De
manera irremediable regreso a ti, acudo a ti. No hay sorpresa en ello, sólo
recurro a ti porque lo sabes. Es natural conoces todo y conoces
nada. Estás y no estás. Sabes muy bien quién soy y sabes también quién no soy.
Acudo a ti porque conoces el principio y tengo la esperanza de reconocerlo.
Hace
unos once años aproximadamente, cantábamos una cursi canción: te voy a escribir
la canción más bonita del mundo, voy a capturar nuestra historia en tan sólo un
segundo. Qué boba canción. Ayer la escuché y me sentí como cuando tenía once
años. Cuando prometer no fumar, ni beber era una convicción a futuro realmente
fuerte. Bueno, gracias a mis problemas físicos yo he podido cumplirlo.
No
importa que tan a menudo nos veamos. Conoces, extrañamente, todo y comprendes
todo y nada. Sabes lo que fui y porque soy lo que soy. Siempre que te veo o
platico contigo, quiero preguntarte una y otra vez, con desesperación, si
recuerdas cómo era. Conoces a todas las Danielas y a la única que hay.
He
pensado, honestamente, que platicar contigo o contarte, se vuelve en una forma
de no sentir esa soledad y vacío que deja el resto de ellos, es realmente
egoísta y ruin. Pero al escuchar tu voz me doy cuenta que es un reflejo o una
costumbre afianzada a lo largo de estos dieciséis años de conocernos. Siempre
espero que no tomes a mal mis gritos y auxilios tan frenéticos. Realmente tu
sabes qué clase de pensamientos resguarda esta mente. ¡Qué clase de
pensamientos!
Me
irrita el modo en el que cuando te encuentras bien, quieres externar que
también a mi me ira bien. Esa vibra positiva que nos da cuando marchan bien las
cosas. Lo entiendo, sólo me irrita. Y por otro lado me parece tan gentil.
Quiero pensar que no se trata de lástima.
He
aprendido mucho de ti. Te entendí de un modo extraño. Me enojaba saber cuando
mentías. Después comprendí. Un día, de un mes, de un año no tienes nada que
hacer, haces creer al mundo lo contrario y argumentas quehaceres inventados
porque no quieres ver a nadie o quizá porque quieres ver a alguien pero no está
disponible, entonces no hay nadie. Comprendí cuando me sucedió.
Me
llegan a la mente tres nombres, de tres personas que han cambiado mi vida. Que
me cambiaron, sin siquiera tener la pretensión de hacerlo. Tu eres una de
ellas. Agradezco más la indiferencia, las mentiras y las promesas rotas que me
has hecho. Sólo de ellas aprendí.
Sin
embargo podría escribir sobre ti muchas cosas, que aprendiste a la mala, pero
te respeto profundamente por ello. A pesar de todo, eres una de las personas
más autenticas, con todo eso que implique, que he conocido. Y valientemente has
enfrentado tus tropiezos. Porque siempre puedo escribir cartas de recomendación
para ti. Porque quiero continuar cerca y saber si me puedes responder: ¿Cómo
era antes, antes de todo esto? Es que ya no me acuerdo.

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