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jueves, 12 de diciembre de 2013

Esto fue lo que dejo el 2013

Escribo esto desatendiendo mi tradición de publicar y escribirlo los días 28 de diciembre. Lo publico en el lugar que tantas satisfacciones e insatisfacciones me ha dado. Publico esto en las redes sociales que hacen que uno se sienta tan cerca y tan lejos de las personas. Escribo esto, en este extraño año que en unas semanas terminará.

Ahora no es ni por trimestres, ni por meses. Realmente no sé cómo comenzar a contar este año tan caótico y tan emocionante a la vez. Este año donde todo fue nada y donde nada fue todo. Creo que lo llamaré el año de la crisis, de una tormentosa crisis que en algún momento debe acabar.

Ni lo haré por meses, ni por trimestres. Lo haré por recuerdos porque al final es lo único que queda y, si recuerdo los meses y el orden es mucho decir.

Empecé el año pensando que sería emocionante, que el hacer lo que a uno le gusta podría bastar para sobrellevar la vida en general. Comencé haciendo las cosas que me propuse empezar: servicio social, francés, diseño gráfico y clases de baile. Sí, clases de baile.

Enero fue muy bueno, de mucha abundancia y de mucho tiempo. Me divertí muchísimo. Entré a esa zona de estabilidad y confort. Inicié una rutina pequeña pero relajante, yendo al mediodía a clases de francés y un día a la semana a servicio social. Parecía que todo iba a pintar de maravilla, en el servicio me felicitaban por mi trabajo, el francés se me dio con naturalidad, el diseño me costó trabajo al inicio  y las clases de baile con mi sobrino eran divertidísimas.

Luego vino el primer reto profesional: cubrir la Feria Internacional del Libro en Minería. Me dio miedo y no puedo decir que lo hice excelentemente, pero intenté hacer mi mejor esfuerzo. No estuve satisfecha con los resultados, sin embargo, aprendí muchas cosas en dos semanas. Nunca aprendí eso en la escuela. Creo que fue en ese momento donde me di cuenta que mi “estabilidad” comenzaba a debilitarse.

¿Recuerdan que el recuento del 2012 terminó con una esperanza? “Realmente pasará, algo pasará”. Ver a Blur en vivo es de los recuerdos más hermosos que llevó de este año. En realidad, les confieso, el concierto de Blur inició el viaje emocional de este año. Hoy parece que fue hace siglos y me cuesta trabajo pensar que fue este año. Jamás olvidaré lo que sentí al escuchar Tender compartiendo lo que significa para nosotras.

Después de Blur parecía que podía enfrentar cualquier cosa. Vino otro reto profesional: escribir crónica. Nuevamente temí porque he descubierto que mi inseguridad es infinita. Al final, después de todas las complicaciones resultó algo muy positivo. Conocí a personas que si no hubiera sido por ese trabajo jamás hubiera conocido. Escribir no es tan sencillo y en cierto modo se requiere de valentía. Conocí a unos tuitstars.

En abril llegó a mi vida una personita especial. Ese mes nació Valentina y fue difícil y feliz al mismo tiempo. Pensé que como familia ya no podríamos enfrentar momentos como esos. La vida de muchos de nosotros cambió a partir de su nacimiento y nos enseñó a ser fuertes. El día en que Valentina nació descubrí todo lo importante que son mis sobrinos para mí.

Se acercaba peligrosamente la mitad del año. Digo peligrosamente porque se acercaba mi cumpleaños número 23. Para mayo estaba terminando mi servicio social, pero las cosas se complicaban cada vez un poco más. Terminar el servicio social estaba bien, pero ¿y luego? Pensar en el futuro se volvía una necesidad.

Desde el año pasado, imaginaba cómo cambiaría mi vida saliendo de la escuela. Comencé a trabajar sin estar del todo segura y me salí del trabajo. Hice mi servicio social y a pesar de la renuencia a mi vida de estudiante, es la vida de estudiante la más sencilla. Crecer es complicado.

Tuve mi primer entrevista de trabajo. Es escalofriante, sobre todo cuando no estás preparada. Mantuve la actitud positiva, pero los nervios me vencieron después de todo. No estoy segura si fue eso lo que jugó en contra mía mayormente o mi falta de competencia. No me llamaron, pero me sirvió para reafirmar que necesito ese cambio de actitud en cuanto a seguridad y autoestima.

En junio cumplí 23 años y me aterró. Lo vi muchas veces, casi todos mis amigos son más grandes que yo, hasta los que tienen mi edad cumplen años antes que yo. Fue ese mes, ese mes donde todo cambió. Me empecé a alejar de la gente porque no hay explicación, soy así. Los 23 pesaron y pesan. Esa crisis que tanto vi en mis amigos llegó inminentemente y atacó con toda fuerza posible.

El verano llegó y no significó ninguna diferencia. Salvo que me sentía más incómoda y necesitaba terminar con un asunto. Lo dejé muchas veces por MIEDO. Estúpido miedo que no deja avanzar. Tomé valor y enfrente las cosas, quizá no de la forma más madura, pero me quitó un peso de encima. Tiempo después me causó otros problemas que he ido superando con el tiempo.

Dejé el inglés, pero no pasó mucho tiempo para retomarlo. Hasta ahora voy mejorando y redescubrí cuánto me gusta. Ese agosto fue tranquilo, fue como si una nueva flama se encendiera o como si otra vez estuviera en paz conmigo misma. El futuro no significaba mucho, al menos no en ese momento. Aún así me sentía deprimida.

Un día, de mi rutinaria vida actual, leía noticias y me enteré de que Danny Boyle venía a México al Festival Internacional de Cine de Guanajuato. ¿Por qué no?, me dije a mi misma. No tenía con quién ir, tampoco sabía con certeza si podía costear el viaje, aún así lo hice. El primer viaje que hice sola fue la segunda pieza de este recorrido emocional. Las palabras de Danny Boyle, los ojos con los que vi Guanajuato tras todo estos años, la tranquilidad que sentí en ese balcón. Gracias a ese viaje, mis problemas financieros se complicaron, pero no me arrepiento de haberlo hecho, nunca.

La vida siguió “normal”. Normal hasta un encuentro no tan inesperado. Uno siempre tiene que enfrentar las consecuencias de lo que hace y no siempre estamos preparados para ello. Aprendí mucho de esa experiencia, aprendí sobre las cosas que deseo y cómo deseo ser querida. Al final descubrí que por mucho que ignore mi vida amorosa no tengo un black hole.

Decidí cerrar mi cuenta en Facebook. La depresión y la amargura que me invadía era más grande de lo que pensaba. Soy como soy, honestamente a veces necesito alejarme de las personas para no lastimarlas. Habían pasado meses y cada mes se me hacía un año. La desesperación me invadía y no podía estar feliz por otras personas, no podía compartir su felicidad y tampoco quería compartir mi amargura.

Fue muy útil, me sirvió para aprender y entender. De alguna forma vuelvo al modo reservado, aunque esto no se lea muy reservado. Créanme que me guardo muchas cosas que no son necesarias ventilar. Además de, claro, combatir eficazmente mi insomnio y disminuir la importancia a cosas que no las tienen.

Inicié un curso de fotografía como último recurso para encontrarme a mi misma y quitar miles de espinas que he tenido desde hace años. Al principio me entusiasmó, después llegó la frustración al no entender las cosas. Al final decidí hacer las cosas con la misma pasión que siento por los conciertos y la música.

Unos meses atrás se había anunciado el cartel para el Corona Capital. La mala costumbre se apoderó de mí y fuimos. Fue distinto porque este año fui con mis sobrinos y mi hermana, pero con nadie más hubiera podido ver a Travis y a Phoenix. Imaginé que pasarían muchas cosas, pero en los conciertos siempre se superan mis expectativas.

Estar con mis sobrinos fue divertidísimo, escuchar a Quadron fue mágico. Sin duda, ver a Travis y a Phoenix significaba para mí concluir esta etapa extraña y difícil por la que atravesaba. Lloré como un bebé al escuchar Turn, sorprendí a mi hermana haciendo lo mismo mientras gritábamos “I want to feel forever young”. Phoenix lo hizo de nuevo y  nos emocionó hasta los escalofríos.

Sabía que este año no habría muchos conciertos. Blur y el Corona eran los únicos planeados, pero luego vino Muse. Me invitaron al de Muse y resultó ser una revelación, nunca imaginé que me provocaran lo que me provocaron. Hasta el día de hoy no me repongo emocionalmente, creo que pasaron días en los que lloré después de ir al concierto.

Algunos dirían: fue la gota que derramó el vaso o la sal a la herida. Muse me hizo darme cuenta que ya no soy tan joven como pensaba, que el tiempo ha pasado y mientras más espero a que sucedan las cosas nunca pasaran. Blackout me mató y cada recuerdo que pasó en mi mente desde los 13 hasta mis 23 años.

Los días pasaban, unos mejores, otros peores. Otra vez pensar en el futuro se volvía necesidad. Regresó la angustia, la desesperación, la depresión y la tristeza. Uno debe estar atento a las señales, debe detectarlas antes de que ataquen con toda su fuerza, pero sobre todo debe estar preparado. Yo nunca lo he estado.

¿Qué más podía pasar? No hacía algo importante en mi vida, me incomuniqué con la mayoría de mis amigos, además por enésima ocasión fui víctima de los asaltos y me robaron el celular, también dejé de escribir frecuentemente a pesar de los ánimos y cumplidos recibidos. Los problemas económicos siguen en ascenso y los temores siguen ahí como la piedra en el zapato. ¿Acaso algo extraordinario podía pasar?

Lo hizo. Lo hizo porque no sé cómo suceden esas cosas. La última semana de noviembre, sin previo aviso y gratamente sorpresivo, me invitaron al concierto de Incubus. Todo este viaje terminó ahí, de algún modo. Fui con una amiga que no veía hacía muchísimo tiempo. La emoción preparatoriana de los conciertos fue increíble y nuevamente un concierto me salvó la vida. Lo sentí cuando nos abrazamos en Dig y cuando canté hasta lastimar mi garganta “I wish you were here”.

Tuve una segunda entrevista estos días. Estoy concentrada en convertirme en una persona adulta, aunque todavía no sé qué, con exactitud, signifique eso. Por supuesto, tengo como prioridad terminar el inglés, porque es de las pocas cosas que he seguido con esmero y que fue un propósito desde la adolescencia cuando aún tenía sueños y esas cosas.

Dejé el francés por un tiempo porque aún sigo con la incertidumbre del no sé qué sigue y porque continuo con problemas económicos que necesito resolver. Hace poco fui a visitar mi antiguo trabajo, en realidad, fui a visitar a mi hermana, parece increíble que fue hace un año. Ese día vi que el tiempo pasó rapidísimo y sin control.

No sé qué pase, no quiero ilusionarme y tampoco quiero ser pesimista. Supongo que al leer esto ya estaré de nuevo con una cuenta en Facebook, pero al menos cumplí el plazo de 3 meses a lo mucho sin esa cosa. Las cosas ya no serán igual, siempre lo supe pero nunca estuve tan segura de ello “I’ll never be the same” dice Incubus en Pardon me. Aunque eso sí, conocí a muchas personas y ya es mucho decir.

Por otro lado, aún tengo miedo. Es un miedo terrible acerca del futuro. No sólo de mi futuro, del futuro en general. A veces quisiera no ser tan sentimental o cursi, incluso desearía ser ignorante, las personas ignorantes son felices. Todo lo que ocurre alrededor, las pérdidas, las injusticias, los silencios, la violencia, todo me afecta desmesuradamente. Me da miedo ver la situación actual, me da coraje y me da tristeza. Quisiera que fuera más el coraje así al menos actuaría, pero sólo muero de miedo.


Después de tanto leer, de tanto ver, de tanto escuchar, de tanto sentir, me siento con las manos atadas. Se acaba el año y la vida “avanzo”, el mundo retrocedió, la tecnología nos rebasó, pero yo sigo estancada. Escucho canciones subversivas y espero tener el coraje y la fuerza para que sea el primer minuto del 2014 y no sienta miedo. ¿Qué pasará? A estas alturas, cualquier cosa podría pasar.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Esto fue lo que dejo el 2012


Parece complicado empezar en este año. Fue extraño el 2012, significó un año que preví como de cambios y acontecimientos relevantes. Esa sensación de que algo importante se aproxima no fue del todo falsa. No quiero, ni debo generalizar estoy en el proceso de aprender a no hacerlo, pero me parece que este año los cambios en cada uno de nosotros fueron importantes. Así que como cada año comienzo el recuento, tal vez general, tal vez minucioso del 2012.

Enero-Febrero-Marzo

El año comenzó sin mucho ánimo. Realmente sabía y, hasta cierto punto, estaba preparada para este año. Entré a la escuela con una mentalidad diferente, algo dentro del ámbito escolar empezaba a cambiarme, pero todavía no podía saber qué era.

La etapa de definición para nuestro trabajo final de investigación, alias tesina o tesis como lo llamaban los más aventurados, nos traía (a mi equipo y a mi) en un conflicto profesional y emocional intenso. Esas fueron semanas arduas para el trabajo. Sobre todo febrero, los trimestres duran nada y febrero era un mes importante.

Marzo fue agitado, muy agitado. Hay varias agrupaciones, hay distintas bandas que a lo largo de mi vida me han marcado y de esas en las que de adolescente decía: “hasta que no las vea, no me puedo morir”. Una de ellas era Björk.

El 21 de marzo de este año, nos aventuramos mis amigas y yo a vivir una de las mejores experiencias, que al menos en mi caso, he tenido. Björk es un artista extraordinaria y su música es realmente sublime. El punto de la aventura, y lo valioso también del concierto, fue viajar en medio de un trimestre escolar a Veracruz para vivir tal experiencia.  Y aún me faltan palabras para expresar lo maravilloso que fue.

Este año y esos meses en especial, volví a tener contacto con amigos que no veía desde hace tiempo. Hubo una conexión especial con uno de ellos, no puede sorprenderme que el vínculo sea la música, por tal razón este año fue el primero en el que asistí al Vive Latino a ver a Madness.

Abril-Mayo-Junio

Continuábamos trabajando en el proyecto final. El tema era más claro y ahora tenía sentido no sólo en el aspecto académico, tenía sentido en mi vida y la forma en la que me manejo como persona. Algo comenzaba a sonar en mi cabeza.

En abril se casó mi hermana. No sabía qué esperar, las bodas no son festividades que celebré o de las que sea fanática. Supuse que por ser mi hermana debía tener una actitud diferente. A pesar de la emoción colectiva, yo me sentía cansada, justo semanas anteriores enfermé, tuve entregas finales, fue final de trimestre y además era la boda de mi hermana.

Al final fue diferente. No es que seamos especiales, pero ellos decidieron hacer las cosas diferentes. Lo único que no cambio fue el mar de lágrimas que son esos eventos. Y bueno, no soy la persona más divertida, pero creo que fue esta fiesta la que me hizo tomar unas decisiones que haré el siguiente año.

El 12 de abril vino la encantadora St. Vincent. Este año también me percate de que la mejor compañía para los conciertos es mi sobrino. No hay presiones, ni compromisos y él la pasa bien conmigo. Fuimos a ese íntimo pero apasionado concierto de una mujer extraordinaria. Lo malo fue que no pudimos ver a los Buzzcocks.

No podía perdérmelos, no una vez más, dijeran lo que dijeran. No podía morirme sin ver a Radiohead. No son los mismos, no es mi disco favorito, pero es una banda que ayudo a mi mente en muchas formas. Y a pesar de mi cansancio durante los dos días de concierto y también de un ligero resfriado, no pueden decepcionarme, porque por ser la primera vez resulto ser mágico. Independientemente de las opiniones “profesionales”.

Las vacaciones intertrimestrales terminaron en mayo y teníamos que apresurarnos para terminar el trabajo final. Me di cuenta cómo me estaba cambiando ese trabajo. El fruto de todo lo leído, de lo contado, de lo vivido incluso, descubrí que después de tres años recorridos y dos de martirio, ahora, en ese último año me encontraba donde debía estar.

Junio fue un mes agitado, era el último mes para entregar la tesina, debíamos investigar sobre los empastados, la presentación final, los nervios y mi cumpleaños que ocurre cada año aunque no quiera.

Ese mes tuvimos una hermosa experiencia con el escritor del libro que analizábamos. Durante esos meses habíamos tenido encuentros con escritores. Fue un esfuerzo enorme traerlo desde Sinaloa y al menos yo, me sentía emocionada. Él lo sabe, lo ha vivido, escribe de ello y escucharlo hablar, hablar con esas personas no hace más que tenerles un respeto enorme.

Mi cumpleaños paso sin pena ni gloria. Así deberían de ser todos.

Hay algo que quiero rescatar de estos meses antes de cambiar al siguiente mes. Durante estos meses aprendí mucho de mi misma y de las demás personas. Aprendí a no ser indiferente y todas las cosas que leí, las atrocidades que tuve que leer, a los periodistas en la línea de fuego, las pláticas que sosteníamos como equipo, me hicieron entender que no podía mantenerme en la misma postura.

De manera asombrosa esa esperanza de cambiar las cosas se alimento, gracias a que esos meses fueron muy intensos, muy intensos. Las elecciones presidenciales se acercaban, las personas en el Distrito Federal lo percibieron de una forma increíble, los jóvenes a los que había reprochado reaccionaron. Aquí muchos sentimos coraje por lo sucedido y queríamos que se supiera.

Lamentablemente descubrí también, que este país al que amo profundamente está, lo suficientemente dividido para no poder contagiar ese coraje y esa esperanza. Este país esta muy herido y ciego para entenderlo también. Pero si no fuera por todo esto yo jamás hubiera reaccionado y nunca hubiera querido cambiar.

Por eso, a partir de ese momento, deje de contar mi vida en trimestres.

Julio

Empezar ese mes fue complicado. Por primera vez votaba para elegir al presidente de este país. Tenía muchas esperanzas y también tenía mucho miedo porque la historia, la gente, las miradas, las opiniones me desalentaban bastante. El resultado, un terrible resultado, fue el principio y el final de ese mes. Y con mucho más razón supe que no podía dejar de pensar y hablar cómo lo hago.

Al siguiente día concluía una etapa importante, de éxito quizá, de fracasos, de dolor, de amor, de amistad, de un sinfín de emociones y sentimientos. Nuestro tema se prestaba para hablar sobre lo acontecido el día anterior y es de lo único que me arrepiento, de no utilizarlo para que los presentes se dieran cuenta de lo importante que es.

Respecto a lo demás, el salir de la universidad fue muy extraño. Ese mes fui esporádicamente a la escuela a escuchar y ver las réplicas de mis amigos, a hacer los últimos deberes académicos. En realidad fue entre estar de vacaciones y casi despedirme de un edificio o varios. Y lo que sucedió fue que me despedí de un edificio y de amistades.

Ese mes decidí quedarme en casa. Después de un asalto me entró una especie ridícula de paranoia, pero también tomé una decisión importante, sin estar segura del todo, sin estar convencida, decidí comenzar a trabajar el siguiente mes. Así que también disfruté mi casa como nunca. Me intoxique de música, y olvidé el resto.

Agosto

Mi primer empleo. Para ser honesta todo aquello que tanto escuché sobre el primer empleo resultó ser cierto. No tengo tanta experiencia en trabajos y mucho menos cuando acabas de salir de la escuela pero sientes mucho miedo, mucha inseguridad. Aumenta cuando el empleo no es absolutamente nada acerca de lo que estudiaste.

La verdad no fue tan mal ese mes. Me sentía extraña, a veces algo tonta, como fuera de lugar. En ese punto, pensé que podía adaptarme, podía continuar aprendiendo nuevamente como en la escuela. Incluso comparaba muchas situaciones con las únicas e insignificantes experiencias escolares. La vida real es más complicada.

Todo cambia con una noticia. Todo cambió con una noticia y las cosas no mejoraron.

Septiembre

Después de un mes trabajando aprendí muchas cosas, no en el aspecto laboral. Conocí el ambiente laboral, los compañeros de oficina, el ambiente de oficina, empresarial, la vida del empleado y la vida de los jefes. Las cosas no encajaban ni en mi vida, ni en mi cabeza.

Vi cosas y situaciones que no me resultaban agradables. Lo revolucionaria y constestaria que me había vuelto se comenzaba a diluir en mis ojos por ser alguien servicial, acomedida y ausente. No me sentía yo y ni siquiera quería ser yo.

La noticia que era buena no lo fue tanto. La noticia que cambió todo comenzaba a complicarse y yo no podía ayudar en nada, lo que era peor tenía que mantenerlo en secreto. Como debí mantener en secreto mis sentimientos y pensamientos, pero no pude porque siempre se me desbordan sin control.

Al final me sentía cansada, muy cansada. Me alejé del mundo, me alejé de mi familia, de los pocos amigos que me quedaban y me dejó un resentimiento horrible. Como siempre, conseguí enfermarme y recaer en la molestia estomacal que me aqueja como un maldito mosquito en la recámara. Tuve que enfrentarlo y aprender a decir: No más, no quiero esto.

Octubre

Las consecuencias de decirle que no a alguien que me ayudó tanto y sobre todo que es de mi familia, se vieron en este mes. Octubre fue horrible, pero ni siquiera por ser sólo el mes o por acontecimientos. Fue porque todo tiene consecuencias.

Lo mal que me sentía el mes anterior se reflejo. Hice cosas mal, me equivoqué innumerables veces, para ser muy franca no ponía atención a las cosas que hacía y por ende todo se vino este mes. Tanto en el ámbito personal como en el laboral los errores que cometí se me vinieron encima.

También las consecuencias de la enfermedad quedaron algunas semanas. Justo la semana en la que ocurrió el Corona Capital. La verdad no me encontraba en ánimo de concierto y si lo suficientemente cansada y fastidiada. El primer día llegué sin expectativas, pero gracias a eso Franz Ferdinand me pudo sorprender y recordarme que aún soy muy joven. Finalmente me dieron mis náuseas con Florence and the Machine el segundo día, y aunque no lo disfruté tanto como hubiera deseado, esa mujer… ¡qué mujer!.

En este mes decidí acercarme a las personas que siempre han estado ahí, que siempre estarán ahí y me sirvió muchísimo. Las vi de nuevo, platiqué con ellas de nuevo y agradecí que a pesar de todos estos extraños y confusos acontecimientos quisieran verme y me enseñaran más de lo que son. Es bastante cursi lo sé, pero funcionó de una forma increíble.

Supe el plazo final para el empleo y eso también ayudo.

Noviembre

No podía continuar con los errores, no cuando me faltaba un mes y tenía al menos que esforzarme para no dejar una mala imagen en general. Cuando eso sucedió también todo mejoro sin darme cuenta. Me volví un poco más ordenada y planeé no como acostumbraba a hacer, pero planeé más coherentemente mi vida.

Los deseos y el hambre por la vida regresaron y me entristeció saber que fue hasta este momento en que reaccioné. Pude haber disfrutado todos los meses, todos los días y había decidido no hacerlo por tirarme durísimo al drama.

Comienzas a ver distinto la vida cotidiana, las calles y hasta a la gente. Entonces incluso disfruté el empleo, casi dejo de juzgar algunas acciones de las personas y me sentí más relajada. Pero si, en realidad fue porque sabía que ahora podría hacer cosas que disfrutaba hacer, sólo faltaba un último esfuerzo.

El último día del trabajo honestamente sentí melancolía. No era la emoción que pensé iba a tener. Aunque pocos meses, cuando convives con gente y aprendes tanto de ellas es difícil no sentir algo al decirles adiós. Tal vez no un adiós definitivo o si, la cuestión es precisamente esa, que no lo sabes.

Al principio pensé en que había cometido un error al aceptar el trabajo y ahora no me arrepiento de esa decisión. El verdadero error fue tomar la actitud que tomé y no saber disfrutar y aprender de las situaciones.

Finalmente la noticia que cambio todo decidió ser una excelente noticia: seré tía por sexta vez.

Diciembre

Después de terminar con el empleo y luego de unos meses de búsqueda, comencé mi servicio social. Necesitaba hacerlo, necesito hacer bien las cosas y la verdad es que ha sido bastante amable hasta ahora. Me dan la libertad de trabajar desde cualquier sitio; ahora quizá lo desperdicio, pero próximamente podré agradecer tener la oportunidad de usar ese tiempo en actividades que deseo hacer.

En lo que va del mes he tenido el tiempo para volver a ver a mis amigos, los que quiero ver y los que se han dejado ver. Me falta reencontrarme con muchas personas que me hacen ser más yo, porque la verdad lo había olvidado por completo entre tanta amargura y odio al mundo. Algunas, bueno… es algo más complicado. He tratado de llevar en mi vida un principio: no busques a las personas que no quieren ser encontradas. Es desgastante.

Las cosas van mejorando, se siente, lo siento realmente. Después de todo lo sucedido entiendo que soy joven, tengo tiempo, debo estar bien tanto sea posible y disfrutar las pequeñas cosas.

El mundo, este momento es complicado y lo sé. En general tampoco sé si mejoren las cosas, en el aspecto colectivo parecen empeorar, pero debo estar bien para querer cambiar algo al respecto. Vienen momentos difíciles donde hay que buscar dentro de cada uno el coraje y la valentía para enfrentarlos, encontrar en nosotros la bondad, la paciencia y respeto hacia los demás. No nada más soy yo, no quiero ser sólo yo… quiero que seamos todos, el mundo, suena utópico pero me mantiene con expectativas y hasta con metas.

No quiero correr esta carrera. No será ahora, no fue este año y probablemente no será el siguiente, pero voy a llegar a dónde tengo que llegar. Realmente pasara.

De expectativas para el siguiente año: ninguna, porque sé que pasara. Blur viene a decirme el siguiente año que realmente pasará. No necesito más que eso ¿o si?

Esto fue el gran…gran 2012. 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Rituales navideños




Bien lo he dicho, la navidad es una de esas épocas de las que puedo prescindir. El aumento de la estupidez colectiva me genera cierto estrés y mucha desesperanza, todo lo contrario del espíritu navideño que nos obligan a asumir en cualquier campaña cara o barata publicitaria.

En mi caso no es algo extraordinario. Las navidades las paso en compañía de mi familia, es hasta ahora, después de amargarme tantas años con la “festividad” cuando me pregunto si no es realmente monótono el hecho de juntarnos, abrir regalos, comer y abrazarnos.

Cada año mis hermanas intentan un ritual diferente. No recuerdo cuándo fue que a alguien se le ocurrió jugar para entregarnos regalos y en un principio fue divertido, después ya nadie tenía interés de jugar o estábamos muy cansados para hacerlo.

Este año mis hermanas decidieron, sin consenso como hacen todos los años, hacer un intercambio de borregos. Sí, borregos porque ahora son muy supersticiosas y espirituales. Entonces nos regalaremos borregos por aquello de la abundancia económica. Algo irónico ya que he decidido tomarme un año sabático para descubrir una afición, una actividad o un oficio que en serio me guste.

Luego está el asunto con los regalos. Hace poco mi padre me preguntó si iría a comprar regalos para la ocasión. Sobra decir que ningún año anterior me tome la molestia de regalar nada. No por tacaña, o quizá si, más bien porque nunca sé qué regalar. La mayoría de las veces nos regalan cosas que no nos gustan o no necesitamos. Eso de los regalos se me hace un compromiso muy grande y complicado.

Las personas dicen que lo importante es el detalle, pero en el mundo materialista actual el detalle es el comercial de coca cola y en verdad importa la utilidad o el gusto. ¿Qué no se supone que la satisfacción de la sonrisa y gusto al momento de abrir el regalo es el momento invaluable?

Sobre las luces de navidad que tantas convulsiones nos causaron, ahora disminuyeron significativamente. De no ser porque tengo de vecina a la señora Claus diría que se moderaron a la hora de adornar sus pequeñas puertas y ventanas. No sé si sea el momento o la tensión general que trae el mundo, pero ahora las luces no son tan fuertes y de hecho, no hay tantas.

Ya estamos cansados. Creo que se debe a eso, por ejemplo, también este año mi familia decidió que no fuera cena de navidad y más bien comida. Cada año se van perdiendo más rituales y nos sentimos más cansados de continuar con una tradición que al menos para mí carece de sentido. No creo en dios si quiera.

Hasta entonces, entiendo por qué un canal cultural y de televisión abierta decide transmitir una de la entregas de premios más importantes de Reino Unido. Por personas como yo que creen que es más importante sentarte, ver y escuchar algo mejor y no celebrar el nacimiento de alguien en quién no crees.

Posiblemente necesite otro acontecimiento importante o crear alguna especie de ritual en torno a algo que signifique algo para mí. Alguna vez pensé en conmemorar cada uno de mis conciertos, pero aunque el recuerdo lo deje en mi mente no soy lo suficientemente perseverante para tomar como un ritual.

La navidad seguirá siendo algo complicado, sólo que ahora pues ya no significa tanto para mi, ni siquiera en el lado negativo. Es gracioso, la estupidez es graciosa en algún punto.