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domingo, 5 de febrero de 2012

Orientación Vocacional



¿Quién diría que después de casi cuatro años en la universidad, mi orientación vocacional llegaría? Bueno a decir verdad, no fue una orientación vocacional como tal, pero me hizo pensar y más que nada aceptar cuestiones dentro de mi vida cotidiana. Todo en una fiesta casual.

Les comentaba que aquello de conocer personas no ocurre mucho en mi vida cotidiana, y el hecho ocurría una o dos veces al año. Pues ayer supongo que fue la primera y quizá la última de este año donde conozca a personas nuevas. Unas chicas alemanas muy amables.

Después de hacer las clásicas preguntas para saber más de uno. Esas preguntas que siempre me parecen de tinte existencial, nos comentaron su situación. Aquellas chicas son más chicas que yo, y nos comentaban que en Alemania era muy común dejar pasar un año  y hacer el voluntariado. Después de su voluntariado comienzan su carrera universitaria.

Por supuesto, eso tiene totalmente sentido. Les ayuda a: a) viajar y conocer gente nueva, y nuevas experiencias y b) decidir qué es lo desean estudiar o a lo que desean dedicarse. Eso me dejó pensando mucho. Cuando le platiqué a mi padre le dije “claro, si yo hubiera dejado pasar un año para saber qué es lo quería, en qué era buena y qué cosas me gustaban hacer, no estaría pasando por esta crisis y tampoco estaría sufriendo la escuela”.

Lo admito con todas las letras me A-R-R-E-P-I-E-N-T-O. Y es bastante inútil arrepentirse de acciones pasadas, de decisiones tomadas; pero aunque no sirva lo digo: me arrepiento. Debí viajar, equivocarme, encontrarme, hacer locuras, emborracharme, irme a un retiro, qué sé yo. Cualquier cosa, para ansiar entrar a la escuela, para disfrutarla, para aprovecharla.

Mi camino no es claro, ya no me causa tanto conflicto. Pase por esa crisis más fuerte hace un año, cuando me di cuenta que no era buena en esto, que no me gustaban las formas y las experiencias adquiridas. Sobre todo cuando me decepcione por todo lo que me ha hecho y en que me ha convertido todo esto.

Por ahora, no quiero seguir estudiando (después de terminar la carrera). Si, por ejemplo, y ya sé, continuo comparándome con mis compañeros –en esta carrera, créanme que no hacerlo es casi inverosímil –veo que ellos quieren maestrías, doctorados, posgrados, etc. A mi realmente no me interesa, suena, quizá muy mediocre. Lo que deseo es algo que me guste y en lo que no, no pido ser buena, sino útil. 

domingo, 18 de diciembre de 2011

Lecciones que nunca aprendí



Ayer vi algunas fotos aleatorias. Encontré una muy linda que es la que miran en este momento o en algún momento lo hicieron. Recordé que tengo una cámara así y también recordé la primera vez que tome una cámara así.

Mi papá tenía una cámara así, la verdad no recuerdo la marca, tenía nombre oriental, aún no soy lo suficiente hipster para aprenderme las marcas y los modelos de las cámaras. Pero a mi papá le fascinan esas cámaras. Un día quise usarla y como no era de aquellas que sólo le apretabas el botoncito y ya –como todo el mundo tenía y que mi papá se rehusaba a comprar y utilizar –le exigí que me enseñara de menos a disque enfocar ese aparatejo.

Cuando disque aprendí a hacer eso, no solté la cámara y una vez que entré a la carrera, la cosa que más me emocionaba era la fotografía. Acabe realmente decepcionada y también me di cuenta que en realidad nunca aprendí esas mini lecciones de cómo enfocar en la cámara que mi padre con tanto esfuerzo me enseñó.

Fue como recordé que soy así. Me enseñan cosas que en apariencia aprendo pero luego me doy cuenta que nunca aprendí. Desde esa cosa tan sencilla de aprender a recoger tu cuarto, pasando por las matemáticas, los cursos de redacción, las lecciones de cómo usar esos aparatos horribles “comunicativos”, hasta las grandes lecciones de la vida.

Nunca aprendí que debes ser agradecido con todo lo que se te presenta sin quejarte, ya que todas son oportunidades; nunca aprendí a que las cosas que siempre llamamos como “nuestras” nunca son nuestras, ni nuestros padres, ni nuestras hermanas o hermanos, ni mucho menos nuestros amigos; nunca aprendí a ser ordenada y nunca aprendí esa canción que me costó tanto trabajo.

Ahora pienso, cuando veo el título de mi entrada “no sé leer” que quizá también, nunca aprendí a leer y a escribir. Para qué existen las lecciones si nunca se aprenden. A veces me pasa que tomo una decisión, decido por ejemplo, ir a esa reunión, a esa fiesta, a esa clase, a ese lugar, cuando todo me decía que no fuera –mi superstición es grande y también las señales o intuiciones a las que uno reglamentariamente debería hacer caso –vas a aquél sitio, a esa clase, a esa fiesta, a esa reunión y es un desastre. Otro día, la misma situación… vas, nunca aprendes.

Sólo espero que llegue algún día donde mi capacidad de retención o en general mi capacidad me permita por una vez aprender la lección.