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jueves, 12 de diciembre de 2013

Esto fue lo que dejo el 2013

Escribo esto desatendiendo mi tradición de publicar y escribirlo los días 28 de diciembre. Lo publico en el lugar que tantas satisfacciones e insatisfacciones me ha dado. Publico esto en las redes sociales que hacen que uno se sienta tan cerca y tan lejos de las personas. Escribo esto, en este extraño año que en unas semanas terminará.

Ahora no es ni por trimestres, ni por meses. Realmente no sé cómo comenzar a contar este año tan caótico y tan emocionante a la vez. Este año donde todo fue nada y donde nada fue todo. Creo que lo llamaré el año de la crisis, de una tormentosa crisis que en algún momento debe acabar.

Ni lo haré por meses, ni por trimestres. Lo haré por recuerdos porque al final es lo único que queda y, si recuerdo los meses y el orden es mucho decir.

Empecé el año pensando que sería emocionante, que el hacer lo que a uno le gusta podría bastar para sobrellevar la vida en general. Comencé haciendo las cosas que me propuse empezar: servicio social, francés, diseño gráfico y clases de baile. Sí, clases de baile.

Enero fue muy bueno, de mucha abundancia y de mucho tiempo. Me divertí muchísimo. Entré a esa zona de estabilidad y confort. Inicié una rutina pequeña pero relajante, yendo al mediodía a clases de francés y un día a la semana a servicio social. Parecía que todo iba a pintar de maravilla, en el servicio me felicitaban por mi trabajo, el francés se me dio con naturalidad, el diseño me costó trabajo al inicio  y las clases de baile con mi sobrino eran divertidísimas.

Luego vino el primer reto profesional: cubrir la Feria Internacional del Libro en Minería. Me dio miedo y no puedo decir que lo hice excelentemente, pero intenté hacer mi mejor esfuerzo. No estuve satisfecha con los resultados, sin embargo, aprendí muchas cosas en dos semanas. Nunca aprendí eso en la escuela. Creo que fue en ese momento donde me di cuenta que mi “estabilidad” comenzaba a debilitarse.

¿Recuerdan que el recuento del 2012 terminó con una esperanza? “Realmente pasará, algo pasará”. Ver a Blur en vivo es de los recuerdos más hermosos que llevó de este año. En realidad, les confieso, el concierto de Blur inició el viaje emocional de este año. Hoy parece que fue hace siglos y me cuesta trabajo pensar que fue este año. Jamás olvidaré lo que sentí al escuchar Tender compartiendo lo que significa para nosotras.

Después de Blur parecía que podía enfrentar cualquier cosa. Vino otro reto profesional: escribir crónica. Nuevamente temí porque he descubierto que mi inseguridad es infinita. Al final, después de todas las complicaciones resultó algo muy positivo. Conocí a personas que si no hubiera sido por ese trabajo jamás hubiera conocido. Escribir no es tan sencillo y en cierto modo se requiere de valentía. Conocí a unos tuitstars.

En abril llegó a mi vida una personita especial. Ese mes nació Valentina y fue difícil y feliz al mismo tiempo. Pensé que como familia ya no podríamos enfrentar momentos como esos. La vida de muchos de nosotros cambió a partir de su nacimiento y nos enseñó a ser fuertes. El día en que Valentina nació descubrí todo lo importante que son mis sobrinos para mí.

Se acercaba peligrosamente la mitad del año. Digo peligrosamente porque se acercaba mi cumpleaños número 23. Para mayo estaba terminando mi servicio social, pero las cosas se complicaban cada vez un poco más. Terminar el servicio social estaba bien, pero ¿y luego? Pensar en el futuro se volvía una necesidad.

Desde el año pasado, imaginaba cómo cambiaría mi vida saliendo de la escuela. Comencé a trabajar sin estar del todo segura y me salí del trabajo. Hice mi servicio social y a pesar de la renuencia a mi vida de estudiante, es la vida de estudiante la más sencilla. Crecer es complicado.

Tuve mi primer entrevista de trabajo. Es escalofriante, sobre todo cuando no estás preparada. Mantuve la actitud positiva, pero los nervios me vencieron después de todo. No estoy segura si fue eso lo que jugó en contra mía mayormente o mi falta de competencia. No me llamaron, pero me sirvió para reafirmar que necesito ese cambio de actitud en cuanto a seguridad y autoestima.

En junio cumplí 23 años y me aterró. Lo vi muchas veces, casi todos mis amigos son más grandes que yo, hasta los que tienen mi edad cumplen años antes que yo. Fue ese mes, ese mes donde todo cambió. Me empecé a alejar de la gente porque no hay explicación, soy así. Los 23 pesaron y pesan. Esa crisis que tanto vi en mis amigos llegó inminentemente y atacó con toda fuerza posible.

El verano llegó y no significó ninguna diferencia. Salvo que me sentía más incómoda y necesitaba terminar con un asunto. Lo dejé muchas veces por MIEDO. Estúpido miedo que no deja avanzar. Tomé valor y enfrente las cosas, quizá no de la forma más madura, pero me quitó un peso de encima. Tiempo después me causó otros problemas que he ido superando con el tiempo.

Dejé el inglés, pero no pasó mucho tiempo para retomarlo. Hasta ahora voy mejorando y redescubrí cuánto me gusta. Ese agosto fue tranquilo, fue como si una nueva flama se encendiera o como si otra vez estuviera en paz conmigo misma. El futuro no significaba mucho, al menos no en ese momento. Aún así me sentía deprimida.

Un día, de mi rutinaria vida actual, leía noticias y me enteré de que Danny Boyle venía a México al Festival Internacional de Cine de Guanajuato. ¿Por qué no?, me dije a mi misma. No tenía con quién ir, tampoco sabía con certeza si podía costear el viaje, aún así lo hice. El primer viaje que hice sola fue la segunda pieza de este recorrido emocional. Las palabras de Danny Boyle, los ojos con los que vi Guanajuato tras todo estos años, la tranquilidad que sentí en ese balcón. Gracias a ese viaje, mis problemas financieros se complicaron, pero no me arrepiento de haberlo hecho, nunca.

La vida siguió “normal”. Normal hasta un encuentro no tan inesperado. Uno siempre tiene que enfrentar las consecuencias de lo que hace y no siempre estamos preparados para ello. Aprendí mucho de esa experiencia, aprendí sobre las cosas que deseo y cómo deseo ser querida. Al final descubrí que por mucho que ignore mi vida amorosa no tengo un black hole.

Decidí cerrar mi cuenta en Facebook. La depresión y la amargura que me invadía era más grande de lo que pensaba. Soy como soy, honestamente a veces necesito alejarme de las personas para no lastimarlas. Habían pasado meses y cada mes se me hacía un año. La desesperación me invadía y no podía estar feliz por otras personas, no podía compartir su felicidad y tampoco quería compartir mi amargura.

Fue muy útil, me sirvió para aprender y entender. De alguna forma vuelvo al modo reservado, aunque esto no se lea muy reservado. Créanme que me guardo muchas cosas que no son necesarias ventilar. Además de, claro, combatir eficazmente mi insomnio y disminuir la importancia a cosas que no las tienen.

Inicié un curso de fotografía como último recurso para encontrarme a mi misma y quitar miles de espinas que he tenido desde hace años. Al principio me entusiasmó, después llegó la frustración al no entender las cosas. Al final decidí hacer las cosas con la misma pasión que siento por los conciertos y la música.

Unos meses atrás se había anunciado el cartel para el Corona Capital. La mala costumbre se apoderó de mí y fuimos. Fue distinto porque este año fui con mis sobrinos y mi hermana, pero con nadie más hubiera podido ver a Travis y a Phoenix. Imaginé que pasarían muchas cosas, pero en los conciertos siempre se superan mis expectativas.

Estar con mis sobrinos fue divertidísimo, escuchar a Quadron fue mágico. Sin duda, ver a Travis y a Phoenix significaba para mí concluir esta etapa extraña y difícil por la que atravesaba. Lloré como un bebé al escuchar Turn, sorprendí a mi hermana haciendo lo mismo mientras gritábamos “I want to feel forever young”. Phoenix lo hizo de nuevo y  nos emocionó hasta los escalofríos.

Sabía que este año no habría muchos conciertos. Blur y el Corona eran los únicos planeados, pero luego vino Muse. Me invitaron al de Muse y resultó ser una revelación, nunca imaginé que me provocaran lo que me provocaron. Hasta el día de hoy no me repongo emocionalmente, creo que pasaron días en los que lloré después de ir al concierto.

Algunos dirían: fue la gota que derramó el vaso o la sal a la herida. Muse me hizo darme cuenta que ya no soy tan joven como pensaba, que el tiempo ha pasado y mientras más espero a que sucedan las cosas nunca pasaran. Blackout me mató y cada recuerdo que pasó en mi mente desde los 13 hasta mis 23 años.

Los días pasaban, unos mejores, otros peores. Otra vez pensar en el futuro se volvía necesidad. Regresó la angustia, la desesperación, la depresión y la tristeza. Uno debe estar atento a las señales, debe detectarlas antes de que ataquen con toda su fuerza, pero sobre todo debe estar preparado. Yo nunca lo he estado.

¿Qué más podía pasar? No hacía algo importante en mi vida, me incomuniqué con la mayoría de mis amigos, además por enésima ocasión fui víctima de los asaltos y me robaron el celular, también dejé de escribir frecuentemente a pesar de los ánimos y cumplidos recibidos. Los problemas económicos siguen en ascenso y los temores siguen ahí como la piedra en el zapato. ¿Acaso algo extraordinario podía pasar?

Lo hizo. Lo hizo porque no sé cómo suceden esas cosas. La última semana de noviembre, sin previo aviso y gratamente sorpresivo, me invitaron al concierto de Incubus. Todo este viaje terminó ahí, de algún modo. Fui con una amiga que no veía hacía muchísimo tiempo. La emoción preparatoriana de los conciertos fue increíble y nuevamente un concierto me salvó la vida. Lo sentí cuando nos abrazamos en Dig y cuando canté hasta lastimar mi garganta “I wish you were here”.

Tuve una segunda entrevista estos días. Estoy concentrada en convertirme en una persona adulta, aunque todavía no sé qué, con exactitud, signifique eso. Por supuesto, tengo como prioridad terminar el inglés, porque es de las pocas cosas que he seguido con esmero y que fue un propósito desde la adolescencia cuando aún tenía sueños y esas cosas.

Dejé el francés por un tiempo porque aún sigo con la incertidumbre del no sé qué sigue y porque continuo con problemas económicos que necesito resolver. Hace poco fui a visitar mi antiguo trabajo, en realidad, fui a visitar a mi hermana, parece increíble que fue hace un año. Ese día vi que el tiempo pasó rapidísimo y sin control.

No sé qué pase, no quiero ilusionarme y tampoco quiero ser pesimista. Supongo que al leer esto ya estaré de nuevo con una cuenta en Facebook, pero al menos cumplí el plazo de 3 meses a lo mucho sin esa cosa. Las cosas ya no serán igual, siempre lo supe pero nunca estuve tan segura de ello “I’ll never be the same” dice Incubus en Pardon me. Aunque eso sí, conocí a muchas personas y ya es mucho decir.

Por otro lado, aún tengo miedo. Es un miedo terrible acerca del futuro. No sólo de mi futuro, del futuro en general. A veces quisiera no ser tan sentimental o cursi, incluso desearía ser ignorante, las personas ignorantes son felices. Todo lo que ocurre alrededor, las pérdidas, las injusticias, los silencios, la violencia, todo me afecta desmesuradamente. Me da miedo ver la situación actual, me da coraje y me da tristeza. Quisiera que fuera más el coraje así al menos actuaría, pero sólo muero de miedo.


Después de tanto leer, de tanto ver, de tanto escuchar, de tanto sentir, me siento con las manos atadas. Se acaba el año y la vida “avanzo”, el mundo retrocedió, la tecnología nos rebasó, pero yo sigo estancada. Escucho canciones subversivas y espero tener el coraje y la fuerza para que sea el primer minuto del 2014 y no sienta miedo. ¿Qué pasará? A estas alturas, cualquier cosa podría pasar.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Esto fue lo que dejo el 2012


Parece complicado empezar en este año. Fue extraño el 2012, significó un año que preví como de cambios y acontecimientos relevantes. Esa sensación de que algo importante se aproxima no fue del todo falsa. No quiero, ni debo generalizar estoy en el proceso de aprender a no hacerlo, pero me parece que este año los cambios en cada uno de nosotros fueron importantes. Así que como cada año comienzo el recuento, tal vez general, tal vez minucioso del 2012.

Enero-Febrero-Marzo

El año comenzó sin mucho ánimo. Realmente sabía y, hasta cierto punto, estaba preparada para este año. Entré a la escuela con una mentalidad diferente, algo dentro del ámbito escolar empezaba a cambiarme, pero todavía no podía saber qué era.

La etapa de definición para nuestro trabajo final de investigación, alias tesina o tesis como lo llamaban los más aventurados, nos traía (a mi equipo y a mi) en un conflicto profesional y emocional intenso. Esas fueron semanas arduas para el trabajo. Sobre todo febrero, los trimestres duran nada y febrero era un mes importante.

Marzo fue agitado, muy agitado. Hay varias agrupaciones, hay distintas bandas que a lo largo de mi vida me han marcado y de esas en las que de adolescente decía: “hasta que no las vea, no me puedo morir”. Una de ellas era Björk.

El 21 de marzo de este año, nos aventuramos mis amigas y yo a vivir una de las mejores experiencias, que al menos en mi caso, he tenido. Björk es un artista extraordinaria y su música es realmente sublime. El punto de la aventura, y lo valioso también del concierto, fue viajar en medio de un trimestre escolar a Veracruz para vivir tal experiencia.  Y aún me faltan palabras para expresar lo maravilloso que fue.

Este año y esos meses en especial, volví a tener contacto con amigos que no veía desde hace tiempo. Hubo una conexión especial con uno de ellos, no puede sorprenderme que el vínculo sea la música, por tal razón este año fue el primero en el que asistí al Vive Latino a ver a Madness.

Abril-Mayo-Junio

Continuábamos trabajando en el proyecto final. El tema era más claro y ahora tenía sentido no sólo en el aspecto académico, tenía sentido en mi vida y la forma en la que me manejo como persona. Algo comenzaba a sonar en mi cabeza.

En abril se casó mi hermana. No sabía qué esperar, las bodas no son festividades que celebré o de las que sea fanática. Supuse que por ser mi hermana debía tener una actitud diferente. A pesar de la emoción colectiva, yo me sentía cansada, justo semanas anteriores enfermé, tuve entregas finales, fue final de trimestre y además era la boda de mi hermana.

Al final fue diferente. No es que seamos especiales, pero ellos decidieron hacer las cosas diferentes. Lo único que no cambio fue el mar de lágrimas que son esos eventos. Y bueno, no soy la persona más divertida, pero creo que fue esta fiesta la que me hizo tomar unas decisiones que haré el siguiente año.

El 12 de abril vino la encantadora St. Vincent. Este año también me percate de que la mejor compañía para los conciertos es mi sobrino. No hay presiones, ni compromisos y él la pasa bien conmigo. Fuimos a ese íntimo pero apasionado concierto de una mujer extraordinaria. Lo malo fue que no pudimos ver a los Buzzcocks.

No podía perdérmelos, no una vez más, dijeran lo que dijeran. No podía morirme sin ver a Radiohead. No son los mismos, no es mi disco favorito, pero es una banda que ayudo a mi mente en muchas formas. Y a pesar de mi cansancio durante los dos días de concierto y también de un ligero resfriado, no pueden decepcionarme, porque por ser la primera vez resulto ser mágico. Independientemente de las opiniones “profesionales”.

Las vacaciones intertrimestrales terminaron en mayo y teníamos que apresurarnos para terminar el trabajo final. Me di cuenta cómo me estaba cambiando ese trabajo. El fruto de todo lo leído, de lo contado, de lo vivido incluso, descubrí que después de tres años recorridos y dos de martirio, ahora, en ese último año me encontraba donde debía estar.

Junio fue un mes agitado, era el último mes para entregar la tesina, debíamos investigar sobre los empastados, la presentación final, los nervios y mi cumpleaños que ocurre cada año aunque no quiera.

Ese mes tuvimos una hermosa experiencia con el escritor del libro que analizábamos. Durante esos meses habíamos tenido encuentros con escritores. Fue un esfuerzo enorme traerlo desde Sinaloa y al menos yo, me sentía emocionada. Él lo sabe, lo ha vivido, escribe de ello y escucharlo hablar, hablar con esas personas no hace más que tenerles un respeto enorme.

Mi cumpleaños paso sin pena ni gloria. Así deberían de ser todos.

Hay algo que quiero rescatar de estos meses antes de cambiar al siguiente mes. Durante estos meses aprendí mucho de mi misma y de las demás personas. Aprendí a no ser indiferente y todas las cosas que leí, las atrocidades que tuve que leer, a los periodistas en la línea de fuego, las pláticas que sosteníamos como equipo, me hicieron entender que no podía mantenerme en la misma postura.

De manera asombrosa esa esperanza de cambiar las cosas se alimento, gracias a que esos meses fueron muy intensos, muy intensos. Las elecciones presidenciales se acercaban, las personas en el Distrito Federal lo percibieron de una forma increíble, los jóvenes a los que había reprochado reaccionaron. Aquí muchos sentimos coraje por lo sucedido y queríamos que se supiera.

Lamentablemente descubrí también, que este país al que amo profundamente está, lo suficientemente dividido para no poder contagiar ese coraje y esa esperanza. Este país esta muy herido y ciego para entenderlo también. Pero si no fuera por todo esto yo jamás hubiera reaccionado y nunca hubiera querido cambiar.

Por eso, a partir de ese momento, deje de contar mi vida en trimestres.

Julio

Empezar ese mes fue complicado. Por primera vez votaba para elegir al presidente de este país. Tenía muchas esperanzas y también tenía mucho miedo porque la historia, la gente, las miradas, las opiniones me desalentaban bastante. El resultado, un terrible resultado, fue el principio y el final de ese mes. Y con mucho más razón supe que no podía dejar de pensar y hablar cómo lo hago.

Al siguiente día concluía una etapa importante, de éxito quizá, de fracasos, de dolor, de amor, de amistad, de un sinfín de emociones y sentimientos. Nuestro tema se prestaba para hablar sobre lo acontecido el día anterior y es de lo único que me arrepiento, de no utilizarlo para que los presentes se dieran cuenta de lo importante que es.

Respecto a lo demás, el salir de la universidad fue muy extraño. Ese mes fui esporádicamente a la escuela a escuchar y ver las réplicas de mis amigos, a hacer los últimos deberes académicos. En realidad fue entre estar de vacaciones y casi despedirme de un edificio o varios. Y lo que sucedió fue que me despedí de un edificio y de amistades.

Ese mes decidí quedarme en casa. Después de un asalto me entró una especie ridícula de paranoia, pero también tomé una decisión importante, sin estar segura del todo, sin estar convencida, decidí comenzar a trabajar el siguiente mes. Así que también disfruté mi casa como nunca. Me intoxique de música, y olvidé el resto.

Agosto

Mi primer empleo. Para ser honesta todo aquello que tanto escuché sobre el primer empleo resultó ser cierto. No tengo tanta experiencia en trabajos y mucho menos cuando acabas de salir de la escuela pero sientes mucho miedo, mucha inseguridad. Aumenta cuando el empleo no es absolutamente nada acerca de lo que estudiaste.

La verdad no fue tan mal ese mes. Me sentía extraña, a veces algo tonta, como fuera de lugar. En ese punto, pensé que podía adaptarme, podía continuar aprendiendo nuevamente como en la escuela. Incluso comparaba muchas situaciones con las únicas e insignificantes experiencias escolares. La vida real es más complicada.

Todo cambia con una noticia. Todo cambió con una noticia y las cosas no mejoraron.

Septiembre

Después de un mes trabajando aprendí muchas cosas, no en el aspecto laboral. Conocí el ambiente laboral, los compañeros de oficina, el ambiente de oficina, empresarial, la vida del empleado y la vida de los jefes. Las cosas no encajaban ni en mi vida, ni en mi cabeza.

Vi cosas y situaciones que no me resultaban agradables. Lo revolucionaria y constestaria que me había vuelto se comenzaba a diluir en mis ojos por ser alguien servicial, acomedida y ausente. No me sentía yo y ni siquiera quería ser yo.

La noticia que era buena no lo fue tanto. La noticia que cambió todo comenzaba a complicarse y yo no podía ayudar en nada, lo que era peor tenía que mantenerlo en secreto. Como debí mantener en secreto mis sentimientos y pensamientos, pero no pude porque siempre se me desbordan sin control.

Al final me sentía cansada, muy cansada. Me alejé del mundo, me alejé de mi familia, de los pocos amigos que me quedaban y me dejó un resentimiento horrible. Como siempre, conseguí enfermarme y recaer en la molestia estomacal que me aqueja como un maldito mosquito en la recámara. Tuve que enfrentarlo y aprender a decir: No más, no quiero esto.

Octubre

Las consecuencias de decirle que no a alguien que me ayudó tanto y sobre todo que es de mi familia, se vieron en este mes. Octubre fue horrible, pero ni siquiera por ser sólo el mes o por acontecimientos. Fue porque todo tiene consecuencias.

Lo mal que me sentía el mes anterior se reflejo. Hice cosas mal, me equivoqué innumerables veces, para ser muy franca no ponía atención a las cosas que hacía y por ende todo se vino este mes. Tanto en el ámbito personal como en el laboral los errores que cometí se me vinieron encima.

También las consecuencias de la enfermedad quedaron algunas semanas. Justo la semana en la que ocurrió el Corona Capital. La verdad no me encontraba en ánimo de concierto y si lo suficientemente cansada y fastidiada. El primer día llegué sin expectativas, pero gracias a eso Franz Ferdinand me pudo sorprender y recordarme que aún soy muy joven. Finalmente me dieron mis náuseas con Florence and the Machine el segundo día, y aunque no lo disfruté tanto como hubiera deseado, esa mujer… ¡qué mujer!.

En este mes decidí acercarme a las personas que siempre han estado ahí, que siempre estarán ahí y me sirvió muchísimo. Las vi de nuevo, platiqué con ellas de nuevo y agradecí que a pesar de todos estos extraños y confusos acontecimientos quisieran verme y me enseñaran más de lo que son. Es bastante cursi lo sé, pero funcionó de una forma increíble.

Supe el plazo final para el empleo y eso también ayudo.

Noviembre

No podía continuar con los errores, no cuando me faltaba un mes y tenía al menos que esforzarme para no dejar una mala imagen en general. Cuando eso sucedió también todo mejoro sin darme cuenta. Me volví un poco más ordenada y planeé no como acostumbraba a hacer, pero planeé más coherentemente mi vida.

Los deseos y el hambre por la vida regresaron y me entristeció saber que fue hasta este momento en que reaccioné. Pude haber disfrutado todos los meses, todos los días y había decidido no hacerlo por tirarme durísimo al drama.

Comienzas a ver distinto la vida cotidiana, las calles y hasta a la gente. Entonces incluso disfruté el empleo, casi dejo de juzgar algunas acciones de las personas y me sentí más relajada. Pero si, en realidad fue porque sabía que ahora podría hacer cosas que disfrutaba hacer, sólo faltaba un último esfuerzo.

El último día del trabajo honestamente sentí melancolía. No era la emoción que pensé iba a tener. Aunque pocos meses, cuando convives con gente y aprendes tanto de ellas es difícil no sentir algo al decirles adiós. Tal vez no un adiós definitivo o si, la cuestión es precisamente esa, que no lo sabes.

Al principio pensé en que había cometido un error al aceptar el trabajo y ahora no me arrepiento de esa decisión. El verdadero error fue tomar la actitud que tomé y no saber disfrutar y aprender de las situaciones.

Finalmente la noticia que cambio todo decidió ser una excelente noticia: seré tía por sexta vez.

Diciembre

Después de terminar con el empleo y luego de unos meses de búsqueda, comencé mi servicio social. Necesitaba hacerlo, necesito hacer bien las cosas y la verdad es que ha sido bastante amable hasta ahora. Me dan la libertad de trabajar desde cualquier sitio; ahora quizá lo desperdicio, pero próximamente podré agradecer tener la oportunidad de usar ese tiempo en actividades que deseo hacer.

En lo que va del mes he tenido el tiempo para volver a ver a mis amigos, los que quiero ver y los que se han dejado ver. Me falta reencontrarme con muchas personas que me hacen ser más yo, porque la verdad lo había olvidado por completo entre tanta amargura y odio al mundo. Algunas, bueno… es algo más complicado. He tratado de llevar en mi vida un principio: no busques a las personas que no quieren ser encontradas. Es desgastante.

Las cosas van mejorando, se siente, lo siento realmente. Después de todo lo sucedido entiendo que soy joven, tengo tiempo, debo estar bien tanto sea posible y disfrutar las pequeñas cosas.

El mundo, este momento es complicado y lo sé. En general tampoco sé si mejoren las cosas, en el aspecto colectivo parecen empeorar, pero debo estar bien para querer cambiar algo al respecto. Vienen momentos difíciles donde hay que buscar dentro de cada uno el coraje y la valentía para enfrentarlos, encontrar en nosotros la bondad, la paciencia y respeto hacia los demás. No nada más soy yo, no quiero ser sólo yo… quiero que seamos todos, el mundo, suena utópico pero me mantiene con expectativas y hasta con metas.

No quiero correr esta carrera. No será ahora, no fue este año y probablemente no será el siguiente, pero voy a llegar a dónde tengo que llegar. Realmente pasara.

De expectativas para el siguiente año: ninguna, porque sé que pasara. Blur viene a decirme el siguiente año que realmente pasará. No necesito más que eso ¿o si?

Esto fue el gran…gran 2012. 

martes, 3 de enero de 2012

3 de enero



No encuentro un título para esta entrada. Tampoco tengo la certeza de qué hablar. Comencé a escribir porque ver la antigua entrada con el año anterior me aterra y porque esta actividad al parecer sigue siendo algo que necesito. Hablar del año que comienza no se me antoja para nada productivo y mi blogger predilecto ha escrito lo que yo hubiera escrito con menos elegancia y estilo.

Esto continua, nada se acaba, dije en la última entrada. Sigo creyendo en ello. Antes tenía un sinfín de ideas y presagios sobre cómo irían los primeros días del año, ya no creo en ellos. Te va como te va y ni modo. Al final empiezo hablando del año que comienza, qué repetitivo.

La vida ha sido extraña últimamente, como que los mayas tampoco se equivocaban. No en cuanto a terremotos, catástrofes, maremotos, o alguna fenómeno de esa índole, pienso, eso sucede continuamente. Más bien en que personalmente la vida ha sido extraña.

Eso de que el fin de año simbolice una cosa y el comienzo de otro simbolice otra, me tiene realmente sin cuidado, para mí no simboliza nada y por eso no me causa conflicto estos días, mi crisis existencial perdura con o sin un fin de año.

Esta vez prometo no cerrar el blog, por lo patético que eso resulta, aunque me sirvió cuando lo hice ya que, comencé a ver qué blog copiar, bueno no, ni siquiera es una copia fiel, pero me inspiro mucho. No lo haré porque cerrar el blog se me hace ya un intento desesperado por atraer atención, además de ser un recurso ruin, infantil y tonto para tener demostraciones de afecto y levantar mi ego.


No espero nada, no sé si ya lo había dicho, pero creo, que las situaciones pasan aún sin tu consentimiento o conocimiento, así pasara. No sé cuáles serán mis temas los próximos meses, sigo intentando ser más simpática por acá, más optimista y bromista, pero si se sienten identificados, sólo me resta decir: ¡Ya somos dos!


martes, 27 de diciembre de 2011

Esto fue lo que dejo el 2011


Como ya casi una tradición y como no he visto absolutamente nada de recuentos este año; lo cual me hace pensar que en serio este año fue muy raro. Sin más preámbulos comencemos la recapitulación de este año. Sí, aunque me rehusé y para seguir la tradición que comencé hace un año, será por trimestres, no escolares, pero así es más fácil que uno se acuerde de las cosas.

Enero-Febrero-Marzo

El año comenzó con muchas expectativas. Debo confesar que hasta ese momento las mantuve e incluso las quería. Inevitable es, no hablar de la escuela, ya que hasta esas fechas era mi única actividad. Sí, había llegado el trimestre de cine. Después de tantas peripecias vividas el año anterior con aquél cierre de fin de año, mi única esperanza era que cada vez se acercaba el final. La realidad es que en esos tres meses no ocurrió nada sorprendente, mi actitud era tan mala que en realidad mi filosofía era no hacer mucho. Pasaron cosas extrañas esos meses, yo me sentía extraña, la gente fue extraña.

Acabo ese trimestre, me di cuenta que eso de trabajar con los amigos a veces no deja muchas cosas positivas. Hasta ese momento entendí lo que se me dijo cuando entré a la escuela. Lo más temprano que podía salir era a las cinco, quizá, y que nunca hay un limite para salir tarde de la escuela.

Abril-Mayo-Junio

Salí de vacaciones, después de una especie de relajamiento en el ámbito escolar. Mi hermana regreso de Cancún para el magno evento de las quince primaveras de una sobrina. Olvidaba aquellos rituales de las fiestas de quince años desde que mi prima tuvo la suya. De hecho nunca asistí a los quince años de mis compañeras de secundaria, como es costumbre.

Si, fue en estos meses donde decidí por segunda vez cerrar este blog, razones me sobraban y aún me siguen sobrando, pero imagino que aún tengo algo de ambición y que mis amigos y familiares siguen insistiendo en aquello de que vale la pena lo que escribo. Sigo dudando de esas afirmaciones.

Lo que rescato de ese trimestre del año, fue el concierto de Two Door Cinema Club que tanto disfrute, uno necesita de esos impulsos, de esa adrenalina y emoción para darse un respiro, para saber que existen muchas más cosas que la rutina diaria. Después de eso y antes de los quince años, me corte el cabello, cortito, cortito, además de estar harta del cabello largo, pensé que era una especie de catarsis, funcionó hasta cierto punto.

De nuevo entré a la escuela, de nuevo permuté y lo hice para tomar clases con una de las peores personas que he conocido. Mayo fue un mes agitado, además por supuesto de la escuela, decidí hacer algo que deseaba hacer desde hace mucho tiempo, cuando era mucho más diferente de cómo soy ahora. Así comencé mi voluntariado en Amnistía Internacional.

Ahora que lo escribo, me doy cuenta que fue este año, y hasta este punto siento que llevo ahí años, y afortunadamente la gente a la que conocí me hizo sentir así, como si los conociera de años. Me gustó y me gustó haberlo hecho.

Llegó mi cumpleaños en junio también, fue muy distinto; pero siempre lo va a ser. Me levanté, fui a la escuela, algo de estrés por qué no, fui a Amnistía, vi una película, nada como bombo y platillo, eso me agrado. Las cosas en mi vida escolar comenzaban a empeorar, y no se diga en la vida personal.

Julio-Agosto-Septiembre

La escuela se tornaba más complicada, más pesada, más un fastidio. Y lo hice, lo que siempre hago, estirar, estirar, estirar hasta reventar, mi siempre constante problema, así que la consecuencia fue mi terrible enfermedad que también cambio mi vida y mis hábitos alimenticios, me sentí aliviada al terminar esa etapa. Decisiones llegaron, y a pesar de un conflicto interno profesional y también sentimental, decidí elegir lo más honesto conmigo misma.

En julio murió una de las personas que más me inspiraban, mi extraordinaria Amy Winehouse, justo en un momento donde recapitulaba cosas de mi vida, justo en un momento donde recordaba pasajes de mi vida. Ese tipo de ausencias se extrañan, pero dejan algo y eso se queda. Espero me suceda lo mismo algún día.

Mi incapacidad estomacal acarreó varios conflictos algo burdos pero que me hicieron pensar. Fue en agosto donde regresé a mis labores en Amnistía que había dejado por mucho tiempo gracias a mis obligaciones escolares. Fueron vacaciones diferentes, fueron vacaciones en realidad. También fue en agosto cuando mi papá se casó y cambiaron muchas cosas.

Septiembre paso tranquilo y relajado, sin muchas expectativas, de hecho ya con ninguna. Entré de nuevo a la escuela, en esa “nueva etapa” de la carrera.

Octubre-Noviembre-Diciembre

En octubre asistí de nuevo a la segunda edición del Corona Capital, fue mucho mejor que el año anterior, primero porque esta vez no tuve un encuentro cercano con la muerte, y segundo porque ayudó en gran medida a mi ejercicio de meses anteriores de recordar las cosas que eran buenas, aunque al final no sé que tanto me ayudó o me perjudico eso. Ver, cantar y bailar a The Rapture y los Strokes me hace sonreír.

Es en estos meses donde la escuela ya no se convierte en mi principal tema de conversación, eso me agrado, a pesar de mi problema de prioridades, sé cuales son las responsabilidades de uno. Por esa parte fue tranquilo, mi estomago lo agradeció, agradeció dejar ese estira, estira, aunque me di cuenta que hay otras cosas además de la escuela que también me enferman.

La casa cambió, mi vida cambió, mis amigos cambiaron, mi familia cambió, yo cambié en algo que aún no logro descubrir.

Mi hermana regresó definitivamente de Cancún, otra de ellas se mudo de casa, sin duda estos últimos meses fueron intensos.

Fue un año extraño, me doy cuenta que sucedieron pocas cosas, pero las que sucedieron, vaya que sucedieron. Esto no termina, los años no terminan con algo en nuestras vidas, somos un espiral continuo de acontecimientos, o bueno pertenecemos a él. ¿Algo acaba con el año que no sea el año? Al menos en mi caso continuo con algunas actividades este año y el que viene.

Este año también cumplió un año este blog y me parece increíble la cantidad de cosas que he escrito, y como soy la única que me leo –bueno no, ya sé, pero si la que lo hace constantemente para autocriticarme –me he dado cuenta de cómo han cambiado las cosas que escribo y como soy realmente, y brutalmente predecible. Como un libro abierto.

¿Qué espero de 2012? Que se acabe el mundo, no lo creo. No espero nada, salvo a Radiohead ¿será que llegaré a verlos? será que ocurran cosas, o que en serio llegue el fin de otras. Nada espero, salvo poder levantarme mañana sin sentir como que exprimí un limón como dice Radiohead

sábado, 17 de diciembre de 2011

Regalos y autoestima



Ya lo mencioné, y quizá no me cansé nunca de decirlo, en serio detesto la navidad, en serio detesto las calles en esta época, en serio detesto a la gente y su consumismo desmedido en esta época, en serio no soporto ver a gente con miles de bolsas de tiendas departamentales, en algún punto, me enferma.

Hoy acompañé a mi hermana a comprar los regalos de navidad, el tiempo con la familia en este caso con mi hermana tiene que valer la pena para exponerme a un lugar público y con el magnífico plus de ser fiestas decembrinas y que las personas se vuelven locas con esto de la navidad.

Aún se me hace absurdo que una bolsa de mano cueste 3,400 pesos, o que unos aretes que puedo hacer yo cuesten 1,200. He estado pensando que, si lo admito a mi parte femenina le gusta comprar cosas, pero tal vez nunca llegué a ser burguesa. Eso me alegra.

Hoy leí otra entrada de mi blogger favorito –esta frase se escucha completamente stalker –en fin, decía que tal vez dejaría de escribir por un buen rato, de hecho si soy una stalker, porque visitaba su blog cotidianamente en espera de una nueva entrada. Me entristeció la noticia.

Escribe muy bien, tiene muchos seguidores. Si él que lo hace bien y la prueba es que tiene tantos seguidores y le comentan… no sé qué le espera a este pobre blog, que ni es bueno, ni tiene tantos seguidores –todos ellos amigos míos, insisten en ayudarme a mejorar mi autoestima –y que tampoco tiene comentarios. El futuro es impredecible.

Acabo de ver Misery, y ridículamente pensé que sería buena idea que alguien me secuestrara y me obligara a escribir algo realmente bueno, como lo que le pasó a Paul Sheldon. Eso no pasará, no el deseo del secuestro, más bien escribir algo bueno. Aquello de la autoestima… me gusta escribir, simplemente lo hago, no es algo a lo que me quiera dedicar, de hecho, ahora comprendí que realmente aún no sé qué es lo que quiero.

Sólo sé que en vísperas de navidad, año nuevo y fin de carrera sólo tengo claro que debo practicar más inglés y que con seguridad, seguiré aprendiendo cosas inútiles para mi vida profesional, porque siendo honesta la vida de pseudo estudiante es muy cómoda.


viernes, 4 de noviembre de 2011

Ocasiones



Peligrosamente se acerca diciembre, soy una amargada. Me da terror esas fechas, son épocas como de amor y cariño incomprensibles por parte de las personas, realmente da miedo. Lo único bueno siempre era la comida, supongo que me iré olvidando de eso, y los regalos se terminaron hace mucho tiempo.

Acaba de pasar día de muertos y la irritante pero ya costumbre de “Halloween”; antes de eso pasó septiembre con las fiestas patrias y culminará todo en el deslumbrante –lo digo literal –paso a la navidad.

Aún no me explico porque la gente tiene esa afición a adornar sus casas para tales ocasiones, lo qué es más, cuál es la verdadera función de adornar las casas. Supongo que hasta cierto punto, todo dentro de los hogares es un adorno, es para apropiártelo y saberlo tuyo, entiendo esa parte, pero si es la independencia, día de muertos, la revolución, navidad, qué significa.

Ahora ya no me puedo quejar, de lo que tanto me burle se ha adueñado de mi propia casa. Un día llegué de la escuela y… (inserte música dramática) ahí estaba esa bandera colgada bajo la ventana. Quise regresarme enseguida.

Es el resultado de vivir con personas. Las personas, no son tan buena compañía, por algo ese refrán de “más vale solo…”. Tuve que soportar ver, de forma vomitiva esa bandera y algunos adornos más dentro de mi casa. Afortunadamente esa enfermedad del adorno ataca más a otros vecinos y se puede contra restar el efecto causado por la bandera al revés colgada debajo de mi ventana.

Pero llegó día de muertos. Todos los días de la semana que paso y la anterior a esa, quise patear ese muñeco espantoso que estaba en mi ventana. Paso la brujas de foamy pegadas en las paredes, paso la calavera colgada en la puerta, paso las millones de flores cempasúchil que había; pero el muñeco en la ventana ya era una grosería.

Nuevamente mis vecinos superaron la espantosa decoración de mi casa, eso no quita la vergüenza que me daba asomar la cabeza por mi ventana. No sé qué suceda para navidad y año nuevo, pero definitivamente estar en casa, ya no es una opción.