Llegué a la conclusión de que soy una anciana. Creo que viví mi pubertad a los cinco
años, la adolescencia a los ocho, la juventud a los diecisiete y ahora
atravieso por la etapa del adulto joven. Siempre he sido así, lo achacó en parte
a que mis hermanas y primas son más grandes que yo por una cantidad
considerable, que a pesar de eso nunca significó un obstáculo.
También
me he juntado la mayor parte de mi vida con gente más grande, mis amigos son
más grandes que yo, y hasta en el transporte y en la calle, las únicas personas
que se acercan a conversar conmigo son personas mayores. Cuando mis amigos
pasaron por la crisis de los veintitrés, creo que la viví con ellos cuando yo
tenía en realidad dieciocho años. No los culpo, al contrario, les agradezco,
sólo que por alguna razón me identificó con ellos, aunque ellos me vean con
ternura y me digan a sus veintitantos años que me falta camino que recorrer.
Me
llegó a la mente eso de los cumpleaños porque este mes han cumplido años varias
personas que conozco. Luego con los planes a futuro en la universidad, donde
varias de ellas caen en mi cumpleaños recordé que tengo una fecha
donde se supone crezco, al menos sube un número más no sé en donde porque en la
IFE quedó la edad de diecinueve.
Nunca
he celebrado mi cumpleaños, seguro alguna vez en mi infancia me hicieron una
fiesta de cumpleaños o dos, pero fuera de eso no me considero una persona que
celebre a lo grande su cumpleaños. Antes me conformaba con un pastel pequeño
ahora no aspiro ni a eso.
Supongo
que me he amargado con los pocos años que han transcurrido. Después no le
encontré sentido celebrar mi existencia otro año más y al contrario, me parecía
poco más que deprimente. Esos días, prefería sentarme en un sofá comiendo un
helado napolitano con jarabe de chocolate. Y en general mis cumpleaños pasan
como días ordinarios sobre todo cuando caen entre semana.
Recordé
un cumpleaños hace casi tres años, uno muy especial. Les comentaba a mis amigas
que jamás había tenido una fiesta sorpresa o algo así, ellas hicieron algo muy
lindo: juntaron a algunos de mis amigos y me llevaron un lindo pastel en un
parque. Fue un detalle que agradecí muchísimo. Me gustaba ver a mis amigos
juntos, sé que a veces no es buena idea juntarlos, pero ese día la pase muy
bien. Ahora que lo pienso ese ha sido uno de los mejores cumpleaños que he
tenido y que definitivamente no se volverá a repetir.
No
me caracterizo tampoco por eso de fiestear mucho. De hecho he escuchado por
otros amigos más grandes que yo, aquello de que a su edad ya no están para
fiestear y pensé “pues yo nunca he estado para fiestear”, asentía inclusive al
ver la cara de ellos como diciendo “tú aún no me puedes entender”.
Soy muy
joven, muy joven para algunos; pero cuando veo a mis sobrinos y a sus amigos,
me parece abismal la diferencia entre ellos y yo. Hace poco escuché la canción
de MGMT, Time to pretend, algo le sucedió a Andrew Vanwyngarden porque las
letras hace mucha referencia a la juventud en estos días. Él cantaba que pues al
diablo había que divertirse como si no hubiera mañana y la muerte no
significaba mucho en la juventud. Casi sería un himno y resolvió parte de mi
lío mental y luego pensé “descontrolaré ahora que termine la carrera” y luego
pensé si no es la etapa donde se supone tienes que adquirir cierta seriedad
y consistencia en tu vida.
Después
de todo podre tener veintiún años, dentro de unos meses veintidós y qué. Yo creo
que es verdad eso de que la juventud no esta en la edad, yo al menos me siento
una anciana, siempre me he sentido así, como cuando a los nueve años me encontré
preocupada por asuntos de adultos y me dije a mi misma "¿por qué estoy pensando en esto?" Como
cuando más chica tire mis muñecas porque eran bobas.
No sé, de lo único de lo que estoy segura es que en mi cumpleaños quiero una gran, gran
rebanada de pastel de chocolate y tres leches. Lo merezco por más de seis meses
de martirio con la comida.

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