Ayer
vi algunas fotos aleatorias. Encontré una muy linda que es la que miran en este
momento o en algún momento lo hicieron. Recordé que tengo una cámara así y
también recordé la primera vez que tome una cámara así.
Mi
papá tenía una cámara así, la verdad no recuerdo la marca, tenía nombre
oriental, aún no soy lo suficiente hipster para aprenderme las marcas y los
modelos de las cámaras. Pero a mi papá le fascinan esas cámaras. Un día quise
usarla y como no era de aquellas que sólo le apretabas el botoncito y ya –como
todo el mundo tenía y que mi papá se rehusaba a comprar y utilizar –le exigí
que me enseñara de menos a disque enfocar ese aparatejo.
Cuando
disque aprendí a hacer eso, no solté la cámara y una vez que entré a la carrera,
la cosa que más me emocionaba era la fotografía. Acabe realmente decepcionada y
también me di cuenta que en realidad nunca aprendí esas mini lecciones de cómo
enfocar en la cámara que mi padre con tanto esfuerzo me enseñó.
Fue
como recordé que soy así. Me enseñan cosas que en apariencia aprendo pero luego
me doy cuenta que nunca aprendí. Desde esa cosa tan sencilla de aprender a
recoger tu cuarto, pasando por las matemáticas, los cursos de redacción, las
lecciones de cómo usar esos aparatos horribles “comunicativos”, hasta las
grandes lecciones de la vida.
Nunca
aprendí que debes ser agradecido con todo lo que se te presenta sin quejarte,
ya que todas son oportunidades; nunca aprendí a que las cosas que siempre
llamamos como “nuestras” nunca son nuestras, ni nuestros padres, ni nuestras
hermanas o hermanos, ni mucho menos nuestros amigos; nunca aprendí a ser
ordenada y nunca aprendí esa canción que me costó tanto trabajo.
Ahora
pienso, cuando veo el título de mi entrada “no sé leer” que quizá también,
nunca aprendí a leer y a escribir. Para qué existen las lecciones si nunca se
aprenden. A veces me pasa que tomo una decisión, decido por ejemplo, ir a esa
reunión, a esa fiesta, a esa clase, a ese lugar, cuando todo me decía que no
fuera –mi superstición es grande y también las señales o intuiciones a las que
uno reglamentariamente debería hacer caso –vas a aquél sitio, a esa clase, a
esa fiesta, a esa reunión y es un desastre. Otro día, la misma situación… vas,
nunca aprendes.

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