martes, 3 de julio de 2012

Supersticiones



Algunas veces creo que soy muy supersticiosa. No es que me de temor pasar debajo de una escalera, pasar donde hay un gato negro, romper un espejo, o ese tipo de cosas; creo que todos tenemos algunos rituales. Esta cosa esotérica sigue siendo absurda, algunas veces funciona y otras definitivamente no. Me llega mucho a la mente mi tonta superstición de los trimestres pares o impares, ahora ya no importa porque ya terminé.

Tengo otra ridícula superstición y tiene que ver con la ropa. No recuerdo cómo fue que instintivamente lo relacioné, pero es algo perturbador. La cuestión es que cuando algo me ocurre, algo malo, no vuelvo a usar la ropa que llevaba puesta en ese momento, la dejo de utilizar un tiempo o nunca más vuelvo a utilizar esa combinación.

Me sucedió por ejemplo, el primer día que me dieron mis náuseas de la gastritis, el día del regaño del profesor de televisión, el… bueno muchos acontecimientos desagradables. Supongo que es algo un poquito natural, hacer esa combinación de ropa me haría recordar “ese” día. Lo considero un mal presagio, de mala suerte, aunque más que nada es aquello del recuerdo.

Hoy he sido víctima, otra vez, de la delincuencia en la ciudad. La primera vez, no me quitaron nada, fui astuta o quizá tonta y arriesgada, y escondí el patético celular que tenía, hoy desafortunadamente no sucedió así. Qué triste subirte al transporte y esperar que aquel, aquella, esos que se subieron te asaltaran.

La cosa es que regresando a casa, sentí coraje, porque si las cosas materiales cuestan y las apegas tanto a tu estilo de vida que se convierten en una necesidad. Yo pienso que el celular no sería una necesidad si la gente llegara temprano en la vida. De lo demás poco a poco se puede llegar a prescindir, conforme paso la tarde se me fue olvidando un poco, y luego llegue a mi tonta superstición.

Sí, dije “diablos, no me pondré esta combinación”, cada quien pasa por sus extraños rituales, el mío si es ridículo, pero cuando vuelvo a ver esa combinación de tenis, jeans y playera/blusa, me llega a la mente ese horrible recuerdo y pienso que es posible que me vaya mal en el día. Así soy yo y mis manías extrañas y locas.

¡Diablos y los tenis son nuevos!

lunes, 2 de julio de 2012

Pensamientos post electorales


Después de la tormenta viene la calma. Eso es lo que dicen, pero en este momento es lo que espero que no suceda, porque para nosotros los mexicanos la calma significa la indiferencia y la ignorancia, por esa razón espero que la tormenta continué, pero de forma positiva, que esa tormenta se materialice en acciones y en concientización.

Pasaron las elecciones y no puedo dejarlo pasar. Se cuestiona Ricardo Raphael hasta cuándo las elecciones en nuestro país se celebraran sin ese toque dramático y un poco fatalista del que están dotados. Podríamos pensar como imposible el planteamiento e imagino que los medios de comunicación tienen mucho que ver con el hecho de la dramatización de las elecciones.

Los medios de comunicación, el medio de comunicación, el oligopolio, el muégano, como dijo Andrés Bustamente, de TV Azteca y sobre todo Televisa ha ganado el día de hoy. No podemos decir que no hacen bien su trabajo, manipularon a un pueblo oprimido, ignorante y pobre. Hicieron a su Ken con su respectiva Barbie. Pero esto no es juego de niños ¿por qué la gente voto por el PRI?.

“Oficio de tinieblas, el ejercicio del poder dependió durante casi un siglo del valor político de lo inescrutable” asegura Villoro. Así era la política príista de 70 años, donde todo era incuestionable, los políticos eran seres dudosamente honrados pero por los que se debía votar. Después de probar las agridulces aguas de la alternancia política el país quedo sumergido en un ambiente todavía más oscuro y de profunda violencia.

¿Será entonces que la gente sigue pensando que el PRI al menos sabía gobernar, sabía robar bajo la “tenebra”, sabía mantener a raya a los narcotraficantes? Yo no lo viví, tenía cuatro años cuando mataron a Colosio y diez cuando Vicente Fox llegó a la presidencia. Lo más representativo que supe y observe del PRI fue cuando gracias a la devaluación en el gobierno de Zedillo mi tía perdió su casa en Guanajuato.

Tengo un sentimiento, soy muy sensible. No viví todas esas cosas que vieron mis hermanas, mis padres y mis abuelos. De niña me gustaba mucho una materia, la que a nadie le gusta: Historia. En algún momento considere estudiar historia, y no cualquier historia, la de México particularmente. Leía con avidez las muchas mentiras que decían los libros de texto gratuito donde obviamente omitían eventos importantes, uno de ellos: el movimiento estudiantil del 68.

Un día una profesora nos dejó ver la película de Rojo Amanecer, debo confesar que lloré y me dio mucha rabia. Yo no viví el 68, ni siquiera mis padres, no entendí lo que paso con el FOBAPROA en su momento, no tenía consciencia cuando asesinaron a Colosio, pero leí, leí porque me importaba y no me era indiferente. Aun ahora, no estuve en Atenco pero leí testimonios y conocí a Magdalena García y a pesar de eso, cada testimonio que leo me hace sentir que lo viví y que no puede continuar así.

No hay un mesías y hoy por hoy no se trata de los resultados, al menos no fundamentalmente. El día de ayer, a través de los distintos medios que sintonice, el IFE por medio de las notas en radio y televisión, aseguraba que no habría ningún fraude, ninguna inconsistencia, ningún incidente sospechoso y eso sólo acrecentaba mi sospecha. Pensaba y pensaba “dejen de decirlo, demuéstrenlo”.

La realidad en las redes sociales, el impresionante medio de comunicación ciudadano, fue muy distinta a la que el IFE exponía. No es anarquía, al menos yo no pienso que se solucione nada matando las instituciones, hay que hacer cambios. La mayoría de la población no cree en las instituciones, porque no es la primera vez que sucede, Clouthier en el 88 hizo su huelga de hambre en el Ángel de la Independencia exigiendo elecciones claras y transparentes.

Después del despilfarro absurdo y evidente del candidato Enrique Peña Nieto, después de las denuncias sobre las tarjetas monex y soriana, de las inserciones de propaganda pagadas a Televisa para dar a conocer a Enrique Peña Nieto, de las agresiones a estudiantes por miembros del PRI, de boletas tachadas a favor del candidato príista, de boletas con folio repetido, me pregunto si de verdad esperan que creamos eso de las elecciones trasparentes si desde el inicio, permitieron, en campaña, infinitas irregularidades.

Luego el circo mediático post electoral. El destape de los títeres de Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri, que salieron, unos minutos después de los resultados de las encuestas de salida, a aceptar su derrota. El anunciado triunfo por redes sociales de Peña y finalmente el discurso ruin, cínico y vil de Calderón.

No se trata de los resultados, porque la falta de memoria colectiva es una enfermedad contra la que hay que luchar todos los días, la indiferencia colectiva es un mal que debemos combatir. Es un hecho, el candidato de PRI es un ser nefasto, cuya carrera política, ya lo dijo Lorenzo Meyer esta mañana, no representa ningún logro, es el resultado de una muy buena campaña en medios de comunicación nada objetivos y comprados.

El verdadero meollo del asunto, al menos del asunto electoral –ya que contra el oligopolio televisivo se esta más consciente que nunca –es la falta de credibilidad de nuestras instituciones. Hay muchas formas de cometer fraudes electorales, hay muchas formas de engañar a la gente y México lamentablemente es experto en ese rubro.

Pase lo que pase, como lo he mencionado en las redes sociales, no hay que rendirse. Así es, el cambio no está en un candidato, cual fuera el resultado nos toca salir a ganarnos la vida, a trabajar por uno mismo pero también por los demás; sin embargo no debemos callar, ni asumir y hay que tener presente que si el resultado, el espantoso resultado es que Enrique Peña Nieto un mafioso, ignorante, asesino sea el presidente del país, no gobernará con la mayoría de su parte. Habrá que informarnos e informar para exigir y no dejarnos pisotear. Es tiempo de demostrarle al Prinosaurio que ellos no han cambiado, su forma de gobernar no ha cambiado, pero la sociedad sí.

Aunque si, con un profundo dolor, desesperación, desesperanza, enojo y coraje, a pesar de querer mantener la cabeza fría, yo también me uno al pensamiento de la mayoría de las personas que conozco: Peña Nieto no me representa, YO no lo reconozco como el presidente del país que me duele profundamente.

sábado, 23 de junio de 2012

No es tan difícil de entender



Nunca les he contado cómo son mis clases de inglés. Yo aún lo siento como actividad extracurricular e intento, y de hecho lo logro, no verlo como una obligación, excepto claro porque las clases cuestan y me dolería bastante el codo si no aprovecho las clases como es debido. A pesar de eso no es tan pesado como podrían imaginarse, voy a cumplir dos años ahí y suele convertirse en un pequeñito fastidio levantarse temprano los sábados, pero esa mujercita (o sea yo) de los sábados por la mañana es bastante agradable y fresca.

No tuve clases de inglés en la primaria, mi único contacto con el idioma era la música pop que llegaba a mis oídos y seguramente un grave washawasheo. Cuando en la secundaria inicié el idioma no me costó tanto trabajo. Llegué a traducir, o hacer el intento, canciones sólo con un deficiente diccionario de inglés-español. Mis hermanas decían que si yo aprendía el idioma sería muy sencillo para mí.

No lo hice antes y, aunque poco, entendía algunas cosas. Realmente ayuda estar loca en algunas cuestiones. El traductor google se convirtió en una herramienta esencial para mí, solíamos ser grandes amigos. Ahora me causa algunas decepciones. Tengo una carpeta llena de traducciones con mi amigo el traductor google y mi pobre gramática.

Ahora creo que estaban en un error mis hermanas al decirme que para mí era muy sencillo y yo de ingenua que me lo creí. Es más complicado de lo que pensé. Lo entiendo, quizá no pueda traducirlo al pie de la letra, pero por ejemplo, en los listenings puedo decir “ah pues dijo esto o aquello”. Escribirlo se me complica pero formo algunas frases coherentes. Lo que definitivamente no he podido hacer es hablarlo.

La primer regla para aprender un idioma es: no pienses en tu propio idioma, no trates de traducirlo. Es difícil para mí ya que aprendí y me inicié en el inglés con un diccionario y mis concepciones primitivas de español. Así que cuando quiero decir algo brillante que pase de más de cinco palabras me pasmo y empiezo con el clásico: “eerg.. errg… am… yeah… I… errg”.

La cosa es que mi pronunciación no es tan mala como la de Salma Hayek en Frida, ni la de Penélope Cruz recibiendo el Oscar, más bien no puedo entablar una buena conversación y para el nivel en el que estoy, debería hacerlo. Primero tengo mi problema de Alzheimer juvenil, por lo que no puedo recordar todas las reglas gramaticales; segundo no conozco aún todo el vocabulario y por último pero no menos importante –para nada menos importante –me da una pena horrible hablar inglés.

No sé qué suceda con el futuro de mi aprendizaje en el idioma. En clase me divierto y ahora comienzo a hablar sin pensar en lo que estoy diciendo, y me queda la sensación de “¿qué demonios dije?”; pero dicen que es bueno. Intento practicarlo, porque he ahí la clave, y cuando mi sobrino me dice “pero no es tan difícil” me preguntó cómo es que no me enviaron a un campamento e intercambie identidad con alguna niña extranjera o de padres bilingües, o de perdis que me hubieran enviado a un instituto de idiomas desde niña, en vez del tiempo que perdí viendo televisión.

Por lo pronto seguiré cantando canciones en inglés mientras tomo mi baño matutino, porque hasta ahora no me ha servido mucho ya que luego resulta que esa ni era la pronunciación correcta, pero en los conciertos bien que sirve.

Y quiero aprender francés, ¡já!

domingo, 17 de junio de 2012

Beginners



¿En qué somos principiantes? En los empleos, en los oficios, en las amistades y en las relaciones en general. Supongo que para acabar pronto, somos principiantes en todo. Aquello de que cada experiencia es una nueva y por lo tanto debes aprender de ella, debe tener algo de crédito, por muy basuración personal que se escuche.

Me pregunto por otro lado, sí las películas son ficción ¿cómo es que logran capturar tanto de la realidad? Me pasa con Somewhere, me pasa con Juno y en mayor, mayor medida con Lost in translation. Tienen algo esas historias sencillas, lo he dicho muchas veces, sobre todo a compañeros en la escuela, las historias sencillas están mejor logradas porque son sencillas y son reales, las sientes y las crees.

Me pasa ahora con Beginners. Si, bueno mi papá no es gay, y quizá a diferencia de Oliver (Ewan Mcgregor) no he llegado a los 38 años sin encontrar el amor, porque aún espero que llegué un león y no quiero una jirafa. Es eso: los diálogos. Recuerdo muy bien que en mi clase de guión la profesora nos repetía que no tenía que haber tantos diálogos, todo tenía que ser descripción y acciones, a mi me valió un reverendo cacahuate y terminé haciendo mi guión con diálogos inmensos.

Ahora pienso que son los diálogos lo que más valoro de las películas. Puedo no recordar las acciones de los personajes, pero recuerdo bastante las frases, las inolvidables frases de las películas y me dan ganas de decirle a mi profesora: ¡eh! ¿qué pasaría si ese personaje no dijera eso?

Si, también las acciones de los personajes son importantes. La cuestión con películas como Lost in translation y Beginners es que no son grandes acciones; son miradas, son entrelazados de manos, caricias, las que son realmente importantes, por eso son reales y bueno quizá por eso me gustan tanto. Trato, quizá ilusamente, de imaginar que en cuanto a dificultad actoral esas historias sencillas son, de hecho, las más difíciles de interpretar.

Beginners es una historia sencilla, nada de la espectacularidad de Hollywood, ni cine conceptual o de arte que tanto aman los hipsters. Oliver un caricaturista de 38 años se encuentra con una excéntrica chica (Mélanie Laurent) y comienzan una divertida relación, mientras él recuerda los momentos que marcaron su vida con sus padres, sobre todo con su papá (Christopher Plummer) quien ha fallecido y en sus últimos años, después de admitir su condición homosexual, decide vivir como tal.

Eso lo puede decir miles de sinopsis. No entiendo de qué modo llega una película a mis manos y puedo verme reflejada en ella, pero es así. Beginners trata, según mi percepción, de nuestras relaciones, de las relaciones con nuestros padres y cómo influyen en la vida de uno. A veces no quieres repetir sus errores, a veces los admiras o los odias, o recuerdas aquel sermón que te dieron hace años.

Se trata del amor, del amor a los padres, de los traumas, de cómo afecta el amor a tus padres con tus relaciones personales, cómo salen a relucir tus miedos. En general habla de cómo vivimos el amor. Y a mi eso se me hace excepcional, aunque no a todos.

Al final, tiene una teoría interesante, todos somos principiantes en las experiencias que se presentan. Dicen que no hay dos experiencias iguales y supongo que es cierto, pueden ser similares pero invariablemente dirás: “nunca antes me había pasado esto" "nunca antes había sentido esto”. Después de ver la película dos veces, de pensarla, de recordar frases de ella me sigue generando ese sentimiento extraño que me sucede al ver esas películas. Supongo que es la magia del cine.

viernes, 15 de junio de 2012

Esto no será un cuento



Era invierno. Mi pretensión no es escribir mis memorias. Estaba nevando. No salí durante días. Me alimenté hoy de avena. Hacía frío. Dibujé hombres y mujeres sin rostros en mi pared. Te recordé. Tomé café todo el día. Tuve insomnio. Jaquecas. Salí. Estabas ahí en la delgada nieve. Soñé. Me volví a encerrar. Volví a salir.

Tomé otro sorbo al café y al ponerlo sobre la mesa nuevamente, observé en su interior y revolotearon unas partículas extrañas. Después me concentré en el papel, era blanco, luego fue gris y finalmente negro. Volví a tomar un sorbo. Llevo días encerrado y la nieve sigue en mi ventana. Volví a la hoja en blanco, luego en gris y finalmente en negro.

Descansé aunque a penas y recordaba qué día era o la hora. Mientras dormitaba temblaba, no sé si del frío o de beber tanto café, es que no lo puedo dejar, mi productividad se mide por la cantidad de tazas que bebo. Productividad y oficio son palabras sin algún sentido.

Logré dormir y soñé. Soñé con siluetas largas, tan largas como postes de luz, se agazapaban unas con otras, como en un show de luces negras. Una pequeña niña se aproximó a mí, mientras veía aquellas siluetas y me dio un sobre. Lo abrí pero se encontraba en blanco. Luego volé sobre la oscura ciudad, sobre la fría y oscura ciudad.

El reloj. La mesa. El tic tac del reloj. La débil luz del sol. La mesa desordenada. El lápiz. La taza vacía. El frío. La nieve. La voz. Una voz. Muchas voces. El silencio posterior. El mareo. La jaqueca.

No me duché ¿para qué? Tomé el lápiz. El papel en negro se convirtió en gris y luego en blanco. Tomé otra taza de café. Miré por la ventana y me percaté de que la nieve seguía cayendo. El lápiz de nuevo para volver el negro a gris y del gris al blanco.

Me volví a recostar. Giré sobre la cama durante horas. El sonido me molestó, la voz y las voces continuaban. Luego silencio y pude conciliar el sueño y soñé de nuevo. Estabas tú en un lago congelado en la orilla contraria de donde me encontraba. Te acercaste y me tomaste de la mano, nos deslizamos por la nieve. La nieve se quebró debajo de nosotros, se rompió y caí al agua helada. Escuché el sonido de tu risa y desperté.

El papel en blanco. El bote de basura lleno de negro, gris y blanco. Una mesa. Una ventana. Dos tazas de café. Una pluma. Una pared. El frío. La nieve. La puerta. Encierro.

Salí a tocar la nieve, al tomarla y pasarla entre mis dedos se derretía y un rayo de sol alcanzó mi piel. Caminé algunos metros y en una vieja tienda encontré una gruesa tiza, y dos, y tres gruesas tizas, las compré. Tomé una botella de agua y un pedazo o dos, o tres de comida chatarra. Regresé y antes de entrar me recosté en la nieve y me dormí.
La risa se escuchaba lejos, de pronto volaba, de pronto me hundía. Recordé tus ojos sonrientes, recordé a personas de las que no recuerdo su nombre. Volé y me hundí al mismo tiempo. Sentí frío por dentro. La risa, tu risa, sus risas regresaron.

Entré, mi chaqueta estaba húmeda. La tiza estaba intacta. Ignoré la mesa de trabajo, ignoré el blanco, y el negro e incluso el gris. Ignoré las tazas de café. Miré por la ventana y me senté, cerré los ojos y escuché todas las voces, y ahora las miradas. Miré la pared y tomé la tiza.

Manchas. Tiza. Dos tazas rotas. El negro. El gris. El blanco. El rojo. El azul. El verde. Cuerpos. Personas. La pared. Hombres y mujeres sin rostros en la pared. Tú y yo sin rostros en la pared.

Y por todo esto tengo que pasar cada vez que requiero concentrarme, que necesito terminar algo y hago otra cosa diferente, así es como mi mente trabaja. Cuando quiero hacer algo y termino dibujándonos sin un rostro, en mi pared. Concentración y creatividad ¿qué más quieres saber?

sábado, 9 de junio de 2012

El señor y su franela


Hay cosas que te mueven, cosas que te hacen reflexionar, más bien escenas. Cuando estás inmerso en la rutina diaria es complicado observar, detenerse un momento, sólo un pequeño momento y observar qué sucede alrededor. Cuando lo hago, resulta que encuentro escenas y personajes que me mueven. Ya había sucedido así y hoy volví a observar. En estos días, pienso, se debe hacer bastante.

Estaba en una avenida cercana a mi casa, esperando el transporte público, eran las ocho de la mañana, el sol a penas comenzaba a calentar. Recordé que días anteriores el sol ya casi estaba en lo alto a esas horas, y meses antes hacía un frío que calaba los huesos. Cuestión del tiempo y la intemperie, pensé. Cerca del lugar donde le hago la parada al autobús se encuentra un banco, y los fines de semana suele ser concurrido por las mañanas –en menor medida que entre semana, pero concurrido –y varios coches se estacionan cerca.

Vi a un hombre mayor, unos setenta años le calculé yo, con un pantalón de vestir algo sucio y roído; una camisa beige bastante percudida; arriba de ella un suéter azul marino también un poco roto; unos zapatos negros gastados y un sombrero de ala amarillo. Lo observé porque tenía algo especial, bueno, a decir verdad los adultos mayores me causan especial interés, siento que su aspecto tienen mucho que decir.

El hombre se encuentra del otro lado de la acera. Se ve que ha esperado ahí bastante tiempo, a pesar de la intemperie y cambios del clima. Me percato que tiene en la mano derecha una franela gris y sucia. Sus ojos tienen algo especial que aún en ese momento no logro detectar del todo. Lo observaba cuando un coche aparco enfrente del banco. El anciano cruzó con cautela la avenida. Su andanza era lenta, pero determinada y eso me llamó la atención. Esperaba que no notara que lo observaba.

Una señora se bajó del auto para entrar al cajero. Rápida y decididamente el señor comenzó a limpiar los vidrios del coche con su franela. Lo hacía con bastante empeño, con el empeño que reconozco a mi me hace falta para hacer las cosas, y descubrí que en los ojos se le notaban las ganas de trabajar. Limpiaba los vidrios de prisa, o al menos lo que su fuerza lo dejaba hacerlo, imagino de forma lógica que hacerlo de ese modo significaría limpiar los vidrios del auto en su totalidad, y que posiblemente eso le redituaría una mejor recompensa que el sólo hecho de limpiar un cristal.

La señora salió del cajero, vio la escena e hizo una mueca que a mi me irritó, pensé: “¡qué diablos señora, no lo mire con desprecio intenta ganarse la vida!, ¿qué usted no sabe lo que es eso?”. El señor se dio cuenta y se alejó un poco detallando un último cristal. La señora rodeó el automóvil y se subió, como es la pésima costumbre de las mujeres de tardarse años luz al subirse a un coche y prenderlo, ésta no fue la excepción. Me irritó especialmente porque yo al menos, ya sabía que no le daría un centavo al hombre; pero mientras esa señora permanecía dentro del auto esculcando su bolsa, significaba una esperanza para el anciano.

En efecto la señora no le dio ni un centavo y los ojos del señor recorrieron todo el auto. Lo siguiente me sorprendió, porque no miró a la mujer con desprecio, como al menos yo lo hubiera hecho; tal vez si, con algo de decepción, pero más bien era una cara de satisfacción. Me confundió mucho, pero imagino que se sintió orgulloso de hacer su trabajo aunque no haya recibido recompensa por ello.

Así llegaron otros dos automóviles en ese tiempo que esperaba el autobús. Ninguno le dio una moneda al señor y yo me sentía tan mal que estuve a nada de acercarme a darle unas monedas. Luego lo pensé e imaginé que a lo mejor el señor se ofendería en vez de besarme los pies y, por supuesto no pediría ante la iglesia que me beatificarán por mi acción. Me quedé ahí esperando el autobús con un nudo en la garganta, y como no había nadie cerca dije en voz alta: “chale, esas son las personas que valen la pena”.

Hemos visto y leído muchas cosas, y son estos momentos de la vida cotidiana que me hacen cuestionarme cómo, cómo lo seguimos permitiendo. El señor debería disfrutar de un retiro digno o al menos de un empleo que sea reconocido, nadie lo debería de ver con desprecio sólo por tener un maldito coche. Es por esa gente por la que escribo, por la que comparto esto, porque son historias que deberían ser escuchadas, porque son esas personas a las que deberíamos poner atención.

El jueves, una compañera le preguntó al escritor sinaloense Élmer Mendoza qué opinaba del movimiento YoSoy132, él contestó algo que me dejó pensando, y mucho. Primero hizo un gesto que es difícil de explicar, no fue de burla, fue raro y después precisó: “es pura chilangada”. Dejar de ser exclusivos y arrogantes pensando que somos mayoría debería de ser una prioridad.

A lo mejor no ayudo en nada al señor escribiendo, publicando y compartiendo esto, como si, por ejemplo, mejor le hubiera dado unos pesos para que limpiara un inexistente coche. Pero no sé, no espero hacer alguna diferencia; sólo observen, hay muchas historias, hay mucha gente que aún esta siendo excluida. Pensamos en nuestros sueños, en los sueños de los más jóvenes. No creo que el señor con su franela tenga esperanzas perdidas. Todavía tenemos una exclusión empezando desde este pequeño punto.

Y después llega la imagen del señor con su franela, me angustió, sigo pensando en él, en la imagen de su lenta y decida andanza, y creo que esto que escribo sigue sin ser suficiente. Quizá el próximo sábado aparte unas monedas y se las de con la esperanza de que no se sienta ofendido. No espero que me beatifiquen, sólo que pueda comer y que cada vez que lo vea me siga inspirando sus ganas de hacer las cosas.

martes, 5 de junio de 2012

Cumpleaños Vol. 2



Es la última vez que hablo del tema porque se acerca, da miedo, se acerca y quisiera no pensar en ello, pero los recorridos deberían ser cortos, muy cortos. Esta es mi breve reflexión nueve días antes de mi terrible cumpleaños.

Hablando del conteo absurdo de los días para el cumpleaños, alguna vez lo hice, hice un ridículo conteo regresivo para mi cumpleaños, cuando no paso nada sorprendente, tendría más sentido hacerlo para un concierto o para  terminar un ciclo escolar pero nunca para mi cumpleaños.

La realidad es que nunca lo he festejado, como me dijeron mis primas tuve tres festejos, de esos en serio festejos, con invitación y todo. Dos por motivo de mi cumpleaños y era muy niña para recordarlo y otra para mi primera comunión, así que no cuenta. No sé por qué hice primera comunión, ah si, estaba en promoción. Créanlo o no ponen de promoción las primeras comunión, confirmación y creo hasta bautizo.

Como sea, la cosa es que me acostumbre, a los no festejos, a las no emociones porque siento que es un día ordinario, y ojalá lo sintiera así, pero la verdad miento, si fuera tan ordinario, no escribiría una entrada para tal día. Más bien es que no genero expectativas acerca de él, respecto por supuesto a una emoción más allá del: Feliz cumpleaños, siempre tan aburrido y siempre tan común de los cumpleaños.

Tampoco espero sorpresas, no me gustan mucho y supongo que surge a partir de que jamás tuve una para saber si en realidad me gustaban. Y también a los regalos, deje de recibir regalos desde hace si acaso unos diez años. Creo que una de mis hermanas siempre me hace un regalo y se esmera en que no sea común, lo aprecio muchísimo, pero sus esfuerzos son mermados porque mis patéticos cumpleaños caen en junio, entre semana o en un sábado o domingo especialmente aburrido, como yo.

No entiendo mucho acerca de él, qué se festeja: ¿qué cumpliste con una jornada de un año y sobreviviste?, o ¿se festeja el año que viene, incierto y desconocido?, aún no entiendo cuál es lo maravilloso, existir, existir. Sigo pensando lo mismo que Ian Curtis: “existencia, bien pues qué importa, existo lo mejor que puedo”. Feliz no cumpleaños, no tan feliz y si atormentador.