“La existencia, bien ¿qué importa? Existo lo mejor que puedo. El pasado ahora forma parte de mi futuro, el presente está fuera de control”
Esta
semana han sucedido cosas no muy gratas. Y ha habido perdidas y también
recordado perdidas. Podría verme muy intelectual
hablando sobre la muerte de Carlos Fuentes, lamentable pérdida para el país, y
no es que yo fuera muy fan. Leí Aura y me gustó, después de leer varias
interpretaciones, entendí que la importante es la que uno hace. No quiero
pensarlo catastróficamente pero sospecho que las personas tiene que vivir lo
justo, lo que pueden soportar ver, quizá Fuentes no necesitaba ver lo que
viene, que ciertamente aterroriza.
Podría
hablar también del uno de los iconos de la música disco: Donna Summer que
falleció ayer, pero tampoco podría hablar mucho, si bien es cierto que alguna
vez, la mayoría, hemos escuchado y hasta bailado sus canciones, no tengo mucho
que decir al respecto. Aunque en ambos casos dejan un vacío, y eso sucede.
Cuando una persona se va deja un vacío difícil de llenar que aunque exista un
legado, es más fuerte cuando en vida se disfruta ese don, el don de los ídolos, porque nos falta creer en verdaderos ídolos.
Pero
hoy, quiero hablar de un personaje, de un hombre, de un ser humano, de un
letrista, un músico que ha marcado mi vida. Y tampoco quiero verme o escucharme
pretenciosa, pero ese es Ian Curtis, que en un día como hoy decidió quitarse la
vida.
Había
escuchado canciones de Joy Division. La primera vez que vi Control, me enojó
mucho la actitud de Ian Curtis, creo que estaba en la etapa nena de “malditos
hombres”. Y comencé a escuchar más a Joy Division, volví a ver Control, y
cuando terminó la película lloré. Ese día no tenía ni idea de la magnitud, con
la que esa película y sobre todo sus canciones, cambiaron mi vida.
Después
de haber pensado de forma patética: Ay Ian eres un cobarde. Rectifique y
entendí tantas cosas, no era un cobarde, para mi, después, fue todo lo contrario. Admiro
mucho a los vocalistas que escriben canciones personales y que las interpretan
así; a mí hoy me sigue dando terror escribir y que los demás me lean, y ellos
lo escriben y lo cantan, se necesita mucho valor.
Ian
decidió algo que muchos de nosotros no nos atrevemos. Hace poco reflexioné
aquello de la vida, los años y la muerte, no, la vida no se debería contar en
años, se debería de medir por la cantidad de cosas que una persona puede
soportar. ¿Era demasiado para Ian? ¿El dolor lo carcomía? ¿Dio todo de sí? Creo
que eso, así leamos libros sobre él, veamos Control mil veces, escuchemos sus
canciones, sólo él lo sabía. El libre albedrio, decidir cuando uno se quiere
ir.
Muchos
seguidores, amantes de la música de Joy Division y de las letras de Curtis,
piensan que él pudo dar más, en la película el personaje dice algo interesante,
que al menos yo, nunca sé si en verdad lo dijo: “Nunca quise que creciera así,
cuando estoy allá arriba cantando, no se dan cuenta de todo lo que doy y de
cómo me afecta; ahora
quieren más, esperan que de más y no sé si pueda”.
Los
legados se dejan, esto me deja él y su música, algo similar deja Fuentes y su
literatura, Donna Summer y su música. Ya no hay personas como ellos, nosotros
lo retomamos pero jamás es igual, no lo será, son inigualables. Tal vez los
ídolos se extingan, tal vez lo que se queda de ellos no. Para mí, la vida de Ian me dejó
marcada: “no sé si pueda”.
Respeto,
como ninguna otra decisión que he conocido, su decisión de irse, donde el dolor
y el sufrimiento no existan en un cuerpo. Me acuerdo de ese personaje de
Stephen King, de su libro La Milla Verde, y le decía al guardia, que lo dejará
ir, que había mucho sufrimiento y dolor en el mundo para que él lo siguiera
sintiendo. Así era, los músicos, los escritores, los artistas, son demasiado
sensibles al mundo. Y son lo que tienen que ser.

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