Por
dónde comenzar con esto de la convención
anual de hipsters, perdón, del Festival Corona Capital. Creo que ir a dicho
festival se convirtió en un hábito, de esos malos que tienes y son, algunas
veces, irremediables. Y precisamente fue eso, el hábito, pero más aún, lo
descubrí después, la añoranza.
Este
año sirvió mucho más para observar las acciones de la desagradable gente que va
al festival, no toda, pero un grueso de la entrada se llena de personas, perdón por mi comentario fascista, que deberían ser exterminadas. Realmente fui a pasear,
al menos, eso me sucedió el primer día.
Como
bien, y muy bien, lo dijo una amiga mía, pudieron haber armado un muy buen
cártel con todas las bandas sin ser dos días. Me sigue perturbando sus aires de
Coachella de petatiux. Pero se vieron muy soberbios y en su afán aspiracional
Coachella-Lolapalooza-Glastonbury, decidieron hacer dos sosos, pero algo
rescatables, días.
Honestamente
vinieron muchas bandas que no conocía y no tenía ánimo, mi vejez prematura me
lo impedía, de conocer. Por tal razón, el día sábado –primer día del festival –llegue
tarde. El tiempo es muy valioso como para desperdiciar una hora o poco más de
una escuchando a unos monitos que no sabes que tan buenos o malos son. Lo mejor es irse a la segura.
A
pesar de eso me tocó escuchar la aberración musical que significa todo lo
concerniente a un grupo que se dice llamar Zoé. No tengo más comentarios al
respecto.
Tenía
mucha curiosidad por ver en vivo a Cat Power, en realidad, quería saber si era
cierto que se escondía detrás de la batería. No es del todo cierto, pero la
personalidad que tiene su voz y que deja ver en sus muy bonitas fotos es la que
quizá le falta a la hora de interpretar en vivo. La verdad no me sorprendió
mucho, no la amé, ni la odie; pero me pude haber ahorrado esa hora.
Compruebo
una vez más que no tener expectativas es lo mejor que puedes hacer en la vida.
No tenía actitud pre concierto. Le pedía a todas las fuerzas de la naturaleza
que llegara esa emoción. Incluso llegué a pensar en vender o hasta regalar el
boleto del sábado.
Después
de Cat Power le siguió Franz Ferdinand. Franz Ferdinand eran de esas bandas que
escuchaba en el bachillerato. De esas bandas que veía en cada sticker o pulsera
de aquél grupito pretencioso en el bachillerato. Eran de esas bandas que
escuchaba en los discman y de las que merecían que le subieras el volumen si
pasaban un vídeo de ellos. Finalmente eran eso, el bachillerato, lo que ya
pasó.
Gran
sorpresa me llevé. Si claro, eran el bachillerato y había olvidado que fue la
mejor etapa de mi vida. Sobra decir que con mi no emoción pre concierto,
obviamente tenía el cansancio de la vida laboral y los veinte años que me he
cargado solita en estos últimos dos meses.
En
cuanto salió Franz Ferdinand y escuché Dark in the Matinée, me sucedió lo mismo
que con The Rapture el año pasado. Estaba ahí brincando, cantando y quitándome
esos veinte años de encima. Era la persona que había sido hace unos cinco años.
Siempre
había visto en vídeos cómo la gente ente la multitud brincaba al mismo tiempo,
movía los brazos y aplaudía al mismo tiempo. Lo típico y a la vez lo épico de
los conciertos. Gracias a mi estatura y la poca resistencia que tengo, sólo me
había tocado presenciar en vídeo o de muy lejos eso. Ahora fui parte y realmente lo disfruté. Estoy segura de que si
regresan los iría ver sin dudar.
Llegó
el domingo y con la emoción de ver a Florence and The Machine. Porque son de
esas bandas que has visto millones de veces por Youtube y las mismas que
piensas que nunca escucharás en vivo. Porque con esa mujer salen mis momentos y
sentimientos más nena que tendré. Y una que otra lágrima y grito de desamor.
El
segundo día si llegué temprano. Escuché a un grupo llamado The Big Pink, fueron
buenos, pero los grupos de pronto te tienen que impactar, tienen que hacer que
muevas los piecitos, que tengas esa canción todo el día y ellos no lo lograron.
Después
de escuchar tanta recomendación sobre Alamba Shakes los escuché sin prestarles
tanta atención. Es complicado, pero en ese tipo de eventos con las multitudes y
a pesar de tener las bocinas al lado o las pantallas, es más fácil que uno deje
de prestar atención. Lo que si destaco es la voz de la vocalista, si es
impresionante.
Todo
el mundo alabó a los Maccabees. Tal vez soy yo y mi amargura, son unos chicos
lindos, como las bandas que últimamente salen que tienen nombres parecidos ya
todos son The algo o Black algo. Tuvieron una o dos canciones que me hicieron
mover el pie y a pesar de salir Florence Welch a cantar con ellos, no fue algo
sorprendente para mí.
Irónicamente
el grupo que más me gustó, en esa espera por ver a Florence, fue a la que no
vi. Como siempre mis problemas de salud se hicieron presentes, si es mental, en
serio debo concentrarme en sacar mi alegría o algo así. Comencé a sentir nauseas
y decidimos sentarnos. The Drums tocó mientras yo me encontraba como una
anciana sentada y esperando a que las náuseas no surtieran un efecto
embarazoso. Y ahora sólo recuerdo esa
canción que dice: “let’s go surfing”.
Después
de The Drums siguieron Snow Patrol, otra banda esporádica de bachillerato. Snow
Patrol es, para mí, lo que Coldplay no pudo conservar. El sonido de Snow Patrol
se me hace antiquísimo, entre lo que quiere pegar pero no porque se mantiene en
lo clásico. Lo que respeto de ellos, es que hasta ahora, como lo hizo Coldplay
o muchas, muchas otras bandas, siguen siendo un poco lo que siempre ha sido
Snow Patrol.
Y
bueno, aquí viene la parte difícil. Pues si, en este momento muchos estarán
enojados ¿cómo es posible que no vi a Suede, a My Morning Jacket, a los Hives
–que siempre me parecerán lo mismo- ni a los muy, muy asediados Black Keys?
Sobre todas las cosas ¿cómo es posible que no haya visto a New Order?
Evidentemente,
nunca he ido a verdaderos festivales. No sé cuáles serían las formas de elegir
entre una banda u otra. Soy nueva en esto. Por ahora, lo he decido por
corazonadas. ¿A quién sientes que debes ver? Mi corazón de nena me dijo que a
Florence and The Machine y me sentía realmente emocionada al respecto.
No
me defraudo para nada. Es una mujer esplendida, sabe en serio hacer su trabajo,
nos hizo cantar, bailar, brincar y gritar. Se ve, que le gusta su chamba y se
vio que lo disfrutó. Lo que me encantó y lo que siempre me gustará es ver la
expresión de los músicos cuando no se esperan una reacción. Ver su cara de
sorpresa y también de satisfacción fue muy lindo. Pero al final, muy al final,
sentí que algo me faltó, quizá una o dos canciones, pero sentí que algo faltó.
Me
enteré que New Order tocó Love will tear us apart y Atmosphere. Justo una amiga
estaba en el dilema Florence o New Order. Yo le di mi absurda teoría de a quien
tu corazón diga, ridículo. Pero quizá a mi corazón o a mi consciencia, o a mi
vida no le hubiera caído nada mal escuchar, sobre todo Atmosphere. Otra vez la
añoranza.
No
es Joy Division, nunca lo será. Ian Curtis, es de esos personajes
irremplazables. Si, si nadie es indispensable, al diablo, él si lo es.
Aunque quizá y sólo quizá escuchar Atmosphere no hubiera sido lo mejor para mi
salud mental.
Al final
no fue tan mal, estoy cansada y sorprendida con otro asunto curioso. No sé si
se trataba de publicidad. Les digo que por soberbia de hacer dos días de
concierto, no se vendieron sus boletos –por cierto, caros, muy caros –había
menos gente a comparación de los años anteriores.
El
punto es, que había mucho extranjero, no creo que sea un asunto de
internacionalización del festival, de verdad que esos aires aspiracionales son
muy absurdos. O tal vez, estaban por ahí y decidieron ir, quizá me estoy
haciendo otra vez ideas conspiratorias. La cosa es que, sin intención de sonar
xenofóbica, era un poco extraño, te hacía pensar ¿dónde diablos estoy?
Sea
como sea, no fue el mejor año. No sé si en el futuro mi vejez me permita este
tipo de peripecias. Tampoco si mi presupuesto lo permita. Pienso también que a
la larga, con mucho esfuerzo y con intención, los malos hábitos se quitan.

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