La
forma en la que la música impacta tu vida es aún insospechado. La forma en la
que una canción te cambia de estado de ánimo es aún sorprendente. La forma en
que unos individuos cambian tu vida sigue siendo maravilloso. Todos lo pasamos,
y nadie lo entiende así. Tienes que amarla, tienes que sentir y entender de un
modo extraño la música, cualquier tipo de música. Tiene que estar ahí para ti
cuando todo el mundo se ha ido.
Había
cuatro individuos que cambiaron mi vida para siempre. Pero eso sólo lo entendí
en un momento de mi vida, donde creía que si crecía más entendería. Cuando
creces entiendes menos, todo tiene que ser racional y maduro, que las pequeñas,
las muy pequeñas, nimias y triviales cosas de la vida no generan esa reacción,
no te generan la felicidad con la que sobrevivías.
Esos
cuatro hombres no me conocen, yo lo hice y los entendí a pesar de mis trece,
catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve años. Cuando yo
tenía trece ellos tenían veinticinco años aproximadamente y entendí
perfectamente lo que decían, lo que un piano, un bajo, una guitarra y una
batería comunicaban. Y ellos sin saberlo, entendieron por lo que atravesaba.
La
música te saca de la soledad, te inserta en otra realidad, te sacan de la
rutina, vives al máximo con las notas retumbando en tu mente, sonríes, lloras,
pasas por miles de emociones, mientras imaginas vivir una vida diferente.
Cuando ellos se encontraban en mi vida, ni un solo día fue rutinario, ni un
solo día estuve sola. Pero ellos no lo sabían, y con mucho, ellos nunca lo
supieron, ni lo sabrán.
Uno
de los mejores días de mi vida fue verlos, sentirlos en persona, cuando admiras
tanto a alguien, se convierten en visiones. Resultó que son tan humanos como
yo, a excepción del lenguaje, la altura, el color de cabello, piel y ojos, eran
casi como cualquier otro hombre. Sólo que le habían dado vida a mi vida en esa
etapa de la pubertad-adolescencia-adultez.
Cuando
creces y la vida te golpea, a veces eso no es suficiente. Es muy triste y ahora
más que nunca anhelo a la pequeña personita que era antes. Anhelo que me
bastaba con ver una fotografía, una revista, un disco y una canción para sentir
paz espiritual, para sentir felicidad. Ahora, ya no es suficiente, hemos
envejecido, ellos y yo.
Había
un cuadro en mi pared. Estaban ellos ahí. Mi papá me hacía burla siempre, decía
que les rezaba a mis santitos. Supongo que de algún modo aunque fuese burla
tenía algo de razón. En ese tiempo había esperanza y fe, había algo por que rezar, ahora ese cuadro en mi pared no esta y ha quedado vacía; como vacío se
fue quedando el espacio que ellos dejaron y nada ha podido llenar, aunque ahora
deteste lo que hagan. Por lo de antes, por lo de antes. Había un cuadro en mi
pared.

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