Un
día le recriminé eso a una persona. No puedes decir que NO, ese es tu problema,
le dije. Y ahora recuerdo eso una y otra vez. Aún ahora, sigo pensando que NO puedo imaginar cuán extraña es la gente. Sigo aprendiendo mucho más de las personas y de mi misma que de lo verdaderamente esencial.
NO.
Son dos letras difíciles de pronunciar. Causan tantos problemas. Qué tal que de
pronto todos comenzáramos a decir que NO a todo. Seríamos tachados de
pesimistas, sobra decir, yo ya soy una pesimista. En una ocasión escuché que
los pesimistas eran personas que NO se conformaban con su entorno por lo tanto
se negaban a aceptarlo, NO son conformistas. Sin afán de ser
pretenciosa puede que sea algo cierto.
Decir NO, es muy parecido a contestar "bien" cuando te hacen la pregunta: ¿cómo estás?
Es difícil, sobre todo cuando eres de esas personas que le importa mucho lo que
opinen los demás. Buscamos a toda costa el consentimiento ajeno sin importar
cuánto nos cueste a nosotros.
Y
por mi experiencia, cuesta muy caro NO aprender a decir que NO cuando es
necesario. Drama, drama y más drama se genera si esas dos letras NO aparecen. En parte, al menos en mi caso, pienso que decir NO me convierte en una persona despreciable o de algún modo me estaría contradiciendo en la parte de la amabilidad, pero… tampoco se
puede decir que si todo el tiempo.
De
pronto pienso que así nos educan, como cuando las madres cariñosamente te dicen
“NO me contestes, NO me rezongues, NO dejes comida en el plato, cállate y NO hables, NO hagas ruido” irónicamente la afirmación que comenzaría con el sumiso
“SI mamá, está bien”, aún cuando eso implica hacer algo que te desagrada, resulta
de una prohibición y de una negación.
La
palabra NO que se consideraría negativa pasa a ser un acto de amabilidad. Por
ejemplo, vas a casa de alguien, la persona en cuestión te invita un vaso de
agua de horchata, odias la horchata, pero respondes que si por amabilidad y
para NO desairar al otro. Y como ese, miles de ejemplos, hacemos cosas que nos
desagradan por NO aprender a decir: NO.
Somos
tan propensos al temor de ser rechazados que ahora creo que aquellos que
podríamos considerar groseros por decir que NO, en realidad, son personas
valientes, saben perfectamente lo que quieren y lo que NO.
NO aprendí
a decir que NO y estoy en un lío, acarreará cosas desagradables por decir SI;
pero comprendí que me importará demasiado lo que piensen los demás, pero es
difícil vivir con uno mismo cuando NO se es congruente. Ahora pienso en aquella
persona y como siempre opinamos, incluso regañamos al otro porque en el fondo
es lo que uno mismo quisiera escuchar. Seguramente tendré más cuidado al
decirle a alguien: “ya ves, no sabes decir que NO”.
*Los NO en mayúscula, son totalmente circunstanciales

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