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lunes, 15 de octubre de 2012

Festival Corona Capital Vol.3




Por dónde comenzar con esto de  la convención anual de hipsters, perdón, del Festival Corona Capital. Creo que ir a dicho festival se convirtió en un hábito, de esos malos que tienes y son, algunas veces, irremediables. Y precisamente fue eso, el hábito, pero más aún, lo descubrí después, la añoranza.

Este año sirvió mucho más para observar las acciones de la desagradable gente que va al festival, no toda, pero un grueso de la entrada se llena de personas, perdón por mi comentario fascista, que deberían ser exterminadas. Realmente fui a pasear, al menos, eso me sucedió el primer día.

Como bien, y muy bien, lo dijo una amiga mía, pudieron haber armado un muy buen cártel con todas las bandas sin ser dos días. Me sigue perturbando sus aires de Coachella de petatiux. Pero se vieron muy soberbios y en su afán aspiracional Coachella-Lolapalooza-Glastonbury, decidieron hacer dos sosos, pero algo rescatables, días.

Honestamente vinieron muchas bandas que no conocía y no tenía ánimo, mi vejez prematura me lo impedía, de conocer. Por tal razón, el día sábado –primer día del festival –llegue tarde. El tiempo es muy valioso como para desperdiciar una hora o poco más de una escuchando a unos monitos que no sabes que tan buenos o malos son. Lo mejor es irse a la segura.

A pesar de eso me tocó escuchar la aberración musical que significa todo lo concerniente a un grupo que se dice llamar Zoé. No tengo más comentarios al respecto.

Tenía mucha curiosidad por ver en vivo a Cat Power, en realidad, quería saber si era cierto que se escondía detrás de la batería. No es del todo cierto, pero la personalidad que tiene su voz y que deja ver en sus muy bonitas fotos es la que quizá le falta a la hora de interpretar en vivo. La verdad no me sorprendió mucho, no la amé, ni la odie; pero me pude haber ahorrado esa hora.

Compruebo una vez más que no tener expectativas es lo mejor que puedes hacer en la vida. No tenía actitud pre concierto. Le pedía a todas las fuerzas de la naturaleza que llegara esa emoción. Incluso llegué a pensar en vender o hasta regalar el boleto del sábado.

Después de Cat Power le siguió Franz Ferdinand. Franz Ferdinand eran de esas bandas que escuchaba en el bachillerato. De esas bandas que veía en cada sticker o pulsera de aquél grupito pretencioso en el bachillerato. Eran de esas bandas que escuchaba en los discman y de las que merecían que le subieras el volumen si pasaban un vídeo de ellos. Finalmente eran eso, el bachillerato, lo que ya pasó.

Gran sorpresa me llevé. Si claro, eran el bachillerato y había olvidado que fue la mejor etapa de mi vida. Sobra decir que con mi no emoción pre concierto, obviamente tenía el cansancio de la vida laboral y los veinte años que me he cargado solita en estos últimos dos meses.

En cuanto salió Franz Ferdinand y escuché Dark in the Matinée, me sucedió lo mismo que con The Rapture el año pasado. Estaba ahí brincando, cantando y quitándome esos veinte años de encima. Era la persona que había sido hace unos cinco años.

Siempre había visto en vídeos cómo la gente ente la multitud brincaba al mismo tiempo, movía los brazos y aplaudía al mismo tiempo. Lo típico y a la vez lo épico de los conciertos. Gracias a mi estatura y la poca resistencia que tengo, sólo me había tocado presenciar en vídeo o de muy lejos eso. Ahora fui parte y realmente lo disfruté. Estoy segura de que si regresan los iría ver sin dudar.

Llegó el domingo y con la emoción de ver a Florence and The Machine. Porque son de esas bandas que has visto millones de veces por Youtube y las mismas que piensas que nunca escucharás en vivo. Porque con esa mujer salen mis momentos y sentimientos más nena que tendré. Y una que otra lágrima y grito de desamor.

El segundo día si llegué temprano. Escuché a un grupo llamado The Big Pink, fueron buenos, pero los grupos de pronto te tienen que impactar, tienen que hacer que muevas los piecitos, que tengas esa canción todo el día y ellos no lo lograron.

Después de escuchar tanta recomendación sobre Alamba Shakes los escuché sin prestarles tanta atención. Es complicado, pero en ese tipo de eventos con las multitudes y a pesar de tener las bocinas al lado o las pantallas, es más fácil que uno deje de prestar atención. Lo que si destaco es la voz de la vocalista, si es impresionante.

Todo el mundo alabó a los Maccabees. Tal vez soy yo y mi amargura, son unos chicos lindos, como las bandas que últimamente salen que tienen nombres parecidos ya todos son The algo o Black algo. Tuvieron una o dos canciones que me hicieron mover el pie y a pesar de salir Florence Welch a cantar con ellos, no fue algo sorprendente para mí.

Irónicamente el grupo que más me gustó, en esa espera por ver a Florence, fue a la que no vi. Como siempre mis problemas de salud se hicieron presentes, si es mental, en serio debo concentrarme en sacar mi alegría o algo así. Comencé a sentir nauseas y decidimos sentarnos. The Drums tocó mientras yo me encontraba como una anciana sentada y esperando a que las náuseas no surtieran un efecto embarazoso.  Y ahora sólo recuerdo esa canción que dice: “let’s go surfing”.

Después de The Drums siguieron Snow Patrol, otra banda esporádica de bachillerato. Snow Patrol es, para mí, lo que Coldplay no pudo conservar. El sonido de Snow Patrol se me hace antiquísimo, entre lo que quiere pegar pero no porque se mantiene en lo clásico. Lo que respeto de ellos, es que hasta ahora, como lo hizo Coldplay o muchas, muchas otras bandas, siguen siendo un poco lo que siempre ha sido Snow Patrol.

Y bueno, aquí viene la parte difícil. Pues si, en este momento muchos estarán enojados ¿cómo es posible que no vi a Suede, a My Morning Jacket, a los Hives –que siempre me parecerán lo mismo- ni a los muy, muy asediados Black Keys? Sobre todas las cosas ¿cómo es posible que no haya visto a New Order?

Evidentemente, nunca he ido a verdaderos festivales. No sé cuáles serían las formas de elegir entre una banda u otra. Soy nueva en esto. Por ahora, lo he decido por corazonadas. ¿A quién sientes que debes ver? Mi corazón de nena me dijo que a Florence and The Machine y me sentía realmente emocionada al respecto.

No me defraudo para nada. Es una mujer esplendida, sabe en serio hacer su trabajo, nos hizo cantar, bailar, brincar y gritar. Se ve, que le gusta su chamba y se vio que lo disfrutó. Lo que me encantó y lo que siempre me gustará es ver la expresión de los músicos cuando no se esperan una reacción. Ver su cara de sorpresa y también de satisfacción fue muy lindo. Pero al final, muy al final, sentí que algo me faltó, quizá una o dos canciones, pero sentí que algo faltó.

Me enteré que New Order tocó Love will tear us apart y Atmosphere. Justo una amiga estaba en el dilema Florence o New Order. Yo le di mi absurda teoría de a quien tu corazón diga, ridículo. Pero quizá a mi corazón o a mi consciencia, o a mi vida no le hubiera caído nada mal escuchar, sobre todo Atmosphere. Otra vez la añoranza.

No es Joy Division, nunca lo será. Ian Curtis, es de esos personajes irremplazables. Si, si nadie es indispensable, al diablo, él si lo es. Aunque quizá y sólo quizá escuchar Atmosphere no hubiera sido lo mejor para mi salud mental.

Al final no fue tan mal, estoy cansada y sorprendida con otro asunto curioso. No sé si se trataba de publicidad. Les digo que por soberbia de hacer dos días de concierto, no se vendieron sus boletos –por cierto, caros, muy caros –había menos gente a comparación de los años anteriores.

El punto es, que había mucho extranjero, no creo que sea un asunto de internacionalización del festival, de verdad que esos aires aspiracionales son muy absurdos. O tal vez, estaban por ahí y decidieron ir, quizá me estoy haciendo otra vez ideas conspiratorias. La cosa es que, sin intención de sonar xenofóbica, era un poco extraño, te hacía pensar ¿dónde diablos estoy?

Sea como sea, no fue el mejor año. No sé si en el futuro mi vejez me permita este tipo de peripecias. Tampoco si mi presupuesto lo permita. Pienso también que a la larga, con mucho esfuerzo y con intención, los malos hábitos se quitan.

viernes, 27 de julio de 2012

Trivialidades



Las cosas en México, en el mundo se han puesto muy tensas, algo ha pasado en este siglo, la gente ha cambiado. A la gente le importa más y le importa menos, es una contrariedad. He descubierto que la clave para hacer reaccionar a las personas o al menos una parte importante, es la pasión. Cuando ellos descubren que hay pasión dentro de si suceden grandes cosas.

Con la pasión viene de la mano el fanatismo y el extremismo, lo sé porque lo he sentido y lo he vivido. A la gente le importa y no le importa. Nos importamos y no nos importamos.

Ha pasado casi un mes desde que termine mi trabajo escolar, ese que tanto daño mental me trajo y tanto coraje realzo en mi. No es que no me importe ahora, me sigue doliendo, siguen saliendo lágrimas mientras leo aquellas atrocidades, pero me olvide de mi misma. ¿Qué me gusta? ¿Qué me hace sentir bien? ¿Qué necesito?

Sin duda alguna, aquello de que uno necesita estar bien para ayudar a los demás, para mí, se queda en ser una falacia. Uno puede estar hecho mierda y salir a las calles a reclamarle a la gente y con toda seguridad creo que hasta lo hacemos con más coraje. No es lo más sano, pero somos personas extrañas, muy extrañas.

Cuando salía de la pubertad me encantaban las trivialidades y tenía grandes expectativas y numerosos sueños, enormes. Es bueno tener sueños pero tienes que estar demasiado consciente de tu realidad para poder intentar soñar sin estrellarte. Y con respecto a las trivialidades, muchas, muchas son las pequeñas cosas por las que sigues con vida.

¿Por qué digo todo esto? Dos acontecimientos: El Corona Capital y los juegos olímpicos en Londres. Con todos los escenarios sociales, económicos y sobre todo políticos; han caído en gran controversia, siempre lo fueron pero ahora hay más presión y atención hacia ellos. Empecemos por el principio.

Con todo el movimiento de #YoSoy132, el Corona Capital se ha visto criticadísimo. En cierta parte no se volvería de esa manera si no fuera porque entre algunos de sus integrantes hay cierto tipo de personas que se la pasa pregonando la lucha social e irán al festival. Yo apoyo el movimiento pero sinceramente no he estado tan involucrada, aunque pienso muy similar.

Así pues, los demás recriminan a las personas que pretendemos ir al festival en cuestión. Hay muchas cuestiones, en las que estarán o no de acuerdo. Sólo puedo decir en mi defensa y sin el afán de ser perdonada o con el pensamiento de que me crucificaran: amo los conciertos y me hacen sentir que entre tanta porquería, estoy viva. No es una justificación, ni siquiera una buena razón pero es mi motivo.

Luego los juegos olímpicos. Tengo que reconocer que mientras veía la ceremonia de inauguración y miraba a las selecciones desfilar cual miss universo por el estadio, pensé que había cosas inverosímiles. Ciertamente no creo que como México, países como Libia, Egipto, Myanmar, Bahréin o España tuvieran multitudes ilusionadas y emocionadas con los juegos olímpicos, dada la situación en la que están inmersas. Me preguntaba, mientras desfilaban, cómo países así pueden estar ahí entre tanta jovialidad y ante la mirada de todo mundo, justo cuando ese es el mundo el que los tiene en el olvido.

Es por esa y muchas otras razones por las cuales muchos, muchos, y pienso seriamente que también los propios ingleses, toman con tanta amargura los juegos olímpicos. Les digo el mundo está de cabeza. Y lo acepto, lo veo, no me es indiferente, pero como lo hice por lo del Corona Capital, me pregunté ¿Qué me hace sentir bien?

La cosa con Inglaterra y Londres, es un asunto casi personal para mí, era parte de un sueño que tuve desde que decidí ser una persona diferente. Ese sueño era enorme y con el paso del tiempo se fue perdiendo, se convirtió en una cosa insignificante.

Cuando vi la inauguración y el trabajo enorme que hizo Danny Boyle –sobra decir, es uno de mis directores favoritos y sus películas han cambiado mi vida –movió algo muy personal. Aquel sueño grande que tenía, el que había desaparecido porque me di cuenta de mi realidad, no regreso, pero regreso el sentimiento que lo acompañaba cuando pensaba en él. Y aunque diferente, lo quise, lo quise otra vez.

En realidad deseaba tanto, anhelaba tanto aquel sueño, que a mis trece, catorce y subsecuentes años hacía las cosas con determinación. Determinación. Después de cuatro años en la universidad y tres de que las cosas cambiaron, determinación era lo que no tenía, y mucho antes de perder la determinación se perdieron mis sueños.

Ver representados los acontecimientos que hicieron a ese país, pero sobre todo escuchar, porque la música inglesa en lo personal me a dado tanto, hizo que regresara mi determinación por conseguir tal vez no ese sueño que comenzó cuando tenía trece años, pero si por resolver una de las tres preguntas que más me han causado conflictos. O al menos, conseguir algo de satisfacción en esas trivialidades que antes me hacían enormemente feliz.

martes, 27 de diciembre de 2011

Esto fue lo que dejo el 2011


Como ya casi una tradición y como no he visto absolutamente nada de recuentos este año; lo cual me hace pensar que en serio este año fue muy raro. Sin más preámbulos comencemos la recapitulación de este año. Sí, aunque me rehusé y para seguir la tradición que comencé hace un año, será por trimestres, no escolares, pero así es más fácil que uno se acuerde de las cosas.

Enero-Febrero-Marzo

El año comenzó con muchas expectativas. Debo confesar que hasta ese momento las mantuve e incluso las quería. Inevitable es, no hablar de la escuela, ya que hasta esas fechas era mi única actividad. Sí, había llegado el trimestre de cine. Después de tantas peripecias vividas el año anterior con aquél cierre de fin de año, mi única esperanza era que cada vez se acercaba el final. La realidad es que en esos tres meses no ocurrió nada sorprendente, mi actitud era tan mala que en realidad mi filosofía era no hacer mucho. Pasaron cosas extrañas esos meses, yo me sentía extraña, la gente fue extraña.

Acabo ese trimestre, me di cuenta que eso de trabajar con los amigos a veces no deja muchas cosas positivas. Hasta ese momento entendí lo que se me dijo cuando entré a la escuela. Lo más temprano que podía salir era a las cinco, quizá, y que nunca hay un limite para salir tarde de la escuela.

Abril-Mayo-Junio

Salí de vacaciones, después de una especie de relajamiento en el ámbito escolar. Mi hermana regreso de Cancún para el magno evento de las quince primaveras de una sobrina. Olvidaba aquellos rituales de las fiestas de quince años desde que mi prima tuvo la suya. De hecho nunca asistí a los quince años de mis compañeras de secundaria, como es costumbre.

Si, fue en estos meses donde decidí por segunda vez cerrar este blog, razones me sobraban y aún me siguen sobrando, pero imagino que aún tengo algo de ambición y que mis amigos y familiares siguen insistiendo en aquello de que vale la pena lo que escribo. Sigo dudando de esas afirmaciones.

Lo que rescato de ese trimestre del año, fue el concierto de Two Door Cinema Club que tanto disfrute, uno necesita de esos impulsos, de esa adrenalina y emoción para darse un respiro, para saber que existen muchas más cosas que la rutina diaria. Después de eso y antes de los quince años, me corte el cabello, cortito, cortito, además de estar harta del cabello largo, pensé que era una especie de catarsis, funcionó hasta cierto punto.

De nuevo entré a la escuela, de nuevo permuté y lo hice para tomar clases con una de las peores personas que he conocido. Mayo fue un mes agitado, además por supuesto de la escuela, decidí hacer algo que deseaba hacer desde hace mucho tiempo, cuando era mucho más diferente de cómo soy ahora. Así comencé mi voluntariado en Amnistía Internacional.

Ahora que lo escribo, me doy cuenta que fue este año, y hasta este punto siento que llevo ahí años, y afortunadamente la gente a la que conocí me hizo sentir así, como si los conociera de años. Me gustó y me gustó haberlo hecho.

Llegó mi cumpleaños en junio también, fue muy distinto; pero siempre lo va a ser. Me levanté, fui a la escuela, algo de estrés por qué no, fui a Amnistía, vi una película, nada como bombo y platillo, eso me agrado. Las cosas en mi vida escolar comenzaban a empeorar, y no se diga en la vida personal.

Julio-Agosto-Septiembre

La escuela se tornaba más complicada, más pesada, más un fastidio. Y lo hice, lo que siempre hago, estirar, estirar, estirar hasta reventar, mi siempre constante problema, así que la consecuencia fue mi terrible enfermedad que también cambio mi vida y mis hábitos alimenticios, me sentí aliviada al terminar esa etapa. Decisiones llegaron, y a pesar de un conflicto interno profesional y también sentimental, decidí elegir lo más honesto conmigo misma.

En julio murió una de las personas que más me inspiraban, mi extraordinaria Amy Winehouse, justo en un momento donde recapitulaba cosas de mi vida, justo en un momento donde recordaba pasajes de mi vida. Ese tipo de ausencias se extrañan, pero dejan algo y eso se queda. Espero me suceda lo mismo algún día.

Mi incapacidad estomacal acarreó varios conflictos algo burdos pero que me hicieron pensar. Fue en agosto donde regresé a mis labores en Amnistía que había dejado por mucho tiempo gracias a mis obligaciones escolares. Fueron vacaciones diferentes, fueron vacaciones en realidad. También fue en agosto cuando mi papá se casó y cambiaron muchas cosas.

Septiembre paso tranquilo y relajado, sin muchas expectativas, de hecho ya con ninguna. Entré de nuevo a la escuela, en esa “nueva etapa” de la carrera.

Octubre-Noviembre-Diciembre

En octubre asistí de nuevo a la segunda edición del Corona Capital, fue mucho mejor que el año anterior, primero porque esta vez no tuve un encuentro cercano con la muerte, y segundo porque ayudó en gran medida a mi ejercicio de meses anteriores de recordar las cosas que eran buenas, aunque al final no sé que tanto me ayudó o me perjudico eso. Ver, cantar y bailar a The Rapture y los Strokes me hace sonreír.

Es en estos meses donde la escuela ya no se convierte en mi principal tema de conversación, eso me agrado, a pesar de mi problema de prioridades, sé cuales son las responsabilidades de uno. Por esa parte fue tranquilo, mi estomago lo agradeció, agradeció dejar ese estira, estira, aunque me di cuenta que hay otras cosas además de la escuela que también me enferman.

La casa cambió, mi vida cambió, mis amigos cambiaron, mi familia cambió, yo cambié en algo que aún no logro descubrir.

Mi hermana regresó definitivamente de Cancún, otra de ellas se mudo de casa, sin duda estos últimos meses fueron intensos.

Fue un año extraño, me doy cuenta que sucedieron pocas cosas, pero las que sucedieron, vaya que sucedieron. Esto no termina, los años no terminan con algo en nuestras vidas, somos un espiral continuo de acontecimientos, o bueno pertenecemos a él. ¿Algo acaba con el año que no sea el año? Al menos en mi caso continuo con algunas actividades este año y el que viene.

Este año también cumplió un año este blog y me parece increíble la cantidad de cosas que he escrito, y como soy la única que me leo –bueno no, ya sé, pero si la que lo hace constantemente para autocriticarme –me he dado cuenta de cómo han cambiado las cosas que escribo y como soy realmente, y brutalmente predecible. Como un libro abierto.

¿Qué espero de 2012? Que se acabe el mundo, no lo creo. No espero nada, salvo a Radiohead ¿será que llegaré a verlos? será que ocurran cosas, o que en serio llegue el fin de otras. Nada espero, salvo poder levantarme mañana sin sentir como que exprimí un limón como dice Radiohead

domingo, 16 de octubre de 2011

Festival Corona Capital Vol. 2


De nuevo asistí al Corona Capital este año. El cartel fue más interesante que el año pasado. El año pasado hubo bandas pequeñas (de esas que se presentan por la tarde) buenas, algunas no todas. Pero este año las bandas estelares eran imperdibles.

Tengo que confesar dos cosas que quizá desmeriten el trabajo escrito que hago en este momento: la primera es que llegué tardísimo al evento, no vi ninguna banda del inicio, pero tampoco me molestó tanto eso; la segunda es que no vi a Portishead. Explicó la experiencia.

Uno sabe que ya esta viejo cuando le deja de interesar meterse en el bullicio del principio con la gente; cuando uno llega tarde y va a comer algo o a tomar algo en vez de visitar algún escenario; cuando llega a ver a los amigos y se sienta en el pasto a platicar un rato con ellos. En ese momento pensé “ya estoy en otra etapa con esto de los conciertos”.

Nuevamente vendieron muchísimos boletos, el lugar estaba a reventar. Me sorprendieron varias cosas, los hipsters ya no entran en las cosas que sorprenden; me sorprendió que dejaran entrar con mochilas enormes, con sombrillas y que ahora abundaron los adultos contemporáneos y la chaviza, dos generaciones reunidas, dicen.

Bien, después de relajarme, mientras la gente entraba cuál hordas de zombis y las bandas desconocidas para mí tocaban en algún lugar. A las cinco y media decidí ver a Santigold. Al separarme de mis amigos no volví a encontrarlos, por lo que vi a Santigold solita, pero no me molestó. Qué mujer es, muy al estilo M.I.A. distintas y parecidas a la vez. Me encantan esas mujeres que traen músicos buenos, Santigold se veía radiante, con todo el estilo y lo mejor fueron sus bailarinas, con una energía bárbara.

Después de vagar un rato sola y decidir internamente si veía a los Editors o me movía a The Rapture. Ya había tenido ese conflicto con Moby, y decidí rotundamente ver a The Rapture. Por cierto he de mencionar, que necesitan organizar nuevamente este tipo de eventos. Hubo tres escenarios el año pasado, sólo uno estaba retirado, al cual ni me paré porque no tenía ni caso. Este año los dos escenarios principales estaban infinitamente lejos, lo que significó chocar con gente todo el tiempo desesperada por llegar a ver otra banda.

Dieron las siete y media, lista para escuchar a The Rapture. No podía perdérmelos, lo supe desde el viernes con mi flashback del bachillerato, supe que tenía que escucharlos en vivo. Empezaron con el pie izquierdo, cosas como el audio siempre fallan, tocaron el principio de Pieces of the people we love dos veces, la tercera fue la vencida y todos nos movíamos al ritmo de The Rapture. Desde que los he escuchado me parecieron de esas bandas con ese impulso de energía necesaria para saltar, bailar y gritar, la verdad no me equivoque.

Estando tan prendidos en The Rapture, no quisimos movernos, aunque en el otro escenario se encontraba Portishead haciendo lo suyo. Cuando nos movimos para intentar ver a Portishead, había toda esa gente que había pagado su boleto por ese único momento surrealista.

El año pasado sucedió lo mismo, traen a una serie de bandas, que sólo le gusta a un número exclusivo y casi reducido de gente, que sí, debo admitir no son lo bastante buenas como para calificar a tal festival como uno que valga la pena en serio, no, no es un Glastonbury, ni un Coachella, ni un Reading, ni un Lollapalooza, ni siquiera se le acerca en un 2%.

Pero, traen a una bandota, y así a una bandota, que también, no le gusta a un grueso de la población, una bandota exclusiva diría yo, de esas importantes, que son hito en la música pero que sólo personas con “gusto refinado” podrían conocer y gustar de ellas. Lo digo porque todo el mundo se quejo amargamente de que los Strokes fueran headliners este año, y el año pasado la gente se quejó porque el festival era una porquería y por lo único que valía la pena ir era por los Pixies.

Portishead es una bandota, era un privilegio en serio poder estar escuchando sus canciones en vivo, aún así no me sentía tan emocionada. Eso sí, escucharlos de verdad es un asunto surrealista, era como estar en otro lugar y en otra dimensión. Son bastante buenos, sobra decirlo, y sólo los escuché pues había tanta gente, especímenes, chaviza, adulto contemporáneo, borrachos y hipsters que decidimos adelantarnos al otro escenario.

Luego siguieron los Strokes, también voy a ser honesta, no soy muy fan de los Strokes, de hecho me molesta un poco que hayan regresado (me refiero musicalmente) de es forma algo mediocre. Pero con ese tipo de bandas, siempre hay una añoranza al pasado.

Había escuchado en infinidad de ocasiones que los Strokes no eran una banda buena en vivo, que Julian Casablancas cantaba horrible en vivo, no sólo porque era desafinado, sino porque salía al escenario borracho y drogado, no dudo que haya salido así ayer, pero no fue tan mal. No son lo mejor de lo mejor, pero saben lo que hacen, son hasta cierto punto buenos músicos y la verdad prendieron un buen a la gente que en realidad si estaba contenta de verlos otra vez.

Y así pasó, entre tanta gente, entre montones y montones de cerveza, entre escenas raras e inverosímiles, entre ruido de bocinas, entre vendedores de comida, refrescos, helados y cerveza. Pasó otro año del Corona Capital.

Lo más odiado: los escenarios tan alejados, lo alejado que estaba el evento del metro, fue maratónico; los precios tan altos de la comida y bebidas; la gente borracha mala copa; los baños son espantosos y sobre todo la maldita mala señal, cuando llegué a casa me llegaron como cinco mensajes al mismo tiempo. Los organizadores deberían considerar otro lugar.

Lo mejor: House of jealous lovers, Whoo alright yeah uh huh con The Rapture, puro baile y ¡qué buenos son!; la mini cena en el bosque tenebroso con Sara escuchando Glory Box a lo lejos; el mini pic nic con mis amigos, risas no faltaron y volver a tocar mi guitarra imaginaria en Reptilia, recordar a Gaby.

Me gustó más que el año pasado.

domingo, 17 de octubre de 2010

Festival Corona Capital

Hay tres cosas que hacen que las personas pierdan su “humanidad”, dejen de ser personas civilizadas y les salga su instinto animal para convertirse en bestias. Esta son: a) el metro; b) el RTP gratuito; c) los conciertos y tal vez agregaría un d) la cafetería de la escuela.

El día de ayer me lance al Festival Corona Capital. Fundamentalmente iba a ver a Regina Spektor, a The Temper Trap e Interpol, ya que había cancelado Metric para mi desgracia. Después de ver los horarios y organizar un poco el itinerario que tendría durante el día, resultó que se supondría que tenía que haber visto a: Two Door Cinema Club, The Temper Trap, Regina Spektor, Foals, Interpol y los Pixies.

Llegue después de que los grupos menos importantes, para mí, tocaran y en el camino larguísimo para llegar donde estaban los escenarios y en general todo el festival, encontré a muchísima gente que mi amiga llamaría “hipsters”. Antes de continuar quisiera detenerme aquí un momento. Mi amiga muchas veces me hacía burla y me decía “si tus amigas hipsters” y a mi realmente no me ofendía por que no sabía qué diablos era un “hipster”; cuando le pregunté si iría al Corona, me contestó que no porque irían puros “hipsters” y decidí buscar qué demonios era un “hipster”. Al “googlearlo” y “wikipediarlo” encontré que según su descripción de un hipster actual era una “subcultura contemporánea” de chavos de clase alta y media que les gusta la música alternativa y cine independiente, según este rápido vistazo que di a google.

Cuando iba caminando para entrar al evento, supe lo que de verdad era un “hipster”, son lo que yo convencionalmente llamaría fresa o güeros menonitas vende quesos, cuya ropa es de marca pero piensan que yendo a ese tipo de eventos y mezclándose con la plebe van a ser más alternativos. A partir de ahí supe que el asunto no se iba a poner tranquilo ni muchos menos bonito. Cuando por fin llegue al lugar, donde por cierto no se pudo dar más propaganda porque hubiera sido una grosería.

Vi a un grupo espantoso llamado She’s a tease y después vimos a Two Door Cinema Club, que jalo a muchísima gente, prendieron bastante y debo admitir que me gustaron las canciones que tocaron, desde ahí supe que si quería ver a The Temper Trap y Regina Spektor lo mejor sería que me quedará ahí. Quedarme ahí para poder ver más de cerquita y de hecho para poder ver, significaba hacer un gran sacrificio y tener que escuchar a Furland, que por cierto me dio muchísima flojera.

Los horarios, al fin no se acomodaron como debía ser, las bandas salían con 10 minutos de retraso. Así que cuando por fin salió The Temper Trap lo disfrutamos mucho, aunque algunos empujones como siempre arruinaban alguna canción. Debo mencionar que estos chavos de The Temper Trap tienen mucha energía, sobre todo el bajista, me simpatizo bastante, de las bandas que disfrutan de verdad estar en un escenario y eso siempre se agradece. Cuando acabó The Temper, empezó lo feo, la gente empezó a empujar como toda la vida, lo mejor de todo es que empujaron y pegaron y todo lo que siempre pasa en los conciertos cuando no había nadie en el escenario. Todos querían estar cerca para ver a Regina Spektor.

No aguante más y nos fuimos saliendo de lo denso que se puso, porque a la gente le sale lo bestia en estos eventos y lo poco civilizados que llegan a ser se les olvida. Cuando empezó a tocar Regina Spektor, ya tarde por cierto, se me hizo bastante estúpido que la gente se pusiera así, es una tipa tocando con un piano, no había ni una sola canción en la que pudieran siquiera saltar. Nos fuimos haciendo más atrás porque yo ya estaba harta de la gente, mi poca paciencia salió a flote y evidentemente no veía el escenario. El sonido era espantoso incluso Regina hacía gestos de lo malo que era, de todos modos toco bien, tengo que mencionar su asiento de piano improvisado, era una caja con un cojín arriba y de todos modos, personalmente no me sorprendió mucho.

Luego salimos de toda esa gente para encontrar que había muchísima gente más y que era casi imposible pasar y mejor ni les cuento la gente que había para comprar un agua, un refresco o una cerveza, que escuché y no recuerdo de quién, que en un punto donde vendían cerveza la gente se puso tan loca que empezó a saquear el lugarcito este, ven la gente saca lo bestia.

Y bueno cuando me senté seguí viendo a gente hipster y escuchando conversaciones bastante tontas, ahí fue cuando me acordé que los eventos masivos no me agradan demasiado, como extrañe el salón 21, lo cerca que estaba de Phoenix y de Mew, y que aunque la gente se puso loca a lo mucho había 300 personas.

Escuché de lejos Echo & the Bunnymen, pero no les puse especial atención, también vi de lejos a James, prendió un buen a la gente y yo no sé como logro mantenerse vivo después de acercárseles. Y finalmente el momento esperado: Interpol, el lugar en donde nos encontrábamos no era tan favorable pero al menos podíamos vislumbrar el escenario, cuando acabo James y todos corrieron a ver a Interpol ni la pantalla veía; pero de cualquier modo pude disfrutar las canciones que tocaron, a decir verdad me quede en el Antics a partir de ahí ya no supe más, de cualquier modo Interpol nunca fue mi hit.

No sé como haya sido ir a ver a Interpol con el antiguo bajista, Carlos, pero aún así no estuvo nada mal, tocaron las viejitas pero bonitas y me encantó que tocaran Obstacle 1, Slow Hands y Not Even Jail, que por alguna extraña razón me traen buenos recuerdos, al final como decía mi amigo “Paul no se mueve pero ni por favor” y de cualquier modo sólo puedo añadir que es increíblemente guapo, se despidió con el clásico “Gracias México , los queremos mucho, ahora vamos a ver a los Pixies”, con un acento español porque el hombre habla mejor español que tú y que yo, definitivamente.

Cuando Interpol acababa Obstacle 1, medio escuche un ritmito que se me hacía conocido, porque llego un momento en que Interpol y los Pixies tocaron al mismo tiempo, y como había esperado era Wave of Mutilation, que habría querido escuchar pero por ese empalme con las bandas no pude, escuché Here comes your man y desgraciadamente no pude quedarme a escuchar la clásica Where is my Mind.

En general no estuvo tan mal, pero tampoco fue la cosa del otro mundo, lo único que rescató son los descubrimientos: The Temper Trap y Two Door Cinema Club, me arrepiento de no haber ido a ver a los Foals dicen que estuvieron bastante bien, de ahí en fuera, si no iba no creo que me hubiera perdido de mucho y me hubiera salvado de unos cuantos golpes que mi cuerpo aún reciente.

Al final, no faltó el amargado en facebook que puso que fue a ver a los Pixies y que ninguna otra banda valió la pena, a decir verdad el festival fue bastante mediocre y reitero el pésimo sonido que había y el mal lugar del evento. El escenario llamado Corona Light, brillo por su ausencia, puras bandas de habla español que no proponen algo diferente y lo único bueno que ahí paso fueron los Foals, y eso dicen, a mi no me consta. De todas formas no creo que se pueda encasillar en que todo fue una “mierda” como lo leí, yo creo más bien que los géneros eran bien distintos y que a decir verdad Regina Spektor, Interpol, Pixies, James y Echo & the bunnymen, bien pudieron venir solos.

Y bueno ya ni hablar de los hipters y en general de la gente bestia que asiste a esos eventos, por lo pronto, llámenme fresa, yo ya opté por ir a gradas y asistir a conciertos en el Vive Cuervo Salón.