Últimamente
he estado leyendo mucho acerca de la muerte. No en un asunto espiritual, más
bien del lado doloroso y sangriento. De la única forma, me parece, del que se
puede hablar de la muerte ahora. Lo irónico es que piense sobre esto justo en
estas fechas, no es que me lo haya propuesto.
En
México apelar a la muerte significa muchas cosas. Sin todo este contexto
violento que vemos o leemos todos los días e ignoramos, podría decirse que
seguimos burlándonos de la muerte. El acto de morir no es realmente macabro,
más bien el modo.
Aquellas
cosas místicas de si existe algo más allá de la muerte me parecen absurdas. No
lo conozco, no estoy segura, lo que veo, para mí, es lo que existe. Y mientras
tanto he pensando en algunas peticiones para el día en que deje de existir en
este mundo. Lo hacemos porque “la última voluntad” como le llaman, resulta ser
la que más respetan en toda tu vida.
Bien,
comenzaré con esos pequeños detalles que respetaran en cuanto muera:
Primero.
No flores, son apestosas. Siempre he pensado que flores sólo para los funerales
y ni así. Son apestosas durante y son aún más apestosas cuando se mueren.
Segundo.
No funerales. Detesto el momento trágico y traumático en el que se vuelven los
actos fúnebres. Ese espantoso ritual del velorio es innecesario. Después de eso
las funerarias deberían de ofrecer un cincuenta por ciento de descuento en
terapias post velatorio. Así que como soy considerada, no quiero ninguna clase
de cántico, rezo por mi alma pecadora, ni nada por el estilo.
Tercero.
La gente suele ser egoísta o muy inocente para decir “no llores cuando muera”.
Es como un reflejo aquello del llanto. No puedo ser tan egoísta o tan ingrata,
si quieren llorar háganlo, no más de lo necesario. En algún momento lo olvidaran
y entonces si, lloraran lo que tenga que llorar. Después vivirán su vida
normal. Resulta que nadie es indispensable, menos una persona solitaria como
yo.
Cuarto.
Este es el último. No quiero caer en el cliché de aventar las cenizas. Si,
quiero la cremación –de hecho la prefiero, eso de estar tres metros bajo
tierra, ya me parece macabro –y repartan mis órganos a diestra y siniestra. Nunca
he viajado y la verdad es que no soy fanática de la playa. Las personas creen
que cuando dejan sus cenizas en algún sitio estarán ahí para siempre. Bueno es
polvo, en polvo nos convertimos. Pero si ese pensamiento algo absurdo sirve,
bien, sonará inusual, pero quiero que algo del polvo que seré sea llevado a
cada recinto donde haya conciertos, así siempre estaré en los conciertos. El resto
de mí… pueden aventarlo, tirarlo, usarlo de abono, pero nunca, jamás… lo
conserven, eso es muy tétrico.
Si la
muerte de uno es la que no cuesta trabajo. Lo perturbador viene cuando se habla
del cómo en la muerte y sobre todo en la ajena.

No hay comentarios:
Publicar un comentario