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lunes, 2 de julio de 2012

Pensamientos post electorales


Después de la tormenta viene la calma. Eso es lo que dicen, pero en este momento es lo que espero que no suceda, porque para nosotros los mexicanos la calma significa la indiferencia y la ignorancia, por esa razón espero que la tormenta continué, pero de forma positiva, que esa tormenta se materialice en acciones y en concientización.

Pasaron las elecciones y no puedo dejarlo pasar. Se cuestiona Ricardo Raphael hasta cuándo las elecciones en nuestro país se celebraran sin ese toque dramático y un poco fatalista del que están dotados. Podríamos pensar como imposible el planteamiento e imagino que los medios de comunicación tienen mucho que ver con el hecho de la dramatización de las elecciones.

Los medios de comunicación, el medio de comunicación, el oligopolio, el muégano, como dijo Andrés Bustamente, de TV Azteca y sobre todo Televisa ha ganado el día de hoy. No podemos decir que no hacen bien su trabajo, manipularon a un pueblo oprimido, ignorante y pobre. Hicieron a su Ken con su respectiva Barbie. Pero esto no es juego de niños ¿por qué la gente voto por el PRI?.

“Oficio de tinieblas, el ejercicio del poder dependió durante casi un siglo del valor político de lo inescrutable” asegura Villoro. Así era la política príista de 70 años, donde todo era incuestionable, los políticos eran seres dudosamente honrados pero por los que se debía votar. Después de probar las agridulces aguas de la alternancia política el país quedo sumergido en un ambiente todavía más oscuro y de profunda violencia.

¿Será entonces que la gente sigue pensando que el PRI al menos sabía gobernar, sabía robar bajo la “tenebra”, sabía mantener a raya a los narcotraficantes? Yo no lo viví, tenía cuatro años cuando mataron a Colosio y diez cuando Vicente Fox llegó a la presidencia. Lo más representativo que supe y observe del PRI fue cuando gracias a la devaluación en el gobierno de Zedillo mi tía perdió su casa en Guanajuato.

Tengo un sentimiento, soy muy sensible. No viví todas esas cosas que vieron mis hermanas, mis padres y mis abuelos. De niña me gustaba mucho una materia, la que a nadie le gusta: Historia. En algún momento considere estudiar historia, y no cualquier historia, la de México particularmente. Leía con avidez las muchas mentiras que decían los libros de texto gratuito donde obviamente omitían eventos importantes, uno de ellos: el movimiento estudiantil del 68.

Un día una profesora nos dejó ver la película de Rojo Amanecer, debo confesar que lloré y me dio mucha rabia. Yo no viví el 68, ni siquiera mis padres, no entendí lo que paso con el FOBAPROA en su momento, no tenía consciencia cuando asesinaron a Colosio, pero leí, leí porque me importaba y no me era indiferente. Aun ahora, no estuve en Atenco pero leí testimonios y conocí a Magdalena García y a pesar de eso, cada testimonio que leo me hace sentir que lo viví y que no puede continuar así.

No hay un mesías y hoy por hoy no se trata de los resultados, al menos no fundamentalmente. El día de ayer, a través de los distintos medios que sintonice, el IFE por medio de las notas en radio y televisión, aseguraba que no habría ningún fraude, ninguna inconsistencia, ningún incidente sospechoso y eso sólo acrecentaba mi sospecha. Pensaba y pensaba “dejen de decirlo, demuéstrenlo”.

La realidad en las redes sociales, el impresionante medio de comunicación ciudadano, fue muy distinta a la que el IFE exponía. No es anarquía, al menos yo no pienso que se solucione nada matando las instituciones, hay que hacer cambios. La mayoría de la población no cree en las instituciones, porque no es la primera vez que sucede, Clouthier en el 88 hizo su huelga de hambre en el Ángel de la Independencia exigiendo elecciones claras y transparentes.

Después del despilfarro absurdo y evidente del candidato Enrique Peña Nieto, después de las denuncias sobre las tarjetas monex y soriana, de las inserciones de propaganda pagadas a Televisa para dar a conocer a Enrique Peña Nieto, de las agresiones a estudiantes por miembros del PRI, de boletas tachadas a favor del candidato príista, de boletas con folio repetido, me pregunto si de verdad esperan que creamos eso de las elecciones trasparentes si desde el inicio, permitieron, en campaña, infinitas irregularidades.

Luego el circo mediático post electoral. El destape de los títeres de Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri, que salieron, unos minutos después de los resultados de las encuestas de salida, a aceptar su derrota. El anunciado triunfo por redes sociales de Peña y finalmente el discurso ruin, cínico y vil de Calderón.

No se trata de los resultados, porque la falta de memoria colectiva es una enfermedad contra la que hay que luchar todos los días, la indiferencia colectiva es un mal que debemos combatir. Es un hecho, el candidato de PRI es un ser nefasto, cuya carrera política, ya lo dijo Lorenzo Meyer esta mañana, no representa ningún logro, es el resultado de una muy buena campaña en medios de comunicación nada objetivos y comprados.

El verdadero meollo del asunto, al menos del asunto electoral –ya que contra el oligopolio televisivo se esta más consciente que nunca –es la falta de credibilidad de nuestras instituciones. Hay muchas formas de cometer fraudes electorales, hay muchas formas de engañar a la gente y México lamentablemente es experto en ese rubro.

Pase lo que pase, como lo he mencionado en las redes sociales, no hay que rendirse. Así es, el cambio no está en un candidato, cual fuera el resultado nos toca salir a ganarnos la vida, a trabajar por uno mismo pero también por los demás; sin embargo no debemos callar, ni asumir y hay que tener presente que si el resultado, el espantoso resultado es que Enrique Peña Nieto un mafioso, ignorante, asesino sea el presidente del país, no gobernará con la mayoría de su parte. Habrá que informarnos e informar para exigir y no dejarnos pisotear. Es tiempo de demostrarle al Prinosaurio que ellos no han cambiado, su forma de gobernar no ha cambiado, pero la sociedad sí.

Aunque si, con un profundo dolor, desesperación, desesperanza, enojo y coraje, a pesar de querer mantener la cabeza fría, yo también me uno al pensamiento de la mayoría de las personas que conozco: Peña Nieto no me representa, YO no lo reconozco como el presidente del país que me duele profundamente.

lunes, 4 de julio de 2011

Conocí una persona

Tuve un fin de semana terrible, estuve en cama prácticamente todo el día con una jaqueca que aún no termina, el estrés a flor de piel, gracias a que la escuela siempre es tomada demasiado en serio. Se la pasan diciéndonos que la vida afuera, que la vida en la calle es dura, y la vida de estudiante es muy cómoda, debo decirles a esos infames personajes que la escuela se ha convertido en un lugar de producción de traumas y problemas absurdos y, al mismo tiempo absorbentes.

Hoy por fin puede ir al lugar donde me gusta estar, de verdad me siento muy contenta en participar de alguna forma –ahora no activamente, ni productivamente –en Amnistía Internacional. Debo confesar que me dio bastante vergüenza ir toda comodina después de no haber asistido casi durante tres semanas consecutivas. Pero pensé que tenía ese compromiso y no podía dejar de ir; además claro que me acostumbre de manera estúpida a regresar a mi casa como antes con sólo los aburridos deberes escolares.

Estaba haciendo mis labores y de pronto mi jefe, muy amablemente, me ofreció ir por un helado –me fascina la forma en que todos son agradables ahí – y mientras bajábamos las escaleras, entro a la pequeña oficina una señora. Tenía aspecto humilde, iba acompañada por dos pequeñas que se mostraban tímidas y aún con esa mirada inocente y a la vez picara, característica de los niños.

Su nombre es Magdalena García y fue presa de conciencia, su caso fue tomado por Amnistía Internacional en el 2006, fue detenida y procesada por crimines que no cometió durante el enfrentamiento de Atenco. La señora Magdalena, según nos contó Arturo –mi jefe –fue detenida mientras el cuerpo policiaco tomaba Atenco y cometía los crimines más atroces de los que la mayoría tenemos conocimiento; fue golpeada y capturada como si se tratará de una delincuente de alta peligrosidad, estuvo un año y medio en la cárcel, primero en Almoloya, prisión de máxima seguridad, y posteriormente fue trasladada a Texcoco. Fue liberada al año siguiente en 2007.

Ella sólo nos platicó; a las nuevas voluntarias, que no teníamos el placer de conocerla, el tiempo que estuvo en prisión, y lo importante que era para ella Amnistía. Arturo nos platicó todo lo demás, su historia dentro de prisión, su lucha constante por salir adelante a pesar de las adversidades, la asquerosa burocracia dentro de la prisión y que después de su liberación, doña Magdalena no sólo se había convertido en una activista y defensora de los derechos incansable, sino en todo un ícono para su población y para todas las personas que conocen su historia.

Me parecía impresionante cómo había conocido a una persona tan extraordinaria, que si la viéramos en la calle, seguro no le prestaríamos demasiada atención y tal vez ni siquiera nos importaría. Ver cómo presentaba a sus nietas con el amor que se expresaba de ellas. Observar sobre todo como la mayor de sus nietas veía a su abuela, me hizo pensar en muchas cosas: paso un año, seis meses y cinco días, como ella nos dijo, en prisión, y estaba humildemente llevando unas pulseras hechas por ella para un evento que se llevará a cabo en Europa, donde su trabajo si será reconocido.

Finalmente la forma en que se expresó de Amnistía, con esa esperanza, con total confianza y fe en la organización, me hizo querer estar ahí siempre. Entonces comprendí, cuando ella dijo “es una labor muy bonita la que hace Amnistía”, que mucho o poco sea lo que haga en esa pequeña oficina, sirve de algo, y lo mucho que hace cada persona en ese lugar sirve de algo. Para aquellos que son escépticos y no creen en las ensoñaciones, bueno, la vida es bien cabrona, y yo soy una escéptica pero conocer a doña Magdalena García, me hizo ver que puedo continuar con mi escepticismo pero que no siempre vale la pena.

Y luego me llegó otro pensamiento, mientras tomaba mi camino a este lugar donde vivo: estaba estresada, cansada, fastidiada y enojada; pero, hasta dónde importa todo eso cuando conoces a una persona que en serio le fue mal y sigue sonriendo, esto suena trilladísimo, pero jamás me había pasado, estar frente a frente con alguien cuya vida fue dura, mientras yo sigo cortándome las venas con galletas de animalitos.

Entonces puedo decir, la escuela es una porquería, estoy harta de ella, totalmente fastidiada y no soporto a mis profesores. Siempre dije que no era justo comparar desgracias con desgracias, pero de verdad, ¿hasta cuándo seguiremos haciendo una tormenta en un vaso de agua? ¿hasta cuándo podremos aprender, no, más bien aprehender de los demás?