Hay
varias canciones que tienen por título un número. Pero claro las canciones son
otra cosa, requieren de talento, precisión, instrumentalización y esas cosas
que disfrutas al poner reproducir.
Tengo
que confesar dos cosas el día de hoy. La primera es que abrí una cuenta en
Twitter hace como tres meses, al principio me volví muy fan y ahora es por
demás aburrido, supongo que no lo es cuando eres un “tuit-star” pero como no es
el caso, pues se ha vuelto aburrido y si no es por las respuestas a mis contactos,
continuo borrando tuits sin sentido aunque nadie los lea. La segunda cosa que
debo confesar es que tengo un problema con eso de la “fama”.
Por
ahí va eso de ciento cincuenta. La fama, no sé qué es eso, ¿será sinónimo de
reconocimiento? La cosa empezó en Twitter alguna vez que me emocionó que me
contestará alguien “famoso”, esas cosas de las que un mortal se ilusiona. Luego
llegó mi primera decepción tuitera. Aquí va la historia.
Resulta
que leí al blogger al que sigo, recomendó seguir a una mujer. Pensé que por ser
él recomendaría seguir a alguien lista, sarcástica y hasta buena onda. Comencé
a seguir a la mujer en cuestión, aunque súper apasionada y ferviente fan de
López Obrador, podía soportarlo y además re tuiteaba sus tuits.
Todo
iba muy bien, pensé que había sido buena decisión seguirla. Después, un día, puso algo
así como “vendrá un tracklist de canciones subversivas”, algo que a mi también
me había llegado a la mente por estas épocas post electorales decepcionantes y
desastrosas. Yo humildemente le conteste su tuit. Al poco rato tuiteo una cosa
como: “y además no les pedí su opinión para mi tracklist”. Lo hizo más grosero,
ya que lo sorprendente en ella es su enorme capacidad para maldecir y decir
vulgaridades en ciento cuarenta caracteres, lo reconozco.
Me
decepcioné un poco, no creo que ninguno de los que le sugerimos alguna que otra
canción lo hubieramos hecho con mala intención, pero eso le pasa a uno cuando
quiere encajar en la sociedad. Deje de seguirla porque me sentí como de esas
niñas entrometidas que no le pueden hablar a la chica popular. Dudo que a ella
le afecte mi unfollow ya que tiene más de trescientos seguidores y yo jamás he
llegado a los setenta.
Luego
desde que cambie la interface del blog y te dicen cuántas visitas ha tenido
cada entrada de tu blog he quedado obsesionada. Antes no me importaba, pero
ejerzo más presión sobre mi misma para escribir en este espacio, aunque con
frecuencia no funciona, termino escribiendo diarios y pensamientos como lo dijo
alguien que conozco, creo que tiene razón, cuánta basura virtual hago.
Últimamente
me he dado cuenta que el número de visitas en cada entrada sigue en descenso,
es proporcional a las tonterías que escribo entiendo un poco esa reacción
matemática. A veces, confieso, abro blogspot sólo para ver el número de visitas
y no es por la fama, es más bien que me dicen algo esos resultados, sólo que
aún no logro interpretarlos.
En
fin está es mi entrada número ciento cincuenta y estoy segura que estaré viendo
cuánta gente vio esto. Quizá le haya hecho un favor a aquella chica dándole
unfollow, se deshizo de una seguidora muy acosadora. Y bueno mientras el
blogger al que sigo sea todavía cortés, no tendré pronto otra decepción
tuitera. Mientras he retomado la actitud del bajo perfil también en Twitter,
trato de no responder, por más ganas que tenga, sé que seré ignorada.
Yo no sé por qué me preocupa, nunca lo había hecho. Lo ven, el vacío emocional que traen las redes sociales.

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