Después
de la tormenta viene la calma. Eso es lo que dicen, pero en este momento es lo
que espero que no suceda, porque para nosotros los mexicanos la calma significa
la indiferencia y la ignorancia, por esa razón espero que la tormenta continué,
pero de forma positiva, que esa tormenta se materialice en acciones y en
concientización.
Pasaron
las elecciones y no puedo dejarlo pasar. Se cuestiona Ricardo Raphael hasta
cuándo las elecciones en nuestro país se celebraran sin ese toque dramático y un
poco fatalista del que están dotados. Podríamos pensar como imposible el
planteamiento e imagino que los medios de comunicación tienen mucho que ver con
el hecho de la dramatización de las elecciones.
Los
medios de comunicación, el medio de comunicación, el oligopolio, el muégano,
como dijo Andrés Bustamente, de TV Azteca y sobre todo Televisa ha ganado el
día de hoy. No podemos decir que no hacen bien su trabajo, manipularon a un
pueblo oprimido, ignorante y pobre. Hicieron a su Ken con su respectiva
Barbie. Pero esto no es juego de niños ¿por qué la gente voto por el PRI?.
“Oficio
de tinieblas, el ejercicio del poder dependió durante casi un siglo del valor
político de lo inescrutable” asegura Villoro. Así era la política príista de 70
años, donde todo era incuestionable, los políticos eran seres dudosamente honrados
pero por los que se debía votar. Después de probar las agridulces aguas de la
alternancia política el país quedo sumergido en un ambiente todavía más oscuro
y de profunda violencia.
¿Será
entonces que la gente sigue pensando que el PRI al menos sabía gobernar, sabía
robar bajo la “tenebra”, sabía mantener a raya a los narcotraficantes? Yo no lo
viví, tenía cuatro años cuando mataron a Colosio y diez cuando Vicente Fox
llegó a la presidencia. Lo más representativo que supe y observe del PRI fue
cuando gracias a la devaluación en el gobierno de Zedillo mi tía perdió su casa
en Guanajuato.
Tengo
un sentimiento, soy muy sensible. No viví todas esas cosas que vieron mis
hermanas, mis padres y mis abuelos. De niña me gustaba mucho una materia, la
que a nadie le gusta: Historia. En algún momento considere estudiar historia, y
no cualquier historia, la de México particularmente. Leía con avidez las muchas
mentiras que decían los libros de texto gratuito donde obviamente omitían
eventos importantes, uno de ellos: el movimiento estudiantil del 68.
Un
día una profesora nos dejó ver la película de Rojo Amanecer, debo confesar que
lloré y me dio mucha rabia. Yo no viví el 68, ni siquiera mis padres, no
entendí lo que paso con el FOBAPROA en su momento, no tenía consciencia cuando
asesinaron a Colosio, pero leí, leí porque me importaba y no me era
indiferente. Aun ahora, no estuve en Atenco pero leí testimonios y conocí a
Magdalena García y a pesar de eso, cada testimonio que leo me hace sentir que
lo viví y que no puede continuar así.
No
hay un mesías y hoy por hoy no se trata de los resultados, al menos no
fundamentalmente. El día de ayer, a través de los distintos medios que sintonice, el IFE por medio de las notas en radio y televisión, aseguraba que no habría
ningún fraude, ninguna inconsistencia, ningún incidente sospechoso y eso sólo
acrecentaba mi sospecha. Pensaba y pensaba “dejen de decirlo, demuéstrenlo”.
La
realidad en las redes sociales, el impresionante medio de comunicación
ciudadano, fue muy distinta a la que el IFE exponía. No es anarquía, al menos
yo no pienso que se solucione nada matando las instituciones, hay que hacer
cambios. La mayoría de la población no cree en las instituciones, porque no es
la primera vez que sucede, Clouthier en el 88 hizo su huelga de hambre en el
Ángel de la Independencia exigiendo elecciones claras y transparentes.
Después
del despilfarro absurdo y evidente del candidato Enrique Peña Nieto, después de
las denuncias sobre las tarjetas monex y soriana, de las inserciones de
propaganda pagadas a Televisa para dar a conocer a Enrique Peña Nieto, de las
agresiones a estudiantes por miembros del PRI, de boletas tachadas a favor del
candidato príista, de boletas con folio repetido, me pregunto si de verdad
esperan que creamos eso de las elecciones trasparentes si desde el inicio,
permitieron, en campaña, infinitas irregularidades.
Luego
el circo mediático post electoral. El destape de los títeres de Josefina
Vázquez Mota y Gabriel Quadri, que salieron, unos minutos después de los resultados de
las encuestas de salida, a aceptar su derrota. El anunciado triunfo por redes
sociales de Peña y finalmente el discurso ruin, cínico y vil de Calderón.
No
se trata de los resultados, porque la falta de memoria colectiva es una
enfermedad contra la que hay que luchar todos los días, la indiferencia
colectiva es un mal que debemos combatir. Es un hecho, el candidato de PRI es
un ser nefasto, cuya carrera política, ya lo dijo Lorenzo Meyer esta mañana, no
representa ningún logro, es el resultado de una muy buena campaña en medios de
comunicación nada objetivos y comprados.
El
verdadero meollo del asunto, al menos del asunto electoral –ya que contra el
oligopolio televisivo se esta más consciente que nunca –es la falta de
credibilidad de nuestras instituciones. Hay muchas formas de cometer fraudes
electorales, hay muchas formas de engañar a la gente y México lamentablemente
es experto en ese rubro.
Pase
lo que pase, como lo he mencionado en las redes sociales, no hay que rendirse.
Así es, el cambio no está en un candidato, cual fuera el resultado nos toca
salir a ganarnos la vida, a trabajar por uno mismo pero también por los demás;
sin embargo no debemos callar, ni asumir y hay que tener presente que si el
resultado, el espantoso resultado es que Enrique Peña Nieto un mafioso,
ignorante, asesino sea el presidente del país, no gobernará con la mayoría de
su parte. Habrá que informarnos e informar para exigir y no dejarnos pisotear.
Es tiempo de demostrarle al Prinosaurio que ellos no han cambiado, su forma de
gobernar no ha cambiado, pero la sociedad sí.
Aunque si, con un profundo dolor, desesperación, desesperanza, enojo y coraje, a pesar
de querer mantener la cabeza fría, yo también me uno al pensamiento de la
mayoría de las personas que conozco: Peña Nieto no me representa, YO no lo
reconozco como el presidente del país que me duele profundamente.
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