jueves, 9 de febrero de 2012

Sobre la tesis



Últimamente eso de  “la tesis” me tiene, no, no agobiada (en realidad si), más que eso me tiene realmente harta. Para empezar es muy patético, en la maravillosa (léase con sarcasmo) UAM no hacemos tesis, hacemos tesinas. ¿Por qué?, se preguntaran: porque en la UAM todo es de chocolate. La carrera, los alumnos, los profesores, las materias, el equipo, las investigaciones, todo, absolutamente todo queda a medias, sin validez, es como no hacerlo.

He escuchado historias de terror. Hoy platicaba con una amiga, y llegamos a la conclusión de que el historial de la carrera no fue tan difícil. El sistema modular es una porquería, en lo personal no me funciono, a otros tal vez si. El mismo sistema te jala, si no pasas no es porque no sepas –cosa que es imposible determinar porque todo lo haces en equipo –repruebas porque echas la flojera bien intenso.

En la escuela todo es una simulación de la realidad. Una simulación debo agregar, bastante paupérrima. Toparte con profesores que gritan por gritar o los que son poco menos que inútiles, es toda una ironía. Y aún así mis compañeros –todos ellos –sufren “la tesis”. Es tesina.

Ahora pienso que el primer requisito de admisión a la UAM, pero a la unidad Xochimilco es: que tengas ganas, estés dispuesto y te guste sufrir, de otro modo no entiendo porque tantas lágrimas.

Estos últimos días he visto todo tipo de publicaciones en Facebook sobre la tesis, es un síndrome, hace un año, o dos, o tres no escuchaba nada sobre eso y lo puedo asegurar pues, la mayoría de mis amigos son más grandes que yo, la mayoría también ya licenciados. Pero al parecer esta de moda esto de la tesis.

Qué puedo decir, yo estoy en el limbo, no estoy sufriendo amargamente como mis compañeros –en cuestión académica –más bien siento un vacío. La inutilidad que sentimos al menos mi amiga y yo en la misma área. A veces pienso que el hecho de que se digan los unos a los otros cuánto hacen o no, sólo es para hacer sentir mal a uno. En la UAM, con mis compañeros… ¡bah! No lo dudaría.

Sólo es una cierta inestabilidad, que entrando al juego del “yo hago más, yo sufro más”, ciertamente es horrible esta incertidumbre, no estar parado en un lugar concreto, ver Word vacío. Pero pronto se acaba, tiene que hacerlo. Para bien o para mal se acabará y saldrá, algo saldrá, y en ese momento… comenzaremos la vida, pero también nos separaremos. Así es la vida. 

martes, 7 de febrero de 2012

Caminos



A veces creo que jamás voy a regresar a la casa. Me sucede frecuentemente en mis largos, largos recorridos de un lugar a otro. Muchos me han dicho, hasta extranjeros, que estoy completamente demente por recorrer las distancias que recorro. Pues realmente si estoy demente, pero no creo que sea directamente proporcional a mis recorridos. Se requiere de mucha paciencia, créanme de mucha.

Hoy fue casi imposible llegar a tiempo a la escuela, hice dos horas y media, sí, dos horas y media de camino. Cuando subí a los andenes en la estación 18 de marzo y vi que con toda seguridad tendría que esperar por lo menos cinco trenes para subir, y cuando lo logrará sería seriamente asfixiada, desistí. No es que sea muy nena, pero cuando el metro llega así descubro que puedo tener interacción muy cercana con gente desconocida, da miedo.

Y empezó la travesía. Caminé el trasborde de 18 de marzo (línea verde) al Rosario (línea roja), de ahí hice otro trasborde dirección Barranca del Muerto (línea naranja) para finalmente en Tacuba hacer el trasborde dirección Taxqueña (línea azul). Tiene todo el sentido del mundo que me marque mi hermana y me diga “oye es que no sirve el GPS de mi celular, cómo llego al metro allende”.

Aún me faltan muchas rutas por descubrir. Y sí admito ser de esas personas enfermitas que se han subido al metro a recorrer línea tras línea simplemente por que sí. No tengo la menor idea de cómo sucedió, supongo, las circunstancias me llevaron a eso. Si mi yo de quince años se viera a los veintiuno, no lo creería. A esa edad necesitaba instrucciones cinco veces para llegar a la tiendita de la esquina.

Algo que, quizá ya haya mencionado antes: los caminos largos sirven para algunas cosas, por ejemplo, leer tarea, leer un libro por gusto, leer un libro por obligación, escuchar música y la peor: pensar. ¡Rayos! Porque no dormir y ya. No, no eso del camino siempre da mucho, mucho en que pensar. Muchas veces no deja nada positivo pero hoy recordé algo.

De pronto con eso de la impresión de mi misma por el hecho de conocer de algún modo esta caótica ciudad. Recordé mis tiempos de bachillerato, todo era desconocido, inocente de algún modo y mucho más fácil. Las amistades, los trabajos, las tareas, la escuela, las relaciones familiares y sí, hasta los amores y enamoramientos. Eso me llevo a recorrer muchas caras mentalmente. Y caí en cuenta de una anécdota extrañísima.

Hace, serán unos dos años, fui al concierto de Coldplay, hacía aquellas pubertadas de irme a formar mil horas antes, inútilmente debo agregar. Platicaba con uno de mis amigos, esperábamos formados para entrar al acceso de General A en el Foro Sol. De pronto veo a un tipo alto, moreno, chino, muy chino de esos con cabello de micrófono. Me vio y yo lo vi, nos reconocimos.

Él se acerca y me saluda de beso y toda la cosa –le falto abrazarme – me dice: “Hola, ¿cómo estás? ¿lista para el concierto?”, yo lo saludo y contesto: “Bien, pues si ya lista”. Él continua la “charla” diciendo: “y qué onda… ¿estás en general A?” a lo que respondo afirmativamente y hago lo propio preguntado: “¿y tú?”, el hombre dice decepcionado: “no pues general B, uno que es jodido, pero bueno me voy para formarme y alcanzar buen lugar, pásala chido”; yo sonrió y le digo: “gracias, igual”. Finalmente el hombre me dice “oye… ¿y de dónde te conozco?”.

Muy bizarro, y sí, si lo conocía no crean que por hacérmelas de muy sociable hablo con cualquier persona. De hecho mi amigo comenzó a reírse cuando el hombrecito dijo eso, después claro de burlarse de mí un rato.

Entonces mal sentada en el asiento de un autobús, recordé aquello. No han pasado tantos años, pero siento que fue hace milenios de eso, y ni decir de cuándo conocí a ese hombre, han pasado siglos. Por lo que mi reacción al recordar fue sonreír mientras sentía una mirada de la persona sentada al lado de mi.  

domingo, 5 de febrero de 2012

Orientación Vocacional



¿Quién diría que después de casi cuatro años en la universidad, mi orientación vocacional llegaría? Bueno a decir verdad, no fue una orientación vocacional como tal, pero me hizo pensar y más que nada aceptar cuestiones dentro de mi vida cotidiana. Todo en una fiesta casual.

Les comentaba que aquello de conocer personas no ocurre mucho en mi vida cotidiana, y el hecho ocurría una o dos veces al año. Pues ayer supongo que fue la primera y quizá la última de este año donde conozca a personas nuevas. Unas chicas alemanas muy amables.

Después de hacer las clásicas preguntas para saber más de uno. Esas preguntas que siempre me parecen de tinte existencial, nos comentaron su situación. Aquellas chicas son más chicas que yo, y nos comentaban que en Alemania era muy común dejar pasar un año  y hacer el voluntariado. Después de su voluntariado comienzan su carrera universitaria.

Por supuesto, eso tiene totalmente sentido. Les ayuda a: a) viajar y conocer gente nueva, y nuevas experiencias y b) decidir qué es lo desean estudiar o a lo que desean dedicarse. Eso me dejó pensando mucho. Cuando le platiqué a mi padre le dije “claro, si yo hubiera dejado pasar un año para saber qué es lo quería, en qué era buena y qué cosas me gustaban hacer, no estaría pasando por esta crisis y tampoco estaría sufriendo la escuela”.

Lo admito con todas las letras me A-R-R-E-P-I-E-N-T-O. Y es bastante inútil arrepentirse de acciones pasadas, de decisiones tomadas; pero aunque no sirva lo digo: me arrepiento. Debí viajar, equivocarme, encontrarme, hacer locuras, emborracharme, irme a un retiro, qué sé yo. Cualquier cosa, para ansiar entrar a la escuela, para disfrutarla, para aprovecharla.

Mi camino no es claro, ya no me causa tanto conflicto. Pase por esa crisis más fuerte hace un año, cuando me di cuenta que no era buena en esto, que no me gustaban las formas y las experiencias adquiridas. Sobre todo cuando me decepcione por todo lo que me ha hecho y en que me ha convertido todo esto.

Por ahora, no quiero seguir estudiando (después de terminar la carrera). Si, por ejemplo, y ya sé, continuo comparándome con mis compañeros –en esta carrera, créanme que no hacerlo es casi inverosímil –veo que ellos quieren maestrías, doctorados, posgrados, etc. A mi realmente no me interesa, suena, quizá muy mediocre. Lo que deseo es algo que me guste y en lo que no, no pido ser buena, sino útil. 

miércoles, 1 de febrero de 2012

Aleatorio



Enero fue un mes bastante activo para el blog. Lo agradezco y no. Aún no tengo las causas. La verdad me parece sorprendente porque los temas siguen y siguen saliendo, y quizá sean sosos e intrascendentes. Bien, pues no importa.

El recorrido para llegar a cualquier destino que resulte cotidiano para mi es muy largo. Por esa razón la música en el aparato móvil y los audífonos no son un lujo, son una verdadera necesidad. Elegir la música que acompañara tu recorrido resulta ser en extremo complicado. Por tal causa decido siempre poner el aleatorio y dejar que salgan esas canciones sin un motivo en especifico.

Eso tiene unas grandes recompensas, por ejemplo, volver a escuchar canciones que tenías en el olvido y entonces hacerlas un trauma. Y me di cuenta: para empezar, el hecho de no escuchar las conversaciones de los demás siempre es una bendición; pero aquello de escuchar música en el camino crea ambientes insospechados. Creo que si tenemos soundtrack diario.

De pronto estas tan atrapado en el ambiente musical y en tus pensamientos que te hace reaccionar de forma extraña. Me explico, antes –y lo he escuchado de muchos otros –pensaba que los musicales eran una tontería, no te pones a bailar y cantar de pronto. Y no lo haces, o si, pero te hace tener una actitud frente a la situación. Al menos nunca falta que sientes que vas por la calle caminando a lo Richard Ashcroft en Bittersweet Symphony.

La vida no es un musical. Björk en su personaje de Dancing in the dark, explicaba que de ese modo –imaginando estar en un musical –la vida era más fácil de sobrellevar, y quizá así sea. De modo que pongo el aleatorio al celular y veo que pasa. Algo que me da miedo es que ahora ya muevo los labios para cantar, antes no lo hacía, no quiero que mi boca llegue a emitir ningún sonido en el transporte público.


lunes, 30 de enero de 2012

Cuando no se trata de gustar, gustar



Un día llegas a un sitio, conoces a una persona, te llevas bien con esa persona y descubres algo distinto. Me pasó y apenas lo reflexiono.

Hace tiempo conocí a una persona. Eso no es algo muy cotidiano para mí, en realidad, el hecho sólo ocurre una o dos veces al año dentro de mi vida. Recuerdo muy bien cuando nos miramos, me sonrió y yo cortésmente devolví la sonrisa. Y fue en ese momento donde entendí sin hacerlo racionalmente, espero me explique, cuando supe algo que hasta ahora entiendo.

Hay personas en el mundo, o al menos el mundo de uno, que simplemente se conectan. Ese día él me gustó y yo le gusté a él. Y no de la forma burda que se imaginan. Eso sucede a menudo, cuando dices “pues si me gusta” necesariamente tiene que estar ligado a una situación romántico-sentimental.

Las personas ordinarias denominarían a lo que estoy explicando como: te agrada, te cae bien. Están bien esos adjetivos, pero pienso que quizá se queden algo cortos para explicar tal reacción. La verdad, pienso que los usan para sustituir el me gusta porque como ya dije sólo es usado en términos románticos. No necesariamente es así.

A veces tardas mucho tiempo en conocer a las personas y que logren gustarte. Es todo un proceso, al final relaciones. Pero llegan esas personas que no necesitan un mes, un año o esos lapsos grandes de tiempo, simplemente las ves y te gustan. Te gusta su saludo, su cordialidad, su sencillez, su calidez, te gusta.

Cuando alguien te gusta de forma romántica. Es como decía Sam a Flint en Lluvia de Hamburguesas –lo sé, es aún más burdo mi ejemplo, pero lo dicen muy bien –cuando Flint se le declara a Sam y ella le contesta “¿te gusto de gustar?”. Eso ya conlleva otros sentimientos más extraños y a veces inútiles.

No, esto no se trata de me gusta de gustar. Se trata de elegir a persona, de ser elegida también, elegir compañía, elegir amistades. Así nos elegimos él y yo.


sábado, 28 de enero de 2012

The life isn’t easy going, not yet



Jamie Cullum canta en una canción cuyo título es 7 days to change your life que la vida era muy perra. Hubo un momento donde esa canción me hacía estremecerme. No sólo por la acertada afirmación de Jamie, sino por todo lo que decía. Ahora más que nunca estoy de acuerdo con esa frase que tantas veces se repetía en mi cabeza durante la canción.

Y bien, ahora que comentamos y relacionamos la vida con tantas cosas, con canciones. Florence Welch canta que los días de perro han terminado y sigo comprobando que eso aún no sucede, al menos para mí. Días difíciles, días raros, días complicados se aproximan. Nunca estuve más segura de ello.

Me avergüenza en algún grado que quizá no puedan imaginar escribir mi pesimismo todo el tiempo. Lo más honesto es esto: escribir sobre las cosas que conoces. Esto es lo que conozco. Pero siempre pueden tomar la decisión, como dicen los comunicólogos creyentes en las audiencias inteligentes, de elegir lo que gustan o no leer, ver y escuchar.

La única forma en la que estaré bien del todo, será cuando comience a ser una persona despreocupada. Algunos lo sabrán, otros quizá no, pero eso de ser despreocupado es tan complicado. Sobre todo cuando la mayoría de tu vida ha sido pasar coraje tras coraje. Ridículo preocuparse, ridículo enojarse por tonterías. Sucede.

Pero de algún modo, todos son despreocupados. Al menos lo que he comprobado. Uno se preocupa por las personas, pero somos realmente tan egoístas que al final, sólo estamos nosotros. Siempre lo digo a todos les preocupas cinco minutos si alguien lo hace más de esos cinco minutos es un milagro. Supongo que está bien, y por lo tanto debería dejar de importarme lo que piensen los demás.

Estos días han sido complicados. En algún punto me estoy acostumbrando, no es bueno. Sólo voy por las calles, por el transporte, por la vida cerrando los ojos, intentando poner atención en los detalles de la música, del viento, del sol o de la lluvia. Todo con tal de no vomitar.

No hay ninguna sorpresa, lo ven. Quisiera, llegará alguien que me dijera “sólo dame el dinero y cambiaré tu vida en sólo siete cortos días”, eso o que se me concediera un deseo. Ya sé que pediría.

martes, 24 de enero de 2012

Lo que sea, como sea, lo que quieras



Estaba reflexionando acerca de la entrada dónde me preguntaba el significado concreto de la expresión “te extraño”. Después de una clase donde la profesora nos explicaba aquello de la subjetividad de un texto y donde los indicios de tal subjetividad se marcaban con expresiones como: ese, aquí, allá, al rato, etc.

Pensé que era igual de subjetivo y ambiguo los términos lo que sea, como sea y lo que quieras. Cuando uno recibe tales respuestas de pronto se confunde, pero cuando las aplica sólo significa una cosa: me da lo mismo, no me importa. En especial con el lo que sea y como sea.

La expresión lo que quieras es más graciosa. Quién no ha dicho “ándale y te doy lo que quieras”. Pasa lo mismo con lo que les comentaba acerca de que cuando decimos ese tipo de cosas, existen ciertos límites implícitos. El problema comienza cuando pensamos que nuestros límites ya los asume la otra persona. Casi nunca es así.

Estoy pensando que debemos tratar de ser más específicos. Si, realmente dejar la subjetividad a un lado es imposible, dejaríamos de ser seres humanos si lo hiciéramos. Incluso yo al escribir esto, todo es totalmente subjetividad. Pero quizá y sólo quizá sería bueno intentar ser específicos.

Pasa comúnmente al lanzar la pregunta “¿y qué quieres hacer?”. Lo que sea. Es nuestra respuesta inmediata cuando no estamos seguros de algo. Y ahí esta la clave de todo. Nuestras respuestas ambiguas siempre yacen de ese gran problema. Nunca sabemos qué es lo que deseamos. O ¿me equivoco?