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sábado, 15 de diciembre de 2012

Conciertos




No es un secreto, ni pretendo que lo sea, me enorgullece. La gente no lo entiende, no necesitan entenderlo, parece poco racional. Me parece absurdo que las personas pidan algo racional en esta época y este tiempo tan patético, tan irracional.

Ya he escrito al respecto pero no me cansaré de hacerlo tantas veces sea necesario. No para que ELLOS me entiendan, más bien para acercarme a los que me entienden. Amo de una forma indescriptible los conciertos, a pesar de mis múltiples dificultades, amo muchas cosas de ellos.

Es una contradicción que todos ven, que yo reconozco, la acepto y no me preocupo tanto por ello. Odio a la gente, sobre todo en multitudes porque se vuelve estúpida. No quiere decir que en los conciertos no los odie, realmente hay muchas personas que podrían considerarse en ese ramo de especies no evolucionadas. Entonces si, estoy en una contradicción.

Pero va mucho más allá de eso. No soy demasiado letrada, no nací alrededor de la alta cultura y tampoco sé tanto al respecto. Para mi, la música es un arte dotado de algo en particular. La sientes y parece que no necesitas verla, sólo entra en tus oídos y se transforman en emociones y sentimientos dentro. Cursi, cursi pero es mi modo de explicar el mecanismo en que actúa, al menos, en mi caso.

Y aunque deteste a la gente. En esa masa unida y a veces casi uniforme, donde vienen tantos músicos queramos o no, nos une de una forma algo burda y trivial. Pero dentro de cada uno de los presentes compartimos una emoción y un sentimiento que no podríamos compartir en ningún otro lugar ni momento.

Ya, son catarsis. La energía que proyectan las personas que tocan tales o cuales instrumentos se contagia y te inyectan. En mi caso, creo que en los conciertos sale un alter ego, un yo poderoso, subversivo, alegre y algo drogadicto que tengo. Un ser desinhibido que podría morder, llorar, gritar, rasguñar y a veces hasta amar.

Los problemas se van y la tristeza aguarda un momento o se convierte en algo más impulsivo, no sé. La realidad sigue ahí, luchas con ella o contra ella todos los días y ese día, el día de un concierto sales de ahí y de pronto con las luces, la gente y sobre todo la música puedes hacer todo. Al día siguiente te levantas y de verdad te levantas.

Pienso que en la vida hay pocos seres extraordinarios. Las personas se la pasan diciendo que no, NO PUEDES CAMBIAR EL MUNDO, insisto mucho. Sólo pienso, aquellos músicos a quienes tanto admiran se atrevieron y cambiaron el mundo, no para ti directamente o tal vez si. Las personas quieren milagros y no se percatan de que hubo quienes se atrevieron y lo hicieron pero son detalles, no milagros.

Un día en un concierto, alguien canta una prosa que pensó cuando vio un acontecimiento importante para él, para mi o para el mundo, y luego miles de personas al mismo tiempo la cantan con la misma pasión para hacerse escuchar. Y si ellos lo hicieron, no lo voy a hacer igual, pero una noche me hicieron desear lo mismo.

Para mi esos son los conciertos, probablemente soy demasiado apasionada y alguien podría opinar que le quiero encontrar un contenido simbólico, mágico, místico a un evento trivial y nimio. Pero bueno, está es mi forma de sobrevivir y de tratar de vivir en un mundo donde a la mayoría les importa poco o nada los sentimientos. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Música de antro para cinco personas



Nunca había sufrido tanto la espera de un concierto. Aquello de los problemas de salud si influyen mucho en la vida cotidiana, y evidentemente fue una sorpresa para mí que afectara en la espera para ese concierto, que para ser sincera, aun no tenía expectativas.

El Vive Cuervo Salón, que para mí, toda la vida será el Salón 21, me trae muchos buenos recuerdos y tal vez en ese sentido si tenía una ligera expectativa. Así que nos adentramos a terrenos desconocidos en la sección delantera, sólo para descubrir más tarde que quizá no sería tan buena idea. El único deseo que tenía era bailar y bailar con la música de The Rapture.

Pensé ilusamente, ya no lo haré, que no habría grupo telonero. Por desgracia me equivoqué, tocaron una combinación extraña de hipsters con hippies: hippieters, dos de ellos güeros menonitas vende quesos, que tenían una pose rockstar que a mi me pudo irritar y otros dos que eran completamente equis. Su nombre es Timothy Brownies y prendieron a la gente a raíz de llegar con su mensaje de paz y justicia para Wirikuta -se equivocaron de evento -y a lanzar brownies que muchos emocionados tomaron porque pensaron que tenían marihuana.

No hay mucho que decir al respecto. Intento a todo costa evitar a la gente, sus conglomeraciones y sus discursos idiotas. Los conciertos son para desahogarse y no ponerse serios, pensé, hay quienes lo hacen un estilo de vida. Decidimos desistir de la idea de estar adelante al menos una canción, algunas veces no vale la pena arriesgarse y, si vale mucho disfrutar el concierto.

El viernes conocí a una chica muy agradable que iría al concierto de The Rapture, y comentó algo muy gracioso que le decía su esposo: tú música de antro para cinco personas; el hecho era que yo le comentaba al mundo: iré a ver a The Rapture, después de un poco de silencio y una cara de desconcierto, contestaban: ¡¿a quién?!, creo que la descripción del punk, indie de The Rapture que hizo el esposo de esta chica es muy acertada. Indie, indie, indie, el mismo indie de los años de bachillerato.

Y fue justamente esa la razón, mis malestares, mi intenseo con la gente desapareció en cuanto esos hombres salieron al escenario, algo que uno necesita en estos tiempo de profunda tensión. La razón es bastante obvia cuando escucho sus canciones simplemente vuelve mi preciada juventud, la que viví y bien, la que disfruté y bien, en la que no importaba cantar a todo pulmón en el metro y asustar un poco al señor de intendencia.

Bailé y bailé, brinqué y me aloqué porque no hay otra forma de reaccionar a la música de The Rapture, su música es tan fresca con tanta energía, que es imposible no sentir que tienes toda la juventud del mundo y, que no importa lo que pase cuando salgas porque lo relevante son los siguientes acordes de la próxima canción y tus brazos moviéndose al ritmo de ellos.

Su denuncia me encanta: “La gente no baila más, ellos hacen así, cruzan sus brazos, miran abajo y beben y hacen del baño”. Cuando iba en el bachillerato tenía sentido; a las dos únicas fiestas que fui representaban exactamente esa frase. No es que yo sea una gran bailarina, lo que pasa es que cuando la música me mueve como la de ellos, no importa que no sepas bailar.

Comienzo a pensar que las bandas que últimamente se han presentado en esta ciudad cumplen un propósito, o al menos un propósito personal, representan en conjunto una respuesta que quiero encontrar y que se ha estado materializando, con mucho, me aventuro a decir que están en el momento correcto.

Así que a pesar de mucha gente, de algunos pisotones, del cansancio antes y después del concierto, de las nauseas pre concierto, The Rapture hizo el mejor trabajo que una banda puede hacer: motivar. Y son sus riffs de guitarra y sus mejores gritos los que me motivan a hacer exactamente lo mismo. Los que me recuerdan que es necesario tener sueños.

Podría usar una foto tomada en el concierto, la realidad es que mi estatura siempre representará un problema, y decidí en vez de farolear con una foto de que asistí al concierto, compartir la foto que acompaña esta entrada, porque me hace recordar cuando los conocí y todo lo que era, y porque la foto es completamente genial, representa lo que ellos son, su energía y sobre todo su frescura eternamente joven. 

lunes, 19 de marzo de 2012

Tiempo de fingir


Esta es nuestra decisión, vivir rápido y morir jóvenes, tenemos esta visión, ahora vamos a divertirnos. Si, es abrumador pero, ¿qué más podemos hacer? ¿conseguir trabajos en oficinas y despertarnos a la misma hora todas las mañanas?

No había sentido tanta incertidumbre en este mes hasta apenas estos días. Es una desesperación horrible. Como cuando vas en un automóvil, hay mucho tráfico y el auto no tiene para donde moverse, justo así me siento yo. En estos días de incertidumbre no he dejado de tener mis altas y mis bajas. Y es cuando estoy en esos días donde en el celular aparece una canción y hasta con ganas de llorar me quedo, entonces busco y busco.

Me quedé pensando en aquello de la vejez involuntaria o quizá muy, muy voluntaria que tengo. Pero sobre todo me quedé oyendo esa canción que hizo Andrew Vanwyngarden, mientras la escuchó, más me doy cuenta que tiene razón y me cuestionó ¿cómo le hace ese hombre para sentirse así de joven, cuando gente que conozco de su edad piensa que les falta su credencial del inapam?

¿Cuál será la edad correcta para divertirte y hacer cuánta burrada se te antoje? Estaba pensando en eso, porque decidí que me haré un pequeño presente cuando termine definitivamente la escuela: me largaré por tres días –no pido más y quizá no pueda costear más –para irme a la playa tirarme en un camastro, sudar como un cerdo y comer camarones con una cerveza helada al lado: Me siendo rudo, me siento crudo, estoy en la flor de la vida.

A diferencia de los retiros espirituales en los que se involucraron mis hermanas, al diablo, yo si llevaré conmigo esa música que hace que mi mente estalle. No quiero saber nada de nada, ni de nadie. Y creo que comenzaré por ahí a aplicar aquellos principios de Vanwyngarden: Vamos a hacer música, vamos a hacer dinero… tenemos que olvidarnos de nuestras madres y nuestros amigos.

El sólo hecho de pensarlo me hace bien. Pero aún no puedo darme ese lujo, estoy llena de incertidumbre actualmente, lo detesto. Se supondría que la emoción pre conciertos vendría pronto, pero mis estados de ánimos están tan en constante cambio que parece complicado estar en algún equilibrio, que jamás he encontrado.

Ya quiero que termine para bien o para mal, también quiero que terminen las pesadillas y las reminiscencias de momentos que no sirven para nada, tener esa extraña sensación de desaparecer un poco: Extrañaré el confort de tener a mi madre y el peso del mundo. Llegar a casa y de verdad sentir que llegué y no que no sé a donde me dirijo: Extrañaré a mi hermana, extrañaré a mi padre, extrañaré a mi perro y a mi casa.

Que la permanencia en soledad sea un factor que aligere y no que pese, que la ociosidad fuese considerada un oficio y no un desperdicio, que de pronto nada, ni nadie te ate o te conduzca a realizar cosas que detestas: Extrañaré el aburrimiento, la libertad y el tiempo desperdiciado estando solo.

Pero el viaje, los pensamientos de libertad, juventud, ensoñaciones y demás siguen siendo utopías del poco espíritu que me queda y que canta Andrew, porque nos sigue importando, porque me sigue importando lo que opinen, lo que opines: Pero realmente no hay nada, nada que podamos hacer.

Creo que tuve libertades, que me sentí casi inmortal en algún tiempo pasado, muy pasado, donde no importaba nada; pero aún estos días hay ocasiones en las que tan enojada conmigo, con todos, con el mundo, pienso que no importa. Todo se olvidará, yo los olvidare y ellos me olvidaran, y para nadie significará algo porque es un estúpido círculo que vuelve a comenzar: El amor debería olvidarse la vida siempre puede empezar de nuevo.

Sólo que así como soy, como he sido criada, con toda la ingenuidad, la intransigencia, el voluntarismo y demás, me sigue importando. Seguro los días mejoraran un nivel más de lo que hoy son, por lo pronto no me queda más que sonreír no sólo pensando en mis días de descanso, también pretendiendo que todo saldrá de un modo u otro: Y todo seguirá su rumbo.

Porque dice Andrew Vanwyngarden que Nosotros estamos destinados a fingir, y la verdad creo, que lo hago bastante bien.