lunes, 5 de diciembre de 2011

Too much información


Hace bastante tiempo leí una columna de un personaje importante, su nombre: Olallo Rubio, no recuerdo con exactitud el nombre de la columna, pero recuerdo que me dejó marcada de algún modo por su planteamiento. Él decía que había dejado de ver, leer y escuchar noticias por una semana, durante esa semana descubrió que su nivel de estrés y angustia había disminuido, por lo tanto consideraba una buena idea dejar de informarse como parte de la salud mental de uno.

Creí en ese momento que era una buena idea, vivir en el estrés de la vida personal y de las actividades cotidianas era demasiado como para aumentar el estrés y la angustia de la vida colectiva, de la vida en sociedad. Ahora lo pienso, y creo que es una reverenda tontería, bajo nuestro contexto, bajo nuestra realidad, cómo podríamos atrevernos a darnos la vuelta así como así.

Gracias al tema que mi equipo y yo escogimos como tesina, me he estado adentrando a textos, en los que para ser honesta, si no hubiera sido por esto, jamás hubiera leído. Desde que leí esa crónica de Juan Villoro, me dejó marcada, la verdad, me aterró, tanto o más que al ver la película de El Infierno. Recuerdo que ese día, me rehusaba a verla, y a decir verdad, no sé qué me aterraba más, lo que veía en la pantalla y que sabía que no era ficción o que la gente alrededor de mi reía descontroladamente. Ese día no dormí bien.

Mientras leía un libro titulado Nuestra aparente rendición, cuya finalidad era reunir una serie de crónicas, escritos, poemas de distintos escritores a consecuencia del asesinato de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, leía y leía, y leía atrocidad, tras atrocidad. Iba en el camino leyéndolo, y a ratos miraba a la gente absorta en sus propios pensamientos y yo me preguntaba “¿lo sabrán?”

Mientras leía más crónicas sobre la prostitución infantil en Acapulco, sobre las muertas de Juárez, sobre los niños sicarios en Michoacán, sobre los migrantes Salvadoreños atravesando el país para huir de la Mara Salvatrucha, me cuestionaba a mi misma, mientras un nudo en la garganta se me hacía, si llegaría al final del libro, si no llegaría un punto en el cual lloraría desconsoladamente. Sí, definitivamente leía demasiada violencia, demasiado odio, demasiada pobreza, demasiada desesperanza, demasiado dolor.

Podría ser muy fácil para mí, hacer lo que Olallo Rubio propuso, simplemente cerrar el libro y no mirarlo nunca más, simplemente apagar la televisión, apagar la radio, pero eso ¿de qué serviría? No, no serviría de nada, cerrar los ojos, taparse los oídos y callar no sirve de nada. Yo al menos, no puedo dejarme arrastrar por las engañosas garras de la ignorancia.

El fin de semana que acaba de pasar, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el candidato a la presidencia de la república por parte del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, cometió un error estúpido al cuestionarle cuáles eran los tres libros que habían marcado su vida personal y política. Como ya todo el mundo tiene conocimiento, mencionó La silla del águila, que fue escrita por Carlos Fuentes y él señor candidato declaró que había sido escrita por Enrique Krauze. Al final no pudo mencionar tres libros, algo muy absurdo, pues en el marco de la FIL, era un poco obvio que alguna pregunta de esa índole iba a ser expuesta.

Después por curiosidad y sí también por morbo el mal de todos los males quizá, me metí al perfil de Facebook de Peña Nieto, obviamente había comentarios sobre lo acontecido. Me pareció increíble que hubieran personas que lo defendían con patéticas excusas como “no tiene que ser un literato”; “a cualquiera le puede pasar”; “ya se verá en las urnas”; “igual va a ganar”. Yo realmente me sentía ofendida, porque esas personas no le daban la importancia que merecía, y ninguna excusa era válida.

Parafraseo un comentario que leí, decía que era muy importante que un candidato supiera cultura, supiera leer, porque a base de eso el país podía tener una oportunidad. Claro, nadie, a nadie le importaba si un candidato o presidente leía unas cuantas novelas, dónde queda la cultura en nuestro país, por consiguiente qué importancia le daría a la educación. La educación, parte esencial para nuestro desarrollo.

Luego había comentarios de una chica, comentarios bastante burdos para defender a “su” candidato. Quien le respondía a esta chica, le cuestionaba si no sabía todas las injusticias, los negocios sucios, la corrupción, la impunidad gestada a través de años por el gobierno priista, si no sabía lo que había ocurrido en el año 68 bajo un gobierno priista. La chica contestó “yo todavía no existía en el 68”. Me llenó aún más de indignación. Bien se dice que “quien no conoce su historia esta condenado a repetirla”.

La población es así, SOMOS, así. La cotidianidad, la rutina, pero también nuestro sistema político, económico, social; los duopolios televisivos, nuestra apatía, nuestras malas costumbres, nos lleva a un estado total de enajenación. Poco o nada nos interesan los demás. Hace poco en la actividad que Amnistía Internacional hizo en defensa de los migrantes centroamericanos, pedíamos firmas para que la PGR realizara las investigaciones y existiera una base de datos acerca de los asesinatos de migrantes que pasaban por México. Hubo personas que tajantemente nos decían “no”.

Es por eso, que no puedo, no puedo dejar simplemente dejar de leer el libro y seguir en mi cotidianidad. Muchos me hacen burla, y dicen que es típico que empiece con los debrayes y la paranoia, que es clásico de la carrera que estudio pensar que todo es cortina de humo, como cuando hablábamos de la muy sospechosa muerte de Blake Mora, en el país en el que vivimos, con las cosas que no queremos leer ¿no es válido, no en paranoia, más bien en buscar todas las posibilidades?

Quiero dejar claro algo, la gente no es pendeja, es ignorante, son cosas distintas. La ignorancia es ignorar, valga la redundancia, un momento, una situación, desconocer la totalidad del panorama. Que sí, personalmente pienso que la ignorancia trae catástrofes e invariablemente la estupidez, sí, en algún punto sí. Y si podemos ser estúpidos, hay en nosotros una lógica, a veces retorcida donde como dicen vulgarmente “no, no me haces pendejo”.

Por ignorancia, nuestra población piensa que todos son hechos aislados, que el narcotráfico no tiene nada que ver con los secuestros; que los secuestros no tienen nada que ver con la pederastia; que la pederastia no tiene nada que ver con los migrantes; que los migrantes no tienen nada que ver con las crisis; que las crisis no tienen nada que ver con el funcionario asesinado.

Hace un tiempo, mi papá me comentaba que quería ir a Michoacán, la familia de mi abuela es de allá, y yo le decía que no fuera, que a mi me daba terror. Él me contestó algo así como: “Eso dicen para que nos de miedo, si nosotros nos dejamos intimidar pues qué vamos a hacer”. Pensé, debo confesar, que mi papá era muy ignorante por decirme eso, pensaba “¿qué rayos no sabe lo que sucede?”, pero en algún punto tiene razón. No en la parte de que eso nos dicen para asustarnos, el momento que vivimos es tal, que poco importa si eres barrendero como si fueres un dealer; pero si, en la parte de que vivir en el miedo tampoco nos llevará a nada.

No puedo dejarme llevar por la ignorancia, no puedo cerrar los ojos, lo leo todos los días, aquí, allá, en todo el mundo. Me preguntó no sólo qué pasa con Cd. Juárez; con Michoacán que tantos  recuerdos buenos y malos guardo de mi infancia; con Chiapas; con Veracruz; con Acapulco, con México, me preguntó qué pasa con el mundo, pero sobre todo qué pasa con la humanidad.

Un pensamiento me asalta en las noches, mientras me encuentro debajo de las sábanas, lo ha hecho durante algunas semanas, lo hizo en un tiempo más atrás cuando observaba, pensaba: “ahora, en este momento, mientras yo duermo ¿qué pasará allá fuera? ¿a quién están secuestrando? ¿a quién están asaltando? ¿cuántas personas cruzaran la frontera? ¿a quién están asesinando? ¿cuánto dinero están robando?”

Y yo me preguntó ¿qué vamos a hacer? ¿hasta cuándo va a parar esto? ¿hasta qué página del libro gritaré: ¡Ya basta!?

jueves, 1 de diciembre de 2011

Cosas útiles



Ya lo había pensando antes, en mis replanteamientos sobre mis prioridades, en mi búsqueda de qué hacer, en mis dudas, indecisiones, inseguridades y conflictos, ya lo había pensado antes.

En algún punto esto se tiene que terminar, no, más bien lo va a hacer, y ahora temo un poco, llegan los pensamientos de “¿y luego? Qué procede”. Son normales, lo he escuchado y en ocasiones visto, qué maldita incertidumbre.

En un lugar, cuando no eres indispensable ¿qué haces? Me llega a la mente aquello de los dones, habilidades y talentos. En serio temó por mi vida. Hagas lo que hagas no es suficiente. Se dice que uno tiene que buscar, que tiene que arriesgarse y que los pensamientos negativos no quedan con el espíritu emprendedor. No sé, es verdad, pero ahí esta el meollo.

Conozco a una persona. Su utilidad tiene alcances paupérrimos. No sabe hacer cosas que se supone tendría que saber hacer. Le teme a los riesgos, y su inseguridad con frecuencia hace que sea incompetente para la mayoría de las cosas. Su vida es algo aburrida, no tiene muchas actividades. La gente a su alrededor le anima, pero parece como una roca.

Esta roca no tiene utilidad, no funciona, no es indispensable. Es triste observar esa roca, pues con frecuencia a su alrededor la acompaña gente talentosa y activa. Sin proponer nada, sin aportar nada, en silencio. No creo que sea un caso perdido, pero no se ayuda mucho… sólo escribe, escribe lo primero que le viene a la mente…

Que les puedo decir así soy yo, y no sé que será de mi vida con mi inutilidad.

lunes, 28 de noviembre de 2011

My Girl



“Ya me cansé de escuchar a los Killers, vamos a poner otra cosa… déjame pensar, ¡ah si! Ya sé qué podemos poner, espera deja cambio el disco… mmm bueno, te voy a poner una canción, a lo mejor ya la has escuchado, me gusta mucho, me da penita porque es viejita, es como de papás, pero es muy bonita, esa es la canción que me gustaría que me dedicaran, te la voy a traducir…

[El disco comienza a rodar dentro de los discman, el timbre característico de pasar de canción suena, un poco de silencio y se escucha…]


El fin de semana estuve escuchando esa canción, eso es lo que pasa cuando una canción hace que recuerdes momentos, para bien o para mal, la música tiene ese mágico poder de recordar, de vivir, de alegrarnos y entristecernos. Me acordé como aquel día frente al metro y las rejas de la escuela, fue tan vívido.

Tenía razón, cuando comenzó la canción sonreí pero la mire con algo de desconcierto. Ella sonrió, alargo esa sonrisa y soltó una risita nerviosa, de vergüenza, y comenzó a decirme qué decía esa canción (Tengo el brillo del sol) la miré y luego volteé a ver a la gente mientras intentaba concentrarme en la letra (en un día nublado).

Comencé a relajarme y sonreí aún más (supongo que dirás), la gente dejo de existir un momento, mientras nos encontrábamos sentadas en el piso en una estación del metro (¿qué me hace sentir así?) y entonces ella entonó: My girl, my girl, my girl, talkin’ ‘bout my girl…

Y ese es el modo en que una canción jamás podrá olvidarse a pesar de esta memoria tan olvidadiza, esa es la forma en la que una persona no puede salir nunca de tu vida. Lo recuerdo porque ahora que tengo conflicto con eso de mis amistades, la extraño más que nunca y le agradezco ser “a todas margaras” como ella me decía, conmigo. Y también debo confesar que, su un chico se acercara me gustaría que me dedicara esa canción.

Te extraño Goby wan… you’re are my girl

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sitio de lectura



Les había comentado mi casi imposibilidad de leer en casa. Es molesto, malditas malas construcciones, todo se escucha, bueno no todo, pero al parecer mis nuevos vecinos jóvenes han decidido hacer fiesta cada tercer día; esta nueva forma de vida no va conmigo y el hecho de tener que escuchar la televisión y platos o ropa lavándose no ayuda en mi concentración, y créanme cuando les digo: necesito mucha concentración.

Después descubrí que mi lectura se realizaba con éxito y hasta con gozo en el transporte público. Si claro, cuando uno encuentra asiento en el camión, combi, microbús, metro, etc., de lo contrario sólo será incómodo y si, lo sé, bastante molesto. Pero fue durante un tiempo la única manera en la que podía avanzar en mis lecturas.

Hace algún tiempo, desesperada por no encontrar un sitio ideal para leer ya que mi casa nunca fue una opción, decidí salir a buscar algún lugar. Encontré uno y ese día avance bastante, terminé con todas las lecturas que debía leer, para mi desgracia del 100% de las lecturas entendí un 60%.

El lunes tuve que leer una novela completa, gracias a mi siempre orden en hacer las cosas con anticipación (léase con tono sarcástico). Recurrí a “el sitio de lectura”, realmente no creí terminarlo, y me conformaba con leer por lo menos 150 de las 280 páginas que contenía la novela. En aproximadamente cinco horas la terminé, y lo mejor de todo: lo disfrute muchísimo.

No es fácil encontrar un lugar donde te sientas a gusto, donde no te sientas como una extraña o excéntrica, donde te sientes y nadie se te quede viendo, donde puedas disfrutar del sol y la sombra. Caminar hacia ese lugar es mi parte favorita, el lunes el clima estuvo bastante agradable, el sol estaba en lo alto pero no quemaba tanto como es su costumbre en estas fechas y sí, hacía frío pero podía soportarlo. Sólo tuve que poner Simili life -si debo admitir que me sentí como la chica del vídeo con muchísimo menos caché -y todo fue hermoso de pronto.

Además de que la novela en turno era bastante digerible de leer, no había otro personaje pegándome con su codo o brazo; no tuve que encogerme y tener el libro a dos centímetros de mi, no había conversaciones ajenas; no olores extraños; no temblor por el movimiento, nada. Supongo que todas esas cosas influyeron en mi buena y rápida lectura.

Estar ahí sola, rodeada de personas que iban a acompañadas y de que a pesar de eso nadie se me quedo viendo, fue un punto a favor, algunos caninos se acercaron y hasta acaricie a unos pocos. Sólo en ese momento sus respectivos dueños me miraban y amablemente me dedicaban una sonrisa, espero con ternura y no con lastima. Pero todo fue bien.

Decidí nuevamente, y espero otra vez cumplirlo, dejar de buscar gente. Me siento bien sola, de hecho hasta lo busco, necesito mi espacio de nuevo. Tal vez no lo recupere pronto, de hecho me resigné, por eso encontré otro espacio que justo ese día lo sentí como mío, como antes, a pesar de las personas alrededor.

A la gente no le importas mucho, siempre es una necesidad las que los llevan a ti, lo entiendo, he incluso casi puedo aceptar y asegurar que he cometido esa atrocidad anteriormente. Simplemente en este momento no quiero a nadie al lado de mi que sólo le importe esos cinco minutos. Estaba ahí, con un libro, unos audífonos -ah maravillosos audífonos- y mi música, no necesitaba nada más... salvo comida y un buen sillón, pero, no se puede todo en la vida.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Revolución



Estaba pensando en muchas cosas, me ha pasado últimamente. Pero esto, esto salió de un día en el camino, como tantas veces, donde escuchaba una estación de radio –forzosamente- y de poco prestigio debo admitir, en el camión. La locutora en turno leía mails de personas a partir de la pregunta “¿qué opinas de que se vendan artículos navideños ahora?”; cual sería mi sorpresa que varias respuestas repudiaban el hecho. Y una de ellas mencionó algo así:

“Todavía no pasa la revolución y ya están vendiendo artículos navideños”

La verdad, me sorprendió el comentario y comencé a pensar en eso. La Revolución Mexicana, en realidad, es una fecha más en nuestro calendario, me pregunté por qué pasaba tan desapercibida, no es como que encuentres por estas fechas miles de banderas o imágenes de Pancho Villa o Zapata en cada esquina; o que los automóviles comiencen a usar banderas como el 15 de septiembre, con esto no quiero decir que así lo desee, ciertamente no, sólo es algo curioso que eso no suceda,  puesto que somos propensos a volvernos “patrióticos” con esos asuntos.

Primero pensé que era una fecha desapercibida y sólo considerada como día feriado por qué si, como los tantos que suceden y nadie recuerda por qué faltan a la escuela o al trabajo; pensé que era porque al grueso de la población, eso, no les importa. Luego me di cuenta que era algo más. Con esto de la escuela he leído algunos libros y dos fueron acerca de la Revolución Mexicana, debo admitir que algo dentro de mí movió, pues de hecho es incluso tema de mi tesina.

Cuando escribí mi reporte acerca del libro ¡Vámonos con Pancho Villa!, le pregunte a una amiga cuál era la etapa dentro de ese sentimiento “patriótico” que más le calaba, si la Independencia o la Revolución; ella me contesto sin pensar “La Revolución, fue lo peor, no sirvió para nada” después de eso escribí algo así como “La Revolución es una etapa sensible y turbia”, realmente creo que en eso radica la poca importancia que se le da a la fecha.

Como ya les había dicho antes, creo que hay cierta falta de ídolos en un terreno cultura, por eso vemos tantas cosas inverosímiles, sí, son necesarios, necesitamos seguir teniendo fe en nuestra humanidad. También pienso que hacen falta líderes, no, no llegará un mesías que nos salve de esto, pero hacen falta verdaderos líderes, aunque quizá no lleguen pronto, la gente esta escéptica y también es ignorante… somos ignorantes.

La gente, la población de verdad no cree en las revoluciones. Cuando escribí también ese pequeño reporte, afirme que la revolución fue fallida, de vuelta mi profesor me puso ¿qué acaso no todas son así?, es verdad todas las revoluciones son fallidas, eso es muy triste, y eso aumenta el desinterés, nadie cree, en verdad que algo pueda cambiar con una revolución, la nuestra se convirtió en un día feriado.

“…Necesitaba otra cosa el país, pero quién sabe qué” afirmó Revueltas, aún no lo sabemos con exactitud, estamos en un estado de incertidumbre constante. La Revolución no cambio nada, estamos como estamos, las noticias lo confirman: los helicópteros siguen cayendo, los impuestos siguen subiendo; la violencia está tocando nuestras puertas; la gente sigue con la venda en los ojos, qué necesita el país.

¿Y cómo pedirle a las personas que abran los ojos? Cómo hacerlo, en esta cotidianidad, en los distintos problemas, sumergida en el estrés, el desasosiego, el trabajo en exceso. A esas personas, a las que se parten la espalda trabajando y que saben una realidad muy distinta a la que nuestros gobernantes barajean en las altas esferas, escribió José Joaquín Blanco: “Necesita uno estar completamente lleno de salud y prosperidad, bien encerrado en su propio orden, para no gritar, totalmente trastornado: “¡Carajo, en qué pinche mundo vivo!”, todos gritamos eso porque carecemos de orden y prosperidad.

Ahora que termina mi trimestre, tengo que confesar: cuando nuestro profesor propuso que todo el curso leyéramos autores mexicanos, no me agradó del todo la idea, pero igual eran libros. Me alegro que lo haya hecho, descubrí unos libros extraordinarios de literatura mexicana, independientemente de adquirir algún sentido a la nación, si es que ese concepto aún podemos aplicarlo a este país, creo que me sirvió más allá de eso.

Vivo aquí, aquí me crié, no puedo desligarme de mi entorno, tengo que reaccionar, esta es mi forma de reaccionar, porque no me es ajeno. Y aún más, imagino que como parte de ser ciudadana de un país, invariablemente obtienes cierta identidad nacional, un estilo de vida también, por muy desorbitado que uno se sienta en su propio país. Soy lo que soy, también por vivir aquí.

Entonces ¿qué significa para nosotros el veinte de noviembre? ¿En serio dejaremos que siga siendo un día feriado?, necesitamos contestarle a Revueltas, decirle qué es lo que necesita el país, debemos creer en nuestras capacidades y facultades. Tal vez hoy estoy de grillera o con actitud subversiva, pero por lo menos es algo en lo que debemos pensar, no, no sólo pensar, analizar.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Bajo perfil



Ayer sucedió algo en una clase y me hizo recordar aquello acerca de mi bajo perfil. Resulta ser que el profesor titular del grupo en el que estoy entrego unos trabajos que hicimos en equipo. El de mi equipo le gustó bastante y cuando dijo los integrantes del equipo hizo algunas expresiones cómo: “Claro, claro donde este Anahí, debe estar bien el trabajo”; “bueno, bueno qué decir de Daniel, muy trabajador”. Así es, omitió a esta triste personita, y me puse a pensar.

La verdad no me sorprende, tampoco me hace sentir mal, tal vez si pero no mucho. Mantengo mi bajo perfil y lo hice desde muy pequeña, puedo atribuirlo también a la timidez y al miedo irracional que siempre he tenido, junto con mi insuperable inseguridad, está bien, contextualizamos.

Cuando era un moco y posiblemente un enano, en mis años de primaria me ocurría seguido que sabía las respuestas a las preguntas de historia, con frecuencia de las otras materias, excepto de matemáticas. Por mi miedo, inseguridad y timidez no las decía, se las decía a alguna amiga y con suerte, si alguien la escuchaba la decía en voz alta y la profesora lo o la felicitaba. No me molestaba en lo absoluto.

Eso de que todo el mundo te diga que estas bien, que eres bueno nunca ha sido lo mío, sí aunque suene difícil de creer, así soy. La única vez que no hice eso fue en la secundaria cuando hacerme notar por mi ñoñes hacía enojar a mis compañeros y eso era muy divertido. No soy una buena persona.

De ahí en fuera, algo pasa, soy yo más bien. Los profesores jamás recuerdan mi nombre o les cuesta muchísimo aprenderlo, siempre es como “¿cómo te llamas?” “¿y tú eres…?”. Durante mis tres años en la universidad por lo menos tres profesores me han dicho que tengo un problema con no hablar en clase, pero pues ¿para qué? Para decir sandeces como la mayoría de mis compañeros a lo largo de la carrera.

“Sí lo sabes por qué no participas”; “eres buena alumna, pero no participas y eso no hace que destaques”; “posiblemente hay personas que tengan ideas que decir pero no las dicen”, si lo he escuchado. Mi pretensión no es que el mundo me admire y alabe. La verdad sí, siempre he dicho mientras más invisible sea mucho mejor.

Luego llegó a mi mente todas aquellas personas que tampoco hablan en clase, que no participan y debo admitir que llegue a pensar de ellas “y ellos ¿qué? Qué hacen aquí, qué talento tienen”. Lo pienso dos veces y encuentro que soy parte de ellos, que con toda seguridad compañeros míos han pensado eso de mí. Nuevamente me doy cuenta que la elección de mi carrera fue un grave error.

Aún así, mantengo mi bajo perfil, porque me gusta de esa forma, eso de que las personas te miren en la calle por tu peinado, por tu vestuario, por lo que sea, es bastante desagradable, a mí por lo menos me hace sentir incómoda. Como, insisto, no podemos vivir en una cueva y ser ermitaños, prefiero mi bajo perfil, aunque no tenga talento alguno. 

viernes, 4 de noviembre de 2011

Ocasiones



Peligrosamente se acerca diciembre, soy una amargada. Me da terror esas fechas, son épocas como de amor y cariño incomprensibles por parte de las personas, realmente da miedo. Lo único bueno siempre era la comida, supongo que me iré olvidando de eso, y los regalos se terminaron hace mucho tiempo.

Acaba de pasar día de muertos y la irritante pero ya costumbre de “Halloween”; antes de eso pasó septiembre con las fiestas patrias y culminará todo en el deslumbrante –lo digo literal –paso a la navidad.

Aún no me explico porque la gente tiene esa afición a adornar sus casas para tales ocasiones, lo qué es más, cuál es la verdadera función de adornar las casas. Supongo que hasta cierto punto, todo dentro de los hogares es un adorno, es para apropiártelo y saberlo tuyo, entiendo esa parte, pero si es la independencia, día de muertos, la revolución, navidad, qué significa.

Ahora ya no me puedo quejar, de lo que tanto me burle se ha adueñado de mi propia casa. Un día llegué de la escuela y… (inserte música dramática) ahí estaba esa bandera colgada bajo la ventana. Quise regresarme enseguida.

Es el resultado de vivir con personas. Las personas, no son tan buena compañía, por algo ese refrán de “más vale solo…”. Tuve que soportar ver, de forma vomitiva esa bandera y algunos adornos más dentro de mi casa. Afortunadamente esa enfermedad del adorno ataca más a otros vecinos y se puede contra restar el efecto causado por la bandera al revés colgada debajo de mi ventana.

Pero llegó día de muertos. Todos los días de la semana que paso y la anterior a esa, quise patear ese muñeco espantoso que estaba en mi ventana. Paso la brujas de foamy pegadas en las paredes, paso la calavera colgada en la puerta, paso las millones de flores cempasúchil que había; pero el muñeco en la ventana ya era una grosería.

Nuevamente mis vecinos superaron la espantosa decoración de mi casa, eso no quita la vergüenza que me daba asomar la cabeza por mi ventana. No sé qué suceda para navidad y año nuevo, pero definitivamente estar en casa, ya no es una opción.