Les
había comentado mi casi imposibilidad de leer en casa. Es molesto, malditas
malas construcciones, todo se escucha, bueno no todo, pero al parecer mis
nuevos vecinos jóvenes han decidido hacer fiesta cada tercer día; esta nueva
forma de vida no va conmigo y el hecho de tener que escuchar la televisión y
platos o ropa lavándose no ayuda en mi concentración, y créanme cuando les
digo: necesito mucha concentración.
Después
descubrí que mi lectura se realizaba con éxito y hasta con gozo en el
transporte público. Si claro, cuando uno encuentra asiento en el camión, combi,
microbús, metro, etc., de lo contrario sólo será incómodo y si, lo sé, bastante
molesto. Pero fue durante un tiempo la única manera en la que podía avanzar en
mis lecturas.
Hace
algún tiempo, desesperada por no encontrar un sitio ideal para leer ya que mi
casa nunca fue una opción, decidí salir a buscar algún lugar. Encontré uno y
ese día avance bastante, terminé con todas las lecturas que debía leer, para mi
desgracia del 100% de las lecturas entendí un 60%.
El
lunes tuve que leer una novela completa, gracias a mi siempre orden en hacer
las cosas con anticipación (léase con tono sarcástico). Recurrí a “el sitio de
lectura”, realmente no creí terminarlo, y me conformaba con leer por lo menos
150 de las 280 páginas que contenía la novela. En aproximadamente cinco horas
la terminé, y lo mejor de todo: lo disfrute muchísimo.
No
es fácil encontrar un lugar donde te sientas a gusto, donde no te sientas como
una extraña o excéntrica, donde te sientes y nadie se te quede viendo, donde
puedas disfrutar del sol y la sombra. Caminar hacia ese lugar es mi parte
favorita, el lunes el clima estuvo bastante agradable, el sol estaba en lo alto
pero no quemaba tanto como es su costumbre en estas fechas y sí, hacía frío
pero podía soportarlo. Sólo tuve que poner Simili life -si debo admitir que me sentí como la chica del vídeo con muchísimo menos caché -y todo fue hermoso de
pronto.
Además
de que la novela en turno era bastante digerible de leer, no había otro
personaje pegándome con su codo o brazo; no tuve que encogerme y tener el libro
a dos centímetros de mi, no había conversaciones ajenas; no olores extraños; no
temblor por el movimiento, nada. Supongo que todas esas cosas influyeron en mi
buena y rápida lectura.
Estar
ahí sola, rodeada de personas que iban a acompañadas y de que a pesar de eso nadie se
me quedo viendo, fue un punto a favor, algunos caninos se acercaron y hasta
acaricie a unos pocos. Sólo en ese momento sus respectivos dueños me miraban y
amablemente me dedicaban una sonrisa, espero con ternura y no con lastima. Pero
todo fue bien.
Decidí
nuevamente, y espero otra vez cumplirlo, dejar de buscar gente. Me siento bien
sola, de hecho hasta lo busco, necesito mi espacio de nuevo. Tal vez no lo
recupere pronto, de hecho me resigné, por eso encontré otro espacio que justo
ese día lo sentí como mío, como antes, a pesar de las personas alrededor.
A la gente no le importas mucho, siempre es una necesidad las que los llevan a ti, lo entiendo, he incluso casi puedo aceptar y asegurar que he cometido esa atrocidad anteriormente. Simplemente en este momento no quiero a nadie al lado de mi que sólo le importe esos cinco minutos. Estaba ahí, con un libro, unos audífonos -ah maravillosos audífonos- y mi música, no necesitaba nada más... salvo comida y un buen sillón, pero, no se puede todo en la vida.

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