Mostrando entradas con la etiqueta uam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta uam. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de julio de 2012

Primer día de clases



No tenía planeado escribir tanto hoy, nada, no tenía planeado nada, desde hace mucho no planeo nada. Comencé escuchando una serie de canciones de decepciones amorosas y eso trajo como consecuencia recuerdos vívidos. Luego saque un cuaderno. Escribía diarios sin sentido alguno, pensaba que en un futuro me podrían ayudar a mejorar como persona. No sucedió, no ha sucedido y dudo mucho que suceda.

Me llamó mucho la atención esto que les voy a transcribir. Primero es la única vez que transcriba algo de lo ridículo que son esos diarios, y segundo quizá la nostalgia , melancolía y tantas cosas absurdas del hecho de salir de la escuela hicieron que este día que escribí, fuera en especial relevante.

Jueves 16 de octubre de 2008

Querido Diario: Oh si, realmente mucho tiempo, ¿sabes? No te has perdido de mucho, al menos en mis vacaciones no mucho. Si, fui con Jessy, reflexione muchas cosas, me la pasé increíble, regresé a mi rutina vacacionera diaria. No hay mucho que contar sobre eso.

Al fin tengo tiempo. He entrado a la escuela, a la Universidad, vaya cómo ha pasado el tiempo, empecé a escribir esto cuando iba en cuarto semestre (de bachillerato), ya es un rato. He cambiado mucho, me han sucedido muchas cosas.

Me siento muy extraña, extraño muchas cosas, creo que puede que también eso sea algo lógico, son etapas diferentes. Me siento como hasta algo perdida y diferente. Estas vacaciones fueron muy largas y me hicieron pensar en un sinfín de cosas, definitivamente me sirvieron y aún así no me siento como debería o se supondría que me debería sentir.

Entré a la escuela. No sentía los nervios habituales del primer día de clases ¿por qué? No lo sé, tal vez, después de haber ansiado tanto saber qué era lo que iba a suceder, saber cuál era el siguiente paso, decidí también ese día no llegar, como es mi costumbre, con mi cara de pocos amigos y mi apatía. Llegué ahí, ya no era por un rato, me quedaría ahí por lo menos hasta las próximas vacaciones, tres meses de no sé qué. Llegué tarde a clase y eso quizá es un muy mal augurio.

Me gusta el plan de estudios, es diferente e interesante… al tercer día estaba harta. Llegué llorando a mi casa ¿por qué? Estaba lejos de todo lo que conocía y de todo lo que amaba, no había nada ahí que pudiera reconocer o que si acaso se me hiciera familiar, estaba muy asustada.

Mis compañeros no sé cómo describirlos. Todo el mundo me hace la típica pregunta de primaria ¿ya tienes amigos? No, el caso es que todos están muy metidos en sus cosas o la que está muy metida en sus asuntos soy yo. El punto es que vi cómo todos formaban grupitos y cómo la mayoría eran tan cortantes sobre todo conmigo, pensé “Tranquila, tu delirio de persecución”. No fue así, realmente les simpatizo poco a la mayoría de mis compañeros.

Y eso es lo menos importante del asunto, ya que me siento como un vil bicho raro, lo que es aún peor, en ese grupo me siento la persona más ignorante y estúpida del planeta. Veo como participan, como se expresan y dan su punto de vista y me pregunto ¿yo qué sé? Sé de música o bueno creo que ni de eso sé.

Eso era a lo que yo más temía: entrar a la escuela y darme cuenta de que eso no era lo mío o darme cuenta que en lo que pensé que era buena, en realidad, no lo soy.

Claro que ha sido pesado, el recorrido, mis compañeros, la tarea, etc. Estoy de mal humor casi todo el tiempo, no quiero hablar con nadie, estoy más insoportable que nunca, porque como dice esa canción de Coldplay “Tienes lo que quieres pero no lo que necesitas”

Daniela

Después de leer esto, fue casi como una revelación para mí. Mi mayor miedo se cumplió durante estos cuatro años y nunca pude regresarme a este día para darme cuenta y evitarlo. Pero… ¿de qué forma podía evitarlo? 

martes, 10 de julio de 2012

Adiós a mi escuela



Cuando salí de la primaria recitamos un poema llamado “adiós a mi escuela”. Recuerdo las primeras líneas y aún las digo con la entonación aburrida que nos enseñaron. Las salidas de… cualquier cosa representan un verdadero trauma. Cuando mi sobrino salió de la primaria no vi otra cosa que chamacos llorando como si fuera el fin del mundo y pensé: ¡diablos! ¿por qué les hacen esto?

Mi salida de sexto no fue muy diferente. Drama, drama, drama y más drama. Las niñas –ahora adultas –que conocí en la primaria me proporcionaron grandes momentos de los que son imposibles de olvidar. Cambiamos y ya no me frecuento con ellas, pero jamás olvidaré lo que hicieron por mi siendo una mocosa y los lloriqueos en la salida de sexto mientras recitábamos ese poema soso.

La secundaria nunca me emociono demasiado y me molestaba ir a la escuela. Al final algo hacen los profesores que irremediablemente causan que termines abrazando a tus compañeros como si estuvieras ebrio y cantando una canción ranchera o una balada romanticona.

El bachillerato fue la mejor etapa de mi vida. Odiaba la escuela: era sucia, de bajo prestigio, había personajes inverosímiles en él; pero me encantaba estar ahí. Cada vez que la veo me gustaría regresar a esa sucia y fea escuela. Ya por ese tiempo las salidas no significaban mucho para mí. Fui a recoger mi reconocimiento sola y les dedique grandes sonrisas a mis amigos.

Hoy por hoy, el hecho de salir de la universidad me trae sensaciones agridulces. Anhelaba salir de ahí. Aquella escuela en la que había hecho mi examen de ingreso y de la cual me había enamorado, quedó muy en el olvido. Estúpidamente la universidad significó el esfuerzo y el sufrimiento idiota.

Tengo que recalcar que en el momento en que realice mi examen de ingreso, fue el de la UAM el único que hice. De verdad quería ir a esa escuela. Supongo que los primeros trimestres me emocionaba todo de ella, hasta su absurdo  e inútil sistema modular que trae como consecuencia que lleves de lastres a tus compañeritos. Aunque imagino que yo en alguno de esos trimestres también fui un lastre para alguno de mis compañeritos o hasta de mis amigos.

Una de mis hermanas dice: “no lo ves, pero si te ha servido la escuela, hablas diferente”. Nunca lo había pensando, en algún punto debe de servir la escuela, no digo que sea inútil. Sinceramente el que me exprese como lo hago no se lo debo a la escuela. Una parte si y la otra más rotundamente no. Casi aprendí a reaccionar ante los profesores que en la vida real serán los jefes idiotas con delirios ególatras y megalómanos. Que me exprese como lo hago, no tiene que ver con la escuela, tiene que ver con los libros que he leído y sobre todo la gente que he conocido, dentro y fuera de la universidad.

Lo que extrañaré es la vida estudiantil. Ahora que me siento cada vez más cerca de la vida y responsabilidades de la etapa adulta, extrañaré la desfachatez y hippiosidad de la vida estudiantil. Y también por supuesto el tiempo que tenía y del cual no estuve consciente. Hubiera tenido más tiempo sin las enormes distancias, estoy segura.

Pasé aproximadamente 100 horas cada semana en el transporte público por cuatro años. Utilice seis rutas diferentes para llegar a la escuela. Tuve 28 profesores a lo largo de la carrera, unos más malos que otros. Tuve 12 trimestres. Hasta séptimo trimestre éramos en la generación aproximadamente 100 mentes dañadas, desconozco cuántos empezamos y cuántos terminamos. Hice equipo con aproximadamente 42 personas. Y se terminó.

Respecto a mis amistades. Yo insisto en la parte en la que estudiamos la misma carrera y a todos nos gustan cosas bien distintas. No sé si los volveré a ver. El otro día le contaba a una amiga un pequeño hallazgo sobre mí: me desacostumbraba muy rápido de las personas. No es que no los extrañe, aún ahora que ya no veo a muchos y que se han convertido en desconocidos, es sólo que soy dispensable para ellos, su vida y sus proyectos profesionales. Y en parte me da mucho gusto. Sé que triunfarán y veré y/o escucharé cosas de ellos en la tv, la radio, el cine y carteles. Son talentosísimos.

Se acabó y no recito ningún “adiós a mi escuela” porque ya no recuerdo cómo termina. Sé que tendré que ir esporádicamente si decido concluir como se debe la carrera. Cuatro años, es mucho pero se fue rápido.

Nunca había escuchado a Oasis al escribir. Me choca Oasis.


jueves, 31 de mayo de 2012

Graduación



Ya casi termino, ya casi termino, es el pensamiento que quiero, me embargue todos los días últimamente, quiero que me llene para no estar pensando en el martirio que ha significado levantarme todas las mañanas, abrir la tesina y ver las correcciones que aún nos faltan por hacer, tomar el camión, soportar el tremendo calor y aguantarme las ganas de vomitar, tratando de pensar en otras cosas.

Todo con respecto a la graduación me genera nauseas, el término de trabajo que aunque ya es poco irónicamente siempre se convierte en lo más pesado; la réplica en la que me pondré nerviosa y nauseabunda, y finalmente todo ese ritual absurdo de la graduación.

No necesito algo simbólico que me recuerde que he concluido una etapa de mi vida que no volverá. No necesito una foto donde recuerde a esas personas a las que con el tiempo olvidaré, incluso borraré sus rostros de mi mente y su nombres. Ese ritual: la toga, el birrete, la fotografía, los agradecimientos y el anillo se me hacen cosas que sólo vi en las películas americanas adolescentes.

El miércoles que me costó tanto trabajo llegar a la universidad, comencé a pensar si la extrañaría. Cemento y arcilla, me dije a mi misma, cemento y arcilla. Cada vez que alguien pregunta si extrañaré contesto con absoluta firmeza que no; pero si me remonto a mis salidas de primaria, secundaria y bachillerato, no es que hubiera concluido tajantemente olvidarla, salvo la secundaria, pero siempre extrañas algo sobre esas etapas de tu vida.

Pase muchas, muchísimas cosas ahí, conocí a muchas personas ahí, aprendí de otro modo que no fue el estrictamente académico. No sé si a la larga ese tipo de aprendizaje sea más valioso que el académico, es un tipo de aprendizaje que seguro no me dará de comer. Quizá no extrañe la universidad con inmediatez, pero siempre he pensando que la vida estudiantil, no, me equivoco, no lo he pensando, todos me han dicho que la vida estudiantil es muy cómoda, imagino que eso extrañaré.

Mi familia quizá si necesite algo que recuerde que dentro de la familia, sería la segunda persona en terminar una carrera, yo no lo necesito. Honestamente todavía no encuentro algo en esto de finalizar la universidad que merezca un reconocimiento y de lo que verdaderamente me sienta orgullosa.

He pensado que dentro de unos cinco o diez años tal vez me arrepienta de no tener esa parafernalia que significa la graduación. Luego recordé lo terca que soy y orgullosa. Han pasado seis años y el día de hoy no me arrepiento de haber tenido quince años como toda mi familia se encargo de recriminarme. Por lo general no me arrepiento, asumo la responsabilidad y cuando me arrepiento trato de no externarlo. No creo que esta sea una excepción.

No juzgo en ningún sentido quienes deciden hacer todo ese ritual, supongo que ellos si necesitan aferrarse al pasado cómodo que tuvieron. Y también creo que ellos si están orgullosos de lo que significó su carrera y su esfuerzo en la universidad. Yo sinceramente no.

jueves, 24 de mayo de 2012

Yo soy... mexicana



No vengo de una familia revolucionaria, más bien algo conservadora. No recuerdo que algún evento en especifico les haya impactado o indignado tanto como para volverme contestataria. Simplemente como me dicen mis hermanas y mis papás: ¡Ay es que eres tan rara! Yo sólo me he dado cuenta, he observado porque nadie me ha instruido en alguna forma de pensar. Yo sólo leía reportes de Oxfam en el bachillerato, veía noticias en la secundaria y hojeaba libros en la primaria, nada fuera de lo común.

Han sucedido muchas cosas las últimas semanas, yo que tanto me rehusaba al twitter ahora se me hace una plataforma riquísima de información instantánea, muy visceral en muchos casos, y en otras tantas utilísima. Culpo a los autores, culpo a Élmer Mendoza, a Ricardo RaphaelAlma GuillermoprietoHéctor De Mauleón, pero sobre todo a José Revueltas, los culpo a ellos por hacerme reaccionar.

Y agradezco a esa gente que día con día se levanta por las mañanas en una zona de conflicto aquí en México y en el mundo –por todas aquellas acciones urgentes que me tocaba leer en Amnistía Internacional –que me hacen olvidarme de mis propios dolores, que me hacen ser un poco menos egoísta. Gracias a ellos me he olvidado de mi misma para responder ante los demás.

Ayer viví una experiencia como pocas. Estaba muy desesperanzada, después de la respuesta de la gente por lo de Roger Waters, cuantas veces al leer todas esas notas, artículos, crónicas, acciones urgentes no había querido estar ahí, gritarles a quienes han perdido su humanidad. Pensé que a la gente no le importaba y mucho menos a los jóvenes, mismos que se burlaron cuando pedíamos firmas por Egipto y la primavera árabe.

Dicen que ha llegado la primavera mexicana, no sé si así se pueda llamar, aún pienso que nos falta mucho. Cuando comencé a usar las redes sociales, me parecía inútil llamar a la gente a reaccionar por ahí. Me equivoqué y lo agradezco. Cuando habló con mis sobrinos y los veo interesados, me inspiran para salir, para seguirles diciendo, al menos a ellos, que no podemos seguir así.

Ayer en la marcha Yo Soy 132 había muchísima gente, de todas las universidades del Distrito Federal. Un sentimiento me invadió al mirar a mi alrededor y ver todas esas consignas, era alegría y tristeza a la vez. Alegría por lo que decían: México despierta, México cambió, Yo no olvido, y las más de personas adultas apoyando y confiando en nosotros. Sentí tristeza porque nos habíamos tardado, y de eso me di cuenta al leer tantas y tantas injusticias, tanta tristeza, odio y violencia; pero me dio más tristeza que la esperanza que sentía no la pudiera sentir aquella mujer que ha perdido a sus hijas en Juárez.

Faltan muchas cosas. Debo confesar que estoy sorprendida, algo, alguien nos hizo reaccionar, empezó en la Universidad Iberoamericana, y a pesar de que había perdido algunos pre juicios que tenía con la Ibero después de Amnistía, aún quedaban otros pre juicios. El movimiento nació en una universidad privada y creo ahora, que fue lo correcto, si hubiera empezado en la UNAM quizá sería un poco diferente.

Como ya saben, yo vengo de la UAM, nunca he tenido ese sentimiento universitario, ese amor desmedido por la universidad, porque en muchas ocasiones me ha decepcionado, pero vivo aquí, soy mexicana y eso si lo siento. Lo que me gusta de este movimiento es que es apartidista. Las personas se han olvidado de que lo relevante es lo que pase en el país y que no llegará un mesías; se necesitan líderes pero no mesías. Y en esta búsqueda de los líderes caemos en el fanatismo y las provocaciones. Lo que importa es México.

Me parece un buen comienzo exigir la democratización de los medios, porque sabemos que quienes manejan el país no son los políticos, ni los presidentes, en estos días, los nombres de Salinas Pliego y Azcárraga son de mayor peso que el propio presidente. Pero esos apellidos jamás han sabido lo que el pueblo necesita. No, al pueblo no se le educa por la televisión; pero tampoco se le falta al respeto.

¿Por qué estar tan en desacuerdo con la candidatura de un individuo? Más allá de su corrupto historial, por lo menos a mí, me indigna que alguien como Enrique Peña Nieto contienda por la presidencia después de las muchas violaciones a los derechos humanos cometidas en Atenco. Se le falta al respeto, un respeto que él dice tener en muchos sentidos, porque por lo menos yo, considero un insulto su postulación como candidato, a eso se le suma que proviene de un partido que entre nosotros tiene, muy poca credibilidad.

Todavía hay algo en el movimiento de Yo Soy 132 me sigue generando sentimientos encontrados, son dos cosas: la primera es, que aún tenemos brechas, aún poseemos barreras evidentes entre universidades, cada quien se reunía con la universidad de la que provenía, como tribus. Entiendo que el movimiento tuvo su iniciativa en la Ibero, pero si se pretende que crezca, ya no debería nombrarse como un movimiento exclusivo de la Ibero, ni de ninguna universidad, sino de México.

Y la segunda cosa es que, aún nos creemos el centro del universo, aún pensamos que lo que decimos, lo que exigimos, es lo que todo México necesita, quiere y piensa, podríamos pensar que sería lo correcto, que todo México o al menos la mayor parte exigiera lo mismo que nosotros. Hoy antes de subir al trolebús, estaba un hombre más o menos de unos cincuenta y tantos años vendiendo agendas, y tenía una mirada de hombre cansado, pero trabajador, que seguro se levanta a las cuatro de la mañana a vender sus agendas sin saber si venderá lo suficiente para sobrevivir en la semana, y que quizá, no piense igual que nosotros, porque nuestros sueños todavía parecen exclusivos:

 "...son chilangos, qué esperaba, no tienen ni idea de lo que ocurre en ninguna parte que no sea la ciudad de México” escribió el autor sinaloense Élmer Mendoza, y no pude estar más de acuerdo.

Que el cambio esta en nosotros y como nos manejamos en la vida cotidiana es cierto, pero cuando lo haces entonces te comprometes como ciudadano y platicas sobre tus ideas también es necesario. Muchos dirán que es sencillo hablar desde aquí resguardada detrás de la computadora, pero esta es mi forma de expresarme y también es por eso que hablo con mis sobrinos porque quiero que sus sueños no sean exclusivos.