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sábado, 23 de junio de 2012

No es tan difícil de entender



Nunca les he contado cómo son mis clases de inglés. Yo aún lo siento como actividad extracurricular e intento, y de hecho lo logro, no verlo como una obligación, excepto claro porque las clases cuestan y me dolería bastante el codo si no aprovecho las clases como es debido. A pesar de eso no es tan pesado como podrían imaginarse, voy a cumplir dos años ahí y suele convertirse en un pequeñito fastidio levantarse temprano los sábados, pero esa mujercita (o sea yo) de los sábados por la mañana es bastante agradable y fresca.

No tuve clases de inglés en la primaria, mi único contacto con el idioma era la música pop que llegaba a mis oídos y seguramente un grave washawasheo. Cuando en la secundaria inicié el idioma no me costó tanto trabajo. Llegué a traducir, o hacer el intento, canciones sólo con un deficiente diccionario de inglés-español. Mis hermanas decían que si yo aprendía el idioma sería muy sencillo para mí.

No lo hice antes y, aunque poco, entendía algunas cosas. Realmente ayuda estar loca en algunas cuestiones. El traductor google se convirtió en una herramienta esencial para mí, solíamos ser grandes amigos. Ahora me causa algunas decepciones. Tengo una carpeta llena de traducciones con mi amigo el traductor google y mi pobre gramática.

Ahora creo que estaban en un error mis hermanas al decirme que para mí era muy sencillo y yo de ingenua que me lo creí. Es más complicado de lo que pensé. Lo entiendo, quizá no pueda traducirlo al pie de la letra, pero por ejemplo, en los listenings puedo decir “ah pues dijo esto o aquello”. Escribirlo se me complica pero formo algunas frases coherentes. Lo que definitivamente no he podido hacer es hablarlo.

La primer regla para aprender un idioma es: no pienses en tu propio idioma, no trates de traducirlo. Es difícil para mí ya que aprendí y me inicié en el inglés con un diccionario y mis concepciones primitivas de español. Así que cuando quiero decir algo brillante que pase de más de cinco palabras me pasmo y empiezo con el clásico: “eerg.. errg… am… yeah… I… errg”.

La cosa es que mi pronunciación no es tan mala como la de Salma Hayek en Frida, ni la de Penélope Cruz recibiendo el Oscar, más bien no puedo entablar una buena conversación y para el nivel en el que estoy, debería hacerlo. Primero tengo mi problema de Alzheimer juvenil, por lo que no puedo recordar todas las reglas gramaticales; segundo no conozco aún todo el vocabulario y por último pero no menos importante –para nada menos importante –me da una pena horrible hablar inglés.

No sé qué suceda con el futuro de mi aprendizaje en el idioma. En clase me divierto y ahora comienzo a hablar sin pensar en lo que estoy diciendo, y me queda la sensación de “¿qué demonios dije?”; pero dicen que es bueno. Intento practicarlo, porque he ahí la clave, y cuando mi sobrino me dice “pero no es tan difícil” me preguntó cómo es que no me enviaron a un campamento e intercambie identidad con alguna niña extranjera o de padres bilingües, o de perdis que me hubieran enviado a un instituto de idiomas desde niña, en vez del tiempo que perdí viendo televisión.

Por lo pronto seguiré cantando canciones en inglés mientras tomo mi baño matutino, porque hasta ahora no me ha servido mucho ya que luego resulta que esa ni era la pronunciación correcta, pero en los conciertos bien que sirve.

Y quiero aprender francés, ¡já!

martes, 3 de abril de 2012

Pam botas mata perro



Hay en mi clase de inglés una chica. Le gusta el metal, pero no se ve metalera, a decir verdad, a primera vista creí que traía una onda emo de los primeros años de 2007, y por su espíritu también pululaba cierto aire de fanática del anime y el manga. Es muy agradable, tiene una voz dulce y camina lento con un dejo de excentricidad también. En absoluto pensaría que le gustará el metal.

Usa unas botas negras de plataforma, largas de cuero, con muchos broches, quien ha visto la película de Scott Pilgrim –imagen que no pude sacar, por cierto –se parecen a las que lleva Ramona Flowers en la batalla final entre Scott y Gideon. Una vez el teacher de inglés le dijo en una clase: “Pam botas mata perros, cuál es la respuesta de la c”. Todos reímos y ella nos contó una anécdota posteriormente.

Dice que le sirven mucho sus botas, se convierten en un artículo de defensa personal para cuando en las calles de esta ciudad, se le atraviesa un tipo con malas intenciones. Precisamente de eso fue su anécdota. A pesar de caminar tan lento y con excentricidad, y de tener un tono de voz muy dulce casi infantil, eso no quiere decir que no pueda defenderse. Resulta que ella iba en el metro y un hombre asqueroso le tocó el trasero, ella volteó y le dio un codazo en la cara, al momento le dijo “no porque me vea vestida así significa que me puede tocar, no soy una puta”.

Se preguntaran cómo iba vestida, aunque para mi no es relevante, se los contaré. Ella viste con sus botas, descritas anteriormente, mallas negras, playeras sin manga y por lo general, en eso si se distingue como metalera, tienen estampado de una banda. A veces se pone una falta de bailarina de ballet, pues si la mujer es algo excéntrica, pero única, y por supuesto todo su vestuario es negro.

Para mi no es importante saber cómo iba vestida, en algo tiene razón, qué importa como vayas vestida, no debería de existir ese acoso ante las mujeres, es absurdo. Recordé también la fiesta del sábado, donde mis familiares me decían que me vistiera más así (con vestido) y mi prima hizo un comentario: “Diles que si quieren que te vistas así cuando subas al metro”. Sí, aunque no debiera importar cómo vas vestida es una de las tantas precauciones que debes de tener como mujer.

Ya van dos veces que me topo con hombre estúpidos haciendo comentarios estúpidos o queriendo llamar la atención, ante esta personita, que cualquier otro hombre normal, toma como a una niña –y lo digo por la apariencia –realmente me molesta.

Un día, regresé del spinning, iba caminando para mi casa, llevaba un pants, mi cabello estaba todo sudado y desarreglado (como siempre), llevaba una playera que me quedaba como talla XL y una sudadera negra. Tomaba agua y vi que un tipo se acercaba a mi, sus ojos notaban esa mirada lujuriosa que a mi, se me hizo absurda, pues iba de lo más fachosa. Al quedar cerca me dice: “Hola” y suelta una risa idiota. Estuve a nada de tirarle el agua en la cara, pero seguí caminando y le grité que era un imbécil.

Y para que vean que ese tipo de guarreces no se limitan a un espacio determinado. La última vez que me paso eso, iba caminando por las calles de Polanco. Llevaba un pantalón negro, de esos que me quedan enormes, un suérter y una chamarra, traía cargando una mochila como si fuera de campamento y una bolsa grande, iba toda sudada (acababa de salir del metro) y lo que es más iba totalmente enferma. Se acerca un tipo gordo, e igual al quedar cerca me dijó un hola lujurioso. Y yo me preguntó ¿Qué diablos sucede con la gente?

No soy una reina de belleza, tengo que admitir que soy afortunada porque puedo contar con las manos, y me sobran dedos, las veces en que hombres idiotas han hecho ese tipo de cosas. No puedo decir eso de algunas, varias amigas que no pueden ni contarlos con los dedos. Me molesta que no haya ese respeto. Lo entiendo, las mujeres a veces son tontas y si algunas se visten… bah, pues si no de la forma adecuada. Pero por favor, señores, lo único que logran con esas cosas es que las mujeres les tengan lastima.

He llegado a la conclusión de que debo entonces usar unas botas como las de Pamela. A veces pienso que el mundo llega a ser muy patético y triste. 

viernes, 23 de marzo de 2012

Vida alternativa



No saben lo bonito que es el estado actual. La emoción, la adrenalina, el éxtasis. No es positivo, tampoco negativo, pero se siente en cada poro y es bueno. Llegó en un momento correcto antes de una crisis. Puedo sonreír un poco. Son las consecuencias de las experiencias primeras. Estoy pensando: “bien no te importa, no me hablas, no quieres saber nada de mí, yo de qué me preocupo”. El día que logre importarme a mi misma la quinta parte de lo que me interesan los demás, estaré del otro lado.

Estuve pensando un poco en eso después de hacer ejercicio, y de recorrer mentalmente las actividades a realizar los próximos días. No soy muy activa, pero esto de ir a hacer ejercicio, darse una escapada, los conciertos e incluso ir a inglés me hacen sentir que hago algo con mi vida.

Justamente me detuve en el inglés, cuando me encontré con la foto de la ardilla inglesa y pensé “a nadie le importa porque es muy local”, no puedo etiquetar a nadie porque ni siquiera tengo en Facebook a la chica que hizo el dibujo. Es mi vida alternativa y la verdad, es bueno tener esa vida.

Pocos lo saben o lo han visto. Cuando no duermo bien me pongo hiperactiva, molesto a personas, rió sin control y comienzo a hacer bromas tontas. Eso se triplica en el inglés. Mis compañeritos de todas las edades, oficios y pensamientos me dicen que “buleo” a la gente, así que imaginen cuán es mi hiperactividad.

No tengo el número de móvil de ninguno de mis compañeros, ni los tengo agregados a Facebook. Al principio no me interesaba, después fue un principio que establecí y ahora lo agradezco, no son parte de mi vida cotidiana a pesar de ser una actividad que ya hago habitualmente, me refiero a ir a inglés. Ellos no saben nada de mi, no saben lo que pienso, mis traumas y mis momentos enfermos. Ellos piensan “Daniela siempre sonríe, es muy feliz”.

Me alegra que no conozcan esa parte de mí que escribo aquí y que en muchas ocasiones, por impulso y un grave error pongo en estados de Facebook. Me alegra que a pesar de ser sábado por las mañanas, pueda entrar por esa puerta fresca y sonriente, casi todo el tiempo. Son pocas las excepciones y ocurren cuando realmente me encuentro exhausta.

Me gusta mi vida alterna, nadie me conoce bien, no necesitan hacerlo y yo tampoco necesito saber más allá de lo que sé.