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jueves, 24 de mayo de 2012

Yo soy... mexicana



No vengo de una familia revolucionaria, más bien algo conservadora. No recuerdo que algún evento en especifico les haya impactado o indignado tanto como para volverme contestataria. Simplemente como me dicen mis hermanas y mis papás: ¡Ay es que eres tan rara! Yo sólo me he dado cuenta, he observado porque nadie me ha instruido en alguna forma de pensar. Yo sólo leía reportes de Oxfam en el bachillerato, veía noticias en la secundaria y hojeaba libros en la primaria, nada fuera de lo común.

Han sucedido muchas cosas las últimas semanas, yo que tanto me rehusaba al twitter ahora se me hace una plataforma riquísima de información instantánea, muy visceral en muchos casos, y en otras tantas utilísima. Culpo a los autores, culpo a Élmer Mendoza, a Ricardo RaphaelAlma GuillermoprietoHéctor De Mauleón, pero sobre todo a José Revueltas, los culpo a ellos por hacerme reaccionar.

Y agradezco a esa gente que día con día se levanta por las mañanas en una zona de conflicto aquí en México y en el mundo –por todas aquellas acciones urgentes que me tocaba leer en Amnistía Internacional –que me hacen olvidarme de mis propios dolores, que me hacen ser un poco menos egoísta. Gracias a ellos me he olvidado de mi misma para responder ante los demás.

Ayer viví una experiencia como pocas. Estaba muy desesperanzada, después de la respuesta de la gente por lo de Roger Waters, cuantas veces al leer todas esas notas, artículos, crónicas, acciones urgentes no había querido estar ahí, gritarles a quienes han perdido su humanidad. Pensé que a la gente no le importaba y mucho menos a los jóvenes, mismos que se burlaron cuando pedíamos firmas por Egipto y la primavera árabe.

Dicen que ha llegado la primavera mexicana, no sé si así se pueda llamar, aún pienso que nos falta mucho. Cuando comencé a usar las redes sociales, me parecía inútil llamar a la gente a reaccionar por ahí. Me equivoqué y lo agradezco. Cuando habló con mis sobrinos y los veo interesados, me inspiran para salir, para seguirles diciendo, al menos a ellos, que no podemos seguir así.

Ayer en la marcha Yo Soy 132 había muchísima gente, de todas las universidades del Distrito Federal. Un sentimiento me invadió al mirar a mi alrededor y ver todas esas consignas, era alegría y tristeza a la vez. Alegría por lo que decían: México despierta, México cambió, Yo no olvido, y las más de personas adultas apoyando y confiando en nosotros. Sentí tristeza porque nos habíamos tardado, y de eso me di cuenta al leer tantas y tantas injusticias, tanta tristeza, odio y violencia; pero me dio más tristeza que la esperanza que sentía no la pudiera sentir aquella mujer que ha perdido a sus hijas en Juárez.

Faltan muchas cosas. Debo confesar que estoy sorprendida, algo, alguien nos hizo reaccionar, empezó en la Universidad Iberoamericana, y a pesar de que había perdido algunos pre juicios que tenía con la Ibero después de Amnistía, aún quedaban otros pre juicios. El movimiento nació en una universidad privada y creo ahora, que fue lo correcto, si hubiera empezado en la UNAM quizá sería un poco diferente.

Como ya saben, yo vengo de la UAM, nunca he tenido ese sentimiento universitario, ese amor desmedido por la universidad, porque en muchas ocasiones me ha decepcionado, pero vivo aquí, soy mexicana y eso si lo siento. Lo que me gusta de este movimiento es que es apartidista. Las personas se han olvidado de que lo relevante es lo que pase en el país y que no llegará un mesías; se necesitan líderes pero no mesías. Y en esta búsqueda de los líderes caemos en el fanatismo y las provocaciones. Lo que importa es México.

Me parece un buen comienzo exigir la democratización de los medios, porque sabemos que quienes manejan el país no son los políticos, ni los presidentes, en estos días, los nombres de Salinas Pliego y Azcárraga son de mayor peso que el propio presidente. Pero esos apellidos jamás han sabido lo que el pueblo necesita. No, al pueblo no se le educa por la televisión; pero tampoco se le falta al respeto.

¿Por qué estar tan en desacuerdo con la candidatura de un individuo? Más allá de su corrupto historial, por lo menos a mí, me indigna que alguien como Enrique Peña Nieto contienda por la presidencia después de las muchas violaciones a los derechos humanos cometidas en Atenco. Se le falta al respeto, un respeto que él dice tener en muchos sentidos, porque por lo menos yo, considero un insulto su postulación como candidato, a eso se le suma que proviene de un partido que entre nosotros tiene, muy poca credibilidad.

Todavía hay algo en el movimiento de Yo Soy 132 me sigue generando sentimientos encontrados, son dos cosas: la primera es, que aún tenemos brechas, aún poseemos barreras evidentes entre universidades, cada quien se reunía con la universidad de la que provenía, como tribus. Entiendo que el movimiento tuvo su iniciativa en la Ibero, pero si se pretende que crezca, ya no debería nombrarse como un movimiento exclusivo de la Ibero, ni de ninguna universidad, sino de México.

Y la segunda cosa es que, aún nos creemos el centro del universo, aún pensamos que lo que decimos, lo que exigimos, es lo que todo México necesita, quiere y piensa, podríamos pensar que sería lo correcto, que todo México o al menos la mayor parte exigiera lo mismo que nosotros. Hoy antes de subir al trolebús, estaba un hombre más o menos de unos cincuenta y tantos años vendiendo agendas, y tenía una mirada de hombre cansado, pero trabajador, que seguro se levanta a las cuatro de la mañana a vender sus agendas sin saber si venderá lo suficiente para sobrevivir en la semana, y que quizá, no piense igual que nosotros, porque nuestros sueños todavía parecen exclusivos:

 "...son chilangos, qué esperaba, no tienen ni idea de lo que ocurre en ninguna parte que no sea la ciudad de México” escribió el autor sinaloense Élmer Mendoza, y no pude estar más de acuerdo.

Que el cambio esta en nosotros y como nos manejamos en la vida cotidiana es cierto, pero cuando lo haces entonces te comprometes como ciudadano y platicas sobre tus ideas también es necesario. Muchos dirán que es sencillo hablar desde aquí resguardada detrás de la computadora, pero esta es mi forma de expresarme y también es por eso que hablo con mis sobrinos porque quiero que sus sueños no sean exclusivos.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Revolución



Estaba pensando en muchas cosas, me ha pasado últimamente. Pero esto, esto salió de un día en el camino, como tantas veces, donde escuchaba una estación de radio –forzosamente- y de poco prestigio debo admitir, en el camión. La locutora en turno leía mails de personas a partir de la pregunta “¿qué opinas de que se vendan artículos navideños ahora?”; cual sería mi sorpresa que varias respuestas repudiaban el hecho. Y una de ellas mencionó algo así:

“Todavía no pasa la revolución y ya están vendiendo artículos navideños”

La verdad, me sorprendió el comentario y comencé a pensar en eso. La Revolución Mexicana, en realidad, es una fecha más en nuestro calendario, me pregunté por qué pasaba tan desapercibida, no es como que encuentres por estas fechas miles de banderas o imágenes de Pancho Villa o Zapata en cada esquina; o que los automóviles comiencen a usar banderas como el 15 de septiembre, con esto no quiero decir que así lo desee, ciertamente no, sólo es algo curioso que eso no suceda,  puesto que somos propensos a volvernos “patrióticos” con esos asuntos.

Primero pensé que era una fecha desapercibida y sólo considerada como día feriado por qué si, como los tantos que suceden y nadie recuerda por qué faltan a la escuela o al trabajo; pensé que era porque al grueso de la población, eso, no les importa. Luego me di cuenta que era algo más. Con esto de la escuela he leído algunos libros y dos fueron acerca de la Revolución Mexicana, debo admitir que algo dentro de mí movió, pues de hecho es incluso tema de mi tesina.

Cuando escribí mi reporte acerca del libro ¡Vámonos con Pancho Villa!, le pregunte a una amiga cuál era la etapa dentro de ese sentimiento “patriótico” que más le calaba, si la Independencia o la Revolución; ella me contesto sin pensar “La Revolución, fue lo peor, no sirvió para nada” después de eso escribí algo así como “La Revolución es una etapa sensible y turbia”, realmente creo que en eso radica la poca importancia que se le da a la fecha.

Como ya les había dicho antes, creo que hay cierta falta de ídolos en un terreno cultura, por eso vemos tantas cosas inverosímiles, sí, son necesarios, necesitamos seguir teniendo fe en nuestra humanidad. También pienso que hacen falta líderes, no, no llegará un mesías que nos salve de esto, pero hacen falta verdaderos líderes, aunque quizá no lleguen pronto, la gente esta escéptica y también es ignorante… somos ignorantes.

La gente, la población de verdad no cree en las revoluciones. Cuando escribí también ese pequeño reporte, afirme que la revolución fue fallida, de vuelta mi profesor me puso ¿qué acaso no todas son así?, es verdad todas las revoluciones son fallidas, eso es muy triste, y eso aumenta el desinterés, nadie cree, en verdad que algo pueda cambiar con una revolución, la nuestra se convirtió en un día feriado.

“…Necesitaba otra cosa el país, pero quién sabe qué” afirmó Revueltas, aún no lo sabemos con exactitud, estamos en un estado de incertidumbre constante. La Revolución no cambio nada, estamos como estamos, las noticias lo confirman: los helicópteros siguen cayendo, los impuestos siguen subiendo; la violencia está tocando nuestras puertas; la gente sigue con la venda en los ojos, qué necesita el país.

¿Y cómo pedirle a las personas que abran los ojos? Cómo hacerlo, en esta cotidianidad, en los distintos problemas, sumergida en el estrés, el desasosiego, el trabajo en exceso. A esas personas, a las que se parten la espalda trabajando y que saben una realidad muy distinta a la que nuestros gobernantes barajean en las altas esferas, escribió José Joaquín Blanco: “Necesita uno estar completamente lleno de salud y prosperidad, bien encerrado en su propio orden, para no gritar, totalmente trastornado: “¡Carajo, en qué pinche mundo vivo!”, todos gritamos eso porque carecemos de orden y prosperidad.

Ahora que termina mi trimestre, tengo que confesar: cuando nuestro profesor propuso que todo el curso leyéramos autores mexicanos, no me agradó del todo la idea, pero igual eran libros. Me alegro que lo haya hecho, descubrí unos libros extraordinarios de literatura mexicana, independientemente de adquirir algún sentido a la nación, si es que ese concepto aún podemos aplicarlo a este país, creo que me sirvió más allá de eso.

Vivo aquí, aquí me crié, no puedo desligarme de mi entorno, tengo que reaccionar, esta es mi forma de reaccionar, porque no me es ajeno. Y aún más, imagino que como parte de ser ciudadana de un país, invariablemente obtienes cierta identidad nacional, un estilo de vida también, por muy desorbitado que uno se sienta en su propio país. Soy lo que soy, también por vivir aquí.

Entonces ¿qué significa para nosotros el veinte de noviembre? ¿En serio dejaremos que siga siendo un día feriado?, necesitamos contestarle a Revueltas, decirle qué es lo que necesita el país, debemos creer en nuestras capacidades y facultades. Tal vez hoy estoy de grillera o con actitud subversiva, pero por lo menos es algo en lo que debemos pensar, no, no sólo pensar, analizar.