Algunas
veces pienso que veo y me gustan tanto las películas porque espero resuelvan mi
vida de alguna forma. A veces funciona y trabajan como una especie de terapia
psicológica con todo y sus lugares comunes, frases muy utilizadas, personajes
cotidianos, etcétera.
Llegan
en momentos. Más bien el título de una película resulta ser muy sugerente en
esa etapa de tu vida donde necesitas que alguien te repita eso que suena
constantemente en tu cabeza, y que tal vez digas en voz alta a solas, pero que
no admitirás en público.
Repetiré
aquello que dijo una buena amiga mía, que durante este tiempo, ha aprendido más
de ella y me sigue sorprendiendo. Necesito sentirme amada, dijo, pero necesito
más aprender a estar conmigo misma, añadió. Sus aprendizajes siguen surtiendo
un efecto secundario en mí extraordinario. En mi caso la mayor parte de las
veces los aprendizajes son fallidos.
La
semana pasada vi una película llamada Ruby Sparks. Últimamente he visto varios
largometrajes de gente que escribe. Ahora ya todos escriben. Es un lugar común
en los guiones de las películas y una actividad que las personas ya no hacen.
Creo que es esa razón por la cual me atraen y me resultan peculiares… pero sobre
todo es la razón por la cual me identifico.
No
les contaré la película, es de mal gusto. Les diré un poco la premisa: un
escritor frustrado decide escribir sobre la chica de sus sueños y un día
ella aparece. Continuamos con los clichés, pero la verdad siempre he sido del
pensamiento de que a veces funcionan: lo simple funciona.
Hubo
un pequeño debate sobre la película. Cuando imaginas a alguien, perfecto para
ti ¿a quién estás inventando? ¿a ti mismo? Creo fervientemente que buscamos en
otras personas cualidades de las que carecemos. Pensamos que resolverán nuestras
vidas y nos cambiaran o quizá esperamos cambiar a las otras personas. La
discusión puede ser tan larga o tan corta como deseemos.
La
cuestión es que nadie cambia. Y si, necesito sentirme amada, como todos los
seres humanos. Buscamos en alguien nuestro complemento, pero quizá, quizá sólo
deberíamos estar con alguien que nos ayude a sacar lo mejor que tenemos. Podría
pensar que necesito a una persona diferente a mi: sociable, alegre, divertido,
humilde, positivo, elocuente, impredecible… pero buscaría lo que quiero ser.
Quizá
no este en alguien más hacerme cambiar, hacerme ser como quiero ser. Y finalmente hoy, vi otra
película: Las ventajas de ser invisible. Al final el protagonista hace una
simple y obvia reflexión: Vive tu vida. Quien sabe qué suceda mañana, pasado,
dentro de un mes o un año, simplemente vive tu vida.
Me
dejo pensando sobre todo por la parte añadida de mi amiga, la parte en la de
aprender a estar con uno mismo. Debo admitir que me he enamorado de las
personas incorrectas y no porque sean malas personas, más bien porque lo que
quería de ellas no era lo correcto. Al final tratas, con mucho esfuerzo, de
entender lo que las frases trilladas, los clichés y los lugares comunes dicen:
algo, alguien llegará o… lo que sea, agrego yo.
No hay
tal, no hay una pareja ideal, a menos claro, que queramos estar con nosotros
mismos toda la vida, pero somos de verdad molestos. Tal vez, debamos dejar de
culpar a los demás de nuestros errores y si, dejar de tenerle rencor a esa
persona que no hizo más que dejarlo pasar y asumir su decisión.

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