¿Se
acuerdan lo que hicieron por estas fechas el año pasado? Yo acabo de
recordarlo, porque fue justo cuando empezó
todo, fueron casi las mismas razones que me llevaron a escribir la parte
primera de una entrada cuyo título es similar.
Ahora
no estoy tan frenética con aquello de las luces navideñas. La verdad ni
siquiera me di cuenta cuándo comenzaron a poner esas luces mis vecinos en sus
diminutas ventanas de los departamentos. Quizá se deba a que antes tuve que
percatarme de las luces de mi ventana, que no pedí, no quería pero están ahí,
insistentes.
Eso
no quiere decir que mi repudio por la navidad haya desaparecido. Odiaré la
navidad y dudo muchísimo que algo me haga cambiar de opinión. De hecho este año
es aún peor, eso de adelantar las compras navideñas, los aguinaldos y vales de
despensa han hecho que esta ciudad se convierta en un mayor caos de lo que ya
es.
Hoy
hice algo que pocas veces me atreví a hacer anteriormente. Salí a dar un paseo,
como me dijo el jardinero de la colonia cuando me vio salir. Cuando me lo dije
lo pensé y estuve de acuerdo con él, era la mejor forma de describir lo que iba
a hacer el día de hoy.
Comencé
por mi sitio de lectura, pero decidí que no tenía tantas ganas de leer y
comencé a caminar y a caminar, hasta que me di cuenta que caminé todo paseo de
la Reforma, hacía frío pero no importo, oscureció mientras caminaba y vi
encendidas todas esas luces navideñas que no guían hacia ningún lado, que sólo
cambian intermitentemente, que son inútiles.
La navidad es lo mismo, siempre es lo mismo, por eso me choca y la odio como la odia el Misery Bear. Ese oso es tan miserable.

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