las amistades, los trabajos, las tareas, la escuela, las relaciones familiares y sí, hasta los amores y enamoramientos. Eso me llevo a recorrer muchas caras mentalmente. Y caí en cuenta de una anécdota extrañísima.

Hace, serán unos dos años, fui al concierto de Coldplay, hacía aquellas pubertadas de irme a formar mil horas antes, inútilmente debo agregar. Platicaba con uno de mis amigos, esperábamos formados para entrar al acceso de General A en el Foro Sol. De pronto veo a un tipo alto, moreno, chino, muy chino de esos con cabello de micrófono. Me vio y yo lo vi, nos reconocimos.

Él se acerca y me saluda de beso y toda la cosa –le falto abrazarme – me dice: “Hola, ¿cómo estás? ¿lista para el concierto?”, yo lo saludo y contesto: “Bien, pues si ya lista”. Él continua la “charla” diciendo: “y qué onda… ¿estás en general A?” a lo que respondo afirmativamente y hago lo propio preguntado: “¿y tú?”, el hombre dice decepcionado: “no pues general B, uno que es jodido, pero bueno me voy para formarme y alcanzar buen lugar, pásala chido”; yo sonrió y le digo: “gracias, igual”. Finalmente el hombre me dice “oye… ¿y de dónde te conozco?”.

Muy bizarro, y sí, si lo conocía no crean que por hacérmelas de muy sociable hablo con cualquier persona. De hecho mi amigo comenzó a reírse cuando el hombrecito dijo eso, después claro de burlarse de mí un rato.

Entonces mal sentada en el asiento de un autobús, recordé aquello. No han pasado tantos años, pero siento que fue hace milenios de eso, y ni decir de cuándo conocí a ese hombre, han pasado siglos. Por lo que mi reacción al recordar fue sonreír mientras sentía una mirada de la persona sentada al lado de mi.  

viernes, 30 de septiembre de 2011

Cinco vídeos

Hubo una vez donde quise escribir acerca de esto, pero de pronto otros momentos se atravesaron en mi camino y si no hago esto me sentiré realmente irresponsable, de alguna forma.

Hace poco pensé nuevamente en esos cinco videos que cambiaron mi vida para siempre, que junto con la música hicieron que algo dentro de mi cabeza marchara de un modo distinto, para bien o para mal esos videos fueron clave para entender pensamientos que por mi inmadurez no podía expresarlos. Aún dudo de tener la capacidad para expresarlos.

5. Equus. Blonde Redhead.

A finales del año pasado fui a ver a Blonde Redhead. Antes de ir a su concierto, eche un vistazo a sus vídeos y reencontré Equus. Hace mucho tiempo había visto el vídeo, me llamó la atención no sólo porque Amedeo y Simone son extraños de por sí, y que aquella muñeca recostada en la cama era Kazu. Los colores, las expresiones, los movimientos lentos, el espacio cerrado y casi vacío de la puesta en escena me llamaron la atención. Por sobre todo, los caballos.

Equus es de esos vídeos que te quedas mirando con cierto hipnotismo, no sólo por la hermosa voz de Kazu y la maravillosa letra de la canción, hay algo, un significado. Una mujer enferma postrada en una cama de un hospital un poco austero, con un par de enfermeros gemelos. Podría ser más bizarro.

Esa mujer, en forma de maniquí destruido y esos enfermeros ayudándola se me antoja a una alusión simple y a la vez complicada. Estamos rotos, destruidos y necesitamos cuidados, es mi interpretación únicamente, pero Kazu quiere ser un caballo, quizá porque son libres y no lo son, como nosotros creemos ser independientes pero terminamos siendo totalmente dependientes.

4. Bedshaped. Keane

¿Recuerdan esa animación con plastilina llamada Pingü? Yo la adoraba, por eso me gusta Shaun the sheep. Ese tipo de animación tiene un toque artesanal encantador e irresistible para mí. Fue uno de los elementos de Bedshaped que me gustó.

Keane no se caracteriza por los buenos vídeos que tiene, excepto el de Atlantic, en realidad tampoco por la música, pero fui por mucho tiempo fanática del brit-pop y de este tipo de música melancólica y para muchos aburrida. Y sí, Bedshaped es una canción muy lenta y… aburrida, pero que hermoso vídeo tiene.


Cuando lo vi, no me encontraba en la mejor etapa de mi vida y vino mucho al caso el vídeo. Un hombrecillo, vagabundo, solo, perdido; merodea las calles de una ciudad lúgubre, oscura y ruin. Se esconde en un baño donde el resto del mundo no pueda encontrarlo ni juzgarlo, un gato decide ayudarlo, brindarle un poco a su mísera vida, lo alienta a salir, cuando lo hace, con temor, las personas a las que ve son monstruosas. Regresa a su escondite, todo se resquebraja y las frases tienen sentido. Para mí no hay más, eso es.

3. Trouble. Coldplay

Llegué a amar con locura a Coldplay, en algún momento pensé que sus canciones me llamaban o me decían algo importante a mí y a una parte del mundo. Con el tiempo creces, encuentras otras cosas y tu percepción cambia. Ahora no me gusta para nada Coldplay, aunque existen recuerdos.

Detestaba y aún detesto los vídeos de Coldplay, son muy sosos y además malos. Pero hay cosas que jamás cambian, y sentimientos que se quedan dentro de uno. Podré odiar a Coldplay, odiar sus nuevas canciones, a su vocalista y sus vídeos, pero reconozco que en tantas cosas a través de ellos pude expresar lo que para mí era inexpresable.

Trouble, la canción y el vídeo hicieron eso. Cuando lo vi la primera vez, debo confesar, vergonzosamente, que lloré. No tenía ni la remota idea de qué decía la canción, pero lo supe en cuanto vi el vídeo y pensé “así, justo como las imágenes plasmadas en ese vídeo, así me siento”.

Un bosque, vivo, feliz, confortable. Una carreta con cuatro hombres tocando una canción con elementos extraños y bidimensionales. Una casa que convive con todo el bosque y la naturaleza. De pronto todo se vuelve oscuridad, todo se destruye, la casa es atacada por un remolino, se va lejos, muy lejos y… todo vuelve a ser real.

2. Bachelorette. Björk

Björk para mí es una artista en toda la extensión de la palabra, pero claro es mi punto de vista, creo que mucho antes de que llegaran “cantantes” disque originales, con vestidos extravagantes para llamar la atención, antes, mucho antes estuvo Björk, quien afortunadamente no lo hace por atención, lo hace porque es una artista

Combina la personalidad de Björk con un director que es en extremo creativo, singular, original y cuyos métodos quizá poco ortodoxos generan la genialidad, el resultado es magnifico. El resultado es Bacherlorette.

Vi, ese singular vídeo cuando era yo una niña, tal vez casi adolescente, y no pude quitar de mi cabeza todas esa imágenes, aún ahora no podría explicar qué significa, es más creo que sigo sin entenderlo del todo, pero me encanta. El montaje, la puesta en escena tan original, la voz de esa mujer, su forma de interpretar. Amo ese vídeo.

1. Paranoid Android. Radiohead

No me gustan tanto las animaciones, entiendo que tienen su chiste, pero a veces no logran expresar lo que un ser humano es capaz de hacer. En este caso, es perfectamente lo que un ser humano quiso decir y por lo tanto lo plasmo de esa forma.

Si el vídeo de Bacherlorette lo vi cuando era muy joven, Paranoid Android lo vi cuando en serio era una niña de quizá unos ocho años aproximadamente, me alegra haberlo visto a esa edad, me alegra recordarlo tan bien, me alegra haber soñado con él en ese momento, porque me hizo diferente. Es un efecto secundario de Radiohead en muchos sentidos, te hace diferente y te cambia. En esa época cuando todo el mundo miraba videos de los Backstreet boys y genéricos de ese tipo, me siento afortunada de haberme topado con Radiohead.

La mayoría de las letras de Radiohead son críticas, esta lo es, por supuesto, refleja aquella depresión constante del ser humano, y su reflejo es ese vídeo, qué hacemos aquí, un día cotidiano, ves que el mundo se pudre y se pudre, eres parte de eso, lo que es peor, te jala no tiene piedad de ti, deseas perderte, algo llega, puede ser irónico eso del ángel que rescata a ese hombre, continuas con tu vida, lo demás se sigue pudriendo, pero tu encuentras algo.

Cambio mi vida para siempre.

¿Cuáles son los vídeos que les han cambiado la vida?

lunes, 27 de diciembre de 2010

Esto fue lo que dejo el 2010

Supongo, no, más bien afirmo: esto de los recuentos está muy usado por en general todos los medios, pues bien, usemos este recurso una vez más para completar una entrada más en el blog.

Yo, desafortunadamente no hablaré de un recuento mencionando el caso Paulette, Marcelo y su metrobús, el Jefe Diego o los mineros de Chile, para eso estarán muchos periódicos y sitios web donde se pueda analizar lo acontecido.

Por mi parte digo, un año más se termina y ahora me doy cuenta que da un poco de temor la forma tan rápida en ocasiones, en las que se pasa el tiempo. Hoy recordando cosas me doy cuenta, y algunas veces recordaba algo pensando que habían ocurrido el año pasado y no fue así. Es cosa extraña esto del tiempo, tan impredecible y a veces hasta algo subjetivo.

Enero-Febrero-Marzo.

Entre a quinto trimestre, el trimestre de fotografía y puedo añadir el más esperado por mí. Continúo pensando que eso de la maldición del trimestre impar es más real de lo que pensaba, eso o empiezo en mala hora a ser supersticiosa. Me toco la misma profesora del trimestre pasado, esa a la que tanto detestábamos varios, además el trimestre no fue lo que esperaba, de nuevo las expectativas acaban decepcionándote y para acabar me puse una borrachera monumental en Pachuca -sin comentarios- y bueno al final decidí no volver a tomar una cámara, al menos por el momento.

En ese trimestre conocí mejor a Valeria y Anahí, la verdad si no hubiera sido por ellas, el trimestre se hubiera tornado más pesado, aburrido e insoportable de lo normal, además puedo decir que si no fuera por ellas tampoco hubiera vuelto a probar una sola fruta en mi vida. Son unas niñas bien buena onda, simpáticas y trabajadoras a las cuales quiero mucho, pues son de esas personas que te brindan su cariño inmediatamente y eso se agradece.

El 2 de febrero fue el concierto de Phoenix, en el Vive Cuervo Salón, antes Salón 21. Había decidido no volver a hacer tonterías por las bandas, pero era Phoenix y después de armar un drama pues pensé que no los vería, me fui a formar once horas antes del concierto. Lo sé, sé lo que están pensando.

Desgraciadamente para mí, tengo la mala costumbre de admirar a las personas, llámense músico o no, y es una ilusión o un sentimiento que no tiene un sentido racional para mí, pero ahí está. El punto fue: conocí a una chava bien buena onda, Gaby, estuvo conmigo en la fila diez horas y tuve una de las mejores experiencias en mi vida. Que alguien llegue a decirte en un concierto “oye ¿no quieres conocer a la banda?”, estés presente en la prueba de sonido y platiques con ellos como con tus amigos, no creo que pase todos los días, a eso añadan estar en primera fila, y subir al escenario… si creyera en las ondas místicas, los astros y esas cosas, lo achacaría a eso, pero no creo en eso, supongo que fue suerte aunque tampoco creo mucho en ella, sólo sé que algo paso ese día, y el éxtasis y esa felicidad que sentí me supo a gloria después de tantas malas rachas.

Y contrario a esto, llego el 6 de marzo, era el concierto de Coldplay, si me fui a formar, menos horas que por Phoenix y debo admitir más por nostalgia y amistad que por verdadero gusto. Sabía que ese concierto significaba algo, llamémoslo por la antigua yo, y lo que sucedió fue una experiencia totalmente distinta a la de Phoenix: la gente en un plan muy pesado (le aventaron un refresco a mi sobrino de 12 años, quien parece de 8), comencé a odiar a la gente y los eventos masivos, la gente del foro sol muy estúpida y un concierto aburridísimo, donde no veía la hora para irme. Fue una especie de despedida, muy triste y decepcionante, y a decir verdad hasta me deprimió un poco, ahí supe que jamás volvería a ir a un concierto de Coldplay aunque me pagaran el boleto. Pero siempre rescató las risas, los chistes, las bromas de Violet, Juans, Susan y Jan.

Abril-Mayo-Junio.


Para el mes de abril estaba de vacaciones, y unas semanas antes de entrar a sexto trimestre, para ser exactos el 20 de abril, fui a ver a Muse. De nuevo gano la parte que no piensa de mi persona y volví a formarme horas antes del concierto, siempre es una experiencia eso de formarse en un concierto, ves y conoces a tanta gente y no es mi hit eso de conocer gente, pero me da mucha tela de donde cortar. Ese día de nada sirvió formarnos tantas horas, al final la estúpida organización sirvió para tres cosas. Aun así disfrutamos el concierto porque era la primera vez que veíamos a Muse y también puedo decir que probablemente sea de las últimas. Al día siguiente me sentía muy mal, no sólo porque mi cuerpo resentía golpes y eso ya era lo de menos, sino porque fue esos días donde empezó la ola de calor que azoto la ciudad y yo acabe siendo un camarón, se ponía el sol en, valga la redundancia, en el foro sol y yo ya no lo soportaba, mi sobrino me abrazaba y me dolía.

Entre a sexto trimestre y no imaginaría que sería el último trimestre relajado, era trimestre par y nos fue bastante bien a todos, nos divertimos mucho, reíamos y no podíamos quejarnos por tarea, realmente fue un trimestre que puedo asegurar, muchos disfrutamos. Al menos por mi parte, no me podía quejar, estaba con mis amigas, la profesora era muy relajada, el profesor… de cierto modo también y para mí sobre todo me regreso el amor a la escritura. Fue en ese trimestre donde volví a escribir, pues hacía mucho tiempo no lo hacía y prueba de esto fue precisamente la intensa actividad en el blog, gracias a ese trimestre escribí varias entradas por esas fechas. Fue un trimestre tranquilo.

En mayo me fui con mis hermanas a Cancún, solo nosotras cuatro, no sabía qué resultaría del viaje, para empezar era mi primer viaje en avión, sólo me resta decir que para una de mis hermanas fue bastante divertida mi reacción al despegar el avión. Una vez en Cancún nosotras cuatro, era como una especie de retiro entre hermanas, a pesar de estar con mis sobrinos y la razón era algo muy especial. Aun recuerdo esa tranquilidad de estar en la cabaña cuyo baño era lo único que no nos agradaba, y después de un incidente con la hamaca donde mis hermanas se pelearon y parecía que estaba viendo pelear a mis sobrinos de 8 y 7 años, recordé que al día siguiente tendríamos que regresar a la rutina.

Llego junio y con el mi cumpleaños, algo complicado, algo melancólico, de verdad eso de los cumpleaños sigue sin ser lo mío y mucho menos si se trata del día en que nací, fue diferente, muy diferente, cayó entre semana puede ser que por eso haya atraído algo más de atención y por el hecho de que mi hermana no me soltó ni un momento para recordarme el festejo, se lo agradecí y a todos, de hecho, pero sigue sin ser lo mío.

Julio-Agosto-Septiembre.

Termino sexto trimestre y comenzaron unas largas vacaciones, para el cumpleaños de mi padre, en agosto, fuimos otra vez a Cancún a visitar a mi hermana y sobre todo a cumplir con una meta que mis hermanas tenían: abrir un negocio allá. Después de pasear y estar dos largas semanas en Cancún, cosa que no fue agradable para mí y también sobre eso escribí una entrada al blog llamada “Open”, al regresar goce de más tranquilidad, mientras se acercaban los días para entrar a la escuela.

Llego septiembre y entré a la escuela, de nuevo apareció la maldición del trimestre impar, y la superstición o la estupidez llego a mi vida, junto con un poco de mal humor, de nuevo melancolía y depresión, también acerca de eso escribí otra entrada al blog “The Dog Days Come”. Lo sabía, el trimestre más pesado: radio, no imaginaría todas las cosas que nos esperaban a mí y a mis compañeros, pienso que de alguna forma todo lo que paso nos sirvió a todos en algún aspecto. Mis amigas insistían en permutar y yo no quise, y ahora si lo pienso tal vez fue mi culpa si es que, como dicen mis demás compañeros de generación, fui una mártir, pero también he pensado, esto se va a escuchar muy mal y sonaré a las típicas frases que yo llamo “basuración personal”, pero sabía que era algo que tenía que vivir y no podía mmm… ¿cómo continuarían esas frases? Ah sí, no podía esconderme o evadirlo. Tenía que aprender cosas.

Ocho días después de entrar a séptimo trimestre, el 28 de septiembre fue el concierto de Phoenix, sí otra vez de Phoenix, muchos piensan que es mi banda favorita, desde Coldplay no tengo una, simplemente es: soy joven, me gusta la música que escucho y me encanta ir a conciertos. La verdad no estaba muy entusiasmada de ir, eso de la escuela me deprimió bastante, de hecho ni mi hermana, quien me acompaño, estaba entusiasmada. No llegamos a formarnos, sólo llegamos a buena hora para entrar, sentarnos, comer unas palomitas rancias y una cerveza entre las dos, después del acoso de un estúpido, nunca falta, hacia mi hermana, decidimos quedarnos por donde colocan el sonido en el Palacio de los Deportes. No había grandes expectativas. De hecho ese día corroboré mi forma de pensar, “no generes grandes expectativas y las sorpresas serán más grandes”. Al llenarse el lugar no veía absolutamente nada, pero resulto que justo donde nos encontrábamos nosotras Phoenix decidió hacer un magnifico acústico y estábamos si acaso a diez centímetros de ellos. Por cierto, mi hermana y yo no nos arrepentimos de haber ido.

Después de eso, de esa adrenalina del concierto, de ese momento de alegría y emoción, supe que de alguna u otra forma todo tendría que salir bien al final, me había tocado con el profesor más desgraciado de la carrera, con un House en persona, pero al final todo debía salir bien, sin embargo ese optimismo y ese pensamiento se me olvido con el tiempo.

Octubre-Noviembre-Diciembre.

En octubre tuve la oportunidad de asistir al Corona Capital Fest, principalmente iría a ver a Regina Spektor, The Temper Trap, Interpol y los Pixies, al final había armado un itinerario, el cual por cierto no fue seguido y sobre ese evento también escribí una entrada cuyo título fue el mismo al del festival. Rescato las nuevas cosas que escuché y me gustaron mucho, y fue el primer concierto al que fuimos juntas Andrea, Sara y yo, aunque también vi y estuve con otros amigos. Al final no hubo nada sorprendente, salvo que conocí a los verdaderos hipsters y también imagino que de ahí saque varias bromas al respecto.

Noviembre fue un mes pesado en la escuela, prueba de eso también está aquí mismo, sólo una entrada al blog, yo me encontraba desesperada, quería que terminara la escuela en ese momento, como fuera pero que terminará, y ahí fue cuando ese optimismo del concierto de Phoenix, ese pensamiento de “todo va a salir bien, tiene que salir bien” se esfumó por completo, el estrés, la ansiedad y las desveladas terminan por nublar la mente de uno.

Mi prima se caso en ese mes, era el acontecimiento más esperado por la familia, quizá llego un momento en el que pensé sería hasta divertido, la verdad no tuvo nada de divertido, era una boda, la primer boda a la que había asistido desde hace por lo menos cinco años, mi hermana hasta regreso de Cancún sólo para ver como se casaba mi prima, sólo una boda. Además de aburrirme demasiado y de la mala promoción de mi prima con los amigos de mi sobrino, por cierto mucho más chicos que yo, recibí una noticia no muy grata, una noticia que cambiaría y cambiará mi vida, pero la cual tuve que asumir como la joven adulta que se supone que soy.

Gracias al estrés de la escuela y tantos trabajos por hacer, me perdí el concierto de Hot Chip, tanto tiempo esperando y planeando verlos a su regreso y me lo perdí. Eso sin contar las aburridas clases de inglés que tuve y a las que asistí casi dormida, con dolores de cabeza y a desgana.

Diciembre, y comienza el mes con la cancelación de la barra programática, presagio, mito, realidad, berrinche, como sea, simplemente paso. Y tremendo embrollo armo esa cancelación de la barra programática, opiniones encontradas, pero al final escuela, a Daniela se le olvido “de alguna u otra forma todo terminará bien”. Hacer el esfuerzo final era nuestra única opción y después de todo, al final todo termino bien y yo diría más que bien, gane muchas cosas con esta experiencia: grandes compañeros, grandes momentos, grandes enseñanzas y grandes amigos. Jamás podré agradecer a Tatashi y a Rogelio lo suficiente por aceptarme entre su grupo de amigos y sobre todo aguantarme. Lo más gracioso es terminar diciendo “ah no estuvo tan difícil”.

Para cerrar el año de los conciertos, por casualidad encontré Blonde Redhead en concierto, telonera St. Vincent, tenía que ir y fui, el primer concierto de Ali y yo, cuando el primero debió haber sido Daft Punk hace ya tres años, casi cuatro, porque ni en Muse estuvimos juntas, aún nos quedan esperanzas de ir a un verdadero concierto juntas, y no es que Blonde Redhead no lo fuera, quede fascinada con Kazu, Simone y Amedeo, pero como ella y yo dijimos ese era un aperitivo, la experiencia también es contada en una entrada al blog titulada “Complicaciones: Todos fuimos actores y fuimos rubias pelirrojas”. Y al final, el negocio no funciono como lo planeamos y creo que tendré que hacer otra entrada que diga “Closed” o algo así, pero ahí vamos.

Se acaba el año, pero tendré en mi mente, lo recordado hoy: la larga espera en Phoenix con Gaby; los rostros de esos cuatro franceses y sobre todo Christian con esa singular sonrisa y humildad; las bromas de Pachuca antes y sí, incluso la posteriores a la borrachera; las naranjas con sonrisa de Valeria; el rico y enorme Kisses que compartí con Anahí y Valeria; la sesión de fotos casi profesionales de Ena y Paty; la espera en el foro sol con mis adorados amigos: Violet, Juans, Jan, Susan y Sandra para ver a Coldplay; la felicidad de saber que Violet los había conocido; las risas con mi sobrino en el concierto de Muse; su pantalón roto en el concierto; la playera de Ali; la cabaña frente al mar en Tulum; la vista desde la torre de control en el aeropuerto de Cancún; la risa de mi hermana al ver mi cara en el avión; los abrazos y bromas de mis sobrinos; ese momento frente al mar con las rosas que le llevamos a mi mamá; los abrazos de mis amigos en mi cumpleaños; el viaje a carretera y las risas de mis sobrinos; el pastel de mi papá; las bromas acerca del perico muerto en el refrigerador; el entusiasmo al abrir el negocio; la cara de mi hermana al ver a Phoenix en el acústico; Sara, Andrea y yo cantando a Regina Spektor; Juan cuidándome en The Temper Trap; ver a mi sobrinos de nuevo en la boda de mi prima; las criticas en clase de inglés de Elena y yo hacia el maestro; las bromas en la cabina de radio; el baile de Laura; las múltiples voces de Tatashi y sus innumerables bromas que me hacen doblarme de risa; el “que diche, que diche” que siempre hace reír a Rogelio; los viajes en el coche de Itzel; la sinceridad de Sara, la de Valeria, son demasiados momentos, va en mi Word cinco hojas y me parece increíble que un año pueda resumirse en cinco hojas.

No me queda más que decir: se acaba 2010 y vendrá otro año, espero con muchos conciertos, y sino con más cosas memorables de las cuales me pueda reír mucho más, de esas que te sacan sonrisas aunque estés en tu cuarto con la luz apagada. E inserte frase cliché de la época: Gracias a todos ustedes, por hacer tan maravilloso este año, aunque algunos quizá no estén mencionados con nombre, saben que hacen que mi vida no sea tan aburrida, me hacen sonreír y los quiero mucho. Frase cursi: Gracias por hacerme parte de su vida y por aceptarme aunque soy bastante molesta, MUCHAS GRACIAS.