Nunca
había sufrido tanto la espera de un concierto. Aquello de los problemas de
salud si influyen mucho en la vida cotidiana, y evidentemente fue una sorpresa
para mí que afectara en la espera para ese concierto, que para ser sincera, aun
no tenía expectativas.
El Vive Cuervo Salón, que para mí, toda la vida será el Salón 21, me trae muchos
buenos recuerdos y tal vez en ese sentido si tenía una ligera expectativa. Así
que nos adentramos a terrenos desconocidos en la sección delantera, sólo para
descubrir más tarde que quizá no sería tan buena idea. El único
deseo que tenía era bailar y bailar con la música de The Rapture.
Pensé
ilusamente, ya no lo haré, que no habría grupo telonero. Por desgracia me equivoqué,
tocaron una combinación extraña de hipsters con hippies: hippieters, dos de
ellos güeros menonitas vende quesos, que tenían una pose rockstar que a mi me
pudo irritar y otros dos que eran completamente equis. Su nombre es Timothy
Brownies y prendieron a la gente a raíz de llegar con su mensaje de paz y
justicia para Wirikuta -se equivocaron de evento -y a lanzar brownies que
muchos emocionados tomaron porque pensaron que tenían marihuana.
No
hay mucho que decir al respecto. Intento a todo costa evitar a la gente, sus
conglomeraciones y sus discursos idiotas. Los conciertos son para desahogarse y
no ponerse serios, pensé, hay quienes lo hacen un estilo de vida. Decidimos
desistir de la idea de estar adelante al menos una canción, algunas veces no
vale la pena arriesgarse y, si vale mucho disfrutar el concierto.
El
viernes conocí a una chica muy agradable que iría al concierto de The Rapture,
y comentó algo muy gracioso que le decía su esposo: tú música de antro para
cinco personas; el hecho era que yo le comentaba al mundo: iré a ver a The
Rapture, después de un poco de silencio y una cara de desconcierto, contestaban: ¡¿a
quién?!, creo que la descripción del punk, indie de The Rapture que hizo el
esposo de esta chica es muy acertada. Indie, indie, indie, el mismo indie de
los años de bachillerato.
Y
fue justamente esa la razón, mis malestares, mi intenseo con la gente
desapareció en cuanto esos hombres salieron al escenario, algo que uno necesita
en estos tiempo de profunda tensión. La razón es bastante obvia cuando escucho
sus canciones simplemente vuelve mi preciada juventud, la que viví y bien, la
que disfruté y bien, en la que no importaba cantar a todo pulmón en el metro y
asustar un poco al señor de intendencia.
Bailé y bailé, brinqué y me aloqué porque no hay otra forma de reaccionar a la música
de The Rapture, su música es tan fresca con tanta energía, que es imposible no
sentir que tienes toda la juventud del mundo y, que no importa lo que pase
cuando salgas porque lo relevante son los siguientes acordes de la próxima
canción y tus brazos moviéndose al ritmo de ellos.
Su
denuncia me encanta: “La gente no baila más, ellos hacen así, cruzan sus
brazos, miran abajo y beben y hacen del baño”. Cuando iba en el bachillerato
tenía sentido; a las dos únicas fiestas que fui representaban exactamente esa
frase. No es que yo sea una gran bailarina, lo que pasa es que cuando la música
me mueve como la de ellos, no importa que no sepas bailar.
Comienzo
a pensar que las bandas que últimamente se han presentado en esta ciudad cumplen
un propósito, o al menos un propósito personal, representan en conjunto una
respuesta que quiero encontrar y que se ha estado materializando, con mucho, me
aventuro a decir que están en el momento correcto.
Así
que a pesar de mucha gente, de algunos pisotones, del cansancio antes y después
del concierto, de las nauseas pre concierto, The Rapture hizo el mejor trabajo
que una banda puede hacer: motivar. Y son sus riffs de guitarra y sus mejores
gritos los que me motivan a hacer exactamente lo mismo. Los que me recuerdan
que es necesario tener sueños.
Podría
usar una foto tomada en el concierto, la realidad es que mi estatura siempre
representará un problema, y decidí en vez de farolear con una foto de que
asistí al concierto, compartir la foto que acompaña esta entrada, porque me hace
recordar cuando los conocí y todo lo que era, y porque la foto es completamente
genial, representa lo que ellos son, su energía y sobre todo su frescura
eternamente joven.

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