Creo
que en algún momento había prometido hablar de mi relación con los hombres,
pero no lo había hecho, hasta ahora. Es bien complicado, yo podría ser un niño,
lamentablemente, hay cosas del hecho de ser mujer de las que es imposible
escapar, un hecho triste. A pesar de mis pensamientos poco femeninos, siempre
he tenido problemas para relacionarme con los hombres.
Siendo
como soy, y sin aún yo, entender a las mujeres, podría pensarse que estoy
rodeada de niños y la verdad es que no, de los únicos niños que estoy rodeada
es de mis sobrinos y eso ya es mucho decir. En la primaria era demasiado tímida
para hablarle a cualquier persona, niña, niño, maestros, quien fuere. Creo que
los niños me creían rara y aburrida por lo que decidían ignorarme como yo a
ellos.
Las
etapas posteriores decisivas en la vida social de una persona no cambio mucho.
En la secundaria era tan amargada, apática, ñoña y teta que difícilmente una niña
me hablaba y mucho menos un niño porque siempre les contestaba mal. En el
bachillerato me hablaron algunos al principio, aunque generalmente sólo era
para molestarme porque hago expresiones que consideran graciosas –absurdo –y
por lo que les parece un pasatiempo divertido molestarme.
Ya
al final del bachillerato pude tener un cambio de actitud, y sospecho que se
debió a las muchas cualidades que, en su momento, me otorgó ser una maldita
descontrolada con un grupo; y conocí a los que serían mis primeros amigos
hombres. Luego en la escuela conocería a chavos buena onda y con los que podía
platicar sin un intermediario y por más de cinco minutos.
Hay
un miedo ridículo que no sé si aún tengo, pero que en esas etapas secundaria y
bachillerato me perturbaba. Siempre tuve el miedo de hacer amigos hombres y que
me salieran con la tontería de “es que me gustas”. Ustedes dirán: oh pues quién
las entiende. Para mí hay un principio básico, cuando son mis amigos, son mis
amigos y llego incluso a sentir una repulsión tan sólo en pensar en ellos como
algo más. Me sucedió dos veces y traté
de sacar mi lado coolness y decir: ok, tú no me gustas pero podemos platicar
igual chido, ¡mate! (inserte puñetazo en el hombro). Ridículo.
Puedo
contar a mis amigos con las dos manos y me sobran dedos, se han hecho más que
mis amigos, los hermanos que no tuve, el lado masculino que yo quizá siempre he
tenido. No sé en qué radique realmente, ahora más que mi miedo es que quizá
sigo siendo igual de aburrida, tímida y apática que siempre.
Lo
malo es que hubo dos excepciones a mi principio básico y fue desastroso. Y
ahora ya no sé si aquellos hombrecillos fueron o no fueron mis amigos. Mantengo
un buen recuerdo de ellos, por supuesto, después de mi rencor añadido, pero al
menos hubo un tiempo en el que a los dos parecía importarles. Después recuerdan
que no esperaran a esta personita, ni sacrificarían cosas por ella, y se van. Y
es entonces donde entra mi lado femenino. No sé por que no puedo tener
amistades con hombres.

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