Dice mi hermana que todos los días se aprende algo nuevo, esta vez tiene razón. En los últimos tres días he aprendido mucho acerca de mi misma. Quizá el proceso fuere un poco más largo de tres días. Soy una maldita miedosa, eso es muy sabido y alardeado por su servidora. Y descubrí algo mucho más triste que eso: las cosas que he hecho, las hice no por pasión en lo que hago, más bien por obligación.
El
futuro sigue siendo incierto, quiero creer en esa canción de los Gorillaz, pero
me parece todavía lejano aunque hubiere tomado una decisión. Qué tontería que
te importe tanto lo que los otros piensen cuando son los últimos en pensar qué
es lo mejor para ti, porque siempre piensan en lo qué es lo mejor para ellos.
Uno debería ser libre y ya. O quizá he visto demasiadas películas donde mandan
todo al carajo.
Pero
sobre todo pienso en aquellos que me felicitaban, se alegraban por una falsa,
muy falsa y delgada zona de confort. Sólo puedo decir que no puedo estar segura
de nada. Porque las personas siguen opinando al respecto, mientras no sean sus
problemas todo asunto es sencillo de resolver, así somos los seres humanos de
egoístas. Una maraña de cosas, de indecisiones, de constantemente estar
pensando en el qué dirán, de toda esa porquería esta llena mi cabeza.
Decidir
entre lo que te guste hacer –por muy patético y sueño adolescente que parezca
–entre eso y lo que te hace bien o lo que socialmente es lo mejor. Sigue siendo
complicado. Y conforme pasan los días compruebo que esos otros, los que dicen
interesarse, son los que menos te conocen. ¡Qué monótona he permitido que sea
mi vida! Sólo, quizá sólo una decisión cambie ese deseo inalcanzable de querer
complacer a los demás sin importar lo que yo quiero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario