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domingo, 8 de abril de 2012

Historias



Ahora que se acerca el concierto de St. Vincent y escuchaba sus canciones recordé. No fue verla de telonera de Blonde Redhead lo que hizo casi mágica su música, fue otra cosa que llegó a mi mente escuchando sus canciones. A modo de broma pensé “creo que necesito otro viaje a Cancún para escuchar su disco”. Fue en ese viaje hace dos años, fue Marrow al chocar las olas de ese mar azul ultramarino.

Después me remitió a otro asunto. Cuando revisaba las entradas del blog para esa entrada número cien, me di cuenta que, aunque poco mi escritura ha progresado. No creo que llegué a ser una erudita en esto de la escritura pero es algo positivo. A cambiado en muchas formas y la mayoría creo, para bien, sólo hay algo que deje de hacer: escribir historias.

Tampoco es que sea muy buena, aún recuerdo algunas expresiones de mis compañeros cuando leí en voz alta aquella historia basada en la canción de Radiohead, Fitter Happier. No soy normal y admito ser una persona bastante volátil. Si, por las noches, antes de dormir fantaseo con mil historias y me quedo dormida pensando en ellas.

Se preguntarán qué relación tiene con St. Vincent, la entrada de Roslyn también fue una historia muy fumada que salió con la letra del mismo título e interpretada por Annie Clark (vocalista de St. Vincent) y Bon Iver. Fue Marrow, fue Roslyn, el mar y la arena que parecía harina; fue un cuaderno, el calor y un ipod, eso sacó la historia.

Llamé a esta serie de historias “crónicas depresivas” porque todas tenían un final muy triste y como si no lo hiciera siempre, también revelaban algo de mi. La última fue con una canción de Mew y el resultado no fue muy satisfactorio, por lo cual decidí que acabaría. Posteriormente y por si no fuera poco, comencé a escribir sobre mi vida cotidiana, revelando un nombre, nombres, amistades, lugares y un total descaro en este espacio.

Sigue siendo un poco triste haber dejado esas historias que nadie leía y que continúan resguardadas en esta página, y en documentos de Word. No sé si pueda regresar a dicha tarea, es complicado, los sueños no son suficientes para crear algo que valga la pena, pero si sale algo estará aquí, eso es seguro.

O quizá y sería bueno, regresar a Cancún y escuchar un disco. Sería bueno, pero aún no hay posibilidades de eso en un futuro cercano.

P.D. Atasco mi propia entrada con propaganda del mismo blog, ¿hay algo más vil? ya sé.

jueves, 29 de marzo de 2012

Te extraño Vol. II



Esperaba que hubiera una necesidad, por un lado me entristece saber que no existe y por otro me alegra porque si yo me caigo tú no lo harás. Esperaba verte a la cara y que sonrieras; esperaba que me miraras a los ojos y ver ese brillo por el tiempo de no vernos; esperaba un palabra o una expresión. Ese es el problema: esperar por cosas que no sucederán. Ya lo decía Yorke en su canción Nude, los he escuchado últimamente porque no sé si lloraré como un bebé si la tocan en el concierto y no porque me emocioné. Ya no me emocionaron tantas cosas porque seguí esperando.

Detesto esta dependencia a las personas, ellas no me necesitan. Las mentiras que decimos caen en el cinismo porque en las acciones herimos a los otros. Las promesas que hacemos tarde o temprano se romperán. Me lo dijiste, me lo echaste en cara, trate de ser fuerte, asumir la culpa y retirarme dignamente, pero esos encuentros virtuales que no debieran significar nada sólo hacen que me resquebraje.

Me alegra saber que si yo no estoy ahí te encuentras mejor, que no te enojas o preocupas por lo que yo haga. Eso es algo que tengo que aprender de ti. Aprender a no contarle a las personas lo mal que me siento, que los días son nublados y me deprimen; que estoy cansada y la alegría de los momentos cálidos nunca llega a los ojos, que no me siento cómoda. Ya han sido muchos años, y entiendo cuánto te decepcioné.

A veces, como me encuentro sola, me gustaría arrastrarme de rodillas y pedir perdón por lo tonta que soy. Podría poner como excusa que no sé lo que hago, que mi cabeza no funciona de forma correcta, y si me vuelvo algo más práctica, puedo excusarme diciendo que estoy atareada, que no tengo tiempo, pero sólo son eso: excusas. Soy nefasta, ya lo has dicho, no me importa, ya lo expresaste… no estás, eso ya lo sé.

Las personas a mi alrededor repiten: “por algo pasan las cosas”, lo dicen porque no hay otra forma de reconfortar. Creo que soy como Ana “Es más fácil terminar sola. Dejar a la gente”. Lo hago involuntariamente no sé si asegurarlo, pero algo pasa. No es que lo hayas hecho tú, no fue tu carácter, tu sensibilidad, tu personalidad y tus berrinches ¿qué me habría hecho acercarme a ti, si no es eso? Es que quizá no soy a quien necesitas para permanecer a tu lado, porque soy yo.

Aún no entiendo bien el sentimiento terrenal de extrañar. La verdad hoy por hoy no necesito comprenderlo, porque cuando veo que eres feliz y veo tu mirada, entiendo todo. Sólo sé que te extraño, pero que prefiero que no me veas y mantengas esa tranquilidad, acudas a las personas que si te pueden ayudar, y encuentres en ellas, lo que tanto esperaste en mi y no pude dar.

sábado, 23 de julio de 2011

I told you I was trouble…


De verdad tenía planeado escribir, curiosamente pasó algo muy extraño el día de hoy. Les explico, me encontraba lavando mi ropa, escuchando un disco de un cantante de jazz que me gusta bastante, de pronto recuerdos vinieron a mi mente, con todo esto del fin de trimestre; a un año de terminar la carrera; la elección del área, y ver si esto acaba o no mal, recordé algunos trimestres anteriores.


De pronto no sólo me encontraba escuchando aquel artista de jazz, escuchaba un disco que una muy buena amiga me quemo, al final del disco me puso una canción, que a ella le gustaba muchísimo y me dijo “te va a gustar un buen”. Ahora después de cinco años confirmaba su teoría, me había fascinado. La canción era You know I’m no good.


Después de escucharla, pues es con la que termina ese disco, prendí la computadora y me encuentro con una terrible noticia: “Amy Winehouse ha muerto”. La noticia ha dado la vuelta al mundo, ha sido comentada por todos los medios, en sólo quizá, cuestión de minutos. La verdad me dejó pensando mucho y sentí un pequeño vacío, no sólo en gustos musicales, sino en mi persona.


A muchos esto les puede parecer exagerado, la verdad a mi también, y mi parte racional quiere entender por qué ese vacío. Para empezar algo que ya les he dicho, tengo cierta debilidad y admiro mucho a las personas, sobre todo a los músicos, una herencia de tantos años de ser fan de una banda; y luego el hecho de que una muerte no es algo que se entienda tan a la ligera, pero la música de Amy Winehouse me regaló tantas cosas en cierto momento que es casi imposible desligarse o no involucrar sentimientos.


Justamente recordaba aquellos tiempos donde a penas cumplía un año en la universidad, no sólo escuchaba aquel cantante de jazz, no dejaba de escuchar el Frank, por alguna razón ese recuerdo: ir en el camión por una de las distintas rutas que tome –antes de definir alguna –escuchando el disco Frank, me pareció reconfortante, y hasta sentí una especie de alivio.


También recuerdo, la vez que peleé con aquel profesor de filosofía en el bachillerato por cómo se pronunciaba Winehouse, y a pesar de esa diferencia ambos estábamos de acuerdo con que se merecía esos Grammy’s, aunque hipócritamente Estados Unidos había prohibido que Amy Winehouse pusiera un pie en dicho país.


Como ella lo dijo, alguna vez: “a todos nos han roto el corazón”, tal vez por eso tanta gente se identificó con las letras de esta mujer, con el modo en que su voz expresaba lo que todo corazón roto sentía cuando, bueno, eso llega a pasar. Posteriormente todo el mundo quedó cautivado, no sólo por su voz, no sólo por sus letras, también por su personalidad apabullante, yo quedé enamorada de ella.


Se fue una gran artista, aquella que mejor sabía expresar los sentimientos de pareja, la mujer de los excesos, de las drogas y el alcohol, de los escándalos, de los desplantes, la mujer extravagante y locuaz. Simplemente de esas mujeres que ya no hay, no existen, escasean o se deforman. Amy Winehouse, fue para mí, y supongo que lo seguirá siendo, una gran inspiración, sus letras depresivas, honestas reflejaban algo de mí que en ese entonces me era muy complicado expresar –sobre todo en relación a cómo se ve uno mismo –como ella sin duda se veía.


Cuando abrí mi blog por primera vez, ya hace bastantes años de eso, no sabía qué frase o palabra usar para definirlo, tenía que ser algo relacionado conmigo, y ya le había puesto en el link antisocial que es algo que me define bastante. Estaba en ese dilema, escuchando música, ya que escribir en el blog es la única actividad que puedo hacer escuchando música, de pronto apareció esa frase “you know that I’m no good” y dije es perfecta, es la indicada para describirme y para describir lo que plasmo en el ordenador o en papel. Así fue como recibió el nombre este pobre blog.


Amy Winehouse era excepcional, pero de algún modo todos tenemos algo de ella, en menor medida, sino no hubiera habido nadie que se identificara con sus canciones, con su música y con ella. De un modo soy como ella, así que dejemos de pensar en sus escándalos, en si se lo merecía, en si era obvio, en si era alcohólica (adjetivo difícil ya que hay mucha gente alcohólica, y carece de talento), drogadicta, era simplemente Amy Winehouse y así como ella, yo también les digo…


I told you I was trouble yeah you know that I’m no good

viernes, 1 de julio de 2011

Me quedaré en casa porque 2+2 siempre es igual a 5

Estuve pensando de forma detallada cómo le pondría de título a esta entrada, pensé en un sinfín de ellos. Por lo general yo rompo la regla de poner el título al final, pues el título, siempre me ayuda a no desvirtuarme del tema que estoy comentando, aunque con frecuencia me desvirtuó. Pensé desde repetirme a mí misma con “misóginos”, y luego llegue a una canción que no era precisamente 2+2=5, pero hoy en mi camino al lugar donde vivo, la recordé y pensé que tal vez quedaría bien.

Han sucedido bastantes cosas relevantes dentro de mi vida cotidiana. Pensé en llamarlo misóginos porque tuve un incidente con un profesor de esos con las tres m’s malditos, mendigos y maloras. Pero pensé que dedicaba demasiado de mi tiempo pensando en aquél incidente molesto, fastidioso y nada agradable, así que lo mencionó porque fue una de las cosas que me impulso a escribir, pero nada sorprendente.

Hoy es de esos días en los que tienes un montón de cosas en la cabeza y piensas en diferenciar tu vida privada con esta que compartes a los pocos lectores que se toman el tiempo de descifrar tus revoltijos mentales. La verdad no tengo un tema en específico, pero siempre me parece maravilloso cómo se forman las palabras, las frases, los enunciados y los párrafos de pronto.

Escogí el título de la entrada porque pienso que tiene razón en tantas formas, me recuerda mucho a mis épocas de estudiante de secundaria, donde algo era como debía ser y no había alternativas, no sé si las haya; pero me parece una forma de decir que las hay aunque aún no te queden claras y que dos números pares invariablemente te dan un non, imposible de forma lógica, pero los seres humanos, o al menos, la mayoría de ellos, carecemos de lógica.

Ha estado lloviendo a cántaros, pareciera que de pronto la lluvia y las nubes se desquitaron con el intenso sol que estuvo durante casi el último mes. No recordaba todos esos sentimientos que afloran con la lluvia, para mí significa mucho más que sólo lluvia, vaya, necesitaba volver a verla, ver caer agua para recordar cómo era. Es como un efecto secundario, te pone en un estado de ánimo ya sea para bien o para mal, es bueno que esas pequeñas partículas de agua contaminada caigan sobre mi cabeza.

Todo esto me sigue recordando que a veces, la forma en la que vives, adecuada o no, siempre cambia, cuando piensas que te encuentras en una zona de confort, viene algo como si te echaran una cubeta de agua en la cara, o te despertaran bruscamente y te dice “oye, entiende, nunca estarás en una zona de confort, hazte a la idea”. La vida no es tan complicada, las situaciones se repiten como en un espiral sin final, la diferencia son las personas y a veces ni eso.

Si soy “cambiante”, “bipolar”, “antisocial”, la verdad no puedo decirlo con seguridad, sólo respondo a las situaciones que se me presentan, no puedo prometer tener la suficiente inteligencia emocional para enfrentarlas, pero lo intento… aunque no estoy segura de hasta dónde lo seguiré intentando. Por lo pronto me quedaré en este lugar, no sé si es mi casa, pero mientras tanto aquí: 2+2 siempre da 5.

lunes, 3 de enero de 2011

Crónicas depresivas: Behind the drapes

Nota: Esta es una crónica depresiva que tenía muchas ganas de hacer desde hace mucho tiempo, es una de mis canciones favoritas en la vida y sólo espero no haberla arruinado.




El cuarto

Un cuarto azul, con cortinas claras, una cama individual con edredones color blanco, sucias, zapatos tirados en el piso, un ordenador viejo sobre un escritorio de madera pequeño. En el armario ropa acomodada por colores y ocasiones, el librero lleno de Dostoievski, Hesse, Nietzsche, Poe, Lovecraft, Sade, Homero y desentonando J.K. Rowling. Los discos en cambio no tienen orden, rock, alternativo, muy alternativo, música clásica, jazz y soul.

En el pequeño escritorio, se encuentra un pedazo de papel arrancado de un cuaderno tamaño carta, en él se lee a penas garabateado:

"Todos nosotros ahora, nos rompemos al caer implorando la luz del amor
Atte. B"

No interferir

Entré a mi cuarto y tropecé con mis tenis, cuántas veces tengo que tropezarme con mis zapatos para que se me quite esa costumbre, sueno a mi madre. Tengo que encontrar algo para entretenerme, llevo unos días sin trabajar, no me han llamado de la entrevista, supongo que lo mejor será encontrar otra oferta de empleo. De nuevo leeré a Hesse.

El teléfono suena y se arma un alboroto en casa, no sé quien sea, escuchó la voz de mi hermana de este lado, ahora me llama, creo que es para mí, la verdad no tengo ganas de hablar con nadie, pero por cortesía tomaré el teléfono. Sigo teniendo un pensamiento en la mente.

Ella

Hace tiempo que no hablo con B, espero que este en casa, al parecer su hermana cree que sí, ha estado distante, pero bueno en el encierro todo el mundo parece distante, no sé si decirle que vayamos al cine, o veamos a los demás como siempre, hay algo extraño en su comportamiento, como si ya no le importará vernos, a lo mejor necesita distracción.

Conversación

-¿Bueno?
-Ah si estás, ¡qué bien!
-¿Necesitabas algo?
-Uy de modo que tengo que necesitar algo para verte
-Ah eso, si ¿a qué hora?
-Paso por ti mejor, alcanzamos a los demás en el café
-¿Quién más va a ir?
-Pues los de siempre, ya sabes
-Ah, bueno te espero
-Sí, no me tardo

El café

El café bizarro, en la esquina de la avenida, estaba a su máxima capacidad, las paredes pintadas de color beige con espirales morados, cuadros de cantantes de rock, artistas plásticos, escritores y figuras destacadas, una máquina de capuchinos vieja al lado de una nueva, botellas de sabores de capuchinos, un cuadro enorme de madera rotulado con el nombre del café, mesas estilo minimalista, rústico, muebles viejos, lámparas de distintos tamaños en cada mesa, incienso en tres mesas dentro del café, otras dos de las mesas fuera.

Dentro, en una esquina, cuatro personas sentadas, incienso en el centro, las cuatro personas fuman, vestidas informamente, una con anteojos, otra sosteniendo un libro en el brazo, otra tomando un sorbo de café y otra mirando el reloj.

Todos nosotros ahora


De nuevo en el mismo café, todo el tiempo en la escuela nos la pasábamos en ese café, los hábitos y las costumbres ni con el tiempo se van. De nuevo sonó mi celular, era mi hermano mayor quería saber si iría a comer a su casa el domingo, le dije que si, pero la verdad no quiero, eso de tener que convivir con sus amigos no va conmigo, trato de unirme a la plática; pero cuesta trabajo, mis primos irán, creo que puede ser divertido. Aún no me decido.

Llegamos y veo a mucha gente, hago un gesto de sorpresa y me adentro con L para encontrarnos con los demás, a medio metro de llegar a la mesa tengo ganas de dar la vuelta y salir, hace tiempo que no los veía así, todos juntos, pero no sé qué decir ahora. Me acerco, tomo una silla y me siento, les sonrió y actúo como una persona normal, charlo con ellos y trato de disimular lo más que puedo. Mientras, sigo teniendo un pensamiento en la mente.

Todos mis viejos amigos, no son tan amistosos

1.
Por fin llegaron, pensé que tardarían horas en llegar L es muy indecisa para los lugares en lo que nos veremos y B, no me había dado cuenta que hace mucho que no veo a B, qué bueno que vino, vaya desde la escuela no estamos todos juntos. Este cigarro no me gusta, odio los "light" pero no había otra cosa, creo que pediré otro café. Me imagino que tendremos tantas cosas para hablar. Me siento realmente bien hoy.

2.
No pensé que B fuera a venir, quien sabe cómo le habrá ido en la entrevista, no se ve en mal, a lo mejor si le dieron el trabajo, me quede preocupado por lo que platicamos ayer, parecía que tenía algo, me iba a decir algo, pero se fue de pronto de esa charla por la red. Su sonrisa y humor me hacen pensar: se encuentra bien, quizá me estoy volviendo paranoico, no sería la primera vez, necesito otro cigarro.

3.
Como en los viejos tiempos, estamos todos, seguimos haciéndonos más viejos, eso asusta, bueno en realidad no somos tan viejos, pero he estado viendo a los chavitos de la mesa de enfrente, parece tan lejano cuando yo tenía esa edad. L y B se ven bien, ayer hable con L y olvidaba el buen humor de B, pero ahora T encendió otro cigarro, le pediré uno.

4.
B se detuvo un poco al caminar a la mesa, será que ya no le caemos bien, o sólo yo me di cuenta de ese gesto, hace tiempo que no platico con B como quisiera. Ya no es lo mismo. Necesito más café y otro cigarro.

5.
Qué bueno que B decidió venir, pensé que le tendría que rogar.

Humo

Yo no fumaba con frecuencia, pero todos ellos lo hacían y bueno todos respiramos el humo para saber a qué sabe… como aquella vez. Tome un cigarro, de nuevo el celular, ya no me está gustando la idea de tener uno, cuando lo olvide estuve en paz. No era una llamada, un mensaje de una amiga: "nos podemos ver el sábado", decía, conteste rápidamente un "si, a qué hora y dónde" y apague el celular.

De repente ese lugar me parecía más pequeño, me empezaba a marear, la verdad el humo era insoportable ahora, pero lo respirábamos hasta ahogarnos…como aquella vez. Me despedí y en ese instante todos decidieron irse, no quería que lo hicieran pero lo hicieron, salimos todos juntos, ya era de noche y estaba muy oscuro, había luz, pero el cielo estaba demasiado oscuro, por qué, hice esa pregunta en voz alta, me cuestionaron al respecto, pero seguía viendo el cielo, alguien contesto que sólo estaba nublado y otro me dijo "es que es luna nueva, no esta la luna que a veces es la que alumbra un poco".

Les dije que prefería caminar a mi casa y a solas, no se sorprendieron, aunque sentí algunas miradas de disgusto. Mientras caminaba observaba el cielo, de verdad que todo parecía estar tan oscuro y me llego un recuerdo a la mente: en la niñez mi abuelo siempre me decía que cada vez que me perdiera encontraría el camino a casa con la luz de la luna, en ese tiempo no lo entendí muy claro, pero de cierto modo cada vez que salía observaba la luna como una especie de guía; pero ahora no había luna, ¿entonces qué podría guiarme ahora?, ¿las luces de la calle lo harían?

No sabía qué, sólo sabía que no me sentía bien, ni física, ni mentalmente. Encendí de nuevo el celular y me habían llegado como siete mensajes de personas diferentes, invitándome a salir o sólo para platicar, ese día decidí hacer algo: por diez días me encerraría en mi cuarto sin hablar, ni ver a nadie, no quería saber nada del mundo. Seguía ese pensamiento en mi mente.

A puerta cerrada

Una recamara, una puerta, cerrada.

Encierro

Día uno:
Escribir en mi cuaderno, garabatear unas cuantas frases, dormir. Un sonido aqueja mi sueño, era como si pedazos de papel pelearan entre sí.

Día dos:
Dormir, tirarme en la cama a escuchar música, estuve en vela, por lo menos hasta las 2 de la madrugada, de nuevo ese sonido.

Día tres:
Toque mi guitarra, estaba empolvada, me puse los audífonos y le subí todo el volumen a mi amplificador, no había nadie en casa, esta vez estuve en vela hasta las 3 de la madrugada. Ese sonido continúa.

Día cuatro:
Salí por unas cervezas y algo para comer, no sabía que mi familia se había ido a casa de mis tíos, hoy dormí temprano, a las 9 de la noche, pero ese sonido me despertó como a la 1 de la madrugada.

Día cinco:
Se me ocurrió conectar el teléfono, mala idea. Mis padres llamaron, les dije que todo iba bien, leí toda la tarde, me dormí hasta las 2 de la madrugada, de nuevo ese sonido.

Día seis:
Acomode, desacomode y volví a poner en orden mis discos, los sacaba y volvía a meter en sus cajas, no sé por qué lo hice, me dormí a las 12 de la noche, pero ese sonido no me dejo dormir hasta las 1:30 de la madrugada.

Día siete:
Hacen estragos las desveladas y la mala alimentación. Dolores de cabeza. Comienzo a enfermarme, es un resfriado. Ese sonido sigue ahí.

Día ocho:
Tuve algo de amnesia, no recuerdo qué hice las últimas tres semanas. Sigue el dolor de cabeza y el resfriado. Esta vez dormí hasta las 4 de la madrugada, leí un poco, escribí de nuevo y acabe rayando el cuaderno. Ese sonido.

Día nueve:

Empiezo a creer que esto termino.

Dile a mi hermana que la extraño

No me contesta el teléfono, su forma de ser ya no es la misma, creo que siempre he pensado que tiene problemas, pero me da miedo preguntarle. Les diré a mis papás, la verdad me está angustiando y sé que los angustiaré a ellos también, pero lleva días sin contestar el teléfono, salvo esa vez, dijo que todo estaba bien, ¿todo estará bien? Me encantaba pensar que era así, yo se lo decía, pero ahora no estoy muy segura.

La verdad prefiero corroborar que todo está bien, les diré a mis padres.

Dile a mi hermano que es mucho más fácil


No veo a mi hermana a gusto, y tampoco sabemos qué onda con B, a lo mejor eso es lo que la tiene preocupada, pero no entiendo el por qué, B es así impredecible a momentos, ha salido de todas las cosas que le han puesto enfrente, debe estar bien, seguro salió todo este tiempo con sus amigos y amigas, ha de estar en plena diversión y me parece injusto que mi hermana se preocupe. Va con mis papás, siguen llamándole ¿es tan complicada su situación o qué?

Día diez:

El resfriado me está matando, tomo un frasco con pastillas de esas que siempre tomo cuando el resfriado me tumba en la cama, las tengo en mi mano y regreso a mi cama. Ayer por la noche abrí la ventana y me di cuenta: el ruido de todas las noches era una polilla, así es por nueve días una polilla trato de escapar de mi cuarto.

Seguía sin sentirme bien, otra vez conecte todo, teléfono, prendí el celular, puse música, aunque me confundía el sonido de los timbres del celular y el teléfono, y la música, no hice caso más que a mi música. Estaba aquí, en la casa sin nada por hacer. Prendí el ordenador, pero me desesperaba la lentitud, veo las redes sociales y montones de mensajes preguntando mi paradero, me molestó.

Y seguía ahí en la cama, con un puño de pastillas para el resfriado, de pronto recordé que esas pastillas me daban mucho sueño, después de los nueve días donde la polilla no me dejaba dormir, pensé que sería buena idea tomarme más de lo debido, sólo quería dormir y si pudiera desaparecer un momento. Así tome ese puño, no sé cuántas pastillas tenía en la mano, pero tome todas las pastillas y las trague.

Decidí meterme a bañar, la verdad por el quinto día había dejado de bañarme, no sé si era depresión, seguramente sí, nunca lo he tomado demasiado en serio. Espere a que el agua estuviera caliente. Me metí a bañar y de repente mi cuerpo se relajo, demasiado, todo daba vueltas, me caí, creo que soy de cristal, creo que me estoy rompiendo… y me pegue en la cabeza, sentía aún el agua caliente caer por mi cuerpo, no podía moverme pero aún estaba consciente. Escuché la puerta principal abrirse, me hablaban pero no podía contestar, escuchaba la voz de mi hermana, de mis padres, de mi hermano cada vez más lejano y balbuceé para mi mismo: “Nosotros somos la presa de cada día”.

Sus voces se escuchaban cada vez mucho más lejanas, a una distancia increíble. El último pensamiento que llego a mi cabeza fue el mismo mientras cerraba mis ojos, pero aún sentía caer el agua caliente.

El pensamiento

En el cuarto azul, con la cama individual; las colchas blancas, cortinas de color claro; los zapatos en desorden por el piso; el armario con la ropa acomodada por colores y ocasión; la repisa aún con los libros de Dostoievski, Nietzsche, Hesse, Sade, Lovecraft, Poe y Rowling; ahora los discos estaban en orden, soul, jazz, rock, alternativo. En el escritorio de madera, frente a la pantalla del ordenador viejo una libreta color azul cielo, sobre ella un papel con una nota garabateada, sólo decía en mayúsculas:

¿POR QUÉ ESTAMOS TAN SOLOS INCLUSO EN COMPAÑÍA?

lunes, 16 de agosto de 2010

Crónicas depresivas: Roslyn



¿No estamos aterrorizados?

La brisa del viento golpeaba fuertemente, la luz iba cediendo paso a la oscuridad; pero la arena debajo de mi me indicaba donde me encontraba, el clima tropical del que nunca quise ser parte.
A lo lejos una luz llama mi atención, una pequeña fogata. A un lado de ella vi un rostro, de nuevo un inesperado interés dentro de mí. Era una mujer joven, hermosa a decir verdad; llevaba un lindo vestido blanco que dejaba entrever sus hermosos hombros desnudos. Intente desviar mi atención al sentir que estaba invadiendo su intimidad, sobre todo la profunda tristeza que irradiaba equivalente a su belleza.

A esa hora del día casi nadie va a la playa, la marea sube tanto que las olas chocan peligrosamente sobre los acantilados que se encontraban demasiado cerca de la orilla. Eso, por hermoso que resultara el paisaje, aterrorizaba a cualquiera. Y ahí estábamos los dos ¿no estamos aterrorizados? Yo no tenía más alternativa que estar aquí, pero ella… ella la criatura más hermosa que había contemplado no estaba asustada.

Espero a que el fuego se consumiera, se levantó y pude observa la esbelta figura al momento que una ráfaga de viento helado llegaba para revolverle el cabello largo de color castaño oscuro. Observé como limpiaba sus lágrimas, tomaba su pequeño bolso y se retiraba con una elegancia encantadora. Mientras tanto, yo me mantenía quieto, en lo más oscuro de la playa… no tenía más remedio.

No te dejes engañar


Esta vez llegó más temprano de lo habitual; pero eso no importaba yo ya estaba ahí desde mucho antes esperando su llegada. Dudaba que alguien como yo pudiera sentir esto, no sé si era ¿cómo se dice? Compasión, admiración o amor el que sentía por esa chica, no lo creía; yo no podía sentir eso, eran incapaz de sentir ¿quién era yo?

Llegó con otro de esos lindos vestidos que la caracterizaban y de los que a pesar de los días no me había acostumbrado, y por otro lado siempre surgía la pregunta ¿qué hacía alguien como ella en esta playa solitaria?

De repente algo me aterrorizo, comenzó a caminar en mi dirección y temí que me hubiera escuchado, pero qué idiota soy, pensé, si nadie puede escucharme. Se detuvo a medio camino desconcertada, buscando y buscando con desesperación. Se dejo caer en la arena mirando al cielo como si pudiera encontrar la respuesta a algo, tenía esa característica cara de preocupación que siempre mostraba, su preocupación por encontrar algo que evidentemente nunca encontraría: felicidad, satisfacción, paz… lo que fuera que le aquejaba. Miraba a la luna quizá hasta con esperanza y si hubiera podido ocurrírsele tal vez le imploraría. Pero yo conocía esa luna muy bien.

Se recostó con cuidado, llorando silenciosamente como si alguien además de mí pudiera escucharla. En ese momento quise acercarme, estar a su altura para decirle que no se dejara engañar por esa luna, por el mar, que no encontraría lo que buscaba en este lugar. Yo había estado aquí todo este tiempo y la soledad nunca se había ido; la aparente tranquilidad de este lugar en el día, se hacía perturbador por las noches; la belleza del lugar en el día en las noches, era monstruoso.

Agradecí que estuviera tan cerca de mí para poder admirarla mejor; pero sentía tanta impotencia porque no podía decirle que se alejara, que este lugar no le haría ningún bien, que no se dejara decepcionar, no se dejara desanimar por lo lúgubre que puede ser aquí. Pero debía mantenerme quieto, resistir ese impulso… no tenía más remedio.

Los dobleces en su vestido

Ese día llegó demasiado tarde; pero también ese día la marea era muy intensa. Los días no fueron los mejores últimamente y por lo que conocía este sitio con toda seguridad habría una tormenta mañana; no sabría si eso haría cambiar su rutina, sin embargo yo seguiría aquí como siempre esperándola.

Estaba tan absorto en esos pensamientos, hasta que llamó mi atención lo que hacía: con una rama que encontró trazó un círculo en la arena mojada que se encontraba cerca de la orilla del mar, después me detuve en su mirada de profunda tristeza. Se sentó dentro del círculo, y pensé “la tristeza sentada en un círculo”; me maraville de cuan real era esa imagen. Luego vi los dobleces de ese vestido blanco que tanto me gustaba, los dobleces justo en el bordado a mano de su hermoso vestido, ese detalle a simple vista tan descuidado era sencillamente perfecto. Si hubiera podido, me hubiera gustado poder llorar de la alegría que me daba su belleza.

Hubiera querido que ella compartiera mi alegría; pero estaba acurrucada en la arena, su tristeza… la tristeza lleva a la tierra y el orgullo de la gravedad a la gravedad. Pensé que estaba dormida pues apenas pestañeaba. Se incorporó lentamente y miró en dirección al mar pero esta vez me dio miedo su expresión, parecía decidida ¿pero a qué? No lo comprendí de inmediato no era capaz, hasta que vi como movía su cabeza con desaprobación; algo dentro de mí se inquieto… quería que dijera en voz alta lo que pensaba, deseaba gritarle, tomar sus hombros y sacudirla para sacarla de su ensimismamiento; pero seguía ahí quieto… no tenía más remedio.

¿Cuándo se convirtió esto en una casa muerta?


La lluvia no dio tregua; el sol ni siquiera salió, las nubes cubrieron todo el cielo y cuando oscureció me hice a la idea que ella no llegaría. Sentí un ligera punzada, convencionalmente a eso se le llamaría dolor, así es, sentía dolor; yo no podía sentir eso. Sentía alivio porque la mirada que tenía ella la noche anterior me había asustado, pero tampoco podía sentir alivio, ¡no podía sentir!

La lluvia caía con más intensidad y ahora no había luna; la playa se encontraba en la penumbra, daba miedo. Las olas golpeaban con fuerza las rocas y eso dolió. Eso si lo podía sentir: la furia, la impaciencia del mar a la espera de algo violento. Dolió.

Pude ver en la penumbra una ligera luz a penas visible por la tormenta, después me di cuenta que era una pequeña lámpara y quise gritar horrorizado al ver quien la sostenía: ¡era ella!

Traía el mismo vestido de ayer, el cabello enmarañado por la lluvia y el viento, el vestido blanco que mojado se le pegaba al cuerpo perfectamente. Respiraba agitada como si hubiera corrido y lloraba desconsolada. Tiró la lámpara, descalza me miró fijamente y corrió en mi dirección, cayó de rodillas a unos centímetros de mí, se llevó las manos a la cara y soltó un grito estremecedor; pero me quede pasmado y asustado.

Volvió a mirarme se acerco a mí, y me abrazó fuerte; su cálido cuerpo se acoplo de una manera que no hubiera imaginado a mi figura y estuvo ahí abrazándome por un largo rato sollozando.
Cuando se cansó de llorar e incluso pensé que estaba dormitando sentí que sus brazos me liberaban y se levantó cuidadosamente con aquella mirada que me aterro ayer; seguía con los ojos clavados en el golpe violento que dejaban las olas del mar y entonces comprendí lo que iba a hacer. ¿Cuándo se convirtió esto en una casa muerta?

Camino lenta pero firmemente hacia el mar, mientras yo miraba perplejo, con el agua llegando hasta donde me encontraba. Ella siguió caminando a pesar de la furia de las olas y cuando el agua le llego a la cadera se detuvo, miro atrás y me observó, abrió la boca para articular algo pero no quería escucharlo, si escuchaba su voz iba a ser más doloroso. Me dije a mí mismo “no, no, no dejaré… ¡no dejare que me hables!... desanimándome”. No lo dije en voz alta pero me miro condescendiente y sólo sonrió por única y última vez para adentrarse en el mar. Mientras seguía yo quieto… no tenía más remedio.

Las alas no te ayudarían…

Nadie podía escucharlo, pero yo no era nadie ¿yo qué era? Podía escucharlo, podía escuchar esos sonidos, la fuerza del mar, el soplo constante del aire, la arena que se levantaba, las nubes moviéndose y la lluvia cayendo… ella ya no estaba, no lo estaría más.

Debajo mar y roca,
Ladeada a la corriente,
Huesos sangran y dientes
Erosionan con cada golpe

Si hubiera podido hubiera llorado como ella; si hubiera podido la hubiera detenido y le hubiera advertido que a pesar del ángel que era, las alas no le ayudarían al caer… no tenía más remedio.

Mar y roca

Hay veces en que sigo pensando que regresará con esa esbelta figura y su hermoso vestido blanco; esta vez con una sonrisa, correrá hacía mí y me abrazará. Hay veces en que quisiera que regresara pero no lo hará porque está muerta, porque vi cuando moría y no hice nada para evitarlo. Pero… qué podía hacer ya que siempre me he preguntado quién soy, aunque la pregunta adecuada más bien es qué soy y ya lo sé: sólo soy una roca, una roca varada en esta playa solitaria donde ella venía a desahogar sus penas, sólo soy una estúpida roca que se supone no debería sentir nada. Y seguiré aquí alrededor de otras rocas dejando que las olas del mar choquen contra mí… no tengo más remedio.

Lo tensaré, nada revelaré

domingo, 25 de julio de 2010

Crónicas depresivas: Wherever



Era una mañana despejada en la ciudad, todo transcurría con normalidad en la casa de la familia S, a pesar de haber pasado una navidad algo escabrosa por uno de los miembros de la familia. Ahora se encontraba tranquila, con las luces apagadas, aún con los adornos navideños, pero completamente sola.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

Sólo escuchaba el silencio, no había dormido bien, tengo que abrir los ojos, pensé, mirar a mi alrededor y evaluar los daños. El dolor del golpe en la cabeza parecía matarme, la verdad no recordaba con exactitud qué me había golpeado no recuerdo mucho de la noche anterior, salvo los gritos; el llanto; la comida sin tocar; los adornos que lance, en fin la discusión de anoche. A decir verdad ni siquiera recuerdo por qué comenzó la discusión.

Estaba acostado en mi cama y ni siquiera me tome la molestia de destenderla. Me levanto y el dolor en la cabeza me aqueja, no sé si es del golpe o de lo mucho que bebí, por instinto me toco la frente y presiono con fuerza como si ese acto calmara el dolor y en cuanto pienso en eso reflexionó que si funcionara, tocaría y presionaría mi pecho para aliviar también ese dolor.

Cuando me levantó recorro con la mirada la recamara y observo que sigue igual: discos, ropa, mochila, útiles escolares y el libro que hasta ayer deje de leer. Enfrente veo el espejo y por curiosidad me miro y me veo realmente fatal, es cuando un pensamiento llega a mí. Pienso que no importa en donde me encuentre siempre esta alguien ahí… pero ¿quién?

Abro la puerta y me asomó, al parecer no hay nadie, eso me alivia no quiero encontrarme con mis padres ni con mis hermanos que me reclamarían como siempre; aunque si lo hacen tal vez los ignore, por qué esconderme. Salgo del cuarto sin miedo. La casa está vacía, muy a mi pesar echo un vistazo en los cuartos de los demás integrantes de eso que llaman familia; los cuartos estaban en orden… pero vacíos, de hecho casi todo en la casa estaba en orden, casi ya que el comedor seguía con la indumentaria propia de la navidad, más desordenado pero lo mismo al fin. De pronto escuché que alguien entraba.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

La señora Lupita entra a la casa de la familia S., como siempre a esa hora no hay nadie, nunca ha habido nadie a esa hora, nunca se ha encontrado a alguien a lo largo de los seis años que trabajo ahí.

No le gustaba tener que trabajar el día siguiente a navidad pero necesitaba el dinero, así que no tenía más remedio. Comenzó por los cuartos pero no había mucho que hacer todo estaba ordenado, eso la reconfortó. Luego siguió por los baños como de costumbre y finalmente llegó a las estancias grandes: la sala, el comedor, los pasillos y la cocina.

Cuando llegó al comedor le sorprendió ver casi intacta la cena de anoche pero también le molesto; era el cuarto que más necesitaba limpieza, restos de comida y adornos tirados por aquí y por allá, eso hacía que llegará a la conclusión de que hubo una fuerte pelea. Eso a Lupita no le sorprendió demasiado, los señores eran muy educados y amables y sus hijos más chicos también, pero el mayor era distinto, las dos veces que se topo con él fue grosero y además para ella era evidente que andaba en malos pasos. Después de acabar el comedor, dio un gran suspiro, sintiendo una pena por la familia S porque ellos seguramente no habrían disfrutado la navidad.

Acabo con sus labores y dejó las llaves de la casa dentro, pues le dieron unas merecidas vacaciones. Cerró la puerta.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

Sólo era la señora Guadalupe, la señora que hace la limpieza en la casa todos los días porque mamá no puede hacerlo con sus múltiples ocupaciones. No tenía nada en contra de la señora es sólo que tenía una forma de mirarme que no era de mi agrado, era como si pensará que no debía ser parte de esta familia, aunque a lo mejor tuviera razón.

Decidí dejar que hiciera su trabajo cuando la escuché entrar a los cuartos, no quería que me encontrará y me mirara con ojos severos después de ver el desastre que tenía que limpiar en el comedor. Salí por la puerta trasera y me detuve un momento pensando por qué la casa estaba vacía, ¿a dónde se habían ido todos? No es que se me hiciera raro, pero algo dentro de mí se inquieto.

Vi el auto, pero recordé que había dejado las llaves dentro, lo pensé un minuto más y decidí seguir mi camino a pie, eso me ayudaría a pensar. No sé cómo pero el tiempo se fue muy rápido, camine por calles que no había transitado jamás, parecía como si todo fuera desconocido pero me agradaba, no me podía quejar había ignorado lo que había ocurrido y mientras caminaba respiraba cada vez más lento para dejar que los pulmones se me llenaran de nuevo oxígeno. Hubiera seguido caminando pero una necesidad me detuvo: hambre. Necesitaba comer algo.

Caminé otras tres cuadras a un lugar que conocía, me quedé mirando la puerta no sé por qué, pensé que me vería ridículo comiendo solo, qué clase de persona soy; un ruido interrumpió mis pensamientos, una mesera salía del establecimiento para tomar la orden de una familia sentada fuera del restaurante, observe la escena y de pronto ya no me importó mucho lo que pensaran. Cuando la mesera entro, entré después de ella.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

Cecilia acaba de entrar al restaurante fastidiada de la rutina diaria, hoy en especial no había mucha gente, era 26 de diciembre no entendía por qué debía trabajar pero lo hacía con la mejor de sus sonrisas, además la navidad la había pasado con sus amigos pues su familia estaba lejos, estudiar y trabajar nunca fue fácil pero lo intentaba.

Cuando espero detrás de la barra de bebidas y se recargo en su hombro, vio aquella mesa sola y se pregunto si alguna vez una persona se sentiría tan sola como para ocupar ese lugar sin importar si el resto de los comensales lo ven extraño. Se incorporó y camino hacía aquella mesa vacía y se sentó por un momento. Jugó un poco con la servilleta que había dejado el último cliente, una persona solitaria que sin duda no habría tenido problema con sentarse en ese lugar. Se sintió afortunada de no ser cómo aquella persona, de no sentirse sola, sonrió un instante y miró por la ventana para ver a un hombre en la esquina con una guitarra tocando alegremente, quizá nadie se encuentre solo, pensó Cecilia, se levantó de la mesa, la limpió y volvió a sus actividades: faltaba poco para el cierre.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

Cuando entre me sentí fuera de lugar, mire una mesa sola camine firmemente a ese lugar, pero al faltar dos pasos para llegar me arrepentí, de pronto el hambre desapareció y decidí seguir caminando. Salí del restaurante y al salir vi un hombre con una guitarra , tenía una hoja en el piso; cuando me acerque me di cuenta que eran partituras, las observe cuando el hombre cantó “¿Por qué es el viejo fuego? En tus sueños esta noche son como una batalla”. Esas palabras retumbaron en mi mente, metí una mano a mi bolsillo para darle una moneda, pero no encontré nada. Con mucha vergüenza por no haberle dado nada me retire.

Cuando volteé a ver otra vez el restaurante vi a una joven asomada sonriendo, tenía un brillo en los ojos que no me gustó del todo, se sentó en aquella mesa que había elegido para sentarme, la sonrisa y el brillo en los ojos: era como una burla de mi soledad.

Transité algunas calles más y me detuve de pronto pensando en lo que me había dicho a mi mismo en el espejo “No importa donde estés, no estás solo”, el viejo fuego, qué tal si encendía mi propio fuego interno. Cuando llegue a la calle 56 baje un segundo la mirada y cuando la levante todos a mi alrededor tenían rostros blancos, me detuve por inercia espantado, pensé que debí de haber comido algo porque estaba alucinando, corrí.

Llegué a un parque y me senté en una banca, tenía sudor por toda la cara, asustado y al borde de las lágrimas, cómo me hubiera gustado que estuviera mi familia conmigo, cómo me gustaría que se quedaran conmigo, que me escucharán, eso era lo único que pedía que me escucharan… ah sí, esa fue la razón: nunca escuchan; tan metidos en sus asuntos que nunca escuchan. Les dije que me sentía sólo y se rieron de mí pensando que era locura mía.

Encogí los hombros y baje la cabeza sollozando, tratando de mantener el control, cuando escuché un ruido; apreté los ojos fuertemente para que salieran las últimas lágrimas cuando los abrí al principio vi una luz verde, cuando me talle los ojos me di cuenta que en realidad era una luz roja… una ambulancia se acercaba.

Quizá volviera a ver mañana rostros blancos, alucinación. Significaba que no conocía a nadie que pudiera ayudarme, habría interesados tal vez, pero serían pocos. Con curiosidad vi hacía donde se dirigía la ambulancia y la seguí. Me di cuenta que estaba oscureciendo.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

Daniel y Gerardo eran policías, habían patrullado durante toda la tarde sin indicios de algún altercado, era extraño para ser 26 de diciembre, siempre hay alguien que se emborracha de más o que hace algún disturbio con el ánimo de las fiestas; pero ese día todo se mantuvo bastante tranquilo.

Cuando dieron las siete de la noche decidieron tomarse un pequeño descanso y fueron al café de siempre a tomar lo que se acostumbraba: café y pan recién horneado. No es que fuera un cliché pero ellos lo hacían porque la vida era bastante rutinaria y ese día no pintaba para ser algo más emocionante de lo que había sido durante el resto del día. El único cambio sustancial fue cambiar el café descafeinado por un americano y comer dos panes de dulce; se sentían bastante fatigados, cubrir ese día era más cansado de lo normal, sobre todo al haber disfrutado su cena navideña la noche anterior, pero trabajo era trabajo, al menos en eso coincidían los dos.

Después de terminar su café y pagar la cuenta, decidieron hacer un último patrullaje por la zona antes de terminar su turno. Casi al acabar el recorrido, recibieron un aviso de que fueran inmediatamente al boulevard Q, pues al parecer unos ancianos habían encontrado algo extraño en los arbustos del parque que esta al final del boulevard. Muy a su pesar y torciendo el gesto aceleraron para llegar al lugar indicado, casi al llegar al principio del parque se encontraron con la ambulancia que se les adelanto. A Daniel le parecía siempre estresante el sonido de las sirenas y esta vez se estremeció al verlas.

Miro en dirección del parque que se hallaba en penumbras, se detuvo en una banca que le llamó la atención por alguna razón, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, la banca era como todas, pero se veía tétrica… sola. Qué contraste se hallaba entre las fiestas navideñas y este paisaje.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

No tuve que seguir a la ambulancia muy lejos, sólo al final de ese inmenso parque del que no me había percatado que se encontraba casi desierto. Mire hacia atrás y vislumbre una patrulla que se acercaba, volví mi mirada al frente.

El parque ya no estaba solo, miles de curiosos se arremolinaban entorno a algo que no alcanzaba a ver con claridad. Escuché algunos llantos y gritos de horror, y eso me asustó, nunca había visto un accidente o algo parecido y me detuve, no quería saber que había sucedido. Mi mente decía que me diera media vuelta y me marchara a casa, pero mis pies continuaban avanzando hacía la gente.

Mientras caminaba más despacio, la policía le decía a la gente que se retirara. Un policía retiró a un grupo de gentío enfrente de mí y pude verlo claro, claro y fuerte. Pude ver mi cuerpo tirado en el piso frío de asfalto, con un gran golpe en la cabeza de donde le broto mucha sangre, estaba frío, pálido. Escuché que un policía había dicho que quizá me habrían atropellado por lo cerca que estaba de la avenida, otro decía que lo más probable era que me hubieran asaltado porque no llevaba nada, ni cartera, ni dinero, nada. A mí no me importaba qué me hubiera pasado.

Me arrodille a un lado de mi cuerpo, ignore la mancha de sangre que había y me abracé, sabía que ese acto no significaba nada en la vida terrenal, pero me hacía sentir mejor y le dije a mi cuerpo inerte “No importa donde estés, hay alguien que está ahí contigo, me temo que eres tú mismo”. Cuando me incorpore mire los rostros de la gente, no eran blancos, pero no había ninguno que conociera y sentí un retortijón en el estómago, deje mi cuerpo ahí esperando que hubiera alguna forma de identificarme, pero no me preocupe demasiado por ello. Mire la fría noche tan oscura ahora.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

Un cuerpo yacía inerte al final del parque, la gente miraba consternada. Un muchacho joven, de cual aún no se sabía nada. Los señores R, se sentían afligidos de haber encontrado el cuerpo de aquel joven que tenía una expresión tan extraña, no era tristeza. La señora R pensó en un momento que quizá fuera alivio, pero desechó la idea por considerarla inverosímil quién querría morir y tan joven. Un policía grito desde un lugar que no pudo identificar, dijo algo de una credencial; la señora R se tocó el pecho aturdida pero también calmada quizá identificarían quién era aquél muchacho.

Del otro lado de la ciudad Serena S y Arturo S, se encontraban en casa de la mamá de Serena S, hablando de lo que había ocurrido la noche anterior, se sentían arrepentidos de haberle alzado la voz de la forma en que lo hicieron a su hijo, la pregunta obligada se hizo presente ¿en qué habían fallado? Arturo S consolaba a su esposa, eran las ocho cuarenta y cinco de la noche, se habían pasado casi todo el día ahí, cuando sonó su teléfono.

Vera S esperaba a su hermano en el club de natación, pasaría por ella a las ocho y media en punto y se había retrasado; estaba enfadada pero no por el retardo de su hermano, era más bien el estrés que tenía por lo que había pasado en navidad. Esperaba en el lobby mientras se le salían algunas lágrimas. Ian S manejaba los más deprisa que podía había prometido a Vera llegar puntual, pero el tiempo se le fue deprisa en casa de su amigo, necesitaba platicar con alguien de lo que había pasado y se sentía impotente por no poder hacer nada, por fin llegó al club de natación.

Vera e Ian S se encontraron en el lobby del club; Ian al ver a su hermana llorando corrió y la abrazó y le prometió que todo iba a estar bien, pero él tenía un sentimiento extraño en su interior. Cuando se miraron a los ojos empañados, el celular de ambos sonó.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado.

Me di la media vuelta y recorrí el mismo camino que había hecho hasta llegar ahí, una voz en mi interior dijo “mira bien afuera, di tus despedidas” y avance más deprisa para llegar a mi casa, las luces estaban apagadas, pensé que se habían dormido todos y grité “¡Voy a estar esperando alrededor de tu casa, no me importa voy a estar esperando alrededor de tu casa!”; pero las luces seguían apagadas.

La navidad ha acabado y las luces se han apagado y respira más lento.

miércoles, 16 de junio de 2010

Crónicas depresivas: Fitter Happier


Me encontraba en el cuarto que había rentado hace mucho, sentado en el borde de la cama destendida; con la cabeza baja sólo observaba la basura en el piso. El cuarto era un desastre, restos de comida y botellas por aquí y por allá; ropa tirada; suciedad por todos lados; las paredes pintadas por algunos pensamientos estúpidos que tenía, en fin, un desastre.

Mi vida era ruín, me sentía infeliz, solo. Había comenzado algún tiempo atrás a ser fármaco dependiente, consumía antibióticos, la razón, me hacían sentir mejor; consumir drogas como la marihuana, la cocaína u otras drogas no me causaban el mismo efecto, la había probado pero, con los antibióticos era diferente, era como rebelarme ante la sociedad, porque ellos creían que los antibióticos ayudaban a sanar a gente enferma, bien, yo estaba enfermo y utilizaba los antibióticos para destruirme, era como ironía.

Ese día salí de la recámara porque me desesperaba estar encerrado; tomé mi chaqueta rota, mis llaves y el poco dinero que tenía. El vecindario era igual, deplorable, al menos eso me parecía, pero era lo mejor que podía pagar. Vine aquí pensando estudiar música, lo que me apasionaba, al menos en un tiempo anterior a este, pero los sueños se destruyen y fue así que se destruyeron los míos. No quería regresar a casa, sabría lo que escucharía de mi padre “eres un zángano, te dije que te emplearás en algo relacionado con tu carrera, pero dejar todo por la música, ¡eres un imbécil!”.


Quizá tendría razón.

Mientras caminaba, me senté en una banca, todos me observaban y eso realmente me molestaba, sí, quizá había bebido demasiado y lucía mal. De repente volví mi mirada al piso (como siempre lo hacía), y vi un pequeño libro que decía “Manual para ser feliz”, lo hojeé por un rato y luego sucedió.


Primer paso: Ser más feliz, más productivo, cómodo. Más productivo, pensé, justo como querría mi padre, con esa simple frase cambió la percepción que tenía, contra todos mis pensamientos e ideales, decidí dejar de pensar y… seguir el manual.


1. No beber demasiado. Vacié y tire todas las botellas, empezaría por eso entonces, cambiar mi manera de beber.

2. Hacer ejercicios regularmente en el gimnasio. Busqué un empleo, estaba en una oficina, como contador, mi primera quincena fue destinada a comprar otra ropa; mi segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta quincena fueron destinadas a rentar un departamento más adecuado a mi nueva forma de vida. Finalmente en mi séptima quincena pagué la suscripción de un gimnasio para estar en forma, (tres días por semana)

3. Mejorar las relaciones con tus contemporáneos, empleados, socios. En la oficina todos eran unos ignorantes, tenían pocos intereses y no era afines con los míos, pero si quería ser feliz, tendría que empezar a hablar de lo mismo que ellos.
4. Comer bien. En mi momento de auto destrucción, sólo me alimentaba de comida chatarra, está bien, olvidaría todo eso, nada de cenas de microondas y grasas saturadas, pensé.
5. Ser un mejor conductor, más paciente, más seguro. Me imaginaba yo como buen conductor, siendo cauteloso, nada de altas velocidades, tal vez cuando me casará y tuviera hijos, estaría un lindo bebé en el asiento trasero.

6. Dormir bien. De ahora en adelante nada de pesadillas, ni paranoia de la que tanto sufría en mi otra vida.

7. Cuidadoso con los animales. Deje de ahogar a las arañas en el desagüe, de matar a las polillas o echar agua hirviendo a las hormigas, ahora que me convertía en una buena persona, debía amar a los animales.

8. Seguir en contacto con los viejos amigos. Comencé a llamar a todos los amigos que tenía, los “buenos” por supuesto, los que mi familia habría aceptado, fui amable y los invité a tomar una copa (de vez en cuando tomaba una, como buena persona) y continué en contacto con ellos.
9. Ir comprobando con frecuencia el crédito en el banco, favores por favores. Trataba de mantenerme al corriente con mis cuentas, nada de despilfarrar el dinero, ser ahorrativo, precavido. Algunas veces les prestaba dinero a mis viejos amigos, a compañeros del trabajo, favor por favor.
10. Cariñoso pero no enamorado. Encontré a una chica, una buena chica, inteligente, respetuosa, con habilidades para ser buena esposa, buena madre y buena ama de casa; no me encontraba enamorado de ella, pero era la correcta para esta vida.
11. Unirte a la caridad social y los domingos ir al supermercado. Me uní a varias asociaciones caritativas, donaba dinero y hasta le daba una moneda al mendigo de la esquina por donde transitaba diariamente. Los domingos iba al supermercado a abastecerme de comida nutritiva para tener el refrigerador lleno.

12. Lavar el auto. Lo hacía, siempre se mantenía limpio; lo hacía yo mismo: me hacía lucir mejor ante los demás, lo lavaba incluso los domingos.
13. Ahora trabajando por cuenta propia, un facultado e informado miembro de la sociedad. Deje el empleo para poner uno propio donde asesoraba a mis clientes en sus finanzas, me iba bien. Leía cuanto podía, diariamente los periódicos sin mantener una postura contraria a los demás por supuesto.


Sin llorar en público, menos oportunidades para enfermarse, ya sin miedo a la oscuridad, o a las sombras del mediodía, nada tan ridículamente adolescente y desesperado, nada tan infantil, en un mejor lugar, más lento y más calculado, sin oportunidad de escapar, seguir llorando con una buena película, seguir besando con saliva, ya no vacío y frenético como un gato atado a un palo, más satisfecho, más saludable y más productivo.


Han pasado años desde que encontré ese manual; estoy casado, tengo dos hijos; mi negocio va de maravilla, mi esposa espera un tercer bebé, que pondremos en el asiento trasero de la camioneta. Volví a ver a mis padres y están muy orgullosos de mí, sigo haciendo donaciones a la caridad; me mantengo en forma, le sigo hablando a mis viejos amigos y a los que con el tiempo he acumulado, mis cuentas van bien. Tal vez cuando crezcan les heredaré el manual a mis hijos, serán felices igual que su padre, serán buenas personas, por cierto…sigo tomando antibióticos.