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jueves, 12 de diciembre de 2013

Esto fue lo que dejo el 2013

Escribo esto desatendiendo mi tradición de publicar y escribirlo los días 28 de diciembre. Lo publico en el lugar que tantas satisfacciones e insatisfacciones me ha dado. Publico esto en las redes sociales que hacen que uno se sienta tan cerca y tan lejos de las personas. Escribo esto, en este extraño año que en unas semanas terminará.

Ahora no es ni por trimestres, ni por meses. Realmente no sé cómo comenzar a contar este año tan caótico y tan emocionante a la vez. Este año donde todo fue nada y donde nada fue todo. Creo que lo llamaré el año de la crisis, de una tormentosa crisis que en algún momento debe acabar.

Ni lo haré por meses, ni por trimestres. Lo haré por recuerdos porque al final es lo único que queda y, si recuerdo los meses y el orden es mucho decir.

Empecé el año pensando que sería emocionante, que el hacer lo que a uno le gusta podría bastar para sobrellevar la vida en general. Comencé haciendo las cosas que me propuse empezar: servicio social, francés, diseño gráfico y clases de baile. Sí, clases de baile.

Enero fue muy bueno, de mucha abundancia y de mucho tiempo. Me divertí muchísimo. Entré a esa zona de estabilidad y confort. Inicié una rutina pequeña pero relajante, yendo al mediodía a clases de francés y un día a la semana a servicio social. Parecía que todo iba a pintar de maravilla, en el servicio me felicitaban por mi trabajo, el francés se me dio con naturalidad, el diseño me costó trabajo al inicio  y las clases de baile con mi sobrino eran divertidísimas.

Luego vino el primer reto profesional: cubrir la Feria Internacional del Libro en Minería. Me dio miedo y no puedo decir que lo hice excelentemente, pero intenté hacer mi mejor esfuerzo. No estuve satisfecha con los resultados, sin embargo, aprendí muchas cosas en dos semanas. Nunca aprendí eso en la escuela. Creo que fue en ese momento donde me di cuenta que mi “estabilidad” comenzaba a debilitarse.

¿Recuerdan que el recuento del 2012 terminó con una esperanza? “Realmente pasará, algo pasará”. Ver a Blur en vivo es de los recuerdos más hermosos que llevó de este año. En realidad, les confieso, el concierto de Blur inició el viaje emocional de este año. Hoy parece que fue hace siglos y me cuesta trabajo pensar que fue este año. Jamás olvidaré lo que sentí al escuchar Tender compartiendo lo que significa para nosotras.

Después de Blur parecía que podía enfrentar cualquier cosa. Vino otro reto profesional: escribir crónica. Nuevamente temí porque he descubierto que mi inseguridad es infinita. Al final, después de todas las complicaciones resultó algo muy positivo. Conocí a personas que si no hubiera sido por ese trabajo jamás hubiera conocido. Escribir no es tan sencillo y en cierto modo se requiere de valentía. Conocí a unos tuitstars.

En abril llegó a mi vida una personita especial. Ese mes nació Valentina y fue difícil y feliz al mismo tiempo. Pensé que como familia ya no podríamos enfrentar momentos como esos. La vida de muchos de nosotros cambió a partir de su nacimiento y nos enseñó a ser fuertes. El día en que Valentina nació descubrí todo lo importante que son mis sobrinos para mí.

Se acercaba peligrosamente la mitad del año. Digo peligrosamente porque se acercaba mi cumpleaños número 23. Para mayo estaba terminando mi servicio social, pero las cosas se complicaban cada vez un poco más. Terminar el servicio social estaba bien, pero ¿y luego? Pensar en el futuro se volvía una necesidad.

Desde el año pasado, imaginaba cómo cambiaría mi vida saliendo de la escuela. Comencé a trabajar sin estar del todo segura y me salí del trabajo. Hice mi servicio social y a pesar de la renuencia a mi vida de estudiante, es la vida de estudiante la más sencilla. Crecer es complicado.

Tuve mi primer entrevista de trabajo. Es escalofriante, sobre todo cuando no estás preparada. Mantuve la actitud positiva, pero los nervios me vencieron después de todo. No estoy segura si fue eso lo que jugó en contra mía mayormente o mi falta de competencia. No me llamaron, pero me sirvió para reafirmar que necesito ese cambio de actitud en cuanto a seguridad y autoestima.

En junio cumplí 23 años y me aterró. Lo vi muchas veces, casi todos mis amigos son más grandes que yo, hasta los que tienen mi edad cumplen años antes que yo. Fue ese mes, ese mes donde todo cambió. Me empecé a alejar de la gente porque no hay explicación, soy así. Los 23 pesaron y pesan. Esa crisis que tanto vi en mis amigos llegó inminentemente y atacó con toda fuerza posible.

El verano llegó y no significó ninguna diferencia. Salvo que me sentía más incómoda y necesitaba terminar con un asunto. Lo dejé muchas veces por MIEDO. Estúpido miedo que no deja avanzar. Tomé valor y enfrente las cosas, quizá no de la forma más madura, pero me quitó un peso de encima. Tiempo después me causó otros problemas que he ido superando con el tiempo.

Dejé el inglés, pero no pasó mucho tiempo para retomarlo. Hasta ahora voy mejorando y redescubrí cuánto me gusta. Ese agosto fue tranquilo, fue como si una nueva flama se encendiera o como si otra vez estuviera en paz conmigo misma. El futuro no significaba mucho, al menos no en ese momento. Aún así me sentía deprimida.

Un día, de mi rutinaria vida actual, leía noticias y me enteré de que Danny Boyle venía a México al Festival Internacional de Cine de Guanajuato. ¿Por qué no?, me dije a mi misma. No tenía con quién ir, tampoco sabía con certeza si podía costear el viaje, aún así lo hice. El primer viaje que hice sola fue la segunda pieza de este recorrido emocional. Las palabras de Danny Boyle, los ojos con los que vi Guanajuato tras todo estos años, la tranquilidad que sentí en ese balcón. Gracias a ese viaje, mis problemas financieros se complicaron, pero no me arrepiento de haberlo hecho, nunca.

La vida siguió “normal”. Normal hasta un encuentro no tan inesperado. Uno siempre tiene que enfrentar las consecuencias de lo que hace y no siempre estamos preparados para ello. Aprendí mucho de esa experiencia, aprendí sobre las cosas que deseo y cómo deseo ser querida. Al final descubrí que por mucho que ignore mi vida amorosa no tengo un black hole.

Decidí cerrar mi cuenta en Facebook. La depresión y la amargura que me invadía era más grande de lo que pensaba. Soy como soy, honestamente a veces necesito alejarme de las personas para no lastimarlas. Habían pasado meses y cada mes se me hacía un año. La desesperación me invadía y no podía estar feliz por otras personas, no podía compartir su felicidad y tampoco quería compartir mi amargura.

Fue muy útil, me sirvió para aprender y entender. De alguna forma vuelvo al modo reservado, aunque esto no se lea muy reservado. Créanme que me guardo muchas cosas que no son necesarias ventilar. Además de, claro, combatir eficazmente mi insomnio y disminuir la importancia a cosas que no las tienen.

Inicié un curso de fotografía como último recurso para encontrarme a mi misma y quitar miles de espinas que he tenido desde hace años. Al principio me entusiasmó, después llegó la frustración al no entender las cosas. Al final decidí hacer las cosas con la misma pasión que siento por los conciertos y la música.

Unos meses atrás se había anunciado el cartel para el Corona Capital. La mala costumbre se apoderó de mí y fuimos. Fue distinto porque este año fui con mis sobrinos y mi hermana, pero con nadie más hubiera podido ver a Travis y a Phoenix. Imaginé que pasarían muchas cosas, pero en los conciertos siempre se superan mis expectativas.

Estar con mis sobrinos fue divertidísimo, escuchar a Quadron fue mágico. Sin duda, ver a Travis y a Phoenix significaba para mí concluir esta etapa extraña y difícil por la que atravesaba. Lloré como un bebé al escuchar Turn, sorprendí a mi hermana haciendo lo mismo mientras gritábamos “I want to feel forever young”. Phoenix lo hizo de nuevo y  nos emocionó hasta los escalofríos.

Sabía que este año no habría muchos conciertos. Blur y el Corona eran los únicos planeados, pero luego vino Muse. Me invitaron al de Muse y resultó ser una revelación, nunca imaginé que me provocaran lo que me provocaron. Hasta el día de hoy no me repongo emocionalmente, creo que pasaron días en los que lloré después de ir al concierto.

Algunos dirían: fue la gota que derramó el vaso o la sal a la herida. Muse me hizo darme cuenta que ya no soy tan joven como pensaba, que el tiempo ha pasado y mientras más espero a que sucedan las cosas nunca pasaran. Blackout me mató y cada recuerdo que pasó en mi mente desde los 13 hasta mis 23 años.

Los días pasaban, unos mejores, otros peores. Otra vez pensar en el futuro se volvía necesidad. Regresó la angustia, la desesperación, la depresión y la tristeza. Uno debe estar atento a las señales, debe detectarlas antes de que ataquen con toda su fuerza, pero sobre todo debe estar preparado. Yo nunca lo he estado.

¿Qué más podía pasar? No hacía algo importante en mi vida, me incomuniqué con la mayoría de mis amigos, además por enésima ocasión fui víctima de los asaltos y me robaron el celular, también dejé de escribir frecuentemente a pesar de los ánimos y cumplidos recibidos. Los problemas económicos siguen en ascenso y los temores siguen ahí como la piedra en el zapato. ¿Acaso algo extraordinario podía pasar?

Lo hizo. Lo hizo porque no sé cómo suceden esas cosas. La última semana de noviembre, sin previo aviso y gratamente sorpresivo, me invitaron al concierto de Incubus. Todo este viaje terminó ahí, de algún modo. Fui con una amiga que no veía hacía muchísimo tiempo. La emoción preparatoriana de los conciertos fue increíble y nuevamente un concierto me salvó la vida. Lo sentí cuando nos abrazamos en Dig y cuando canté hasta lastimar mi garganta “I wish you were here”.

Tuve una segunda entrevista estos días. Estoy concentrada en convertirme en una persona adulta, aunque todavía no sé qué, con exactitud, signifique eso. Por supuesto, tengo como prioridad terminar el inglés, porque es de las pocas cosas que he seguido con esmero y que fue un propósito desde la adolescencia cuando aún tenía sueños y esas cosas.

Dejé el francés por un tiempo porque aún sigo con la incertidumbre del no sé qué sigue y porque continuo con problemas económicos que necesito resolver. Hace poco fui a visitar mi antiguo trabajo, en realidad, fui a visitar a mi hermana, parece increíble que fue hace un año. Ese día vi que el tiempo pasó rapidísimo y sin control.

No sé qué pase, no quiero ilusionarme y tampoco quiero ser pesimista. Supongo que al leer esto ya estaré de nuevo con una cuenta en Facebook, pero al menos cumplí el plazo de 3 meses a lo mucho sin esa cosa. Las cosas ya no serán igual, siempre lo supe pero nunca estuve tan segura de ello “I’ll never be the same” dice Incubus en Pardon me. Aunque eso sí, conocí a muchas personas y ya es mucho decir.

Por otro lado, aún tengo miedo. Es un miedo terrible acerca del futuro. No sólo de mi futuro, del futuro en general. A veces quisiera no ser tan sentimental o cursi, incluso desearía ser ignorante, las personas ignorantes son felices. Todo lo que ocurre alrededor, las pérdidas, las injusticias, los silencios, la violencia, todo me afecta desmesuradamente. Me da miedo ver la situación actual, me da coraje y me da tristeza. Quisiera que fuera más el coraje así al menos actuaría, pero sólo muero de miedo.


Después de tanto leer, de tanto ver, de tanto escuchar, de tanto sentir, me siento con las manos atadas. Se acaba el año y la vida “avanzo”, el mundo retrocedió, la tecnología nos rebasó, pero yo sigo estancada. Escucho canciones subversivas y espero tener el coraje y la fuerza para que sea el primer minuto del 2014 y no sienta miedo. ¿Qué pasará? A estas alturas, cualquier cosa podría pasar.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Rituales navideños




Bien lo he dicho, la navidad es una de esas épocas de las que puedo prescindir. El aumento de la estupidez colectiva me genera cierto estrés y mucha desesperanza, todo lo contrario del espíritu navideño que nos obligan a asumir en cualquier campaña cara o barata publicitaria.

En mi caso no es algo extraordinario. Las navidades las paso en compañía de mi familia, es hasta ahora, después de amargarme tantas años con la “festividad” cuando me pregunto si no es realmente monótono el hecho de juntarnos, abrir regalos, comer y abrazarnos.

Cada año mis hermanas intentan un ritual diferente. No recuerdo cuándo fue que a alguien se le ocurrió jugar para entregarnos regalos y en un principio fue divertido, después ya nadie tenía interés de jugar o estábamos muy cansados para hacerlo.

Este año mis hermanas decidieron, sin consenso como hacen todos los años, hacer un intercambio de borregos. Sí, borregos porque ahora son muy supersticiosas y espirituales. Entonces nos regalaremos borregos por aquello de la abundancia económica. Algo irónico ya que he decidido tomarme un año sabático para descubrir una afición, una actividad o un oficio que en serio me guste.

Luego está el asunto con los regalos. Hace poco mi padre me preguntó si iría a comprar regalos para la ocasión. Sobra decir que ningún año anterior me tome la molestia de regalar nada. No por tacaña, o quizá si, más bien porque nunca sé qué regalar. La mayoría de las veces nos regalan cosas que no nos gustan o no necesitamos. Eso de los regalos se me hace un compromiso muy grande y complicado.

Las personas dicen que lo importante es el detalle, pero en el mundo materialista actual el detalle es el comercial de coca cola y en verdad importa la utilidad o el gusto. ¿Qué no se supone que la satisfacción de la sonrisa y gusto al momento de abrir el regalo es el momento invaluable?

Sobre las luces de navidad que tantas convulsiones nos causaron, ahora disminuyeron significativamente. De no ser porque tengo de vecina a la señora Claus diría que se moderaron a la hora de adornar sus pequeñas puertas y ventanas. No sé si sea el momento o la tensión general que trae el mundo, pero ahora las luces no son tan fuertes y de hecho, no hay tantas.

Ya estamos cansados. Creo que se debe a eso, por ejemplo, también este año mi familia decidió que no fuera cena de navidad y más bien comida. Cada año se van perdiendo más rituales y nos sentimos más cansados de continuar con una tradición que al menos para mí carece de sentido. No creo en dios si quiera.

Hasta entonces, entiendo por qué un canal cultural y de televisión abierta decide transmitir una de la entregas de premios más importantes de Reino Unido. Por personas como yo que creen que es más importante sentarte, ver y escuchar algo mejor y no celebrar el nacimiento de alguien en quién no crees.

Posiblemente necesite otro acontecimiento importante o crear alguna especie de ritual en torno a algo que signifique algo para mí. Alguna vez pensé en conmemorar cada uno de mis conciertos, pero aunque el recuerdo lo deje en mi mente no soy lo suficientemente perseverante para tomar como un ritual.

La navidad seguirá siendo algo complicado, sólo que ahora pues ya no significa tanto para mi, ni siquiera en el lado negativo. Es gracioso, la estupidez es graciosa en algún punto.

domingo, 25 de diciembre de 2011

After Christmas



Dicen que la distancia hace que uno vea más claras las cosas. Hasta hace relativamente poco yo creía en ese dicho; pero ahora no sé si es del todo cierto. Uno necesita estar en la mayor disposición en muchos ámbitos para que eso suceda, y a veces no, pero sucedía, de pronto esa distancia hacía cosas mágicas.

Me aleje un tiempo de esta ciudad, no muy lejos, pero pensé que logaría pensar y despejar mi mente. No sucedió y al contrario, era muy raro. El frío, la soledad, el vacío, el espacio, la gente, el fuego, el calor, la comodidad, la incomunicación, la comunicación, todo fue raro, en realidad creo que no tuve la disposición o nunca me alejé.

Entendí, no, más bien reafirme aquello de que la única familia a la que eliges son a tus amigos, es verdad. Pienso que eso de convertirla en tu familia es un error, tus amigos nunca serán tu familia, tendrías que pelearte con ellos también, y cometer ese error, insisto, llamarlos “míos” es algo grave. De hecho llamar a cualquier cosa o peor aún, persona, como “mía” es muy grave.

Uno no escoge a su familia, se te dice que los tienes que amar, respetar y esas cosas, y tienes que otorgarles cariño a personas que son tan diferentes a ti. El tiempo nos enseña a quererlos, a aprender, a veces, de ellos. Pero a veces uno no tiene que refugiarse en la familia, a veces no son el mejor refugio.

Se pasan las noches de navidad en compañía de familias, porque así dicen que tiene que ser, porque así es como debe ser, realmente ¿así es como debe ser?

Hoy mi refugio es un pequeño espacio de la ciudad, un árbol o una banca, el frío y ese suéter mientras un nudo en la garganta contenido me embarga, mientras observo pasar a muchas personas que quizá no volveré a ver jamás.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Christmas Lights II



¿Se acuerdan lo que hicieron por estas fechas el año pasado? Yo acabo de recordarlo, porque fue justo cuando empezó  todo, fueron casi las mismas razones que me llevaron a escribir la parte primera de una entrada cuyo título es similar.

Ahora no estoy tan frenética con aquello de las luces navideñas. La verdad ni siquiera me di cuenta cuándo comenzaron a poner esas luces mis vecinos en sus diminutas ventanas de los departamentos. Quizá se deba a que antes tuve que percatarme de las luces de mi ventana, que no pedí, no quería pero están ahí, insistentes.

Eso no quiere decir que mi repudio por la navidad haya desaparecido. Odiaré la navidad y dudo muchísimo que algo me haga cambiar de opinión. De hecho este año es aún peor, eso de adelantar las compras navideñas, los aguinaldos y vales de despensa han hecho que esta ciudad se convierta en un mayor caos de lo que ya es.

Hoy hice algo que pocas veces me atreví a hacer anteriormente. Salí a dar un paseo, como me dijo el jardinero de la colonia cuando me vio salir. Cuando me lo dije lo pensé y estuve de acuerdo con él, era la mejor forma de describir lo que iba a hacer el día de hoy.

Comencé por mi sitio de lectura, pero decidí que no tenía tantas ganas de leer y comencé a caminar y a caminar, hasta que me di cuenta que caminé todo paseo de la Reforma, hacía frío pero no importo, oscureció mientras caminaba y vi encendidas todas esas luces navideñas que no guían hacia ningún lado, que sólo cambian intermitentemente, que son inútiles.

La navidad es lo mismo, siempre es lo mismo, por eso me choca y la odio como la odia el Misery Bear. Ese oso es tan miserable.


martes, 14 de diciembre de 2010

Christmas Lights


Ha terminado ese enorme “sufrimiento” escolar, tareas, trabajos, calificaciones (bueno aún falta pero ya casi se termina) y llegado a este punto es inevitable tener muchísimos pensamientos, todos ellos en desorden, lo cual me hace preguntarme una y otra vez si no estaré mal de la cabeza, en fin.

Pensarán, los que saben, que el titulo de mi blog está relacionado con la canción de Coldplay, la cual no he escuchado, pero se equivocan, el titulo está más en relación a las innumerables luces navideñas que he visto al regresar a mi casa.

Cuando era niña me emocionaba, de una forma que ahora no sé explicar, el rito de poner las luces de navidad en la ventana, el árbol de navidad, los intercambios, las posadas, las piñatas, los regalos y la cena en familia. Cuando llego la adolescencia eso dio un giro un poco más dramático, me seguían emocionando las fiestas decembrinas pero por cierta melancolía, en cuanto a las luces de navidad, bueno, cuando comencé a dormir sola en una recámara me daba mucho miedo (siempre he sido miedosa) y llegue a quedarme noches en vela por el miedo de dormir sola y la oscuridad. Cuando la navidad llegaba era mi época favorita, en mi cuarto había unas cortinas transparentes, de noche se ve tétrico los árboles y el viento cuando los movía, así que cuando llegaba la navidad las luces de los vecinos iluminaban mi cuarto y me hacían sentir mejor, supongo que hasta ese momento fue una buena etapa.

Ahora…

Ali: ¿Qué te parece si nos sentamos afuera de tu edificio a ver las luces y ver si nos dan convulsiones?

Pasa el tiempo e invariablemente cambia tu manera de pensar con respecto a algunas cuestiones, eso paso con la navidad, el año nuevo y las luces de navidad. No entiendo ahora el entusiasmo de la gente, más bien la excitación por los adornos alusivos a la navidad y el año nuevo. Primero, en las tiendas departamentales y/o derivados comienzan a poner los adornos navideños incluso antes de que termine noviembre. Segundo, de verdad las personas se emocionan con el evento. En mi caso, vivo en un departamento, no entiendo por qué los vecinos colocan infinidad de luces en una pequeña ventana de un departamento, pero no, eso no es todo, los edificios son adornados con luces en un intento fallido de árbol de navidad, no conforme con eso, las luces en su mayoría son de distintos colores (por eso de las convulsiones) y no es lo peor, lo peor son las piñatas, los peluches y hasta regalos que colocan en los jardines, jardines que son ¡comunitarios! y pasan los años y siguen sin entenderlo. No estoy de “grinch” simplemente la gente es muy boba y mis vecinos son un ejemplo de eso.

Por otra parte, la navidad, las posadas y los intercambios. Recuerdo que cuando era niña, mi tía nos obligaba a mecer al niño Jesús y teníamos que ir a escoger el atuendo que se pondría para el día de la candelaria, sigo sin comprender por qué nos obligaban a hacer el ridículo enfrente de toda la familia cantando canciones y meciendo a un muñeco de porcelana que para ser sincera me daba mucho miedo. Luego dentro de las posadas hacías el recorrido por la calle llevando un nacimiento, con una vela en la mano, vela que te quemaba las manos con la cera, recuerdo que todos querían salir con el nacimiento pero yo siempre quería estar adentro calientita y bebiendo el tradicional ponche, que en las posadas en familia es lo único que vale la pena.

Y mención aparte merecen los intercambios ya sean familiares o escolares, ya que por alguna estúpida razón hacen muchos intercambios en las escuelas, siempre terminan decepcionándote y te hacen pasar un mal rato. En la escuela siempre te tocaba alguien que te cae mal o al que ni siquiera sabías que existía, o en su defecto le tocaba darte un regalo la persona que te caía mal. En los intercambios familiares, bueno fue todo un caso, en todas las navidades los niños acababan llorando y pataleando porque no les gustaban los regalos o querían el del otro, así que optamos por hacer una lista de las cosas que cada uno quisiera, para que no ocurriera el clásico voy y le pregunto a la tía qué le gusta al primo y dices “Me toco perenganito no sabes cómo qué podría gustarle” y la tía responderá “Ah sí, cómprale un cochecito, al él le gustan mucho”; ahí vas a comprarle el cochecito y resultaba que odiaba los cochecitos y que en realidad lo que quería era una lapicera, pero como la tía lo vio una única vez en su vida jugando con cochecitos dio por hecho que le encantaban.

Aún así la dichosa lista no funcionó, ponías lo que te gustaría que te regalaran pero te acabaron regalando genéricos intercambiables que ni siquiera sabías que existían, porque claro siempre van al último momento por el regalo de intercambio y como no buscaron bien el regalo dan un genérico muy chafa que acabas tirando a la basura; además no terminó ahí el asunto, las primas y tías terminaban indignadísimas porque a sus hijos les dieron un regalo bien pirata. Por cierto en todos los intercambios familiares siempre recibí peluches, qué originales. Decidí desde hace años no participar en intercambios y de hecho me he negado rotundamente a ir a una posada familiar.

Y finalmente la navidad, hermosa y mágica navidad. Después de 19 años viviendo navidades he descubierto que la mejor parte de la navidad sigue siendo la comida. Comes lo que en todo el año no se hace en casa: lomo (en mi caso). He tratado de encontrar una razón por la cual debas ir vestido de gala en la cena de navidad, sigo sin encontrarla si lo hacen avísenme para entender la razón. Luego regresamos con los regalos, cuando mi hermana comenzó a hacer la cena de navidad en su casa fue divertido en cierto punto, ahora no encuentra otras formas más originales de dar los regalos de navidad, en donde sólo vemos desfilar regalos para niños, quizá hubo sólo una navidad en la que mi hermana se llevo la noche con la cantidad de regalos que le hizo su novio. Insisto la cena es lo mejor de la navidad.

Para terminar están los rituales de año nuevo y el año nuevo en sí, debo reconocer que sí, hice los propósitos de año nuevo, comí las uvas y pensé rápidamente en un deseo pero creo que siempre era el mismo porque no te daba tiempo de pensar en otro, si lloré en algunos años al último campanazo, si me puse el típico sombrerito de “happy new year”, pero, no, no lo volveré a hacer, ahora que lo pienso ¿quién diablos invento todo eso?

Llámenme sacrilega, grinch, amargada, aguafiestas, pero es muy ridículo todo esto de la navidad, el año nuevo, y sobre todo el proceso para llegar a ambas cosas. No sé que pase este año, pero por lo menos yo espero estar en mi casa descansando, comiendo porquerías y viendo películas, no necesito todo ese lindo, exquisito y hermoso ritual navideño, yo paso.