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jueves, 31 de mayo de 2012

Había un cuadro en mi pared



La forma en la que la música impacta tu vida es aún insospechado. La forma en la que una canción te cambia de estado de ánimo es aún sorprendente. La forma en que unos individuos cambian tu vida sigue siendo maravilloso. Todos lo pasamos, y nadie lo entiende así. Tienes que amarla, tienes que sentir y entender de un modo extraño la música, cualquier tipo de música. Tiene que estar ahí para ti cuando todo el mundo se ha ido.

Había cuatro individuos que cambiaron mi vida para siempre. Pero eso sólo lo entendí en un momento de mi vida, donde creía que si crecía más entendería. Cuando creces entiendes menos, todo tiene que ser racional y maduro, que las pequeñas, las muy pequeñas, nimias y triviales cosas de la vida no generan esa reacción, no te generan la felicidad con la que sobrevivías.

Esos cuatro hombres no me conocen, yo lo hice y los entendí a pesar de mis trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve años. Cuando yo tenía trece ellos tenían veinticinco años aproximadamente y entendí perfectamente lo que decían, lo que un piano, un bajo, una guitarra y una batería comunicaban. Y ellos sin saberlo, entendieron por lo que atravesaba.

La música te saca de la soledad, te inserta en otra realidad, te sacan de la rutina, vives al máximo con las notas retumbando en tu mente, sonríes, lloras, pasas por miles de emociones, mientras imaginas vivir una vida diferente. Cuando ellos se encontraban en mi vida, ni un solo día fue rutinario, ni un solo día estuve sola. Pero ellos no lo sabían, y con mucho, ellos nunca lo supieron, ni lo sabrán.

Uno de los mejores días de mi vida fue verlos, sentirlos en persona, cuando admiras tanto a alguien, se convierten en visiones. Resultó que son tan humanos como yo, a excepción del lenguaje, la altura, el color de cabello, piel y ojos, eran casi como cualquier otro hombre. Sólo que le habían dado vida a mi vida en esa etapa de la pubertad-adolescencia-adultez.

Cuando creces y la vida te golpea, a veces eso no es suficiente. Es muy triste y ahora más que nunca anhelo a la pequeña personita que era antes. Anhelo que me bastaba con ver una fotografía, una revista, un disco y una canción para sentir paz espiritual, para sentir felicidad. Ahora, ya no es suficiente, hemos envejecido, ellos y yo.

Había un cuadro en mi pared. Estaban ellos ahí. Mi papá me hacía burla siempre, decía que les rezaba a mis santitos. Supongo que de algún modo aunque fuese burla tenía algo de razón. En ese tiempo había esperanza y fe, había algo por que rezar, ahora ese cuadro en mi pared no esta y ha quedado vacía; como vacío se fue quedando el espacio que ellos dejaron y nada ha podido llenar, aunque ahora deteste lo que hagan. Por lo de antes, por lo de antes. Había un cuadro en mi pared.

martes, 22 de mayo de 2012

Amigos con O



Creo que en algún momento había prometido hablar de mi relación con los hombres, pero no lo había hecho, hasta ahora. Es bien complicado, yo podría ser un niño, lamentablemente, hay cosas del hecho de ser mujer de las que es imposible escapar, un hecho triste. A pesar de mis pensamientos poco femeninos, siempre he tenido problemas para relacionarme con los hombres.

Siendo como soy, y sin aún yo, entender a las mujeres, podría pensarse que estoy rodeada de niños y la verdad es que no, de los únicos niños que estoy rodeada es de mis sobrinos y eso ya es mucho decir. En la primaria era demasiado tímida para hablarle a cualquier persona, niña, niño, maestros, quien fuere. Creo que los niños me creían rara y aburrida por lo que decidían ignorarme como yo a ellos.

Las etapas posteriores decisivas en la vida social de una persona no cambio mucho. En la secundaria era tan amargada, apática, ñoña y teta que difícilmente una niña me hablaba y mucho menos un niño porque siempre les contestaba mal. En el bachillerato me hablaron algunos al principio, aunque generalmente sólo era para molestarme porque hago expresiones que consideran graciosas –absurdo –y por lo que les parece un pasatiempo divertido molestarme.

Ya al final del bachillerato pude tener un cambio de actitud, y sospecho que se debió a las muchas cualidades que, en su momento, me otorgó ser una maldita descontrolada con un grupo; y conocí a los que serían mis primeros amigos hombres. Luego en la escuela conocería a chavos buena onda y con los que podía platicar sin un intermediario y por más de cinco minutos.

Hay un miedo ridículo que no sé si aún tengo, pero que en esas etapas secundaria y bachillerato me perturbaba. Siempre tuve el miedo de hacer amigos hombres y que me salieran con la tontería de “es que me gustas”. Ustedes dirán: oh pues quién las entiende. Para mí hay un principio básico, cuando son mis amigos, son mis amigos y llego incluso a sentir una repulsión tan sólo en pensar en ellos como algo más.  Me sucedió dos veces y traté de sacar mi lado coolness y decir: ok, tú no me gustas pero podemos platicar igual chido, ¡mate! (inserte puñetazo en el hombro). Ridículo.

Puedo contar a mis amigos con las dos manos y me sobran dedos, se han hecho más que mis amigos, los hermanos que no tuve, el lado masculino que yo quizá siempre he tenido. No sé en qué radique realmente, ahora más que mi miedo es que quizá sigo siendo igual de aburrida, tímida y apática que siempre.

Lo malo es que hubo dos excepciones a mi principio básico y fue desastroso. Y ahora ya no sé si aquellos hombrecillos fueron o no fueron mis amigos. Mantengo un buen recuerdo de ellos, por supuesto, después de mi rencor añadido, pero al menos hubo un tiempo en el que a los dos parecía importarles. Después recuerdan que no esperaran a esta personita, ni sacrificarían cosas por ella, y se van. Y es entonces donde entra mi lado femenino. No sé por que no puedo tener amistades con hombres. 

jueves, 5 de enero de 2012

Los niños están bien



"Yo y mis primos, tú y tus primos es una 
línea que siempre está funcionando" 

Ahora con esto de los reyes magos hizo que recordará algunas cosas. Más bien me hizo recordar mis años en la infancia y en general la infancia. Vino a mi mente la forma en que interactuábamos varios primos o sobrinos que no nos llevábamos tantos años. La vida era un poco más diferente. Ahora que lo pienso un momento nunca imagine que sería así a esta edad, de hecho creo que jamás me imagine un estereotipo o algún modo de ser a los 21 años, más bien se limitaba al pensamiento “cuando sea grande”.

Y ahora que recuerdo, supongo que jamás imagine tampoco cómo cambiaríamos y seríamos todos esos primos y sobrinos con los que convivía. A veces se me hace tan extraño, según yo los dejo de ver por unos meses y resulta que no supe de ellos en años y sus vidas han cambiado radicalmente en esos años.

Yo al menos me imagine, bueno, no es que fuera yo muy diferente de niña, era muy tímida, ñoña y callada; pero pensé que quizá cuando creciera me volvería extrovertida y despreocupada. Y sí tal vez, sólo tal vez imaginé que crecería unos cuantos centímetros más de lo que crecí. Ambas cosas fueron mentira. Realmente no fue gran sorpresa, cuando lo pensé me di cuenta y casi creé una teoría acerca de la personalidad.

Mi teoría es que en la primaria eras algo, lo que fuera. En ese ámbito mis gustos cambiaron demasiado a lo que me gustaba en la primaria. De hecho recuerdo que en el bachillerato una maestra nos hizo un ejercicio: teníamos que hacer en una cartulina un collage, una mitad destinada a tus anteriores gustos y en la otra tus gustos actuales. Hasta en el color se veía, del lado de mis gustos viejos era casi morado y rosa, del otro azul y negro.

Hasta cierto punto eso es bastante comprensible. Pero es en la secundaria, la secundaria aunque patética etapa es bastante crucial, te define casi como persona. Fue en la secundaria cuando rechace lo que a mis compañeros les gustaba, cuando me volví una pelada, mordaz y sarcástica, y por supuesto más solitaria. Creo, que a la mayoría les sucedió, incluso pienso que les paso a mis primos y sobrinos.

Ahora los veo y me parece inverosímil estar con ellos, sobre todo cuando observó aquella foto que nos tomaron en una fiesta familiar donde todos éramos unos mocosos. Los juegos cambiaron; la comida cambió; la ropa cambió; la música cambió. Somos esas personas, mantenemos esos nombres pero no somos los mismos. Me preguntó qué sucederá cuando mis sobrinos crezcan. De por si ya es un shock para mí verlos más grandes y que ellos me enseñen a mi lo “nuevo”.

La mayoría de mis primos y sobrinos pasa la mayoría de edad, y es gracioso que piense que soy la única que crece. Hace tiempo, vi a un sobrino mío, le hable como si yo fuera una anciana de cuarenta años y cuando le pregunté cuántos años tenía, porque como siempre olvido esas cosas, y me dijo que dieciocho, me dejo callada. Es muy estúpido que haga esas cosas.

De cualquier forma, aunque esta vida nos ha enseñado lo dura que puede ser y que ya no somos unos niños. Después de todo mis tíos pueden afirmar que los niños están bien, dentro de unos años quizá, nosotros afirmemos lo mismo de nuestros sobrinos.