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jueves, 4 de julio de 2013

La iVida


No fue Steve Jobs, tampoco las computadoras Macintosh. En general fue la evolución y los cambios inesperados que ocurrieron. Lo que hizo Steve Jobs y la manzanita fue poco a poco monopolizar nuestras vidas. Ahora nadie se imagina sin un aparato que no lleve una “i” de por medio.

Recorría un centro comercial. No sé si han puesto atención a las “islas” que hay en medio de las plazas comerciales donde venden accesorios para celular. Ahora también los celulares necesitan accesorios por si no fueran de por si ostentosos. Hoy me fijé en una y me di cuenta que venden cosas muy excéntricas para los iPhone.

Después de recorrer el pequeño local, me enojé. Venden toda clase de cosas para iPhone y al diablo los demás mortales que contamos con otro celular. ¡Claro! Todos tienen un iPhone. Eso de: “todos tenemos un iPhone” me parece una especie de tétrico ritual. Además si no tienes un iPhone tienes que vivir tu vida en la discriminación tecnológica.

Eres un cavernícola, comes con las manos o de lo contrario tus cubiertos están hechos de huesos humanos; seguro vives en una cueva comiendo insectos, también te comunicas por señas y vives en lugares incivilizados del planeta si no tienes un iPhone.

Sí, tengo un problema con los iPhone. Una vez una serie de personas me comentaron que mi aversión al iPhone es, sin duda alguna, porque no tengo uno. ¡Vaya me encanta la psicología inversa! Seguramente es un aparato muy útil, muy útil, eso no lo pongo en duda, pero no mientan, no es para todos y lo saben.

En mi vida me parece inútil un iPhone por varias razones. Hasta ahora no necesito estar conectada las 24 horas; tampoco necesito “tuitear” o actualizar mi estado de Facebook cada cinco minutos, así que por ese lado no lo usaría con frecuencia. La contradicción del iPhone es que su tamaño es demasiado pequeño para fungir o intentar ser un “ordenador” y es extravagantemente grande para ser un celular ¿Dónde quedó la época de “entre más pequeño sea un celular mejor? Creo que regresaremos al modelo Motorola dynatac 8000x.

Confieso que uso varios productos Mac… está bien, el único que no uso es el iPhone. Vivo en una ciudad peligrosa, mis rutas tampoco son muy seguras. He sido asaltada dos veces cerca de mi zona “segura”, y además soy muy paranoica. Si tuviera un iPhone no tendría un uso correcto, si es que existe alguno.

Para las personas cuyas vidas están ligadas al 110% de Internet, es decir, hombres y mujeres de negocios, negocios independientes o afines me parece que resultara muy útil un aparato como esos.

Probablemente esto quede como testimonio por si alguna vez adquiero un iPhone (por favor Thor, por favor no) y entonces ustedes se encarguen de reprochármelo, no sería la primera vez y, no será la última. Pero después de todo esas cosas son bien desechables. Tristemente he visto a personas tardar años en pagar estos aparatos y el día que liquidan su deuda: “Nuevo iPhone 145S10” ¿En serio?

No puedo criticarlo del todo, soy parte de la generación que tuvo que adaptarse de la máquina de escribir a la computadora, del cassette al mp3, los cuadernos a las tabletas. Vivimos en esta iVida que a veces me hace sentir tan vacía.

martes, 3 de julio de 2012

Supersticiones



Algunas veces creo que soy muy supersticiosa. No es que me de temor pasar debajo de una escalera, pasar donde hay un gato negro, romper un espejo, o ese tipo de cosas; creo que todos tenemos algunos rituales. Esta cosa esotérica sigue siendo absurda, algunas veces funciona y otras definitivamente no. Me llega mucho a la mente mi tonta superstición de los trimestres pares o impares, ahora ya no importa porque ya terminé.

Tengo otra ridícula superstición y tiene que ver con la ropa. No recuerdo cómo fue que instintivamente lo relacioné, pero es algo perturbador. La cuestión es que cuando algo me ocurre, algo malo, no vuelvo a usar la ropa que llevaba puesta en ese momento, la dejo de utilizar un tiempo o nunca más vuelvo a utilizar esa combinación.

Me sucedió por ejemplo, el primer día que me dieron mis náuseas de la gastritis, el día del regaño del profesor de televisión, el… bueno muchos acontecimientos desagradables. Supongo que es algo un poquito natural, hacer esa combinación de ropa me haría recordar “ese” día. Lo considero un mal presagio, de mala suerte, aunque más que nada es aquello del recuerdo.

Hoy he sido víctima, otra vez, de la delincuencia en la ciudad. La primera vez, no me quitaron nada, fui astuta o quizá tonta y arriesgada, y escondí el patético celular que tenía, hoy desafortunadamente no sucedió así. Qué triste subirte al transporte y esperar que aquel, aquella, esos que se subieron te asaltaran.

La cosa es que regresando a casa, sentí coraje, porque si las cosas materiales cuestan y las apegas tanto a tu estilo de vida que se convierten en una necesidad. Yo pienso que el celular no sería una necesidad si la gente llegara temprano en la vida. De lo demás poco a poco se puede llegar a prescindir, conforme paso la tarde se me fue olvidando un poco, y luego llegue a mi tonta superstición.

Sí, dije “diablos, no me pondré esta combinación”, cada quien pasa por sus extraños rituales, el mío si es ridículo, pero cuando vuelvo a ver esa combinación de tenis, jeans y playera/blusa, me llega a la mente ese horrible recuerdo y pienso que es posible que me vaya mal en el día. Así soy yo y mis manías extrañas y locas.

¡Diablos y los tenis son nuevos!