Esta es nuestra decisión,
vivir rápido y morir jóvenes, tenemos esta visión, ahora vamos a divertirnos. Si,
es abrumador pero, ¿qué más podemos hacer? ¿conseguir trabajos en oficinas y
despertarnos a la misma hora todas las mañanas?
No
había sentido tanta incertidumbre en este mes hasta apenas estos días. Es una
desesperación horrible. Como cuando vas en un automóvil, hay mucho tráfico y el
auto no tiene para donde moverse, justo así me siento yo. En estos días de incertidumbre
no he dejado de tener mis altas y mis bajas. Y es cuando estoy en esos días
donde en el celular aparece una canción y hasta con ganas de llorar me quedo,
entonces busco y busco.
Me
quedé pensando en aquello de la vejez involuntaria o quizá muy, muy voluntaria
que tengo. Pero sobre todo me quedé oyendo esa canción que hizo Andrew
Vanwyngarden, mientras la escuchó, más me doy cuenta que tiene razón y me
cuestionó ¿cómo le hace ese hombre para sentirse así de joven, cuando gente que
conozco de su edad piensa que les falta su credencial del inapam?
¿Cuál
será la edad correcta para divertirte y hacer cuánta burrada se te antoje?
Estaba pensando en eso, porque decidí que me haré un pequeño presente cuando
termine definitivamente la escuela: me largaré por tres días –no pido más y
quizá no pueda costear más –para irme a la playa tirarme en un camastro, sudar
como un cerdo y comer camarones con una cerveza helada al lado: Me siendo rudo,
me siento crudo, estoy en la flor de la vida.
A
diferencia de los retiros espirituales en los que se involucraron mis hermanas,
al diablo, yo si llevaré conmigo esa música que hace que mi mente estalle. No
quiero saber nada de nada, ni de nadie. Y creo que comenzaré por ahí a aplicar
aquellos principios de Vanwyngarden: Vamos a hacer música, vamos a hacer
dinero… tenemos que olvidarnos de nuestras madres y nuestros amigos.
El
sólo hecho de pensarlo me hace bien. Pero aún no puedo darme ese lujo, estoy
llena de incertidumbre actualmente, lo detesto. Se supondría que la emoción pre
conciertos vendría pronto, pero mis estados de ánimos están tan en constante
cambio que parece complicado estar en algún equilibrio, que jamás he
encontrado.
Ya
quiero que termine para bien o para mal, también quiero que terminen las
pesadillas y las reminiscencias de momentos que no sirven para nada, tener esa
extraña sensación de desaparecer un poco: Extrañaré el confort de tener a mi
madre y el peso del mundo. Llegar a casa y de verdad sentir que llegué y no que
no sé a donde me dirijo: Extrañaré a mi hermana, extrañaré a mi padre,
extrañaré a mi perro y a mi casa.
Que
la permanencia en soledad sea un factor que aligere y no que pese, que la
ociosidad fuese considerada un oficio y no un desperdicio, que de pronto nada,
ni nadie te ate o te conduzca a realizar cosas que detestas: Extrañaré el
aburrimiento, la libertad y el tiempo desperdiciado estando solo.
Pero
el viaje, los pensamientos de libertad, juventud, ensoñaciones y demás siguen
siendo utopías del poco espíritu que me queda y que canta Andrew, porque nos sigue importando,
porque me sigue importando lo que opinen, lo que opines: Pero realmente no hay
nada, nada que podamos hacer.
Creo
que tuve libertades, que me sentí casi inmortal en algún tiempo pasado, muy
pasado, donde no importaba nada; pero aún estos días hay ocasiones en las que
tan enojada conmigo, con todos, con el mundo, pienso que no importa. Todo se
olvidará, yo los olvidare y ellos me olvidaran, y para nadie significará algo
porque es un estúpido círculo que vuelve a comenzar: El amor debería olvidarse
la vida siempre puede empezar de nuevo.
Sólo
que así como soy, como he sido criada, con toda la ingenuidad, la
intransigencia, el voluntarismo y demás, me sigue importando. Seguro los días
mejoraran un nivel más de lo que hoy son, por lo pronto no me queda más que
sonreír no sólo pensando en mis días de descanso, también pretendiendo que todo
saldrá de un modo u otro: Y todo seguirá su rumbo.

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