Ya
casi termino, ya casi termino, es el pensamiento que quiero, me embargue
todos los días últimamente, quiero que me llene para no estar pensando en el
martirio que ha significado levantarme todas las mañanas, abrir la tesina y ver
las correcciones que aún nos faltan por hacer, tomar el camión, soportar el
tremendo calor y aguantarme las ganas de vomitar, tratando de pensar en otras
cosas.
Todo
con respecto a la graduación me genera nauseas, el término de trabajo que
aunque ya es poco irónicamente siempre se convierte en lo más pesado; la
réplica en la que me pondré nerviosa y nauseabunda, y finalmente todo ese
ritual absurdo de la graduación.
No
necesito algo simbólico que me recuerde que he concluido una etapa de mi vida
que no volverá. No necesito una foto donde recuerde a esas personas a las que
con el tiempo olvidaré, incluso borraré sus rostros de mi mente y su nombres.
Ese ritual: la toga, el birrete, la fotografía, los agradecimientos y el anillo
se me hacen cosas que sólo vi en las películas americanas adolescentes.
El
miércoles que me costó tanto trabajo llegar a la universidad, comencé a pensar
si la extrañaría. Cemento y arcilla, me dije a mi misma, cemento y arcilla.
Cada vez que alguien pregunta si extrañaré contesto con absoluta firmeza que
no; pero si me remonto a mis salidas de primaria, secundaria y bachillerato, no
es que hubiera concluido tajantemente olvidarla, salvo la secundaria, pero
siempre extrañas algo sobre esas etapas de tu vida.
Pase
muchas, muchísimas cosas ahí, conocí a muchas personas ahí, aprendí de otro
modo que no fue el estrictamente académico. No sé si a la larga ese tipo de
aprendizaje sea más valioso que el académico, es un tipo de aprendizaje que
seguro no me dará de comer. Quizá no extrañe la universidad con inmediatez,
pero siempre he pensando que la vida estudiantil, no, me equivoco, no lo he
pensando, todos me han dicho que la vida estudiantil es muy cómoda, imagino que
eso extrañaré.
Mi
familia quizá si necesite algo que recuerde que dentro de la familia, sería la
segunda persona en terminar una carrera, yo no lo necesito. Honestamente
todavía no encuentro algo en esto de finalizar la universidad que merezca un
reconocimiento y de lo que verdaderamente me sienta orgullosa.
He
pensado que dentro de unos cinco o diez años tal vez me arrepienta de no tener
esa parafernalia que significa la graduación. Luego recordé lo terca que soy y
orgullosa. Han pasado seis años y el día de hoy no me arrepiento de haber
tenido quince años como toda mi familia se encargo de recriminarme. Por lo
general no me arrepiento, asumo la responsabilidad y cuando me arrepiento trato
de no externarlo. No creo que esta sea una excepción.
No
juzgo en ningún sentido quienes deciden hacer todo ese ritual, supongo que
ellos si necesitan aferrarse al pasado cómodo que tuvieron. Y también creo que
ellos si están orgullosos de lo que significó su carrera y su esfuerzo en la
universidad. Yo sinceramente no.

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